E-Book, Spanisch, Band 348, 126 Seiten
Reihe: Teatro
Ruiz de Alarcón La crueldad por el honor
1. Auflage 2013
ISBN: 978-84-9897-925-1
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 348, 126 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-925-1
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Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (1581-1639). México. Nació en México y vivió gran parte de su vida en España. Era hijo de Pedro Ruiz de Alarcón y Leonor de Mendoza, ambos con antepasados de la nobleza. Estudió abogacía en la Real y Pontificia Universidad de la Ciudad de México y a comienzos del siglo xvii viajó a España donde obtuvo el título de bachiller de cánones en la Universidad de Salamanca. Ejerció como abogado en Sevilla (1606) y regresó a México a terminar sus estudios de leyes en 1608. En 1614 volvió otra vez a España y trabajó como relator del Consejo de Indias. Era deforme (jorobado de pecho y espalda) por lo que fue objeto de numerosas burlas de escritores contemporáneos como Francisco de Quevedo, que lo llamaba 'corcovilla', Félix Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca.
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Jornada segunda
(Salen Nuño y Zaratán.)
Nuño ¿Que viene por general
Sancho Aulaga contra mí?
ZaratánLa fama lo cuenta así.
Nuño (Aparte.)(¿Quién vio confusión igual?
¿Mi hijo es contrario mío?
A solas me importa hablarle;
que para desengañarle
aun de él mismo no me fío.)
Zaratán Dicen que a la reina bella
tu cabeza prometió,
y a no defenderte yo,
no diera un cuatrín por ella;
fuera de que, a persuasión
de mi dueño, a que los mandes
vienen del reino los grandes
todos a tu devoción,
y obligados se confiesan
tanto como agradecidos,
pues los bandos encendidos
con haberte hallado cesan;
que para hacerse cruel
guerra, juntaban sus gentes
ya los dos condes valientes
de la Proenza y de Urgel.
Con estas nuevas, señor,
Pedro de Azagra me envía
a hacer la ventura mía
con tus albricias mayor.
Nuño Yo te las prometo dar
tan cumplidas, si me veo
como en mi reino deseo,
que a todos des qué envidiar;
que agora bien podrás ver
cuán pobre estoy.
Zaratán ¡Triste yo,
¿No sabes cómo pintó
cierto Apeles al poder?
Nuño ¿Cómo?
Zaratán Pintólo poniendo
sobre una rueda, cercado
de gente, un rey coronado,
y luego escribió, queriendo
la gran distancia argüir
que hay del decir al hacer,
en la boca, prometer
y en el celebro, cumplir.
Nuño No puede faltar un rey
a su palabra.
Zaratán A lo menos
debes mirar que en los buenos,
señor, la palabra es ley;
y en diciendo un «yo lo haré»
aun entre gente que sea
muy común, es cosa fea
faltar la palabra y fe.
Mas ya también ha llegado
mi señor; que era mi posta
tan lerda, larga y angosta,
que por más que he procurado
picar, fue vano trabajo,
porque mis pies no la hallaban,
y uno a otro se picaban
mis talones por debajo.
(Salen Pedro Ruiz, el Conde de Urgel, Bermudo, don Ramón, y el señor de Mompeller, todos de camino.)
Pedro Deme vuestra majestad
la mano.
Nuño Tan bien llegado
seáis como deseado
habéis sido. ¡Levantad!
Conde En fe de lo que escuché
a Pedro Ruiz, creí
que sois Alfonso, y ya en mí
es evidencia la fe.
El Conde de Urgel, señor,
que os conoció, os reconoce.
BermudoEl cielo quiere que goce
otra vez de vuestro amor,
Bermudo, vuestro privado,
que agradecido y leal,
tuvo de ese original
vivo en el alma el traslado.
Ramón Don Ramón, señor, el Conde
de la Proenza, a pediros
llega los pies; que en serviros
a su sangre corresponde.
Nuño ¡Levantad, Conde de Urgel!
¡Don Bermudo, Conde, alzad!
CondeLa mano también le dad,
señor, a don Berenguel,
mi hijo.
Bermudo También la besa
el señor de Mompeller,
vuestro vasallo, que ser
mi sangre en esto confiesa.
Nuño A todos mis brazos doy
con el alma, caballeros;
que me alegra tanto el veros
cuanto obligado os estoy.
¿Cómo queda mi sobrina?
PedroCon salud, señor, y hermosa;
mas contra vos rigurosa
de suerte, que ya camina
con un lucido escuadrón
su general Sancho Aulaga.
NuñoNo perdí el valor en Fraga,
aunque perdí la opinión.
Bermudo Constante está en que perdistes
la vida allí.
Nuño Si a vencella
no sois bastantes con ella
los que ya me conocistes,
de mi verdad mis hazañas
testimonio le darán.
BermudoYo pienso que dejarán
las gentes propias y extrañas
las armas, si la opinión
llega, señor, a su oído
de que os han reconocido
los que respeta Aragón.
Nuño Con ese fin es mi intento
a Sancho Aulaga escribir;
que quisiera no venir,
si es posible, a rompimiento;
que son al fin mis vasallos
los que tengo de vencer
y todos habéis de hacer
lo mismo, para obligallos
a reducirse, escribiendo
a los hombres principales
y a todos los oficiales
del campo; pues en sabiendo
que me habéis reconocido,
con tan clara información
luego de todo Aragón
he de ser obedecido.
Bermudo Es sin duda.
Nuño Pues entrad
a descansar y escribir;
que importa, para impedir
los daños, la brevedad.
Bermudo Obedeceros es ley.
PedroVamos, pues.
Ramón Cuando no hubiera
otra probanza, creyera
por su piedad que es el rey.
Bermudo Y en la majestad así
lo muestra.
Mompeller Forzoso es dar
luz el Sol.
Bermudo No hay que dudar;
conózcolo como a mí.
Nuño Id, Zaratán, mientras hago
el despacho, a descansar;
que vos lo habéis de llevar.
ZaratánBien de contado te pago
de tu promesa el escote.
¡Plega a Dios que por bien sea,
y que al cumplillo, no lea
el rétulo del cogote!
(Vanse. Sale Sancho, abriendo un pliego y soldados.)
Sancho ¡Hagan alto!
Soldados ¡Hagan alto!
¡Pase la palabra!
Sancho Amigos,
cerca están los enemigos.
Descansad; no cojan falto
de fuerza nuestro escuadrón,
fatigado de marchar,
en que estriba el acabar
las discordias de Aragón.
(Lee cartas.) Ésta es de doña Teresa.
¡Ah, cielo! ¿Que merecí
que se acordase de mí?
Con tanto favor, ¿qué empresa
no acabaré, satisfecho
de mi venturosa suerte,
llevando contra la muerte
este papel en mi pecho?
(Lee.)«La Reina mi señora me mandó que
os escribiese ratificando mi promesa,
y os aseguro que me leyó el corazón
de suerte, que en lo contrario no la
obedeciera. No es mi intento agraviar
vuestro valor con animaros, sino
lisonjear vuestra ausencia con
escribiros; si bien, como el deseo
duda lo más seguro, el mío de efectuar
el concierto es tanto, que llega a
injuriar vuestro esfuerzo, temiendo
que no cumpláis la condición, pues ya
no cuido más, por el bien de la reina
mi señora, de ver la cabeza de nuestro
enemigo en vuestras manos, que por
daros la mía. Doña Teresa.»
¡Oh, letras, que del pincel
de un ángel fuistes formadas!
¡Vivid, vivid trasladadas
al corazón, del papel!
La condición cumpliré;
la cabeza del tirano,
mi bien, te dará mi...




