E-Book, Spanisch, Band 344, 132 Seiten
Reihe: Teatro
Ruiz de Alarcón El semejante a sí mismo
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-250-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 344, 132 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-250-4
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Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (1581-1639). México. Nació en México y vivió gran parte de su vida en España. Era hijo de Pedro Ruiz de Alarcón y Leonor de Mendoza, ambos con antepasados de la nobleza. Estudió abogacía en la Real y Pontificia Universidad de la Ciudad de México y a comienzos del siglo xvii viajó a España donde obtuvo el título de bachiller de cánones en la Universidad de Salamanca. Ejerció como abogado en Sevilla (1606) y regresó a México a terminar sus estudios de leyes en 1608. En 1614 volvió otra vez a España y trabajó como relator del Consejo de Indias. Era deforme (jorobado de pecho y espalda) por lo que fue objeto de numerosas burlas de escritores contemporáneos como Francisco de Quevedo, que lo llamaba 'corcovilla', Félix Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca.
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Jornada segunda
(Salen don Rodrigo, doña Ana e Inés. Sancho, de camino.)
Sancho Mi señor y yo y Leonardo,
que partimos de aquí el lunes,
a Cádiz llegamos jueves
cuando el Sol sus rayos cubre.
Hospedónos don Fernando,
ramo de tu sangre ilustre,
que en regalos y larguezas
con sus esperanzas cumple.
Sábado, cuando del alba
las negras reliquias huyen,
y en el oriente se bordan
de rubí y oro las cumbres,
da fuego la capitana
a una pieza, cuya lumbre
sale entre el humo y centellas
como entre rayos y nubes.
¡Leva! Respondieron todos;
todos a embarcarse acuden;
y la arenosa ribera
de gente al punto se cubre.
Allí acudimos también,
cada cual saltando sube
en los caballos marinos
que el mar con remos discurren.
Llegamos al galeón;
los ojos y oídos puse
en faenas y zalomas
que a los bisoños confunden.
Hablando con mi señor
hasta las diez me detuve,
encargándome las cosas
que de su edad se presumen;
cuando otra pieza de leva
me obliga a que desocupe,
despedido de mi dueño,
la nave, y la tierra busque;
que la capitana, apenas
con el trueno el rayo escupe,
cuando al viento dan las velas
la ligera pesadumbre.
Sobre su popa el heroico
general don Lope, lustre
de Diez, Aux y Armendárez,
la cruz y el pecho descubre;
aquel a quien juzgan todos
por sus hechos y costumbres
digno que en cargos más graves
nuestro santo rey le ocupe,
pues tantas veces del mar
sujetó las inquietudes,
y ha hecho que flotas llenas
de plata a España tribute.
Parte pues la capitana,
haciendo al Sol que se turbe
con el humo de las piezas,
los mosquetes y arcabuces.
Tras ella, la de tu hijo
al costado restituye
las anclas, y dando velas,
rompe los vidrios azules.
Arrimado al bordo de ella
mi señor, mirando estuve
apartarse poco a poco
de los puertos andaluces.
Las lágrimas me impedían;
pero mi lealtad no sufre
que le deje de mirar.
Seguíle con lo que pude,
hasta que con la distancia
las especies se confunden,
y cada nave parece
breve reliquia de nube.
Volvíme con esto a casa
y mi partida dispuse,
y el mismo día salí
de Cádiz entre dos luces.
Llegué a dormir a Sanlúcar,
donde por mi daño supe
que el lunes corrían toros
por cierto gusto del duque.
Quedéme a verlos allí.
Llegan los toros el lunes;
yo, haciendo del forastero,
por toda la plaza anduve.
Aojóme alguna diabla,
pues cuando a esperar me puse
al primer toro, arremete,
y antes que el cuerpo le hurte,
por esta nalga me coge,
y tal golpe me sacude,
que con el cuerno me hiere,
con el topetón me aturde.
