E-Book, Spanisch, 281 Seiten
Storm Profecía De Sangre
1. Auflage 2025
ISBN: 978-88-354-8195-9
Verlag: Tektime
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
E-Book, Spanisch, 281 Seiten
ISBN: 978-88-354-8195-9
Verlag: Tektime
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Julieth nunca pensó que a los diecisiete años su vida cambiaría para siempre, obligándola a huir de quienes la quieren muerta. Futura heredera de la mayor y más poderosa organización del mundo que reúne a vampiros, humanos, hombres lobo y cazadores de brujas, Julieth ha vivido toda su juventud en una jaula dorada, amada por todos, ignorante de la profecía cumplida el día de su nacimiento. En el peor momento posible, descubre que es la Invocada, una criatura devuelta a la vida por los Cazadores de Brujas para destruir a la raza vampírica. Basta un mordisco suyo para convertir a un vampiro en humano o matarlo. Conmocionada y devastada por este descubrimiento, se da cuenta de que su vida corre peligro. Se encuentra así con que debe abandonar a su familia y refugiarse en una pequeña granja de un país desconocido para todos. Por desgracia, el destino es cruel y pronto uno de los vampiros rebeldes enviados para eliminarla, conseguirá encontrarla.
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Prólogo
—¿Alguna vez pensaste que tarde o temprano viviríamos este momento? —preguntó Vera conmovida.
—No, nunca, te lo juro —admitió Blake en un susurro, abrazando a uno de los dos bebés que había acunado en sus brazos hasta que se durmió.
—Siempre he pensado en nuestro futuro pero, a pesar de mis innumerables fantasías, nunca imaginé que pudiera ser tan feliz —suspiró Vera suavemente al sentir cómo la pequeña estrechaba su diminuta mano alrededor de su dedo índice.
—Ni yo tampoco. Si pienso en mi vida antes de conocerte… ¡Dios mío, cuánto tiempo! Ya ni siquiera recuerdo qué me impulsaba a levantarme cada día, a saciar mi hambre… ¡Parece que fue hace un siglo en vez de un puñado de años!
—Sí. ¡Y ahora míranos! Empezamos de la nada, rodeados solo de soledad y de guerras constantes entre humanos y vampiros…
—¡Ah, sí! ¡Me acuerdo de aquello! Cómo recuerdo el odio que sentía por aquella chica que parecía predestinada a destruir a los de mi especie y a la que tenía toda la intención de detener, aunque eso significara matarla —la interrumpió Blake con una risita.
—Por lo visto, o no estabas muy convencido o simplemente eras un pobre loco, ya que al final preferiste atarte a ella con un Pacto de Unión y casarte con ella en lugar de matarla —se burló de él.
—Estaba loco, sí, loco por ella y por su aroma que me aturdía y me atraía como un imán —le susurró él mientras se inclinaba más hacia ella y le rozaba los labios con un ligero beso—. Tan loco como para casarme con ella y tener dos hermosos hijos.
—Espero que la vida sea un poco más fácil para ellos.
—No lo dudo. A estas alturas la paz ya está establecida. La guerra entre vampiros, humanos, hombres lobo, Cazadores de Brujas y miembros de la Orden de la Cruz Sangrienta ha llegado a su fin. Claro que aún quedan algunas facciones rebeldes, pero la Confederación de Sangre es demasiado fuerte y tiene aliados demasiado poderosos como para temer a los enemigos que aún tenemos ahí fuera, dispuestos a destruirnos. Nuestros hijos tendrán un lugar seguro donde refugiarse, una familia que siempre les acogerá con los brazos abiertos, a diferencia de lo que yo pasé de joven, y el afecto de toda la Confederación. No hay motivo para preocuparse. Julieth y Damien están destinados a una vida feliz al frente de la Confederación —juzgó Blake con orgullo y tranquilidad.
—Tienes razón. Es solo que a veces pienso en mi pasado, en mi infancia transcurrida estando siempre enferma a causa de la peculiar anemia que padecía, siempre sola y apartada de todo el mundo porque era demasiado diferente a causa de mi salud, mi familia formada por mi tía Cecilia y Ahmed en lugar de dos padres como todos los demás niños, en aquella destartalada granja de Four Crosses, en Irlanda, donde viví hasta los diecisiete años, y que solo un milagro divino sigue manteniendo, a pesar de la falta de mantenimiento.
—Tuviste una infancia difícil, pero al menos tuviste la suerte de sentirte siempre querida por tu tía y Ahmed. Yo, en cambio, fui expulsado tanto por el clan de mi madre, debido a mis orígenes mestizos, como por la familia de mi padre, que no me veía más que como un asesino y un vampiro.
—Sin embargo, sabes que tu madre, aunque a su manera, te quería y te dejó en buenas manos.
—Sí, Jack fue más que un padre para mí. Lo único que nunca he entendido es por qué, siempre que habláis de Jack y de su relación conmigo, le alabáis como el “mejor padre del siglo”, mientras que cuando habláis de él y de ti, siempre le insultáis.
—¿Quizá porque tú eres el hijo perfecto que nunca tuvo, mientras que yo soy la hija imperfecta que recibió como paquete después de diecisiete años?
