Taillefer de Haya | Orígenes del feminismo | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 53, 256 Seiten

Reihe: Mujeres

Taillefer de Haya Orígenes del feminismo

Textos ingleses de los siglos XVI y XVII
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-277-3073-1
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Textos ingleses de los siglos XVI y XVII

E-Book, Spanisch, Band 53, 256 Seiten

Reihe: Mujeres

ISBN: 978-84-277-3073-1
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
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Interesante aproximación a los escritos de quince mujeres inglesas, consideradas precursoras del feminismo occidental y punto de partida del feminismo escrito. Sabido es que los movimientos por la igualdad de los derechos de las mujeres en los países de habla inglesa son los más representativos de Occidente, aunque sea el de las sufragistas el más conocido. Sin embargo, buceando en el pasado, encontramos que el Renacimiento inglés benefició especialmente a las mujeres, el Humanismo empezó a formarlas y la Reforma Protestante acudió a ellas para traducir textos religiosos, todo lo cual puede explicar el carácter instruido de las autoras de los textos que aquí se recopilan y su significativo valor a la hora de establecer el hilo histórico del feminismo. El libro tiene como objetivo facilitar el acceso a los textos que sobre defensa de las mujeres se publicaron en Inglaterra entre los siglos XVI al XVII. A pesar del tiempo transcurrido, las cuestiones planteadas por estas pioneras conservan su vigencia, y su lectura ayudará sin duda a comprender mejor la situación actual, teniendo en cuenta que ellas plasman un pensamiento femenino y no ¿feminista?, pues la reivindicación propiamente feminista no surgió hasta la Ilustración francesa.

Lidia TAILLEFER DE HAYA es Profesora Titular del Departamento de Filología Inglesa, de la Universidad de Málaga.
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Introducción


Esta obra tiene como objetivo que los lectores españoles tengan acceso a numerosos textos de «defensa de las mujeres» publicados desde el siglo XVI en Inglaterra, germen del feminismo occidental. A pesar del tiempo transcurrido, las cuestiones planteadas por estas pioneras siguen vigentes, por lo que dichos textos pueden ayudar a una mejor comprensión de la situación actual. Hay que matizar que plasman un pensamiento femenino y no «feminista» (Offen, 1988), pues la reivindicación propiamente feminista no surgió hasta la Ilustración francesa, extendiéndose posteriormente al famoso sufragismo inglés. De hecho, aquí podemos constatar la existencia de muchas publicaciones inglesas anteriores, que indudablemente labraron el principio del camino para el «movimiento de la mujer» (O’Neill, 1969).

El movimiento por la igualdad de los derechos de las mujeres en los países de habla inglesa es el más representativo en Occidente. Por regla general, las antologías feministas recogen a las sufragistas más destacadas, tanto en Gran Bretaña como en los Estados Unidos, sin profundizar en ninguno de los dos países. Por esa razón, aquí nos centramos en el Reino Unido, dada la necesidad de un trabajo más exhaustivo.

El Renacimiento inglés (King, 1991) benefició especialmente a las mujeres en dos sentidos: 1) el Humanismo empezó a formarlas; 2) en consecuencia, la Reforma Protestante echó mano de ellas a la hora de traducir textos religiosos al inglés. Desde entonces, las inglesas se caracterizan por ser instruidas, llegando a elegir a veces no casarse (como Mary Astell) o a divorciarse (como Mary Darby Robinson, «Perdita»). El problema de las mujeres que no tenían a un hombre cerca era que, muchas veces, para subsistir sólo tenían la posibilidad de trabajar gratuitamente como gobernantas o institutrices, a cambio de alojamiento y manutención (Prior, 1985).

Hasta el siglo XX las mujeres cultas se consideraban antinaturales, poco femeninas; se pensaba que si dedicaban tiempo a otros menesteres, no podían atender bien su casa, a su familia (Keeble, 1994). En caso de que alguna tuviera la ventaja de sentirse apoyada por el entorno familiar, con seguridad la sociedad la iba a seguir recriminando. En efecto, muchas mujeres escribieron, pero jamás llegaron a publicar, por temor a dañar tanto su reputación como la de su familia.