Halléme detrás, volviendo
del éxtasis en que estuve,
con un agujero más
contra natural costumbre,
desatacado y sin blanca,
que los que al remedio acuden,
primero las faltriqueras
que las heridas descubren.
Tres semanas he gastado
en que la herida me curen
y así tan tarde, señor,
las nuevas y cartas truje.
(Toma las cartas don Rodrigo, y doña Ana llora.)
Rodrigo Dios lo lleve en salvamento.
(Sancho habla aparte con doña Ana.)
SanchoPor más que llore tu amor,
ha llorado mi señor
por cada lágrima ciento.
Ana ¿Qué te dijo?
Sancho Ya verás...
Quien va tan enamorado...
De ti me encargó el cuidado
siete mil veces y más.
Al subir, al apear,
en el camino, en la venta,
al comer, al hacer cuenta,
en el río y en el mar,
a la noche, a la mañana,
al caer, al tropezón
el amén de la oración
era: «¡Mira por doña Ana!
Por eso te hago quedar,
Sancho, en España», me dijo.
Y a la verdad no me aflijo;
que no estoy bien con el mar.
(Llora doña Ana, y Sancho se dirige a Inés.)
Mientras lee don Rodrigo
y mientras llora doña Ana,
hablemos los dos, tirana.
Di, ¿en qué estado estoy contigo?
¿Has dado a alguno la fe,
que en diche se me adelante,
pues en dos años de amante
solo pellizcos llevé?
Habla. No estés descortés,
ya que esquiva.
Inés ¿No decías
que a las Indias te partías?
Sancho¿Pues que más Indias que Inés?
Por mostrarte el disparate
que era a las Indias partir,
a un poeta he de pedir
que tu belleza retrate.
Será el cabello el metal rubio,
y el blanco la frente,
una perla cada diente,
y cada labio un coral.
Pues, según esto, si ves
a pie quedo en tu belleza
cifrada tanta belleza,
di, ¿que más Indias que Inés?
(Salen don Juan, mudado de vestido, y don Diego, de camino.)
Juan Dame, señor, esos pies.
Rodrigo¿Es don Juan?
Ana ¿Es mi don Juan,
o don Diego de Luján,
que su semejanza es?
Juan Don Juan soy.
Sancho ¡Cielo sagrado!
¿Don Juan? ¿Cómo puede ser?
Yo mismo lo vi perder
de vista en el mar salado.
Juan Y arribar, ¿es maravilla?
RodrigoSi eso hubiera sucedido,
la nueva hubiera venido
antes que vos a Sevilla.
Juan Tan destrozado y tan roto
el galeón, arribamos
a Lisboa, que escapamos
por ser Dios nuestro piloto;
y como imposible vi
volverme a embarcar, tomé
postas al punto, y llegué
antes que la nueva aquí.
Rodrigo Abrázame. ¡Gloria a Dios,
que del riesgo te ha librado!
AnaCon bien vengáis, primo amado.
Juan¡Prima mía!
Ana ¿Que sois vos?
(Sancho habla aparte a Inés.)
Sancho En la cara y habla él es;
mas helo desconocido
en cuanto tiene vestido,
y en la barba y todo, Inés;
que don Juan no es tan barbado.
Si es don Diego de Luján
y se nos finge don Juan,
presto le verás pescado.
(A don Juan.)Da los brazos, bien venido,
a Fileno.
Juan ¡Mi Fileno!...
Sancho¿Yo soy Fileno? ¡Oh, qué bueno!
¡Vive Dios, que lo he cogido!
Soy Armindo.
Juan Quise yo
hacerme erradizo, Armindo,
para picarte.
Sancho ¡Oh, qué lindo!
¿Armindo? Otra vez cayó.
¡Voto a mí, que no es don Juan!
DiegoDescubrióse la invención.
JuanPerdonad este picón
a don Diego de Luján.
Rodrigo ¿Qué decís?
Juan Tuve deseo
de ver si tan parecido
como lo han encarecido
soy a don Juan, y ya...




