E-Book, Spanisch, 500 Seiten
Reihe: Ensayo
Spiegelhalter El arte de la estadística
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-126878-1-1
Verlag: Capitán Swing Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 500 Seiten
Reihe: Ensayo
ISBN: 978-84-126878-1-1
Verlag: Capitán Swing Libros
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Estadístico británico y miembro del Churchill College, Cambridge. De 2007 a 2018 fue Profesor Winton de Comprensión Pública del Riesgo en el Laboratorio de Estadística de la Universidad de Cambridge. Spiegelhalter es un investigador altamente citado por el ISI. Es presidente del Centro Winton de Comunicación de Riesgos y Pruebas en el Centro de Ciencias Matemáticas de Cambridge. El 27 de mayo de 2020 se incorporó al consejo de la Autoridad Estadística del Reino Unido como director no ejecutivo por un periodo de tres años. En 2012 Spiegelhalter presentó el documental de la BBC Four Tails You Win: The Science of Chance, que describía la aplicación de la probabilidad en la vida cotidiana. También presentó una charla en el Festival de Ciencia de Cambridge de 2013, How to Spot a Shabby Statistic, en el Babbage Lecture Theatre de Cambridge. Fue elegido presidente de la Royal Statistical Society, y asumió el cargo el 1 de enero de 2017.En marzo de 2020 Spiegelhalter lanzó un podcast llamado Risky Talk en el que entrevista a expertos en comunicación de riesgos y pruebas sobre temas como la genética, la nutrición, el cambio climático y la inmigración.
Weitere Infos & Material
Introducción
«Los números no pueden hablar por sí mismos.
Nosotros hablamos por ellos. Les conferimos significado».
NATE SILVER, La señal y el ruido[1]
Por qué necesitamos la estadística
Harold Shipman fue el asesino convicto más prolífico de Gran Bretaña, aunque no encajaba en el perfil arquetípico del asesino en serie. Médico de familia de maneras suaves, entre 1975 y 1998 inyectó a un mínimo de doscientos quince de sus mayoritariamente ancianos pacientes una sobredosis masiva de opiáceos. Al final, cometió el error de falsificar el testamento de una de sus víctimas para quedarse con parte de su dinero. Su hija, abogada, empezó a sospechar, y un análisis forense del ordenador de Shipman mostró que había modificado el historial de sus pacientes para que sus víctimas apareciesen como más enfermas de lo que realmente estaban. Era un entusiasta precoz de la tecnología, pero, aun así, no era lo suficientemente experto como para saber que cada cambio que hacía quedaba registrado (por cierto, este es un buen ejemplo de cómo los datos pueden revelar significados ocultos).
De sus pacientes que no habían sido incinerados, quince fueron exhumados, en los cuales se encontraron niveles letales de diamorfina, el formato médico de la heroína. Shipman fue procesado por quince asesinatos en 1999, pero decidió no defenderse y no pronunció ni una sola palabra en el juicio. Fue declarado culpable y condenado a cadena perpetua, y se puso en marcha una investigación pública para determinar qué crímenes pudo haber cometido aparte de aquellos por los que había sido juzgado, y si podía haber sido detenido antes. Yo formé parte de un grupo de estadísticos que fueron convocados como testigos expertos en esta investigación, que concluyó que con toda seguridad había asesinado a doscientos quince de sus pacientes, y posiblemente a cuarenta y cinco más.[2]
Este libro se centrará en el empleo de la ciencia estadística[3] para responder al tipo de preguntas que surgen cuando queremos entender mejor el mundo; algunas de estas preguntas se destacarán en un recuadro. Para empezar a entender el comportamiento de Shipman, lo primero que normalmente nos preguntaremos es:
¿A qué tipo de personas asesinó Harold Shipman, y cuándo murieron?
La investigación pública proporcionó detalles sobre la edad, el género y la fecha de la muerte de cada una de las víctimas. La figura 0.1 es una visualización bastante sofisticada de los datos. Muestra un diagrama de dispersión de la edad de la víctima cruzada con su fecha de fallecimiento, y la intensidad de los puntos indica si la víctima era hombre o mujer. Sobre los ejes se han superpuesto diagramas de barras que muestran las pautas de edad (en intervalos de cinco años) y los años.
Se pueden extraer algunas conclusiones simplemente mirando la figura. Hay más puntos negros que blancos, de manera que las víctimas de Shipman fueron mayoritariamente mujeres. El diagrama de barras a la derecha de la figura muestra que la mayor parte de sus víctimas eran septuagenarias u octogenarias, pero un vistazo a los puntos nos revela que, aunque inicialmente todos eran ancianos, a medida que pasan los años aparecen algunos casos más jóvenes. El diagrama de barras en la parte superior de la figura muestra claramente un hiato alrededor de 1992, en el que no se produjeron asesinatos. Al parecer, antes de esa fecha Shipman había trabajado en una consulta compartida con otros doctores, pero a partir de entonces, probablemente al sentirse bajo sospecha, montó su propia consulta médica. Después de esto, sus actividades se aceleraron, como demuestra el diagrama de barras superior.