Aunque en Inglaterra aparecieron los primeros libros impresos en el siglo XV, las mujeres no pudieron publicar práctiamente hasta el siglo XVII, dado que no se consideraba una actividad propia de su sexo (Eger, 2001). De ahí que en los primeros escritos trataran de justificar el hecho de salirse de las normas impuestas, pues la modestia era supuestamente una de las principales virtudes femeninas. Como, además, los lectores (mayoritariamente, hombres) con gran probabilidad ignoraban su trabajo, muchas dirigieron sus obras al público femenino, animándose unas a otras, bien dedicándose libros o citándose.

Hasta finales del siglo XVIII las mujeres no pudieron dedicarse a la escritura profesionalmente (ejemplo de ello son Mary Hays y Mary Wollstonecraft), aunque las pertenecientes a la aristocracia (como la Duquesa de Newcastle) pudieron publicar antes y con mayor facilidad por distintas razones: por la formación (en sus bibliotecas), por el tiempo del que disponían y por el dinero que poseían.

Como aún sigue ocurriendo hoy en día, son preferentemente las mujeres las que reivindican los derechos femeninos, de ahí que en el Índice de este libro sólo encontremos a autoras; de hecho, en Inglaterra hasta el siglo XIX no empiezan a hacerlo algunos hombres. Asimismo, cuando las mujeres lograban publicar algo, su trabajo rara vez era reconocido públicamente por los hombres, especialmente si se trataba de obras no literarias como el ensayo o la epístola. Y precisamente estos géneros menos canónicos son los que predominan en este libro pues, como a las mujeres les estaba prohibido adentrarse en la «gran» literatura1, escribían preferentemente cartas, diarios y memorias que camuflan verdaderos ensayos sobre los derechos de las mujeres. Todos estos escritos conforman la tradición literaria femenina, excluida del canon.

Como la mayoría de los textos aquí recogidos (por orden cronológico) no se encuentran en las antologías, la labor de recopilación y selección ha sido ardua. Eso no quiere decir que la relación sea exhaustiva, pues el acceso a textos tan antiguos resulta, a veces, una tarea imposible. Éstos, aunque ya están en inglés moderno (Salzman, 2000), difieren del inglés contemporáneo no sólo en cuanto al sistema ortográfico y al de puntuación, que empezaron a normalizarse en el siglo XVIII, sino también al excesivo uso de mayúsculas, cursivas, contracciones, abreviaturas, arcaísmos, etc. Lógicamente, en las traducciones se pierden estos aspectos formales, con la ventaja de que no se interpone ningún obstáculo entre el contenido y el lector en español actual.

Las traducciones se han realizado de los textos completos, de capítulos concretos o de extractos; en este último caso, la extensión no se reduce a un mero párrafo, sino a varias páginas, con la intención de que el pensamiento de las escritoras quede reflejado de la manera más fidedigna posible.

De las dieciséis autoras aquí recogidas, sólo tres se dedicaron en exclusiva a la causa de las mujeres (Rachel Speght, Mary Hays y Mary Ann Radcliffe), pues la mayoría de ellas también destacaron en otros campos, como en el de la traducción (Margaret Tyrrell Tyler, Elizabeth Carter y Mary Pierrepont Wortley Montagu), la lingüística (Batshua Reynolds Makin), la educación (Mary Astell y Maria Edgeworth), la religión (Priscilla Cotton, Mary Cole y Margaret Askew Fell Fox), la historia (Catherine Sawbridge Macaulay Graham), la política (Mary Wollstonecraft), la filosofía (Margaret Lucas Cavendish) y el mundo artístico (Mary Darby Robinson, «Perdita»). A propósito de los nombres de las escritoras, hemos de recordar que las anglosajonas «pierden» el apellido materno nada más nacer, y además suelen cambiar su único apellido, el paterno, en cuanto se casan. No obstante, en el afán de conservar algo más de su identidad, en este libro se intenta mantener junto al nombre de pila el apellido de soltera de las autoras, a pesar de que prescindieran de él al casarse; en caso de haberse casado varias veces, también se mantienen los apellidos de los matrimonios anteriores, aunque se las suela conocer tan sólo por uno de ellos.

Como en el Renacimiento inglés las traducciones se consideraban una tarea más femenina que las obras de creación (Maier, 1996), sus prefacios se percibían menos agresivos, de ahí que éste fuera el medio elegido por la primera autora, Margaret Tyrrell Tyler (Classe, 2000). