E-Book, Spanisch, Band 13, 224 Seiten
Reihe: Mujeres
Simón Rodríguez Democracia vital
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-277-3030-4
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Mujeres y hombres hacia la plena ciudadanía
E-Book, Spanisch, Band 13, 224 Seiten
Reihe: Mujeres
ISBN: 978-84-277-3030-4
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
María Elena SIMÓN RODRÍGUEZ, es Analista de género, Formadora especialista en Coeducación y Lenguajes para la Igualdad y escritora feminista. Fue profesora de Secundaria, labor que compaginó largo tiempo con la autoformación y la pertenencia a grupos de reflexión y debate. Ha redactado numerosos materiales didácticos con enfoque de género. Casi todo lo que escribe ha sido antes explicado de forma oral y presencial a multitud de personas de diverso origen y condición, lo que le permite tener en sus manos un amplio especto de ejemplos y realidades.
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Presentación
Tenemos que lograr un lenguaje político que pueda reconocer la heterogeneidad y la diferencia.
Mª XOSÉ AGRA, 1992
La gestación de este libro sólo se puede explicar como colectiva. Bien es verdad que la redacción y por tanto el orden de las ideas y palabras me corresponde. Es decir, del parto soy responsable. El amamantamiento y la crianza los dejo en las sabias manos de quienes disfruten con ello. Yo misma también. Pero, como bien sabemos las mujeres, la crianza es larga, dura y sin tregua, así es que se hace mejor repartiéndola entre muchas manos y muchas voluntades. También sabemos que las criaturas crecen mejor y se hacen más sociables cuando se crían en buena y variada compañía.
Así pues, esta propuesta tiene vocación de extenderse y crecer. Puesto que viene de la experiencia y el conocimiento de tantas gentes, desea también contribuir a clarificar la experiencia y a ampliar el conocimiento de otras muchas gentes.
Durante casi veinte años vengo dedicándome a tareas de reflexión y formación sobre la problemática social de los géneros. He tenido la suerte de compartir inquietudes, deseos y realidades con miles de mujeres y con algunos cientos de varones, en sesiones de trabajo como charlas, mesas redondas, seminarios, conferencias, jornadas, coloquios, cursos y debates, en los que he participado como asistente o como ponente. Mi formación inicial en este campo y las primeras reflexiones teóricas compartidas, se produjeron en el Feminario de Alicante, Asociación de la que fui cofundadora.
En esas sesiones, tan ricas, hemos trabajado y trabajamos desde la perspectiva de género y con carácter multidisciplinar el proceso de socialización, la coeducación, el lenguaje, las relaciones interpersonales, la paz y la violencia, la Historia, la Literatura, la sexualidad, la educación sentimental, los estereotipos y roles, la política, el asociacionismo, la división del trabajo.
En los debates solemos salir al paso de las dudas y de los enigmas recurrentes que se presentan ante las mujeres actuales, dada la evolución tan rápida que se ha producido en los últimos tiempos y que ha provocado un desconcierto generalizado, pero sobre todo en las relaciones con los varones, pues a ellos se les encuentra mucho más reticentes a los cambios y más instalados en la seguridad de lo conocido y, por tanto, más pasivos ante el deseo de avanzar y abrirse a nuevas perspectivas y formas de vida.
Por otra parte, algunos —con los que he tenido la suerte y el gusto de compartir conversaciones, debates y coloquios— sienten un malestar indeterminado ante la asunción del rol de machito o de machote por el que no están dispuestos a invertir energías, ya que les causa desasosiego, así como sentimiento de no-pertenencia ni de identificación con acciones violentas provocadas por varones machistas.
A las chicas, grandes y pequeñas, lo que les preocupa es sobre todo la imposibilidad de establecer relaciones de reciprocidad con los varones, en el ámbito amoroso-sexual y en el ámbito ocupacional-cívico, y les produce gran frustración el verse ante el conflicto sin saber cómo entraron en él ni cómo podrán salirse. Es cierto que las mujeres hemos efectuado saltos con pértiga y que nos han costado mucho los entrenamientos y la obtención de marcas. Por eso apreciamos más este proceso y sus resultados y estamos dispuestas a seguir invirtiendo en él. Me refiero, desde luego, a mujeres que deseamos acabar con situaciones injustas o disimétricas, por no hallarnos bien en ellas.
El conflicto no es algo en sí mismo negativo. Permite crecer, avanzar y cambiar dinámicas inerciales y perversas que no conducen a ninguna parte. Pero normalmente se identifica con el fracaso. También es cierto que algunos discursos —los de la intransigencia— intentan evitar los conflictos ahogándolos o cubriéndolos con oropeles. Pero los conflictos no se resuelven si se silencian o se minusvaloran, pues volverán a resurgir recrudecidos. Las soluciones a los conflictos vienen de la mano de distintas estrategias, cuales son acomodarse aun en la disconformidad, huir, enfrentarse o negociar.
