E-Book, Spanisch, Band 359, 130 Seiten
Reihe: Teatro
Ruiz de Alarcón Mudarse por mejorarse
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-935-0
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 359, 130 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-935-0
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Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (1581-1639). México. Nació en México y vivió gran parte de su vida en España. Era hijo de Pedro Ruiz de Alarcón y Leonor de Mendoza, ambos con antepasados de la nobleza. Estudió abogacía en la Real y Pontificia Universidad de la Ciudad de México y a comienzos del siglo xvii viajó a España donde obtuvo el título de bachiller de cánones en la Universidad de Salamanca. Ejerció como abogado en Sevilla (1606) y regresó a México a terminar sus estudios de leyes en 1608. En 1614 volvió otra vez a España y trabajó como relator del Consejo de Indias. Era deforme (jorobado de pecho y espalda) por lo que fue objeto de numerosas burlas de escritores contemporáneos como Francisco de Quevedo, que lo llamaba 'corcovilla', Félix Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca.
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Jornada segunda
(Salen el Marqués y Otavio.)
Marqués ¿Cómo os va de sentimientos?
OtavioEl Sol vuestra compañía
por quien la noche sombría
huye de mis pensamientos.
Marqués ¿Haos venido a la memoria
esta noche doña Clara?
OtavioEs a la luz de su cara
nube mi pasada historia.
Y así me siento en estado,
que me alegrará el favor
de Clara; mas el rigor
no me dará gran cuidado.
Marqués ¡Qué dicha!
Otavio ¿Envidiaisme?
Marqués Sí;
que tanto llego a penar,
que a todos puedo envidiar,
si todos la causa a mí;
que este mi nuevo cuidado
me trata con tal rigor,
que en una noche de amor
siglos de infierno he pasado.
Encontrados pareceres
han dado a mis pensamientos
esperanza en los tormentos,
y, temor en los placeres.
¡Ay, más que el Sol, ojos claros!
¡Si a lo que miro y adoro
igualase lo que ignoro!
OtavioLo que puedo aseguraros
es que la virtud jamás
vio su igual Andalucía.
MarquésPues con eso será mía.
Yo, Otavio no quiero más,
pues me iguala en calidad.
OtavioPues ¿casareisos con ella?
MarquésY ¡ojalá que Leonor bella
pague así mi voluntad!
Otavio ¿Es pobre?
Marqués ¡Al cielo pluguiera
que lo fuese con exceso,
para que mi amor con eso
más esperanza tuviera!
En mis estados poseo
de renta, desempeñados,
más de veinte mil ducados.
Pues con esto, a mi deseo,
¿qué cosa darle pudiera
el cielo, que más me cuadre,
que a mis hijos noble madre,
y a mí dulce compañera?
Otavio Pues si casaros queréis,
pedilda; que al punto creo
que logréis vuestro deseo,
pues venturosa la hacéis.
Marqués ¡Qué poco sabéis de amor!
¿Vos sois el que, enamorado,
decís que habéis conquistado
tantos años un favor?
Quien por el contrato empieza,
se priva, Otavio, del bien
de contrastar un desdén,
de vencer una esquiveza.
Como en la taza penada
crece el gusto a la bebida,
es la gloria más crecida
cuanto fue más deseada.
El jugador, cuando aspira
a ver la carta, ¿no halla
más gusto en brujulealla
que si de priesa la mira?
El cazador ¿no pudiera,
a costa de precio breve,
alcanzar la garza leve,
coger la liebre ligera;
Y con el perro y halcón
se fatiga por más gloria,
estimando la victoria
en más que la posesión?
Pues dejadme conquistar
por amor la hermosa fíera,
que casándome pudiera
tan fácilmente alcanzar.
Dejad que, aunque esté en mi mano
el remediar mis enojos,
en las cartas de sus ojos
brujulee el bien que gano.
Dejadme que solenice
el amor que en ella nace,
los favores que me hace,
los requiebros que me dice;
que la posesión, pensad
que no es la gloria mayor;
que el amor conquista amor,
la voluntad, voluntad.
Demás de que no es razón
que, aunque esté determinado,
muestre en caso tan pesado
liviana resolución.
Ni debo tan satisfecho
pensar que querrá Leonor.
¿Qué sé yo sí ajeno amor
ocupa su hermoso pecho?
Y si fío en mi grandeza,
como a mí, ¿no puede ser
que a otro de igual poder
haya preso su belleza?
Y al fin antes de intentar
empresas tan peligrosas,
tomar el pulso a las cosas
es no quererlas errar.
Otavio No os puedo negar que es ésa,
Marqués, cordura mayor;
mas yo no pensé que amor
os daba tan poca priesa.
Marqués Otavio, no lo entendéis.
Esta cordura es locura,
y porque amor me apresura,
voy con el tiento que veis;
que cuanto más la jornada
quiere el que parte abreviar,
tanto más se ha de informar
del camino en la posada;
que es muy necio desatiento,
con peligro de perderse
partir, por no detenerse
a preguntar un momento.
Otavio ¿Qué es esto? ¿Entramos a vella?
MarquésA Clara he de visitar,
con ocasión de tratar
vuestros intentos con ella,
hasta poder de los míos
dar cuenta a doña Leonor.
OtavioPadre es de industrias Amor.
MarquésY también de desvaríos.
Otavio En el corredor está
sola Leonor.
Marqués ¡Qué ventura!
OtavioYo me voy. La coyuntura
gozad, que Fortuna os da;
que a solas vuestros amores
más bien podrán alcanzar,
porque suelen estorbar
los testigos los favores.
Marqués (Aparte.) Sois discreto. (Ayuda, Amor,
los intentos que me has dado.)
(Vase don Otavio. Sale doña Leonor, hablando con algún criado que está dentro.)
Leonor¿Sin avisar ha llegado
el Marqués al corredor?
Marqués Yo tuve, señora mía,
la culpa.
Leonor Pues perdonad,
señor, y licencia dad
para que avise a mi tía.
Marqués Dame tú, Leonor, licencia
para poderte negar
la licencia de privar
mis ojos de tu presencia;
y más cuando en la paciencia
no cabe tanta pasión,
porque viendo la ocasión
de decirte mi tormento,
revienta ya el sentimiento
la presa del corazón.
No quiero decirte aquí
mi mucho amor, ángel bello,
pues basta para sabello
sólo saber que te vi;
no decirte que ya en ti
fundo todos mis intentos,
mis glorias y mis tormentos,
pues sabes tú estas verdades;
que no ignoran las deidades
los humanos pensamientos.
No quiero, señora mía,
pedir que paga me des;
que es bajeza el interés,
la esperanza grosería;
sólo merecer querría
licencia para quererte;
porque estimo de tal suerte
tus altas prendas, Leonor,
que se contenta mi amor
no más de con no ofenderte.
Leonor Señor Marqués, sólo puedo,
a lo que oyéndoos estoy,
responderos que yo soy
doña Leonor de Toledo;
porque ya que no os concedo
la licencia para amar,
deciros quién soy, es dar
a vuestro amor a entender,
a qué se puede extender
la que vos podéis tomar.
Marqués Ese oráculo explicad;
que sus misterios ignoro.
¿He excedido yo el decoro
que debo a vuestra deidad?
¿Por qué alegáis calidad
a quien amor os alega,
cuando no sólo no os niega
mi fe culto verdadero,
mas tanto más os venero
cuanto más amor me ciega?
Leonor Quien ostenta calidad
a quien le trata de amor,
al amor opone...




