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E-Book

E-Book, Spanisch, 464 Seiten

Reihe: Estudios Bíblicos

Ska Compendio de Antiguo Testamento

Introducción, temas y lecturas
1. Auflage 2017
ISBN: 978-84-9073-314-1
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Introducción, temas y lecturas

E-Book, Spanisch, 464 Seiten

Reihe: Estudios Bíblicos

ISBN: 978-84-9073-314-1
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Con un lenguaje sencillo, un estilo cuidado y diáfano y una intencionalidad claramente didáctica, el profesor Jean-Louis Ska nos presenta lo que podríamos llamar un «Compendio de Antiguo Testamento», en el que expone las cuestiones fundamentales teóricas y una serie de aplicaciones prácticas para acceder, sin complicaciones, deshaciendo malentendidos y recurriendo a la investigación más reciente, a los núcleos y textos esenciales del Primer Testamento. Para Jean-Louis Ska, los relatos del Antiguo Testamento -y por extensión todo el Antiguo Testamento-, 'no responden nunca todo a nuestras preguntas, sino que nos ofrecen, más bien, algunos puntos de partida para ir en búsqueda de respuestas; no ofrecen productos acabados, pero nos ponen en la mano los instrumentos necesarios para forjar en el laboratorio de la lectura una experiencia de fe siempre nueva'.

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Narrativa y exégesis bíblica

Al final de la parábola del hijo pródigo, el padre le dice al hijo mayor que no quiere participar en el banquete celebrado por el regreso del hermano: «Hijo mío, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era necesario hacer una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado» (Lc 15,30s). La parábola termina con esta frase, antes de que hubiera respondido el hijo mayor. No sabemos, por consiguiente, si aceptó las razones del padre. Pero si el hijo mayor no responde, ¿quién escribirá la conclusión que no se encuentra en el Evangelio?

Los relatos bíblicos contienen no pocos elementos sorprendentes, análogos a este. Son muchos los vacíos que hay que llenar y los interrogantes sin respuesta. Así, el relato de las bodas de Caná nos habla de los invitados, pero no dicen quiénes eran los novios. En el bautismo de Jesús, los cielos se abren y el Espíritu desciende en forma de paloma. Según Mc 1,10 (cf. Mt 4,15), solo lo «ve» Jesús. Entonces, ¿cómo puede el evangelista hablarnos de ello si la visión estaba reservada al Salvador? En el Antiguo Testamento, por mencionar un ejemplo, Dios manda a Elías a pronunciar un oráculo de juicio contra Ajab después de haber dado muerte a Nabot. Sin embargo, en el relato Elías no pronuncia el oráculo ante el rey. Se pasa inmediatamente a la reacción de este último (1 Re 21,17-19.20).

Este tipo de problemas es peculiar de un método exegético denominado «narratología», que subraya en los textos los interrogantes, las lagunas o las omisiones que interrumpen el hilo del relato. Además, lo que es más esencial, este método demuestra que estos indicios son invitaciones dirigidas al lector. Le corresponde a este responder a los interrogantes. Sin su respuesta, el texto queda incompleto. Es decir, el relato exige una contribución activa del lector para llegar a ser realmente aquello que es. Ciertamente, esta contribución no es arbitraria, y la narratología establecerá las normas, pero la parte del lector es indispensable. Los relatos duermen hasta que el lector no llega y los despierta de su sueño.

Quiero presentar ahora brevemente este método, describiendo sus orígenes, respondiendo a algunas preguntas y fijando algunas de sus coordenadas.

1. Biblia y literatura

La narratología, o estudio narrativo de los relatos, está relacionada con los recientes avances de los estudios en el campo de la lingüística y de la crítica literaria. La exégesis bíblica se ha beneficiado de su aportación gracias a un cierto número de análisis que han examinado la Biblia, principalmente como un fenómeno literario.

La comparación entre la Biblia y la literatura profana no es tan reciente como se supone. Ya san Agustín abogaba por la lectura de los autores paganos para entender mejor el texto bíblico. Sin pretender ser exhaustivo, quiero citar algunos ejemplos más recientes que han influido en la exégesis de estos últimos años. Erich Auerbach, el primer nombre que mencionamos, publicó Mimesis, cuyo primero capítulo gozó de una gran celebridad. En él compara el estilo de Gn 22 con el del libro XIX de la Odisea1. ¿Qué pueden tener en común el sacrificio de Isaac y el relato en el que Euriclea reconoce a Ulises por una antigua cicatriz? Auerbach no estudia el contenido, sino el modo de presentar la acción dramática. Si Homero es prolijo, el escritor bíblico es sobrio. Homero tiende a presentar todo en primer plano, el escritor bíblico deja muchas cosas en el trasfondo. Auerbach insiste aún en otras diferencias. Por ejemplo, la «verdad» del relato no es la misma; la Biblia no conoce la distinción de géneros propia de la literatura clásica, pues sus héroes trágicos pueden proceder de los sectores más humildes de la sociedad.

Si este capítulo de la obra de Auerbach es célebre, hay otro que es ciertamente muy instructivo, aunque menos conocido. Se trata del segundo capítulo, dedicado a Fortunata, la heroína de Petronio. En esta ocasión, Auerbach compara el modo en el que escriben los autores latinos Petronio y Tácito con el relato de la negación de Pedro en el evangelio de Marcos. De nuevo, insiste en la diferencia de estilo que se basa en una diversa manera de concebir la realidad y de representarla en el relato. Y Auerbach identifica en la Biblia una de las fuentes del realismo de la literatura contemporánea.

