San Martín Montilla | Matilde Huici | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 55, 224 Seiten

Reihe: Mujeres

San Martín Montilla Matilde Huici

La tercera mujer
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-277-3069-4
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

La tercera mujer

E-Book, Spanisch, Band 55, 224 Seiten

Reihe: Mujeres

ISBN: 978-84-277-3069-4
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Interesante relato de la vida y obra de una mujer española que acabó sus días exiliada en Chile, a causa de su participación en los gobiernos de la II República española. Formada en la Institución Libre de Enseñanza, Matilde Huici participó de modo activo en los movimientos feministas de su tiempo y, como psicopedagoga y abogada, tuvo un papel trascendental en el Tribunal de Menores, creado en Madrid para la defensa y educación de menores en situación de marginación por discapacidad o por delincuencia, impulsando la creación de centros para su educación y rehabilitación. Afiliada al Partido Socialista, no fue, sin embargo, su militancia política lo que la ha hecho pasar a la historia de las mujeres, sino su posición de investigadora y experta en Psicopedagogía, sus planteamientos educativos y, durante su exilio en Chile, la creación de escuelas de educadoras de párvulos. Matilde Huici, ¿la tercera mujer?, con Clara Campoamor y Victoria Kent, fue una de las más prestigiosas abogadas de su tiempo. El libro está especialmente dirigido a quienes desean conocer la Historia de las Mujeres en el siglo XX. La trayectoria de Huici abre campos para la investigación sobre otros temas, por lo que este libro también será de interés en Departamentos Universitarios de Educación y de Estudios de Género.

Mª Nieves SAN MARTÍN MONTILLA es periodista y Licenciada en Pedagogía.
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Concha Peña, Clara Campoamor y Matilde Huici, abogadas de la Unión Internacional del Colegio de Abogados de Madrid. La biografía de la mujer de la derecha permanece en la sombra. Este libro se propone dar a conocer a esa «tercera mujer».
Foto conservada en el Archivo General de la Administración

Introducción


La mujer


Tengo entre mis manos una fotografía de tres mujeres excepcionales. Dos de ellas son muy conocidas. La tercera, sólo hace poco descubrí quién era y pienso que ha permanecido en la penumbra durante demasiado tiempo. Setenta años, desde que acabó la guerra de 1936. Las dos mujeres que están a su lado han hecho historia: Concha Peña1 y Clara Campoamor2. La que está a la derecha es Matilde Huici y ha hecho historia en España y en la otra orilla de la hispanidad. Ésta es la tercera mujer, a la que dedico esta primera biografía que de ella se escribe en España.

Un día, leyendo una historia de la familia, escrita por mi padre3 para quienes descienden de Juan San Martín, cuyos miembros somos ya centenares, a uno y otro lado del Atlántico, tropecé con algo que me llamó la atención: un primo del autor se había casado con una mujer socialista en segundas nupcias. No decía sin embargo que su primo era también socialista y que se inscribió en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) antes que ella.

El dato aparecía casi de tapadillo, por dos motivos: la familia era mayoritariamente monárquica y católica, con algún carlista suelto y varios republicanos jóvenes que resultaron más bien «tibios» con el pasar del tiempo, como se verá. Otra razón es que esa mujer socialista se llamaba Matilde Huici Navaz y, en 1939, tuvo que irse de España, tras una larga trayectoria política, feminista y profesional que hizo que fuera incluida entre las personas condenadas por el régimen del general Franco. También su esposo Luis lo fue, pero en menor medida.

Matilde Huici fue una de las pocas mujeres que, en los años veinte y treinta del siglo XX, destacaron en la abogacía y la sociopedagogía, y tuvo acceso a cargos en el Gobierno de la II República. Los lazos de familia fueron poco cultivados por parte y parte. Los que aquí quedaron, su familia política más directa radicada en Cataluña y Madrid, de republicanos «tibios» pasaron a labrarse un hueco en la España franquista. Por tanto, cabe imaginar que no tenían gran entusiasmo en mantener la relación con Matilde Huici, máxime cuando quedó viuda muy pronto, en 1948. Alguno de sus parientes, sobrinos políticos, la consideran todavía hoy más o menos «como la Pasionaria».

Cuando quise indagar, el tema resultaba incómodo. El marido de Huici —Luis San Martín Adeva, primo de mi padre— era, cuando la conoció, diez años más joven que ella, católico, juez preocupado por la reforma de menores, y quedó viudo y padre de un niño recién nacido. Su primera esposa, Elena San Martín Casals, murió a consecuencia del parto. Los hermanos de Luis mantuvieron siempre la relación con él y con su hijo. No llevaron muy bien que el niño, que crió y educó Matilde Huici, cambiara su segundo apellido por el de ella. Este niño, educado y querido como propio por Matilde, ya ha fallecido pero, en los papeles que ha dejado escritos, dice que ella era, como se decía en una vieja edición del Reader’s Digest, «mi personaje inolvidable».

Cuando descubrí que la esposa de Luis, Matilde Huici, era una destacada feminista, socialista, que trabajó con la Institución Libre de Enseñanza (ILE) y modernizó las políticas de reforma de menores en España, me di cuenta de que ahí había una historia que rescatar del olvido. Según iba descubriendo datos, muy desperdigados aquí y allá, el personaje se iba agrandando y asombrando. ¿Pasionaria?

