E-Book, Spanisch, 440 Seiten
Reihe: Estudios bíblicos
Sicre Díaz Introducción al Antiguo Testamento
1. Auflage 2011
ISBN: 978-84-9945-256-2
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, 440 Seiten
Reihe: Estudios bíblicos
ISBN: 978-84-9945-256-2
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La Introducción al Antiguo Testamento de José Luis Sicre siempre quiso ser, en palabras de su autor, una introducción práctica y amena, aunque pareciera difícil alcanzar la amenidad al abordar los vastos y complejos textos del Antiguo Testamento. Sin embargo, el propósito del autor parece haberse cumplido, a juzgar por la excelente acogida que esta obra ha tenido desde su primera edición en 1991.Esta nueva edición corregida, actualizada y aumentada continúa aunando lo ameno y pedagógico con lo científico, y persigue el mismo fin de la edición original: suscitar el interés, facilitar la lectura y sacar provecho del Antiguo Testamento.
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2.Los problemas de la historia
Puede resultar extraño que comience hablando de los problemas históricos que plantea la Biblia, pero son los primeros que aparecen en orden cronológico. Ya en el siglo III a.C., el sacerdote egipcio Manetos, en su Historia de Egipto, ofrece una visión totalmente distorsionada de los orígenes del pueblo de Israel: según él, los judíos serían descendientes de los hicsos, que fueron expulsados por Tutmosis III y fundaron después Jerusalén. Su fundador, Moisés, era antes Osarsef, sacerdote de Osiris en Heliópolis, que salió al frente de una multitud de egipcios leprosos y de los descendientes de los hicsos. Previamente les habría enseñado costumbres contrarias a los egipcios, como no adorar a sus dioses ni sacrificar a sus animales sagrados, y a no relacionarse con otros pueblos. Además, antes de abandonar Egipto, en alianza con las tribus hebreas, incendió y saqueó el país. Estas ideas de Manetos y de otros las vemos reflejadas, ya a comienzos de nuestra era, en las Historias del romano Cornelio Tácito.
La mayoría de los autores está de acuerdo en que, habiendo surgido en Egipto una epidemia que manchaba los cuerpos, el rey Bóccoris acudió pidiendo remedio al oráculo de Hammón, y que este le ordenó purificar su reino y alejar hacia otras tierras a esa raza, en cuanto que aborrecida por los dioses; que así, después de buscado y reunido, aquel pueblo fue abandonado en lugares desiertos y que, mientras los demás se quedaron abatidos y llorando, Moisés, uno de aquellos desterrados, les aconsejó que no esperaran ayuda alguna de los dioses o los hombres, abandonados por uno y otros, y que se fiaran solo de sí mismos, teniendo como guía celestial a aquel que fuera el primero en ayudarles a alejar las miserias que los agobiaban. Asintieron, y sin saber nada de nada emprenden el camino de la aventura. Pero nada los hacía sufrir tanto como la falta de agua; y ya se habían tendido por toda la llanura esperando su final, cuando una recua de asnos salvajes que volvía de pastar se retiró junto a una peña a la sombra de un bosque. Moisés fue tras ellos, y echando cuentas por la hierba que había en el suelo descubrió abundantes venas de agua. Esto les sirvió de alivio y, tras caminar seis días sin detenerse, al séptimo, después de expulsar a sus habitantes, se hicieron con las tierras en las que levantaron su ciudad y dedicaron su templo.
Moisés, con el fin de asegurarse a su gente para el futuro, le dio ritos nuevos y contrarios a los de los demás mortales. Allí es profano todo cuanto entre nosotros es sagrado y, a la inversa, está permitido entre ellos lo que para nosotros es abominable. En su santuario consagraron una imagen del animal por cuya guía se habían librado de su errar y de su sed, tras sacrificar un carnero como agraviar a Hammón (Historias, Libro V, pp. 3-4)[1].
Esta falsificación malintencionada de la historia bíblica provocó el contraataque de Flavio Josefo en el Contra Apión. Sin embargo, mi intención no es detenerme en este debate. Más bien me interesa señalar algunos de los datos históricos que ofrece la Biblia y que plantean problemas al lector moderno incluso de buena voluntad.
2.1.Datos desconcertantes en los orígenes de la humanidad
Imaginemos a una persona que comienza a leer la Biblia con mentalidad puramente histórica. Prescindiendo del relato sobre la creación de la primera pareja humana, el pecado y la expulsión del paraíso, que puede interpretar en sentido simbólico o mítico, en los primeros capítulos del Génesis encuentra los siguientes datos que le desconciertan:
1.Desde los comienzos, la humanidad está dividida en agricultores (Caín) y pastores (Abel), división que tardó muchos siglos en producirse.
2.Cuando Dios condena a Caín por haber asesinado a Abel, Caín tiene miedo de que el primero que lo encuentre, lo mate. Sin embargo, no hay otros seres humanos en la tierra.
3.Se dice luego que Caín se unió a su mujer y dio a luz a Henoc. Pero de esa mujer no se ha hablado antes. Según el relato bíblico, los dos únicos descendientes de Adán y Eva hasta ese momento son Caín y Abel.