Otros autores seguirán su ejemplo. Robertson, por ejemplo, compara Ex 1–15 con la tragedia de Eurípides Las Bacantes, en una introducción al enfoque literario sobre los textos bíblicos destinada al gran público2. Alter contrapone dos escenas de duelo, una bíblica (David se entera de la muerte de su hijo: 2 Sm 12,19-24) y la otra de la Ilíada (Príamo pide a Aquiles el cuerpo de su hijo Héctor: XXIV, 471-690)3: Homero consigue introducir la claridad y la lógica incluso en los lugares más oscuros del alma de sus héroes, mientras que los personajes bíblicos se mantienen siempre misteriosos y sus reacciones son imprevisibles. Finalmente, Sternberg será más audaz aún al encontrar en Otra vuelta de tuerca de Henry James un paralelismo con la historia del asesinato de Urías (2 Sm 11)4. La ambigüedad es de un mismo tipo en un caso y en el otro. Nadie sabe si la heroína de James ve realmente fantasmas o si son alucinaciones. Nadie puede decir que Urías había intuido que David había seducido a su esposa. Podríamos seguir con otros ejemplos; sin embargo, el estudio literario de la Biblia no se limita a simples comparaciones. Varios críticos literarios han aplicado a la Biblia métodos surgidos del estudio de la literatura contemporánea5. Más o menos simultáneamente, algunos exégetas habían ya hecho incursiones en esta perspectiva6. Mi objetivo aquí es hablar de aquellos que se han inspirado en los estudios críticos de origen anglosajón, dejando de lado la semiótica de origen ruso y francés, que exigiría un estudio específico.

Las escuelas son ciertamente numerosas y las divergencias notables, y no es nuestra pretensión minimizarlas. No obstante, todas convergen en un punto esencial: el sentido de un relato es el resultado de un proceso de lectura. Esto significa que es imposible separar el sentido de un texto en general o de una narración en particular del «drama de la lectura», por usar el término de Sternberg. Los métodos de la exégesis clásica, es decir, la histórico-crítica, tienden a considerar el texto ante todo como un documento que habla del pasado. El intérprete se sirve del texto para llegar al mundo que se oculta tras el texto. La exégesis literaria, influida por la denominada «Nouvelle Critique», no ve ya en el texto una interpretación más allá de él mismo, sino un monumento que merece la plena atención en sí mismo. Cada texto es una totalidad coherente en la que es necesario poner de relieve sus estructuras expresivas, sin ninguna referencia al universo del autor ni al del lector, ni al mundo exterior. El texto es un universo cerrado en sí mismo.

Para el método narrativo, el texto es un acontecimiento vivido por el lector. ¿Pero no es arbitraria esta lectura? ¿Y no es peligrosa la comparación con la literatura moderna, con la literatura de ficción? ¿No es, a fin de cuentas, una falsificación? Son objeciones serias, conectadas entre ellas, que merecen una respuesta detallada.

EL GRAN CÓDIGO DEL IMAGINARIO OCCIDENTAL

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El hombre no vive directa y desnudamente en la naturaleza como los animales, sino en el seno de un universo mitológico, un cuerpo de supuestos y creencias desarrollado a partir de sus intereses existenciales. Gran parte de este universo se conserva inconscientemente, y esto significa que nuestras imaginaciones pueden reconocer algunos de sus elementos sin comprender conscientemente qué es lo que reconocemos. Prácticamente, todo cuanto podemos observar de este cuerpo de intereses está socialmente condicionado y culturalmente heredado. Bajo la herencia cultural debe existir una común herencia psicológica, pues, de lo contrario, no nos serían inteligibles aquellas formas de cultura e imaginación que se encuentran fuera de nuestra tradición. Pero dudo que podamos alcanzar esta herencia común sin tener en cuenta las cualidades distintivas de nuestra propia cultura. Una de las funciones prácticas de la crítica –término con el que me refiero a la organización consciente de una tradición cultural– es, creo, la de hacernos más conscientes de nuestro condicionamiento mitológico.

La Biblia es claramente un elemento de relieve de nuestra tradición imaginativa, independientemente de cuanto podamos pensar creer al respecto.

Herman NORTHROP FRYE, El gran código: lectura mitológica y literaria de la Biblia, Gedisa, Barcelona 2009.

2. Los principios de la lectura activa

En primer lugar, debe quedar claro que la lectura narrativa no elimina los demás enfoques. Así, Alter y Sternberg insisten ambos, cada uno a su modo, en la necesidad de incluir en el estudio los resultados principales de la exégesis histórico-crítica, entre los que destaca el hecho de que los textos bíblicos, en general, son de carácter compuesto. Sin embargo –y en este punto retoman una idea principal de muchos exégetas–, es necesario estudiar los principios adoptados por los últimos redactores, que dieron al texto bíblico su forma final.

El proceso de lectura no es sencillo. Tiene el deber de respetar las convenciones que el texto proporciona al lector. Si el texto procede de otra época, es necesario encontrar las convenciones que pertenecen a esa...



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