Era mucho menos que Pasionaria en cuanto a agitación y amor al conflicto. Matilde Huici era una pacifista convencida. Pasionaria era la voz ancestral de la raza nórdica, lineal y dura como el acero, una loba defendiendo el solar de sus cachorros. Matilde, que aunque navarra se consideraba vasca, era la voz de la inteligencia, la acción organizada, la fe incondicional en la persona humana, aunque ésta se encontrara en la más grave de las discapacidades, o en el pozo oscuro de la acción criminal. Era mucho más que Pasionaria por su personalidad poliédrica, su talla ética, y por el fruto hecho de carne y sangre que su vida dejó en las dos orillas de la Hispanidad, en generaciones de niños, hoy adultos, que se beneficiaron de una escuela pública construida por maestras formadas por ella, con los últimos métodos aprendidos por Matilde directamente de maestros tales como Decroly, Piaget y Claparéde, entre otros.

Una mujer comprometida con su tiempo y con su historia. Con una gran preparación profesional a muchos niveles, generosidad sin límites y una abnegación espartana. Positiva, alegre, dialogante. Fue el puntal de su marido, su hijo y sus sobrinos en los momentos difíciles. A pesar de tener una familia con buena posición económica, se emancipó y se ganó la vida desde muy joven con su iniciativa y su trabajo. Compartió lo poco o mucho que tenía, especialmente sus ideas, y su labor incansable en favor de la educación de nuevas generaciones, mejor pertrechadas que quienes les precedieron.

Tras comprobar los estragos de una infancia desgraciada en los niños, durante su trabajo en San Sebastián y Madrid como maestra, pedagoga y abogada del Tribunal de Menores, debió llegar a la conclusión de que la primera etapa de la vida era decisiva. También la guerra y los instintos primarios desatados por ésta impresionaron profundamente a Matilde. Había que crear un mundo nuevo que empezara en los primeros años de la vida.

Tuvo la gran suerte de llegar a Chile en el momento adecuado. Pudo aplicar allí todas sus ideas y aprendizajes sobre la educación de la infancia con gran fruto. Hoy figura en los libros de historia de la educación en el país trasandino, y son muchísimos los centros de educación infantil que en aquella generosa tierra llevan su nombre. Basta hacer una búsqueda en Internet para darse cuenta de ello.

En España, no queda apenas rastro de Matilde Huici. ¿Por qué? Ese será el objeto de este libro. Formularemos una hipótesis y trataremos de demostrarla a lo largo de estas páginas.

En primer lugar, fue una mujer que prefirió siempre los segundos puestos, donde se trabajaba de veras pero no se figuraba. Inteligentemente, dados los tiempos, buscó a ilustres varones que avalaran y protagonizaran sus proyectos, incluido su propio marido, con tal de que éstos llegaran a buen puerto.

En segundo lugar, era liberal y perteneciente a una familia que el socialismo podría calificar de «burguesa».

En tercer lugar, nunca fue laicista ni estuvo contra nada sino siempre a favor de algo. Contrajo matrimonio canónico, y fue siempre partidaria de dar importancia relevante en la educación a la parte espiritual.

En cuarto lugar, no fue militante política aunque se inscribiera en el PSOE, sino militante cultural y de la inteligencia, formando parte de una élite intelectual que, como se verá, vivía bastante separada de los militantes de base.

En quinto lugar, todo lo construyó por sí misma sin buscar favores de nadie para ella, aunque sí para personas a las que su posición social podía beneficiar. Hubo quienes habiendo hecho mucho menos que Matilde Huici vendieron mucho mejor su imagen, entonces y a la vuelta de su exilio. Y me refiero a mujeres icono del feminismo.

Matilde Huici, convencida de que el mal que dolía a una generación española —ella había nacido en 1890— era sanable con la educación temprana, la formación de la mujer y su avance hacia el puesto que como ser humano, igual en dignidad y derechos que el hombre, le correspondía, luchó por ello desde su militancia, primero en la Agrupación Liberal Socialista junto a Clara Campoamor, y luego en el Partido Socialista Obrero Español, junto a su marido. También lo hizo desde su participación en la construcción de un movimiento organizado de mujeres, el ejercicio brillante de la abogacía, la participación en ámbitos culturales y académicos con un marcado matiz feminista, la responsabilidad en cargos de gobierno hasta el último momento, y su incansable labor de ayuda a los refugiados españoles, especialmente los niños, en la triste hora de la derrota, la humillación y el olvido.

Cruzó la frontera hacia Francia en 1939, con los últimos miembros del Gobierno constitucional legítimo del que formaba parte, y pasó un año entre Francia y Suiza, cercana a algunos conocidos personajes del exilio republicano, colaborando con Cruz Roja Internacional y actuando en la Sociedad de Naciones de Ginebra. Ayudó todo lo que pudo a las víctimas del conflicto fratricida.

Tenía 50 años y una gran labor social a sus espaldas, desde cargos de responsabilidad. Abandonó todo y, tras su estancia en París, recaló en Chile, su verdadera patria. Porque la patria se elige. Se nacionalizó chilena y nunca volvió la vista atrás. Aún así mantuvo correspondencia con personajes como Luis Jiménez de Asúa, su querido profesor en la Universidad de Madrid, con quien estudió Criminología y conservó, con él y con su familia, lazos de amistad tanto por carta como con visitas al catedrático exiliado en Argentina. De ella, daba Jiménez de Asúa las mejores referencias como veremos.

Matilde Huici había traducido la obra de Montesquieu sobre la decadencia del imperio romano. Su decepción, después de aquel año 1939-1940 de penurias y angustias entre Francia y...



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