Ruiz | El libro de buen amor | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 118, 286 Seiten

Reihe: Poesía

Ruiz El libro de buen amor


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9816-907-2
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 118, 286 Seiten

Reihe: Poesía

ISBN: 978-84-9816-907-2
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El Libro de buen amor, es una extensa composición de 1.728 estrofas escrita hacia 1330, en la Castilla de antes de la Peste negra donde cristianos, judíos y musulmanes todavía convivían en paz. Se trata de una de las obras más notables del mester de clerecía y de la literatura medieval. En ella, el Arcipreste de Hita ofrece un relato supuestamente autobiográfico donde expone de forma tan didáctica como pormenorizada los avatares del amor carnal, así como sus peligros morales y espirituales. A través de una sucesión de fábulas, apólogos y alegorías ejemplares, se describen y examinan las aventuras y el aprendizaje que conducen al protagonista del amor concupiscente al amor verdadero, y se le ofrece al lector una metáfora del camino espiritual para alcanzar la caritas y la salvación de su alma. Sin embargo, la ambigüedad sigue siendo uno de los rasgos más notables de este texto: ¿cómo saber si el relato de las aventuras del protagonista es una invitación a los placeres carnales o una advertencia contra los vicios y las debilidades del alma humana? No en vano el autor, consciente de la ambigüedad de su obra, apela desde el comienzo a la sensatez del lector para discernir el sentido profundo de lo que se dispone a leer. La presente edición del Libro de buen amor parte del Códice de Salamanca (S), que corresponde a la segunda versión de la obra e incorpora pasajes que no aparecen en los otros dos códices que se conservan, el de Códice Gayoso (G) y el Códice de Toledo (T).

Juan Ruiz Arcipreste de Hita (1300-1365). España. Es probable que Juan Ruiz naciera en Alcalá de Henarés; su nombre y el título de arcipreste de Hita es, asimismo, algo de lo que sólo se tienen noticias por las menciones que aparecen en su única obra conocida: Libro de buen amor. Este libro de narración en verso no tenía título original, y se llamó Libro del Arcipreste hasta finales del siglo XIX, cuando Menéndez Pidal lo bautizó con el nombre con que hoy se conoce. Libro de buen amor fue probablemente editado e impreso en 1330 y posteriormente ampliado y revisado para otra edición de 1343. Según los versos de esta segunda edición, Juan Ruiz debió rescribirla durante una estancia en prisión, aunque quizá dichos versos sólo son una alusión metafórica a una situación más figurada y filosófica que real. Hoy, el disfrute de su lectura no se limita a su misma propuesta libertina y goliárdica, sino a que en el se da cita toda una tradición literaria que aún se extenderá más allá y que trata los asuntos amorosos con gran desparpajo mundano, aunque no sin acotarlos con una excusa de intención moralizante, quizá sólo fruto de la prudente autocensura de la época. 'No obstante, ya que es cosa humana el pecar, si alguien quisiera -no se lo aconsejo- servirse del loco amor, aquí hallarán algunas maneras para ello', dice el Arcipreste.
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Aquí fabla de la constelación, et de la planeta, en que los omes nascen, el del juicio del hora cuando sabios naturales dieron en el nascimiento del fijo del rey Alcarás


Los antiguos astrólogos dicen en la sciencia123

de la astrología una buena sabiencia,

qu’el omen cuando nasce luego en su nascencia

el signo en que nasce le jusgan por sentencia.

Esto dis’ Tholomeo, e dícelo Platón,124

otros muchos maestros en este acuerdo son:

cuál es el ascendente e la costelación

del que nasce, tal es su fado et su don.

Muchos hay que trabajan siempre por cleresía,125

deprenden grandes tiempos, espienden gran cuantía,

en cabo saben poco, que su fado les guía:

non pueden desmentir a la astrología.

Otros entran en orden por salvar las sus almas,126

otros toman esfuerzo en querer usar armas,

otros sirven señores con las sus manos ambas,

pero muchos de aquestos dan en tierra de palmas.

Non acaban en orden, nin son más caballeros,127

nin han merced de señores, nin han de sus dineros:

porque puede ser esto, creo ser verdaderos,

según natural curso, los dichos estrelleros.

Porque creas el curso, d’estos signos atales,128

decirt’he un juicio de cinco naturales,

que judgaron un niño por sus ciertas señales,

dieron juicios fuertes de acabados males.

Era un rey de moros, Alcarás nombre había:129

nasciole un fijo bello, más de aquél non tenía,

embió por sus sabios, d’ellos saber querría

el signo e la planeta del fijo que l’ nascía.

Entre los estrelleros que l’ vinieron a ver,130

vinieron cinco d’ellos de más cumplido saber;

desque vieron el punto en que ovo de nascer,

dijo el un maestro: «Apedreado a de ser.»

Judgó el otro e dijo: «Éste a de ser quemado.»131

El tercero dice: «El niño a de ser despeñado.»

El cuarto dijo: «El infante a de ser colgado.»

Dijo el quinto maestro: «Morrá en agua afogado.»

Cuando oyó el rey juicios desacordados,132

mandó que los maestros fuesen muy bien guardos;

fízolos tener presos en logares apartados,

dio todos sus juicios por mintrosos probados.

