E-Book, Spanisch, 424 Seiten
Shusterman Sed
1. Auflage 2019
ISBN: 978-84-17834-27-2
Verlag: NOCTURNA
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, 424 Seiten
ISBN: 978-84-17834-27-2
Verlag: NOCTURNA
Format: EPUB
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Jarrod Shusterman ha publicado relatos en libros como como la antología superventas UnBound y es guionista de cine y televisión. En la actualidad, está trabajando con Neal Shusterman en la adaptación cinematográfica de Sed, producida por Paramount.
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INSTANTÁNEA 1 DE 3: ACTIVISTA
Camille Cohen siempre había tenido un problema con la burocracia impasible y las figuras de autoridad. Cuando estaba en el instituto, no dudaba en protestar por las hipocresías del plan de estudios o por las injusticias del sistema disciplinario; y no ha cambiado gran cosa ahora que se especializa en ecología social en la Universidad de California en Irvine. La única diferencia es que ahora ve un camino real para cambiar el mundo.
No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que nos íbamos a quedar sin agua. Bastaba con leer los informes hidrológicos trimestrales públicos, como había hecho ella: los números estaban ahí mismo. Pero ¿lograr hacer caso omiso de los informes y engañar a la gente para que pensara que el problema estaba bajo control? Eso exigía dominar unas habilidades muy concretas. Se trataba de los supervillanos con los que Camille esperaba acabar algún día. Con suerte, más pronto que tarde.
Unas semanas antes de la restricción, Camille había dirigido una protesta frente a las oficinas del gobierno del condado, en Santa Ana, que había respaldado un número récord de participantes, todos miembros del cuerpo estudiantil de su facultad. Sin embargo, sabía que sería necesaria más de una protesta. Si algo le habían enseñado sus esfuerzos pasados era que el cambio real exige una presión sostenida y una acción inspirada.
Acción. Brutal. Tangible.
La acción de hoy se inspira en lo que ve en la carretera que tiene delante de ella. Empieza con una conmoción, seguida de rabia, porque delante circula un camión de suministro de una de las muchas empresas de abastecimiento municipales que han gestionado tan mal el asunto. Se ven con claridad las botellas de cuarenta litros en la parte de atrás, y es como una bofetada en la boca a una población cada vez más sedienta. Este camión está transportando un agua que no debería existir a algún lugar privilegiado. Representa todas las mentiras que tanto ha luchado por sacar a la luz.
Así que en vez de continuar en dirección oeste, hacia el centro de desalinización de la playa, decide girar el volante a la derecha y seguir el camión.
INSTANTÁNEA 2 DE 3: TRANSPORTE DEL OCWD
David Chen lleva ya casi un año trabajando para la Empresa de Abastecimiento del Condado de Orange (la OCWD), y últimamente no dejan de encargarle tareas cada vez más estresantes. Hoy está conduciendo un camión cargado de agua potable, y su copiloto va armado con una escopeta. Y viste un chaleco antibalas. De hecho, a David también le han dado un chaleco. «Sólo por precaución —le dijeron—. No hay nada de qué preocuparse». Como si fuera estúpido.
El chaleco es pesado y da calor, y por mucho que suba el aire acondicionado del camión, no consigue refrescarse. Está sudando por más de un motivo.
Como todas las cañerías del condado han sufrido un cierre de emergencia y los ordenadores que intentan redirigir el agua que queda han sufrido una multitud de fallos informáticos, él se está encargando de transportar agua manualmente a las instalaciones prioritarias. Ayer condujo uno de los doce camiones cisterna que llevaban el contenido de la piscina de un instituto a la Base del Cuerpo de Marines Camp Pendleton. Pero a tiempos desesperados, medidas desesperadas, y los administradores del agua hacen lo que pueden por evitar que el sistema se venga del todo abajo.
Es última hora de la tarde y David todavía va por la tercera entrega del día. El tráfico cada vez es peor y las aplicaciones de GPS conducen a todo el mundo por las mismas rutas alternativas, lo que empeora el problema. El protocolo actual consiste en que todo el agua de las empresas de abastecimiento municipales debe ir en primer lugar a hospitales e instalaciones gubernamentales. La Agencia Federal para la Gestión de Emergencias se encargará de abastecer a los ciudadanos particulares.
David ya se ha guardado para él y su familia uno de los contenedores azules del tamaño de fuentes de agua. Nadie echará de menos un miserable contenedor tal como están las cosas. Lo considera su extra por trabajar en zona de combate.
Es agua reciclada. Eso es lo único que hay. El agua que quedaba en el sistema de alcantarillado cuando se cortó el grifo. El agua que estaba saliendo de los hogares justo antes de la restricción, de vuelta a la OCWD.
