E-Book, Spanisch, 320 Seiten
Reihe: Ensayo
Sabbag Ciego de nieve
1. Auflage 2018
ISBN: 978-84-120300-8-2
Verlag: Capitán Swing Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 320 Seiten
Reihe: Ensayo
ISBN: 978-84-120300-8-2
Verlag: Capitán Swing Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Sabbag es periodista y autor de dos libros fundamentales sobre el contrabando de drogas en los Estados Unidos: Snowblind [Ciego de nieve], una aventura sobre el tráfico de cocaína, y Smokescreen: A True Adventure [Demasiado duro para morir], el libro clave sobre los alguaciles estadounidenses. Otra de sus obras, Down Around Midnight (Viking, 2009) se basa en un accidente de avión en 1979 del que sobrevivió. Su obra periodística aparece en numerosas revistas, como Rolling Stone, de la que es colaborador habitual. También fue uno de los guionistas de Witness Protection [Testigo protegido], una película para televisión basada en su artículo 'Historia de una familia' publicado en New York Times Magazine, que fue nominada a dos globos de oro, incluyendo el de mejor película.
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Hablando con Boswell
Zachary Swan nació en el apogeo de la Era del Jazz, con una cuchara de plata en la boca. La posibilidad de que fuese a pasar sus años de madurez con esa misma cuchara en la nariz entró en el reino de lo posible cuando Zachary tenía unos dieciséis años. Hasta entonces se comportó como cualquier otro muchacho de su edad obligado a tratar con sirvientes por la casa y con un club de campo a la vuelta de la esquina.
—Mientras los demás chicos iban a bañarse al río, yo estaba en la piscina del club de campo, pidiendo emparedados y leche. Empecé a jugar al golf a los nueve años.
Una audiencia con su padre, a quien muchos conocían simplemente como El Coronel, era un raro acontecimiento en aquellos días, que exigía una visita al campo de golf, visita que Swan hacía muy pocas veces. El Coronel era, a todos los efectos, un hombre con el que Swan sólo tenía en común cromosomas. «Le quería... pero nunca me agradó», decía Swan.
Swan estaba más próximo a su madre, mujer cuya batalla con el alcoholismo concluyó en 1965 en un incendio que destruyó la casa en la que dormía y en la que había vivido sola desde que dos años antes se había separado del Coronel. «Coleccionaba estufas antiguas... las pintaba de rojo y plantaba geranios en ellas. El patio estaba lleno. Quedaban muy bien, pero era infernal si volvías a casa de noche borracho. Me llamaba siempre Bomboncito. Una vez lo hizo en la Gran Estación Central estando yo de permiso. “Madre —le dije—, no llames Bomboncito a un infante de Marina”.»
Swan comparte la herencia de su padre con una hermana mayor, que vive ahora en Florida y cuya intimidad está decidido a proteger. El Coronel murió dos meses después de que detuviesen a Swan, a los setenta y cinco años de edad.
Swan es poco partidario de entrometer a su familia en el análisis de los acontecimientos que presagiaron su decisión de hacer aquella primera excursión de reconocimiento en Aerolíneas Avianca en el otoño de 1970. La vida que le llevó a la cárcel de Riverhead poco después de su cuarenta y seis aniversario empezó, según él, cuando tenía dieciséis y era estudiante de segundo curso en la Escuela Preparatoria Iona de New Rochelle (condado de Westchester), Nueva York. Fue allí donde una síntesis inevitable de riqueza y ocio engendró, con la acción catalizadora de la Iglesia Católica, su primer subproducto explosivo.
En la Escuela Preparatoria de Iona, con la ayuda de un condiscípulo, Swan controlaba los juegos de dados en los patios (tenía una aptitud natural para las matemáticas) y logró consumir las ganancias antes de que se hiciese inminente su captura por los Hermanos de la Doctrina Cristiana. Su aptitud para la geografía halló oportuna aplicación en los viajes que de vez en cuando hacían él y sus amigos a la ciudad de Nueva York durante el día, en los que se colaban fraudulentamente en las revistas picantes de Times Square. Swan descubrió el striptease, gracias a Ann Corio, a los diecisiete años. Empezó a fumar cigarrillos haciendo honor a su recién adquirida virilidad y, con la guerra a mano, adoptó la mirada dura de un agente del OSS,[6] actitud que no hacía furor precisamente en la Escuela Preparatoria de Iona, orientada hacia la universidad. Su diploma de esa institución, entregado a regañadientes, lo fue tras una aplicación perfeccionada y diligente del soborno en la persona de su profesor de latín (hombre desdichado cuya carrera con los Hermanos fue breve) y un soborno bien dirigido a la facción de la administración responsable de proporcionar un orador que pronunciase el discurso de la ceremonia de graduación. El padre de Swan era amigo personal de Jim Crowley, el entrenador del equipo de fútbol americano de Fordham, que había sido uno de los Four Horsemen de Notre Dame. Una vez desechados los mejores planes de los Hermanos, se llamó en el último minuto a Crowley para que pronunciase el discurso de promoción de la Escuela Preparatoria de Iona en 1944.
