E-Book, Deutsch, 240 Seiten
Seiz El Futuro del Dinero
1. Auflage 2020
ISBN: 978-3-96092-736-5
Verlag: FinanzBuch Verlag
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Cómo el ORO revolucionará nuestro sistema de pagos
E-Book, Deutsch, 240 Seiten
ISBN: 978-3-96092-736-5
Verlag: FinanzBuch Verlag
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Harald Seiz wurde 1963 in Calw in der Nähe von Stuttgart geboren und ist seit 1978 erfolgreich als Finanz- und Vermögensberater tätig. 2011 gründete er die Karatbars International GmbH in Stuttgart, deren Geschäftsführer er ist. Seither internationalisierte er konsequent und erfolgreich die Geschäfte. 2016 wurde ihm die Senatorenwürde durch den Bundesverband für Wirtschaftsförderung und Außenwirtschaft (BWA) verliehen.
Autoren/Hrsg.
Weitere Infos & Material
1.
INTRODUCCIÓN
Nunca en un periodo de paz y en tiempos de relativa estabilidad el tema del dinero ha producido tanta inseguridad como ahora. Aunque nosotros en Alemania vivimos en el bienestar, aunque nuestra economía funciona a todo gas, aunque al mercado laboral le va de maravilla desde hace casi una década y aunque somos punteros mundialmente en exportaciones, siempre nos ataca la sensación de que el valor de nuestro dinero está disminuyendo. Al mismo tiempo, se cuestiona sin necesidad la función de nuestro dinero en efectivo.
Lo sabemos: la mitad de la economía consiste en psicología. En cambio, con el dinero, todo es psicología. Porque nuestro dinero solo tiene el valor que le asignamos a él y a la moneda que está detrás de él. Por lo tanto, no toda sensación de inseguridad tiene que estar basada en datos fundamentales. La confianza, la reputación, la imagen: por más débiles que parezcan estos factores son los que, paradójicamente, convierten un medio de pago en fuerte.
El euro está fluctuando claramente en su valor frente a otras monedas. Las tasas de interés están por los suelos, por lo cual a su vez muchas inversiones monetarias clásicas han perdido su verdadero objetivo. Muchos Estados están contrayendo deudas en forma masiva, precisamente porque las tasas de interés están bajas, lo cual erosiona la creencia en el Estado. Y al mismo tiempo están rebosando los ingresos fiscales en Alemania como nunca antes, lo cual es registrado por los medios seriamente como una noticia positiva, como si en los impuestos no se tratara de nuestro propio dinero.
Al inicio me referí a los actuales tiempos de paz. Tan pacíficos no son, como todos lo sabemos. En Oriente Próximo reina desde hace años una confusa guerra cuyas consecuencias estamos sufriendo sobre todo en Alemania. Tampoco este es un punto que nos deje dormir mejor ni reduzca las preocupaciones en torno a nuestro dinero.
Por lo tanto, no solo el valor de nuestro dinero en la cuenta –y en esos casos se trata por cierto solo de los llamados depósitos a la vista–, sino también nuestras inversiones monetarias y seguros de vida se ven amenazados; ahora, la inseguridad también afecta al dinero en efectivo. Y la política impulsa este sentimiento, cuando su principal tarea sería garantizar la tranquilidad. En los medios se tematiza una y otra vez el fin del dinero en efectivo. Y esto no es una fantasmagoría ni tampoco una invención de los medios. Suecia, por ejemplo, está ya muy avanzada en este campo: casi todas las transacciones ya se realizan ahí de forma electrónica, incluso las cantidades más pequeñas se pagan con tarjeta de crédito; muchos pagos ya no se pueden hacer ahí en efectivo. Lo que al principio suena práctico –nosotros también disfrutamos de la comodidad de los pagos sin efectivo– se convierte en un problema en el momento en que ya no tenemos opción, cuando más bien el Estado nos impone una única posibilidad de cómo podemos pagar nuestras cuentas. Tal vez quiera activar la economía con una política de tasas de interés negativas (que realmente funciona solo sin dinero en efectivo) y obtener un mejor control de todos nuestros negocios, el cual, como muestra el ejemplo de Suecia, pronto puede alcanzar el 100 por cien.
Personalmente, eso me parece alarmante porque, con ello, el Estado y los bancos que dependen de él obtienen un control total sobre nuestro dinero. No solo saben todos los gastos de cada uno de los ciudadanos. Si quisiera, el Estado podría recurrir también a medidas drásticas: podría congelar nuestro dinero, aplicarle impuestos o cargar tasas de interés negativas a nuestros depósitos bancarios.