No se limitan a tirar el agua en el mar, claro; primero se depura. Microfiltración, osmosis inversa, radiación ultravioleta y abracadabra: las aguas residuales del día anterior se transforman en casi doscientos mil litros de agua potable. Por supuesto, se supone que nadie va a beberla. La norma es que sólo se debe usar para el riego de zonas públicas, porque servir agua reciclada a una población beligerante y melindrosa, por muy limpia que esté, sería una pesadilla para las relaciones públicas.
Pero ahora a nadie le importa de dónde venga, siempre que venga.
La entrega de esta tarde es esencial. Lleva agua a los trabajadores enjaulados detrás de la alambrada de la central eléctrica de Huntington Beach. Por lo que ha entendido, la central, que sólo cuenta con unos cuarenta trabajadores en las instalaciones dentro de cada turno, ahora sirve de refugio a los trabajadores de Applied Energy Services y Southern California Edison. Así que tienen a más de trescientas personas dentro. Una especie de campamento de refugiados espontáneo. De ahí el reparto de agua.
Cuando sale de la autopista de la costa del Pacífico, la central tiembla ante él como un feo espejismo industrial por el calor del asfalto. Aun así, tiene que detenerse un poco antes de llegar al control de seguridad de la puerta porque alguien se ha interpuesto en su camino y no le deja seguir. No se trata de un empleado, sino de una chica que no debe de tener más de veinte años. Por el modo en que ha plantado los pies en la carretera y por su mirada, ansiosa y enfadada, le da la sensación de que no lo va a dejar pasar.
Mientras tanto, al otro lado de la misma autopista, en el largo trecho de Huntington Beach, la frustrada multitud que espera a las máquinas desalinizadoras empieza a percatarse de la presencia de su camión.
INSTANTÁNEA 3 DE 3: DIRECTOR DE LA CENTRAL
De pequeño, Pete Flores quería ser mago. De adulto, encontró su magia en la manipulación de las corrientes eléctricas. Para él, nada podría haberlo acercado más a su sueño original, porque ahora, como director de una central eléctrica, es capaz de crear electricidad de la nada usando gas natural. Su central de Huntington Beach produce cuatrocientos cincuenta megavatios de potencia, lo que basta para abastecer casi medio millón de hogares. Pero, por primera vez en todos los años que lleva allí, la central se enfrenta a una situación sin precedentes.
¿Debería haberse negado a permitir que todos sus empleados se refugiaran dentro del recinto de la central? ¿Debería haberse negado cuando otras empresas eléctricas le solicitaron santuario para sus obreros? ¿Debería haberse negado cuando pidieron llevar con ellos a sus familias?
Las oficinas centrales se habrían negado. No porque fueran insensibles, sino porque estaban muy lejos. No veían los rostros humanos de la crisis. Quizá lo reprendieran por lo que había hecho… o puede que incluso perdiera su trabajo, pero decidió no lamentarlo. Aunque ha aceptado que los días que se avecinan serán cada vez más complicados, su trabajo es motivo de orgullo y honor.
«Esto no es nada», piensa, y recuerda la central nuclear que entró en fusión en Fukushima, después de un terremoto, y el tsunami posterior. Los generadores se inundaron y se pararon, y los reactores se sobrecalentaron, lo que dio lugar a una fusión nuclear completa. Y ¿qué hizo el director de la central? En vez de huir del lugar, decidió quedarse con sus trabajadores a pesar del peligro y enfriar las instalaciones con agua de mar. Quedaron expuestos a niveles letales de radiación, pero redujeron diez veces la contaminación nuclear de Japón. Así es como se protege el fuerte cuando los destinos de millones de personas están en tus manos. A veces, ser el héroe significa hundirte con el barco.
Como la central eléctrica se considera prioritaria en el reparto de agua, tienen que atender a su solicitud de agua y comida. Y por eso precisamente acudieron a él todas las familias que en este momento tiene a su cuidado. Ahora no es tan sólo un director de central, sino casi un alcalde. Es tan aterrador como emocionante. Se plantea presentarse a un cargo público cuando lo despidan por ayudar a esta gente.
Hoy las turbinas funcionan a plena capacidad porque tanto la central eléctrica de Redondo como la de Palomar se han desconectado. Se rumorea que por la deserción de los empleados. Los trabajadores dejaron de acudir a su puesto. Entre encargarse de las centrales y encargarse de sus familias durante la restricción, eligieron lo segundo, lo que no sirve más que para reafirmar a Pete en su decisión de dar la bienvenida a los familiares de sus empleados. Aun así, los dos cierres de centrales lo inquietan. Si se producen más, se iniciaría un fallo en cascada de la red eléctrica, y con tantos trabajadores desaparecidos en combate es imposible saber cuándo podría resolverse semejante problema.
A última hora de la tarde, su supervisor de la sala de control le advierte de que...




