Ruiz de Alarcón | La amistad castigada | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 347, 120 Seiten

Reihe: Teatro

Ruiz de Alarcón La amistad castigada


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-924-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 347, 120 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-924-4
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La amistad castigada es una comedia original de Juan Ruiz de Alarcón, publicada por primera vez en la Parte segvnda de las comedias del licenciado Iuan Rvyz de Alarcón y Mendoza, Relator del Consejo de Indias. En La amistad castigada Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza relata una historia ambientada en la Siracusa de Dión, monarca célebre por su amistad con el filósofo Platón. En este entorno Ricardo se casa, tras muchas adversidades, con la hija de Dión y es traicionado por Filipo, quien ambiciona poder y gloria. Sin embargo, cuando Filipo pierde la legitimidad para gobernar, le exigen que deje el poder bajo amenaza de muerte y lo deponen.

Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (1581-1639). México. Nació en México y vivió gran parte de su vida en España. Era hijo de Pedro Ruiz de Alarcón y Leonor de Mendoza, ambos con antepasados de la nobleza. Estudió abogacía en la Real y Pontificia Universidad de la Ciudad de México y a comienzos del siglo xvii viajó a España donde obtuvo el título de bachiller de cánones en la Universidad de Salamanca. Ejerció como abogado en Sevilla (1606) y regresó a México a terminar sus estudios de leyes en 1608. En 1614 volvió otra vez a España y trabajó como relator del Consejo de Indias. Era deforme (jorobado de pecho y espalda) por lo que fue objeto de numerosas burlas de escritores contemporáneos como Francisco de Quevedo, que lo llamaba 'corcovilla', Félix Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca.
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Jornada segunda


(Salen Filipo y el Rey.)

Filipo Tan resuelta, señor, y tan airada

rigores respondió a tus rendimientos,

que en el mar espumoso concitada

la furia de encontrados elementos

cuando turban la luz, el cielo ocultan,

confunden la región y el Sol sepultan

espíritus del Austro, no amenazan

con tanto horror, con tan airado ceño,

funesto fin al naufragante leño,

como Aurora, si cabe por ventura

esta comparación en su hermosura,

duplicó furias, repitió rigores,

juzgando ofensas suyas tus favores,

vueltos volcanes de iras y de agravios

los que eran de coral hermosos labios,

noches de espanto y Etnas de centellas

las que eran más que el Sol claras estrellas.

Tal la vi al fin, perdona el desengaño,

pues como ofende al gusto, evita el daño,

que yo he juzgado que tu pecho amante

bate con cera muros de diamante.

Rey¿Cómo, Filipo, basta el sufrimiento,

siendo tanto mi amor, a mi tormento?

¿Cómo puedo vivir si a mis sentidos

tanto veneno das por los oídos?

No es posible, Filipo; la paciencia

me falta; no, no tengo resistencia

contra mí mismo. Sujetarme veo

del imperio tirano del deseo.

¿Qué importa la corona, qué la vida,

no siendo Aurora de mi amor vencida?

Todo lo he de arriesgar por obligarla,

todo lo he de perder por alcanzarla.

Filipo¿Qué es esto? ¿Así, señor, de ti te olvidas?

¿Así excedes de ti, que así antepones

la ejecución de ilícitas pasiones

a tantas esperanzas concebidas

de tu prudencia, tu valor y seso,

cuando ha impuesto Sicilia el grave peso

de este reino en tus hombros solamente

por juzgarte filósofo prudente?

ReyYa no lo soy Filipo, si lo he sido;

otro soy del que fui, porque he perdido

el ser y el alma, pues por ella agora

sólo me informo del amor de Aurora.

La ciencia filosófica, el prudente

discurso y el valor de los humanos

no evita los destinos soberanos,

no de los dioses el poder desmiente.

Amor es dios, la mano suya ha sido,

la flecha, Aurora, que mi pecho ha herido;

pues en mi rendimiento, ¿qué te admira,

donde es deidad la mano que me tira,

y porque del remedio desespere,

deidad también la flecha que me hiere?

Filipo (Aparte.)(Resuelto está en mi daño.)

Rey El seso pierdo

nada puedo conmigo; que en un loco,

la ciencia y el valor importan poco.

FilipoGran señor, no está lejos de su acuerdo

el loco que conoce su locura.

Procura divertir tu mal, procura

templarte; que al principio el accidente

obedece al remedio fácilmente.