Las mujeres —situadas por el patriarcado en el lado de la subordinación— no hemos tenido históricamente la posibilidad de recurrir más que a las dos primeras estrategias. En un segundo momento pudimos enfrentarnos. Pero las mujeres de países no autoritarios ya estamos en la actualidad en disposición efectiva de poder negociar, porque las leyes nos amparan como ciudadanas de pleno derecho, y las costumbres cada vez menos coactivas nos facilitan el acceso a otro tipo de espacios en los que podemos desenvolvernos más como personas que como simples hembras humanas, socializadas según modelo, sólo para la reproducción controlada de la especie.
Falta que nos convenzamos, hombres y mujeres. Y, que, por tanto, deseemos poner a contribución las energías vitales necesarias para la resolución de los conflictos que genera la nueva situación y que pasa inevitablemente por aprender a negociar para poder entrar en una nueva era informada por la cultura del pacto.
Creo sinceramente que muchas gentes lo deseamos. Pero no sabemos cómo abordar el cúmulo de problemas resultante. Los varones sienten la hierba segada bajo sus pies; las mujeres se ven dando palos de ciego. Y, sin embargo, ni unos ni otras vemos impedimentos insoslayables para actuar de forma más satisfactoria y más eficaz.
Éste es precisamente el punto en el que decidí recoger lo que había pensado y aprendido junto y gracias a muchas otras mujeres, que me han reclamado insistentemente que escribiera el producto de nuestras reflexiones y debates. También he prometido muchas veces que lo haría, porque lo deseaba. Por eso y porque reconocí la autoridad generadora de este deseo, inicié el camino de sistematización de todo este corpus teórico y experiencial que considero útil y positivo para resituar nuestra vida colectiva y nuestra vida personal, en los próximos tiempos que vienen de la mano de un cambio de siglo y de milenio.
Pertenezco a una generación artífice y amante de rupturas y vindicadora de la imaginación. No sé si decir de las utopías, porque nada de lo que creo, pienso y deseo es inconcebible en este momento. También es cierto que de esa generación de la que hablo —la del 68 a la española— me separan muchos planteamientos. Pero escribo desde ella y, por tanto, con las limitaciones que de su etnocentrismo se puedan derivar.
Quizás lo más llamativo sea la metamorfosis que han sufrido con el correr de los años la mayor parte de los varones que fueron nuestros compañeros de viaje, de altar, de lecho y de algarada. De puertas adentro, no quisieron cambiar para seguir mirándonos como sus iguales, cuando nos convertimos en las madres de sus hijos. De puertas afuera, no supieron cambiar el estilo de hacer y de actuar, cuando fueron alcanzando cotas de poder y de influencia, para transformar las sociedades maltrechas en las que hemos tenido que vivir y trabajar. La prueba del nueve la tenemos en los divorcios. Divorcios de sentencia judicial y convenio regulador y divorcios entre las cúpulas del saber y del poder y las gentes destinatarias de ese saber y poder.
Estos varones que se autodesignaron como de izquierdas diferentes, no practican nada diferente ni casi nada de izquierdas. No han querido hacerse el «peeling» de la renovación ni han vuelto a creer en los supuestos igualitarios por los que tanto luchamos nosotras con ellos. Andan emparejados con chicas jóvenes que los admiran por su experiencia; aburridos o solitarios por las barras de los bares, resistiéndose numantinamente a compartir con sus mujeres las responsabilidades adquiridas en común, o casados con las Finanzas o la Academia que les procuran seguridad y estatus, precisamente lo que rechazaban cuando calzaban pantalones de pana. Tampoco acaban de explicarse por qué estos comportamientos no les dan tan buenos resultados como a sus padres les dieron.
Las chicas del támpax y de la píldora no hemos renunciado a la utopía de otras formas de vivir, pero la tenemos congelada y empaquetada a la espera de poder cocinarla y compartirla. Mientras tanto, también en la Academia hemos hecho logros, en nuestros grupos de discusión muchos avances, en nuestras casa y nuestros lugares de trabajo vamos consiguiendo espacios, en la vida política alguna migaja de reconocimiento y, así, vamos haciendo un camino que allana dificultades a nuestras hijas y ofrece otro modelo a nuestros hijos varones. Pero ninguna entiende qué hizo para merecer esto.
Lo importante es que la ecuación de lo personal con lo político amplía el debate democrático e incide en la democratización de la vida cotidiana. (Mª Xosé Agra, 1992).
Esta obra aborda aspectos de la vida civil, social y política y de la vida personal, relacional y afectivo-familiar,...