Figura 0.1. Diagrama de dispersión que muestra la edad y el año de la muerte de las doscientas quince víctimas confirmadas de Harold Shipman. Se han añadido diagramas de barras sobre los ejes para mostrar las pautas de edades y los años en los que cometió los asesinatos.
Este análisis de las víctimas identificadas por la investigación plantea otras preguntas sobre la forma en la que cometió sus asesinatos. Hay alguna evidencia estadística derivada de los datos sobre el momento de la muerte de sus supuestas víctimas, recogido en el certificado de defunción. La figura 0.2 es un gráfico lineal que compara las horas en las que murieron los pacientes de Shipman con las horas en las que murieron una muestra de pacientes de otros médicos de familia locales. La pauta no requiere un análisis especialmente sutil: la conclusión se conoce normalmente como «interocular», dado que parece que te entra por los ojos. Los pacientes de Shipman solían morir abrumadoramente en las primeras horas de la tarde.
Figura 0.2. Hora de la muerte de los pacientes de Harold Shipman, comparada con las horas en las que murieron los pacientes de otros médicos de familia locales. La pauta no requiere un análisis estadístico sofisticado.
Los datos no nos dicen por qué tendían a morir en esos precisos momentos, pero una investigación subsiguiente reveló que llevaba a cabo sus visitas a domicilio después de comer, cuando estaba generalmente a solas con sus pacientes ancianos. Les ofrecía una inyección que supuestamente los haría sentir más cómodos, pero que, de hecho, era una dosis letal de diamorfina: después de que un paciente muriese pacíficamente delante de él, cambiaba su historial médico para que pareciese que se trataba de una muerte natural esperada. La magistrada Janet Smith, que encabezaba la investigación pública, dijo posteriormente: «Todavía siento que es indescriptiblemente horrible, simplemente indescriptible, impensable e inimaginable que día tras día fingiese ser ese doctor maravillosamente bondadoso mientras llevaba en su maletín su arma letal […] que sacaba de la manera más trivial del mundo».
Estaba asumiendo un riesgo, dado que una simple autopsia le habría descubierto, pero dada la edad de sus pacientes y las causas aparentemente naturales de sus muertes, no se llevó a cabo ninguna. Y sus razones para cometer estos asesinatos nunca han sido explicadas: no habló en su juicio, nunca comentó sus fechorías a nadie, incluida su familia, y se suicidó en la cárcel, convenientemente justo a tiempo para que su mujer recibiese su pensión.
Podemos pensar en este tipo de trabajo iterativo y exploratorio como una forma de estadística «forense», algo que en este caso era literalmente correcto. No hay matemáticas ni teoría, solo una búsqueda de pautas que podrían llevar a preguntas más interesantes. Los detalles de las fechorías de Shipman fueron establecidos mediante evidencia específica de cada caso particular, pero este análisis de datos era el sostén de una comprensión más general de cómo llevó a cabo sus crímenes.
Más adelante, en el capítulo 10, veremos si el análisis estadístico formal podría haber ayudado a atrapar antes a Shipman.[4] Mientras tanto, la historia de Shipman demuestra ampliamente el gran potencial que ofrecen los datos para ayudarnos a comprender el mundo y hacer mejores juicios. Esta es la esencia de la ciencia estadística.
Transformar el mundo en datos
El enfoque estadístico en los crímenes de Harold Shipman nos exigía tomar cierta distancia de la larga lista de tragedias individuales de las que era responsable. Todos esos detalles personales únicos, de esas vidas y de sus muertes, tenían que ser reducidos a un conjunto de hechos y números que pudieran ser contados y presentados en gráficos. A primera vista, esto podría parecer frío y deshumanizador, pero si usamos la ciencia estadística para iluminar el mundo, entonces nuestras experiencias diarias tienen que convertirse en datos, y esto significa categorizar y clasificar eventos, registrar mediciones, analizar los resultados y comunicar las conclusiones.
Algo aparentemente tan simple como categorizar y clasificar puede, no obstante, presentar un serio desafío. Tomemos, por ejemplo, la siguiente pregunta básica, que debería resultar de interés para cualquier persona preocupada por el medio ambiente:
¿Cuántos árboles hay en el planeta?
Antes incluso de comenzar a pensar en cómo deberíamos contestar a esta pregunta, tenemos primero que dejar sentada una cuestión bastante básica. ¿Qué es un «árbol»? Podría usted pensar que sabe distinguir lo que es un árbol con solo ver uno, pero su juicio podría diferir sustancialmente del de otras personas que podrían considerarlo más bien un arbusto o un matorral. De manera que, para transformar la experiencia en datos, tenemos que empezar con definiciones rigurosas.
El caso es que la definición oficial de «árbol» es una planta con un tronco de madera que tiene un diámetro suficientemente grande a la altura del pecho, conocido como DAP. El Servicio Forestal de Estados Unidos exige que una planta tenga un DAP mayor de 5 pulgadas (12,7 centímetros) para que sea oficialmente declarada como árbol, pero la mayor parte de las autoridades usan un DAP de 10 centímetros (4 pulgadas).
No obstante, no podemos recorrer el planeta midiendo...