Y si juzgas difícil la vitoria,

en la dificultad está la gloria;

que en lo que el mismo caso facilita,

ni se muestra el valor ni se acredita.

Remedios traza, ocupa el pensamiento,

divierte la memoria, que al tormento

ministra la materia; otros amores

merezcan tus cuidados y favores.

¿Es sola Aurora? ¿En sola su belleza

extremó su pincel naturaleza?

Muchas hay en Sicilia que a la hermosa

Venus de Adonis tienen recelosa,

y las puedes amar sin el delito

que contra Aurora, tu sobrina, intentas,

pues afrentas tu sangre si la afrentas.

ReyEso todo es así, Filipo amigo;

mas no es así poderlo yo conmigo,

y más cuando celoso considero

que otro merece el bien que yo no espero.

Filipo¡Otro! ¿Cómo, señor?

Rey Su hermosa mano,

de ella admitido, espera Policiano.

Filipo (Aparte.)(¡Ay de mí!)

Rey Y ya la hubiera conseguido,

a no haberlo mis celos impedido.

FilipoBien has hecho, señor; no lo consientas;

nadie merezca lo que tú no alcanzas;

baste que el mal, enamorado, sientas

de no poder lograr tus esperanzas,

sin que celoso te dupliques penas,

viendo también logradas las ajenas.

Desdichado se llora el que no alcanza;

mas su tormento alivia la esperanza

de ver al fin premiada su querella;

que no alcanzar la gloria no es perdella;

mas quien su prenda ve en poder ajeno,

ése pérdida llora, ése el veneno

mortal traslada al corazón del labio.

Desdicha es no alcanzar, perder, agravio;

y quien llora perdido el bien que adora,

agravios ése, y no desdichas, llora;

el sentimiento de no ser querido

puede morir a manos del olvido;

mas el agravio de perder la gloria

apuesta con la vida en la memoria;

y así, aunque resolvieses no quererla,

para olvidalla importa no perderla.

ReyResuelto estoy. No gastes persuasiones

en lo que te aseguran mis pasiones;

que el curso arrebatado y la violencia

con que el celoso amor me precipita,

no de nuevos impulsos necesita.

Vuelve a mi bien, Filipo, y de mis males

le presenta evidencias, no señales;

por dicha mis tormentos repetidos

hallarán más piadosos sus oídos.

Procura persuadirla, y para vella

alcánzame licencia; que sin ella

el amor ciego que mi pecho anima,

teme el rigor cuanto el favor estima.

FilipoYo parto, gran señor, a obedecerte,

y asegurara el fin a tus pasiones

dichoso, si en mi lengua las razones

tuvieran, cuando así obligar me veo,

las fuerzas que en mi pecho mi deseo.

(Vase Filipo.)

Rey Si es efeto el amar de las estrellas,

en que no tiene parte el albedrío,

pedir que os inclinéis es desvarío,

Aurora, a lo que no os inclinan ellas.

Mas ya que de mi incendio a las centellas

ardientes vuestro pecho esté tan frío,

que no podáis sentir el dolor mío,

quered sentir al menos mis querellas.

Nunca, Aurora, en amantes mal pagados,

que a fuerza de los hados han querido,

vi que la libre voluntad no enferme,

Yo solo, a no quereros por mis hados,

os quisiera querer aborrecido;

¿por qué queréis, querida, aborrecerme?

(Salen Diana y Elisa, con mantos, por otra parte.)

Diana Vanos consejos me ofreces.

detenerme es por demás.

Elisa¿Tan ciega, señora, estás,

que contra ti te enfureces?

¿Qué ha de sentir de tu honor,

viendo que tanto lo sientes?

DianaDe los dos inconvenientes

vengo a tener por menor

el arriesgar mi opinión,

que perder a Policiano.

ElisaDonde reina amor tirano

es esclava la razón.

Diana Aquí está el rey. Llego, pues,

que en estar solo parece

que el cielo me favorece.

Dadle, gran señor, los pies

a Diana.

Rey Alza del suelo,

no agravies la estimación

que debo a tu perfección,

de que es imagen el cielo.

¿Qué exceso es éste, Diana?

DianaEs exceso de mi suerte,

que hasta en negarme la muerte

quiere mostrarse inhumana,

pues la que vive agraviada,

sólo en morir es dichosa.

ReyEn viéndote tan hermosa,

te contemplé desdichada.

Mas a tu pena importuna

término puedes poner,

si acaso tengo poder

para vencer tu fortuna;

que a tus deudos he...



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