Desque fue el infante a buena edad llegado,133

pidió al rey su padre, que le fuese otorgado

de ir a correr monte, cazar algún venado;

respondiole el rey, que le placía de grado.

Cataron día claro para ir a cazar;134

desque fueron en el monte, óvose a levantar

un rebatado nublo, comenzó a granizar,

e a poca de hora comenzó de apedrear.

Acordose su ayo, de cómo lo judgaron135

los sabios naturales, que su signo acataron:

dis: «Vayámosnos, señor, que los que a vos fadaron

non sean verdaderos en lo que adevinaron.»

Pensaron mucho ayna todos de se acoger,136

mas como es verdad, e non puede fallescer

en lo que Dios ordena en cómo ha de ser,

según natural curso non se puede estorcer.

Faciendo la gran piedra el infante aguijó,137

pasando por la puente un gran rayo le dio,

foradose la puente, por allí se despeñó,

en un árbol del río de sus faldas se colgó.

Estando ansí colgado a do todos lo vieron,138

afogose en el agua; acorrer non lo podieron:

los cinco fados dichos todos bien se complieron.

Los sabios naturales verdaderos salieron.

Desque vido el rey complido su pesar,139

mandó los estrelleros de la presión soltar:

fízoles mucho bien, e mandoles usar

de su astrología, en que non avíe que dubdar.

Yo creo los astrólogos verdad naturalmente;140

pero Dios que crió natura e acidente,

puédelos demudar, et facer otramente:

según la fe católica, yo d’esto só creyente.

En creer lo de natura non es mal estanza:141

e creer muy más en Dios con firme esperanza;

por que creas mis dichos e non tomes dubdanza,

pruébotelo brevemente con esta semejanza.

Yo creo que el rey en su regno ha poder142

de dar fueros et leyes, e derechos facer:

d’esto manda facer libros, e cuadernos componer:

para quien face el yerro qué pena debe haber.

Acaesce, que alguno face gran traición,143

ansí que por el fuero debe morir con razón,

pero por los privados, que en su ayuda son,

si piden merced al rey, dal’ complido perdón.

O si por aventura aqueste que lo erró,144

al rey en algún tiempo atanto le servió,

que piedad e servicio mucho al rey movió,

porque del yerro fecho complido perdón le dio.

Et ansí como por fuero había de morir,145

el facedor del fuero non lo quier’ consentir,

dispensa contra el fuero e déjalo vevir;

quien puede facer leyes, puede contra ellas ir.

Otrosí puede el papa sus decretales far,146

en que a sus súbditos manda cierta pena dar;

pero pude muy bien contra ellas dispensar,

por gracia o por servicio toda la pena soltar.

Vemos cada día pasar esto de fecho,147

pero por todo eso las leyes y el derecho,

et el fuero escrito non es por ende desfecho,

ante es cierta ciencia e de mucho provecho.

Bien ansí nuestro señor Dios, cuando el cielo crió,148

puso en él sus signos, et planetas ordenó,

sus poderíos ciertos et juicios otorgó,

pero mayor poder retuvo en sí que les non dio.

Ansí que por ayuno, e limosna, e oración,149

et por servir a Dios con mucha contrición

non ha poder mal signo nin su costelación.

El poderío de Dios tuelle la tribulación.

Non son por todo aquesto los estrelleros mintrosos,150

que judgan según natura por sus cuentos fermosos,

ellos e la ciencia son ciertos et non dubdosos,

mas no pueden contra Dios ir, nin son poderosos.

Non sé astrología, nin só ende maestro,151

nin sé astrolabio más que buey de cabestro;

mas porque cada día veo pasar esto,

por aqueso lo digo, otrosí veo aquesto.

Muchos nacen en Venus; que lo más de su vida152

es amar las mujeres; nunca se les olvida;

trabajan et afanan mucho sin medida,

e los más non recabdan la cosa más querida.

En este signo atal creo que yo nascí,153

siempre puñé en servir dueñas que conocí,

el bien que me fecieron, non lo desgradecí,

a muchas serví mucho, que nada acabescí.

Como quier’ que he probado mi signo ser atal154

en servir a las dueñas puñar e non en ál;

pero aunque ome non goste la pera del peral,

en estar a la sombra es placer comunal.

Muchas noblezas ha el que a las dueñas sirve,155

lozano fablador en ser franco se avive,

en servir a las dueñas el bueno non se esquive,

que si mucho trabaja, en mucho placer vive.

El amor fas’ sotil al ome que es rudo,156

fácele fabrar fermoso al que antes era mudo,

al omen que es cobarde, fácelo muy atrevudo,

al perezoso face ser presto et agudo.

Al mancebo mantiene mucho en mancebés,157

e al viejo fas’ perder mucho la vejéz,

face blanco e fermoso del negro como pez,

lo que non vale una nuez, amor le da gran prez.

El que es enamorado, por muy feo que sea,158

otrosí su amiga magüer que sea muy fea,

el uno et el otro non ha cosa que vea,

que tan bien le parezca, nin que tanto desea.

El babieca, el torpe, el necio, et el pobre159

a su amiga bueno paresce, et rico hombre;

más noble que los otros, por ende todo cubre,

como...



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