E-Book, Spanisch, Band 345, 136 Seiten
Reihe: Teatro
Ruiz de Alarcón El tejedor de Segovia
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-252-8
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 345, 136 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-252-8
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Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (1581-1639). México. Nació en México y vivió gran parte de su vida en España. Era hijo de Pedro Ruiz de Alarcón y Leonor de Mendoza, ambos con antepasados de la nobleza. Estudió abogacía en la Real y Pontificia Universidad de la Ciudad de México y a comienzos del siglo xvii viajó a España donde obtuvo el título de bachiller de cánones en la Universidad de Salamanca. Ejerció como abogado en Sevilla (1606) y regresó a México a terminar sus estudios de leyes en 1608. En 1614 volvió otra vez a España y trabajó como relator del Consejo de Indias. Era deforme (jorobado de pecho y espalda) por lo que fue objeto de numerosas burlas de escritores contemporáneos como Francisco de Quevedo, que lo llamaba 'corcovilla', Félix Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca.
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Jornada primera
(Salen el Conde, don Juan, Fineo y criados, de noche.)
Fineo Ésta que miras, señor,
es la casa.
Conde ¡Humilde choza
para hermosura que goza
los despojos de mi amor!
Fineo Tú, pues a honrarla te inclinas,
engrandeces su humildad
y su fortuna.
Conde Llamad.
Fineo¿En efeto determinas
entrarla a ver?
Conde Sí, Fineo.
No sufre más dilación
esta amorosa pasión
en que se abrasa el deseo.
Fineo Mira a lo que te dispones,
siendo tu padre el privado
del rey; que con más cuidado
notan todos tus acciones.
Conde Consejos me das perdidos,
cuando estoy de amor tan ciego,
que si el alma toca a fuego,
sólo tratan los sentidos
de librarse de la llama,
que en Etna convierte el pecho,
sin atender al provecho,
a la razón ni la fama.
Bien sé el lugar de que gozo
y a lo que obliga esa ley;
mas cuando esto sepa el rey,
también sabe que soy mozo.
A mi padre sólo toca
el gobierno; y siendo así,
pues no soy ministro, en mí
no es tan culpable y tan loca
esta acción, que estando ciego,
por no dar qué murmurar,
me obligue a no procurar
el remedio a tanto fuego.
Fineo ¿De una vista te cegó?
CondeTanto, que a no estar presente
en la audiencia tanta gente
cuando ella a mi padre habló,
hiciera allí mi locura
estos excesos que ves,
y arrodillado a sus pies
adorara su hermosura.
Mucho hice, pues allí
tuve en prisión mi deseo.
En confianza, Fineo,
de tu cuidado y de ti,
mandéte que la siguieras;
hicístelo, hasme informado
que aumenta su libre estado
el número a las solteras.
Siendo así, ni han de tener
por desigual este exceso,
ni se recela por eso
mi privanza y mi poder.
Fineo Sí; mas pudieras, señor,
pues que no es mujer de suerte,
hacer que ella fuese a verte.
Conde¡Qué poco sabes de amor!
Mira, en comenzando a amar,
a estimar también se empieza;
y al estimar la belleza
se sigue el desconfiar.
En esta casa, Fineo
un alcázar miro ya;
la mujer que dentro está
es ya reina en mi deseo.
Apenas empecé a amar,
cuando comencé a tener
por humilde mi poder,
por imposible alcanzar.
Mira si podré, Fineo,
mostrar desprecio en llamarla,
pues aun viniendo a buscarla
pisa medroso el deseo.
Llama.
Fineo Obedecerte quiero.
(Da golpes en la puerta.)
CondeEso, Fineo, es servir;
que el criado ha de advertir;
mas no ha de ser consejero.
(Sale Teodora, a una ventana.)
Teodora ¿Quién es?
Conde Un hombre que tiene,
bella Teodora, que hablarte.
Teodora¿De qué parte?
Conde De mi parte.
TeodoraY, ¿quién sois?
Conde No me conviene
decirlo a voces, Teodora;
abrid la puerta, y veréis
quién soy.
Teodora Perdonar podéis;
porque es imposible agora.
(Quítase de la ventana.)
Fineo Oye. ¡Ventanas y oídos
cerró de una vez!
Conde Fineo,
o he de lograr mi deseo,
o de perder los sentidos.
Fineo Pues, señor, mal se concierta
estar loco y ser prudente.
Entremos por fuerza.
Conde Tente;
que pienso que abren la puerta.
Fineo Un hombre sin capa es
el que sale.
Conde Pues, Fineo,
examinarle deseo.
FineoEl temor o el interés
le harán decir la verdad.
(Sale Chichón, sin capa y con un jarro.)
FineoHidalgo...
Chichón (Aparte.) (¡Triste de mí!
La justicia estaba aquí.)
¿Quién es?
Fineo Quien puede. Llegad.
Conde ¿Adónde vas?
Chichón Yo, señor,
voy por vino, como ves,
para mi amo.
Conde ¿Quién es?
ChichónPedro Alonso, un tejedor,
de quien yo soy aprendiz.
Conde¿Es galán de esa mujer?
ChichónO lo es o lo quiere ser.
Conde (Aparte.)(¡Hay hombre más infeliz!)
Di tu nombre.
Chichón Yo me llamo
Chichón.
Conde Vete enhorabuena.
Chichón (Aparte.)(Pienso que ha de hacer la cena
hoy mal provecho a mi amo.)
(Vase Chichón.)
Fineo ¿Qué determinas, señor?
CondeQue llames, fingiendo ser
este mozo, entrar y hacer
que se vaya el tejedor,
y aun darle la muerte.
Fineo ¡Oh, cielos!
Mira...
Conde A furia me provoco.
Si de amor estaba loco,
¿qué será de amor y celos?
Un hombre bajo, ¿ha de hacer
competencia a mi afición?
FineoPor esa misma razón
has de mudar parecer;
que dice cierto entendido
que no puede querer bien
a la mujer, si también
no le enamora el marido.
Considera un tejedor
muy barbado, que está agora
gozando de tu Teodora,
y perderás el amor.
Conde Considera tú un abismo
en que peno ardiente y ciego,
y verás cómo mi fuego
se aumenta con eso mismo.
Llama. Acaba ya; que el pecho
se abrasa en loco furor.
Fineo¡Oh, duro imperio de amor!
(Llama. Sale Teodora, a la ventana.)
Teodora¿Quién es?
Fineo Chichón.
(Quítase Teodora de la ventana.)
Esto es hecho.
Conde El rostro tendré cubierto.
Tú lo puedes disponer
sin que me dé a conocer.
(Rebózase.)
FineoEs cordura. Ya han abierto.
Conde Entremos, pues.
(Sale Teodora con un candil, y don Fernando en cuerpo, con espada y broquel, a lo valiente.)
Teodora ¡Ay de mí!
¿Quién es?
Fineo No os alborotéis;
que amigos son los que veis.
FernandoY, ¿qué pretenden aqui,
caballeros, a tal hora,
teniendo dueño esta casa?
Conde (Aparte.)(Ya la cólera me abrasa.)
FineoQue dejéis sola a Teodora.
Fernando Por Dios, hidalgos, que vienen
de mí muy mal informados.
Adviertan, si son honrados,
la poca razón que tienen;
pues aunque me hubiera hallado
acaso aquí, me obligara,
teniendo barba en la cara
y ciñendo espada al lado,
la ley del mundo a no...