4.A continuación, Caín construye una ciudad, a la que pone el nombre de su hijo, Henoc. Sin embargo, el fenómeno de la sedentarización tarda muchos siglos en producirse, y más todavía el de la urbanización. La ciudad más antigua que se conoce es Jericó, con solo unos diez mil años de existencia.
5.Poco después se presenta a Tubalcaín como «forjador de herramientas de bronce y hierro», algo desconcertante, porque cualquier autor antiguo sabía muy bien que primero se aprendió a forjar el bronce y, casi dos mil años después, el hierro.
6.Sigue el extenso relato del diluvio universal. Y aunque hoy día se conocen unas trescientas cincuenta tradiciones de diluvio, extendidas por todo el planeta, sabemos que no existió ningún diluvio universal que supusiese un nuevo comienzo de la humanidad.
7.Noé, después del diluvio, planta por primera vez una viña, descubre el vino y se emborracha. En honor a la verdad, hay que decir que la humanidad, al menos en el Oriente Próximo, comenzó a emborracharse con cerveza.
8.La idea de una lengua común a toda la humanidad antes de la construcción de la torre de Babel es una utopía en la que no creen ni siquiera los partidarios del esperanto y de interlingua.
9.Finalmente, las listas genealógicas ofrecen unos datos desconcertantes a propósito de la edad de los patriarcas: los diez anteriores al diluvio viven una media de 857,5 años (con victoria de Matusalén, gracias a sus 969 años) y los diez posteriores al diluvio, una media de 317.
Ante la imposibilidad de tratar estas cuestiones a fondo, me limito a indicar algunos detalles que explican esos datos.
1.Muchos de ellos se basan en el deseo del hombre antiguo (no solo del judío, sino también del babilonio, el egipcio, el griego) de remontar todos los grandes descubrimientos de la humanidad a los orígenes.
El impulso a remontar el curso de la historia hasta los orígenes de la humanidad surgió no solo de una curiosidad natural por el pasado remoto, sino también de la necesidad de afirmar el presente orden social y político. La idea básica era que solo el pasado posee valor normativo; y cuanto más remoto, mejor. Así ocurre ciertamente en Mesopotamia, donde la idea de progreso histórico brilla por su ausencia. Todo lo que la sociedad necesita, incluidas las instituciones políticas y religiosas, el orden social, incluso las tecnologías básicas, estaba presente desde el comienzo. Por consiguiente, la tarea de cada una de las generaciones posteriores era mantener y, cuando era preciso, restaurar, el primitivo orden de cosas[2].
Por eso la Biblia atribuye a ese momento la construcción de la primera ciudad, la forja del bronce y del hierro, la fabricación de los instrumentos musicales, el cultivo de la primera viña. Incluso podemos decir que la Biblia es más moderada y moderna que otros pueblos antiguos, ya que todos los avances tecnológicos y científicos los atribuye al ser humano, mientras que otros pueblos los atribuyen a los dioses.
En la Babyloniaca de Beroso (escrita hacia el 281 a.C.) se dice que al principio «había un gentío enorme de hombres en Babilonia que vivían en desorden como las bestias salvajes». Entonces surgió del mar un animal que tenía el nombre de Oannes. «Ese mismo animal pasaba el tiempo con los hombres durante el día y no tomaba ningún alimento. Transmitió a los hombres el conocimiento de las letras, de las ciencias y de toda clase de oficios, cómo poblar ciudades y levantar templos, y les enseñó las leyes de la medición de terrenos; les dio a conocer la siembra y la recolección de los frutos y, en resumen, transmitió a los hombres todo lo que atañe a la vida civilizada. Desde entonces no se ha descubierto nada más.»
El punto de vista egipcio lo recoge Diodoro de Sicilia en su Biblioteca histórica. Cita ante todo el descubrimiento del fuego, atribuido a Hefesto. Luego se centra en Osiris, que «hizo mucho en beneficio de la sociedad»: apartó al género humano del canibalismo, ya que le enseñó a cultivar el trigo y la cebada; fue amante de la agricultura y dicen que «descubrió la vid y, tras inventar además la elaboración de su fruto, fue el primero que degustó el vino y enseñó a los demás hombres el cultivo de la vid y el uso del vino, así como su recolección y conservación» (I, 15, 8). A Hermes se atribuye el descubrimiento del lenguaje articulado, las letras, la organización del culto a los dioses, la astronomía, el estudio de los sonidos, la invención de la lira de tres cuerdas (I, 16). En cuanto a Isis, «los egipcios dicen que fue la inventora de muchos remedios para la salud y que tenía gran conocimiento de la ciencia médica»[3].
Esta tendencia a remontar todo a los orígenes hace que también se hable del mal y sus consecuencias: el pecado original, que provoca la ruptura de la primera pareja humana, el sufrimiento, la muerte y el asesinato del hermano.
2.Otros datos están inspirados en tradiciones y mitos mesopotámicos, como la idea de que los...