Antes de pasar a los estudios superiores, Swan estuvo tres años en la Infantería de Marina, lo que le llevó hasta el Japón al final de la Segunda Guerra Mundial. (Su otra, y única, experiencia militar, a despecho del Coronel, fue una tentativa fallida que hizo a los quince años de unirse a la resistencia francesa. Él y tres condiscípulos salieron camino de Quebec en un coche robado, financiándose el viaje con la calderilla que cogieron de un cepillo de caridad no vigilado en el vestíbulo de un cine de Connecticut. Les detuvieron en la frontera canadiense y les retuvieron allí hasta que llegó la madre de uno de los chicos para llevárselos a casa. Como eran menores, estuvieron retenidos en una cárcel reservada para mujeres, queriendo el destino que hubiesen de enfriar sus talones tras una partición de cristal, no detrás de unas rejas. Fue para todos un golpe cruelísimo.) Si por algo puede resultar significativa su carrera militar es por la oportunidad que le proporcionó de medir su patriotismo: tras un honorable licenciamiento, pudo apreciar el hecho de que la oportunidad sólo llama una vez.
Su período de universidad no careció de acontecimientos notables. El que decidiese pasarlo en Coral Gables, Florida, fue un tributo a su respeto por la educación oficial. Con la ayuda a los licenciados del ejército y unos subsidios familiares más que suficientes, se convirtió en un diestro nadador. En Florida aprendió a derrochar su dinero con las mujeres (la Infantería de Marina le había fallado en este punto) y a beber martinis secos en su compañía. Y fue desde Coral Gables, como estudiante universitario, desde donde hizo su primer viaje en barco hasta Bimini. Aunque él no lo sabía entonces, lo que aprendería sobre el servicio aduanero de aquella isla, y lo que había aprendido en cuatro años por la costa de Florida, equivaldría algún día, en dólares norteamericanos, a tres licenciaturas universitarias por lo menos. Obtuvo la suya de la Universidad de Miami con la misma diligencia y refinamiento que había aplicado a la adquisición de su título de bachiller. La imprimió él mismo. Manifestó tal destreza en este arte (su padre trabajaba en el negocio del empaquetamiento, y Swan tenía sus conocimientos de las artes industriales) que se las arregló para vender el sobrante a otros condiscípulos.
Pero, tal como él sabía perfectamente que ocurriría, los días de su juventud llegaron a su fin, y Swan dedicó el saldo de la suya a preparar la vejez. Tras salir de la universidad, se incorporó a la empresa de empaquetado de su padre como ejecutivo de ventas, y cumplió durante los diecisiete años siguientes, con la mayor honradez y la mayor entrega que le fue posible, los rituales tradicionales de la comunidad mercantil neoyorquina. Manejó como vendedor los artículos de algunas de las empresas de cosméticos más prestigiosas del país. Ganaba un buen sueldo, pertenecía a un buen club neoyorquino y gozaba de la amistad de muchas personas distinguidas.
—Manejé Helena Rubinstein, Revlon, Coty, Arden, Pond’s... buenas firmas. Fui yo quien diseñó el estuche de Heaven Scent, el logotipo de Gino Paoli, estuches para Richard Hudnut, Eileen Ford. Algunos diseños míos siguen aún en el mercado. Me pagaban poco para el volumen de ventas que estaba haciendo... mi pago siempre era «algún día, hijo, tú serás el director de la empresa». Pero era lucrativo. Todo el mundo vivía magníficamente con el negocio, sobre todo mis tíos y mi padre. Andaban en Cadillacs y pertenecían a clubes de campo de Westchester. Yo vivía en Manhattan. Llevaba a los directores artísticos a la ópera, a los compradores a los partidos de fútbol, iba a pescar con los pescadores. Y pertenecía a todos los clubes que fuera necesario y que estuvieran de moda por entonces.
La boda de Swan en 1958 no era en absoluto necesaria, pero fue sin duda todo un acontecimiento social. Su mujer, Yvonne, era la primera modelo de Norman Norell. Fue el propio Norell quien diseñó el traje de novia y quien proporcionó las damas de honor. Fue una boda muy lujosa. El banquete se prolongó infinitamente. El matrimonio duró cuatro meses. En 1960 Swan se casó con una chica de Brooklyn, una modelo de Eilleen Ford que sería luego una de las fundadoras de las Feministas Radicales de Nueva York; unos años después de separarse de Swan, Holly fue invitada al programa de Dick Cavett, donde apareció vistiendo una camiseta de Superman, y discutió con el editor de Playboy, Hugh Hefner, sobre el tema de los derechos de las mujeres. Swan y Holly, que se divorciaron en 1966, siguen siendo íntimos amigos.
—Holly y yo salíamos seis noches por semana, íbamos de fiesta o de cena... el Morocco, Orsini... pertenecíamos a Le Club y andábamos con la jet set. Nos invitaban a las inauguraciones de las discotecas, a fiestas en Southampton... yo tenía mucha energía y mucho empuje y no dormía. No lo sabía entonces, pero estaba enganchado con el speed. En 1964, conseguí una receta de pastillas para adelgazar de un médico y seguí rellenándola... durante seis años. Eso y mucho alcohol. Holly ganaba cuarenta mil al año, así que entre los dos, con mis doce mil quinientos, reuníamos más de cincuenta y dos mil dólares al año, sin contar mi cuenta de gastos, menos doce o trece mil de impuestos. No teníamos nunca un céntimo y siempre andábamos con préstamos bancarios. Las facturas eran astronómicas. La cuenta de un año de Bloomingdale debía de andar por los siete mil dólares. Yo tenía veinte trajes. Gastaba zapatos de cincuenta dólares. Holly nunca llevaba dos veces la misma cosa. Gastábamos cincuenta semanales en...