—Tu padre te adora, Vera.
—Mi padre está eternamente insatisfecho, Blake.
—Admito que tiene grandes expectativas puestas en ti, pero te quiere.
—Tanto que, cuando me arrastraron a la sala de partos estando dando a luz, me dejó sola.
—Vera, ya te lo he dicho, Jack estaba inconsciente.
—No es cierto.
—Te lo aseguro. También puedes preguntarle a Harold. Estaba allí.
—Ya lo intenté, pero en cuanto empecé a insistir, se echó a llorar y dijo que mi padre amenazó con matarlo si le contaba a alguien la verdad.
Blake se echó a reír.
—Típico de Jack que nunca admite sus debilidades.
Vera también se echó a reír, recordando cómo la noticia de su embarazo había desestabilizado a su padre, y más aún después de que él descubriera que ella había perdido por completo sus poderes vampíricos.
Con alivio, al día siguiente del nacimiento de Julieth y Damien, Vera había recuperado todos sus poderes e incluso cierta sed de sangre, ya que, al tener sangre de Antiguo en su ADN, no podía beneficiarse de BloodSky, una píldora de sangre sintética creada por el equipo biomédico de la Confederación.
De repente, llamaron a la puerta de su habitación.
Era Ahmed, el Cazador de Brujas que había cuidado de Vera durante años, protegiéndola tanto de los vampiros como de los miembros de la Orden de la Cruz Sangrienta que la querían muerta y manteniendo en secreto sus orígenes especiales.
Con paso renqueante y siempre acompañado de su bastón mágico, el viejo ciego se adelantó.
Su mirada perdida en la oscuridad siempre hacía que a Vera se le apretara el corazón. Nunca había aceptado su ceguera, pero sabía que tras aquellos ojos vacíos se escondía la chispa de la magia y el poder de uno de los cazadores de inmortales más fuertes del mundo.
—¡Ahmed, por fin! ¿Cómo estás? —Vera se dirigió alegremente hacia él de inmediato, sentándolo en una pequeña silla.
—El eclipse —murmuró Ahmed apenas con su habitual aire taciturno y poco dispuesto al diálogo.
—Tía Cecilia me dijo que no te encontrabas bien durante el eclipse de luna. ¿Estás mejor ahora?
Ahmed no respondió, como si, además de la ceguera, le hubiera sobrevenido de repente la sordera.
—Ahmed, ¿sabes que Vera dio a luz durante el eclipse? —estalló Blake incómodo ante el extraño silencio que se había apoderado de la habitación.
Ahmed asintió levemente, arrugando la frente.
Por suerte, Tess y Siobhan con sus respectivos maridos e hijos acudieron en su ayuda, y poco después Cecilia con su compañero Peter.
La sala se llenó de júbilo al instante, pero Vera no podía apartar su atención de Ahmed.
Había algo oscuro e inquietante en su silencio.
Sabía que el Cazador tenía enormes poderes mágicos y podía ver líneas del destino desconocidas para los demás.
Por supuesto, el destino siempre podía cambiarse, pero Vera estaba convencida de que el carácter de una persona solo podía cambiar el destino, no los acontecimientos que lo provocaban.
Con una sensación de angustia, pero también de confianza en el futuro, colocó a la pequeña Julieth en el regazo de Ahmed, que inmediatamente rodeó a la recién nacida en un abrazo cálido y tranquilizador.
Sin embargo, la tensión que se extendió repentinamente por la habitación empañó el desenfado anterior.
Todos sabían que Ahmed presagiaba acontecimientos ominosos y hasta entonces parecía que todos los recién nacidos de la Confederación se enfrentarían a grandes retos en sus vidas.
Vera se inclinó ante Ahmed, sin prestar atención a las miradas de los demás.
—Esta es Julieth.
En cuanto Vera pronunció ese nombre, el hombre jadeó y, de repente, sus miradas se encontraron.
Fue un instante, pero Vera podría haber apostado toda la Confederación a que, aunque solo fuera por un instante, Ahmed había recuperado la vista.
—Ahmed, ¿me ves? —susurró esperanzada, acercándose aún más y sin dejar de mirar al anciano mientras Blake intentaba llamar su atención.
—¡Vera! —gritó Blake en un momento dado, atrayendo a su mujer hacia él.
—¿Qué pasa? —se irritó ella de inmediato, deseando volver con Ahmed.
—¡Mira! —Blake señaló la habitación de ella.
—¿Qué se supone que tengo que ver? —preguntó ella, intentando averiguar qué había de anormal en la habitación, aparte de su tía Cecilia, que la miraba con cara de espanto—. No veo nada.
—Exacto —exclamó Blake sorprendido—. No hay nadie. ¡Se han ido todos!
—¡Oh, maldita sea! ¿Adónde se han ido? —contestó Vera al instante. Hasta unos segundos antes, había al menos diez personas en aquella habitación, mientras que ahora no había nadie, aparte de Cecilia y Blake.
—Ahmed, ¿has sido tú? —preguntó vacilante la mujer, al oír que los demás golpeaban con fuerza la puerta y preguntaban qué había pasado.
El anciano asintió.
—¿Por qué lo has hecho?
—El eclipse. —Apenas respiró.
...



