Ruiz de Alarcón | La cueva de Salamanca | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 349, 130 Seiten

Reihe: Teatro

Ruiz de Alarcón La cueva de Salamanca


1. Auflage 2013
ISBN: 978-84-9897-926-8
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 349, 130 Seiten

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ISBN: 978-84-9897-926-8
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La cueva de Salamanca es una referencia obligada en el esoterismo español y aparece con frecuencia en las antologías de la literatura del barroco. Fue incluida en un clásico de la demonología de España, el tratado De disquisitionum magicarum de Martín del Río, de 1600. La cueva era centro de peregrinación de los viajeros que visitaban Salamanca y es referida en un poema de Walter Scott. Se cree que en la antigüedad fue lugar de culto de adoradores del Sol. El mito de la cueva está asociado a la figura del marqués don Enrique de Villena, quien siendo allí inquilino del Diablo logró engañarle y huir de su influjo. El argumento de esta obra se desarrolla en la célebre cueva. Juan Ruiz de Alarcón, quien vivió algún tiempo en Salamanca, se inspiró en el entremés de Miguel de Cervantes. Enrico, su personaje principal, es una alusión al sabio novohispano Enrico Martínez. En La cueva de Salamanca se hace notar el interés de Ruiz de Alarcón por la magia y las ciencias ocultas.

Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (1581-1639). México. Nació en México y vivió gran parte de su vida en España. Era hijo de Pedro Ruiz de Alarcón y Leonor de Mendoza, ambos con antepasados de la nobleza. Estudió abogacía en la Real y Pontificia Universidad de la Ciudad de México y a comienzos del siglo xvii viajó a España donde obtuvo el título de bachiller de cánones en la Universidad de Salamanca. Ejerció como abogado en Sevilla (1606) y regresó a México a terminar sus estudios de leyes en 1608. En 1614 volvió otra vez a España y trabajó como relator del Consejo de Indias. Era deforme (jorobado de pecho y espalda) por lo que fue objeto de numerosas burlas de escritores contemporáneos como Francisco de Quevedo, que lo llamaba 'corcovilla', Félix Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca.
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Jornada primera


(Salen don Diego, de estudiante, y don Juan, de noche.)

Diego Don Juan, yo os prometo a Dios

que me tenéis enfadado,

que después que sois casado

no se puede andar con vos.

Si ver mujeres ordeno,

ninguna tiene buen talle;

si andar de noche en la calle,

os hace mal el sereno;

si al río quiero salir,

la humedad es mal segura;

si trazo una travesura,

miráis a lo porvenir;

si colérico me veis,

entra luego el predicar;

y al fin, si riño, en lugar

de ayudarme, me tenéis.

¡Pese a tal, don Juan, con vos!

Haced tal vez lo que quiero,

o buscad un compañero

hermano de Juan de Dios.

Juan Ello está muy bien reñido,

mas poca razón tenéis,

pues, cuando soltero, veis

que nadie más loco ha sido.

¿Qué travesura intentastes

en que yo quedase atrás?

¿En qué pendencia jamás

a ese lado no me hallastes?

¿Qué calle no paseé?

¿Qué noche fría dormí?

¿Qué mujer con vos no vi,

o qué espaldas no os guardé?

Mas ya no es tiempo de andar,

don Diego, sin mucho tiento,

que es un yugo el casamiento

que al más bravo hace amansar.

Esto por vos no ha pasado,

y medís sin diferencia

de un soltero la licencia

y obligación de un casado.

Diego Pues si estáis tan convertido

no salgáis de noche un punto.

JuanNo se olvida todo junto;

el ser mozo no he perdido.

Diego Pues, ¡por vida de los dos,

que al gusto esta noche demos!

JuanPor vos he de hacer extremos;

basta, al fin, quererlo vos.

(Sale don García, de noche.)

Diego ¿Quién es éste

Juan Don García.

DiegoNo tengo vista.

Juan ¡Eso es bueno!

¿Quién no la pierde al sereno?

Diego¿Predicáisme todavía?

¡Don García!

García ¿Quién va allá?

Diego¡Amigo!

García ¡Don Diego hermano!

¿Qué hacéis?

Diego Pasear en vano;

que donde don Juan está

no hay tratar de travesura.