También aquí, en la Eurozona, el dinero en efectivo está bajo presión. Esto afecta primero a su fraccionamiento. En 2016, el Banco Central Europeo (BCE) decidió eliminar el billete de 500 euros, y el ministro de finanzas Wolfgang Schäuble propuso limitar los pagos en efectivo a 5.000 euros por transacción; supuestamente, claro, para combatir la corrupción, la economía subterránea y la delincuencia.
Pero ¿acaso podemos elegir? Naturalmente, el Estado tiene la competencia legislativa y de aplicación. Solo él garantiza la validez –no el valor interno– de la moneda y sus componentes, es decir, las monedas y los billetes que produce o solicita a sus proveedores. De un día para otro puede decidir una reforma monetaria, o por lo menos disponer que determinados billetes ya no son válidos. En noviembre de 2016 hubo un decreto de este tipo en la India. De la noche a la mañana se retiró de la circulación de facto el 86 por ciento del inventario de dinero en efectivo en rupias. Los billetes tuvieron que cambiarse, lo cual se controló y se manejó de manera restrictiva. La mayor parte de los billetes que hasta el día anterior habían sido un medio de pago oficial perdieron su valor en el mercado –en este caso en el sentido literal de la palabra–, y el valor que representaban solo se podía mantener depositándolos en una cuenta bancaria. Si un pueblo de miles de millones tiene que ir al banco marchando al compás, las consecuencias están claras: la economía, sobre todo el comercio al por menor y el comercio con mercancías para uso cotidiano, se paralizó durante semanas. Es propio de la situación que tales decisiones no vayan precedidas por lecturas y debates en el parlamento. En Europa, el Banco Central Europeo es de todos modos independiente de los gobiernos, mientras que en la India el ministro de finanzas puede ordenar un paso como este en política monetaria. Pero, en vista de las dislocaciones en esta y en otras áreas de la política, tales certidumbres ya se han perdido. Por lo menos en lo que respecta a nuestra moneda, al dinero en efectivo y a las inversiones de capital y los medios de pago, deberíamos prepararnos en general para cualquier cosa, incluso cuando ahora nos va tan bien como pocas veces en el pasado y como ya lo quisieran los ciudadanos de la mayoría de los demás países.
No obstante, muchos ahorradores e inversionistas de capital reaccionan ya desde hace mucho a estas noticias y a esta situación: es una votación con los pies. Están buscando de nuevo su seguridad financiera en valores reales. También por eso han aumentado tanto los precios de los inmuebles en las grandes ciudades alemanas, porque los inversionistas están buscando puertos seguros. En muchos casos, los rendimientos les dan igual; lo importante es que el dinero esté invertido de manera (supuestamente) sólida. Es secundario que las casas se estén comprando demasiado caras o que un comprador de inmuebles no pueda obtener beneficios de su inversión de capital debido a los ingresos por alquiler demasiado bajos en muchas ciudades. También las acciones se ofrecen como valores reales, aunque a muchos inversionistas les parezcan sospechosas las fluctuaciones de las cotizaciones en las bolsas y se escapen de su entendimiento. Por eso, los metales preciosos como el oro son una alternativa interesante para muchos. En el libro voy a entrar en este tema de manera especial porque estoy convencido de su futuro. También las criptomonedas despiertan deseo y curiosidad al mismo tiempo. Según todos los indicios, no van a sustituir al dinero clásico, ya solo porque el Estado las podría prohibir en cualquier momento, pero las criptomonedas como tecnología son extremadamente fascinantes y ricas en perspectivas.
Ahora bien, como se sabe, el dinero y las inversiones de capital tienen diferentes funciones. Por un lado, se trata de la posesión, inversión, multiplicación o conservación personal; por otro lado, de simples procesos de pago. Quiero repostar, conseguir un teléfono móvil nuevo por Internet, hacer el pago mensual de mi cuota de crédito y el alquiler, liquidar la factura de unos trabajadores, adquirir en línea de una persona privada una entrada para un concierto de rock cuyas entradas ya están agotadas, reservar un vuelo o comprar cuatro panecillos del panadero por la mañana. La mayoría de nosotros elegirían para todos estos procesos cotidianos realizar una transferencia, pagar con tarjeta de crédito, establecer un contrato de domiciliación, autorizar un cargo de débito, realizar el pago vía PayPal o recurrir al dinero en efectivo, tal vez en pocos casos pagar contra reembolso. Por lo tanto, podemos escoger. Y esta elección se puede modificar a voluntad y según la hora del día. Es nuestro dinero y tenemos la libertad no solo de decidir en qué lo gastamos, sino también de qué forma lo hacemos. Por cierto, esta forma podría ser también M-Pesa o una determinada clase de cigarrillos, conchas cauri o Bitcoin. El dinero es aquello en lo que nos ponemos de acuerdo entre todos o con el socio contractual correspondiente, aunque aquí ya se difuminen los límites entre medios de pago y moneda, y además se aplica como una...