García¿En santulón habéis dado?

JuanDon Diego ha dado en pesado,

y la paciencia me apura.

Decidme si puedo hacer

más que prometer seguiros.

Diego¡Qué lágrimas, qué suspiros

os costó ese prometer!

García Cómo alegrarnos tracemos,

o voyme.

Juan No os vais, García,

que yo en todo, y hasta, el día,

quiero seguiros.

García ¿Que haremos?

Diego Vamos a ver a Juanilla.

Juan¿A Juanilla? ¡Hermosa pieza!

Mal está con su cabeza,

quien busca una taravilla.

Diego ¿Tan presto, don Juan, quebráis

la palabra que habéis dado?

JuanDigo que erré, y que callado

iré donde vos queráis.

Diego Mariquilla la bocona

no diréis que es bachillera.

JuanNo es mala, si no pidiera;

mas, ¿vive la socarrona

vieja?

Diego ¿Qué vieja?

Juan La madre.

DiegoSí.

Juan Pues yo no he de ir allá.

Diego¿No digo yo? No hallará

una almena que le cuadre.

Juan Decidlo vos, don García,

que a vuestro voto me ajusto.

GarcíaSi he de declarar mi gusto,

gastar la noche querría

en cosa de más cuidado.

DiegoDeclaradla, que aquí estamos.

GarcíaDe que a la justicia hagamos

una burla estoy tentado.

Juan ¡Guarda!

Diego ¡Hagamos!

Juan ¡Eso no!

Diego¡Dos le hemos de hacer, por Dios!

JuanDigo que se le hagan dos,

mas no he de ayudaros yo.

Diego Necio estáis.

Juan Y vos sin seso.

¿Para qué es bueno arriesgarnos,

cuando podemos holgarnos

sin temer, un mal suceso?

García En la burla que imagino

ningún peligro ha de haber.

JuanDecid, que tal puede ser,

que siga vuestro camino.

García Ella al fin ha de ser tal,

que el alguacil y su gente

queden sin muela ni diente,

y se hagan ellos el mal.

Diego ¡Buena, por Dios!

García Un cordel

es menester.

Diego ¿Qué tan largo?

GarcíaDe seis brazas.

Diego De él me encargo;

a esta tienda voy por él.

(Vase don Diego.)

Juan ¡Oh, para estas travesuras

qué diligente es don Diego!

GarcíaMoje el agua, queme el fuego

y haga el mancebo locuras,

y más cuando se granjea

hacer que pague quien debe.

JuanSí ¿mas si encima nos llueve?

GarcíaNo viva quien tal desea.

(Sale don Diego con un cordel.)

Diego El cordel tenéis aquí.

JuanPresto venís.

Diego ¿Qué queréis?

¿Acaso a mal me tendréis

volver presto ya que fui?

¿Qué ha de hacerse?

García Atravesar

una calle.

Diego Ya os entiendo;

y luego un fingido estruendo

de cuchilladas formar.

La justicia oye el ruido,

viene corriendo, y adiós

boca y narices.

García Y vos

en la traza habéis caído,

Diego Pues a mi cargo la tomo

que de mil que agudos veo

tengo increíble deseo

de ver un alguacil romo

Juan Temo que le hemos de hacer

narices nuevas de plata.

DiegoA aquel que más se recata

más mal suele suceder.

García En esta calle imagino

que es mas cierta la justicia.

JuanNo carece de malicia

ese pensar adivino.

García ¿Por qué?

Juan Porque da a entender

que de Clara el rostro y talle

trae rondantes a esta calle.

Diego (Aparte.)(Con que el seso he de perder.)

García Dos clavos quiero buscar.

Diego¿Al engañoso artificio

esta puerta no da el quicio,

y esta esquina este pilar?

(Atan el cordel atravesando el vestuario, y dice don García aparte.)

García (¡Quien pusiera, hermosa Clara,

como pongo este cordel,

un muro, por que con él

nadie tu calle pasara!)

Diego Repartidos nos pongamos,

y el que viere a la justicia

a los otros de noticia,

para que el ruido hagamos.

García Yo me quedo en esta puerta;

id a aquella esquina vos.

DiegoYo me voy a...



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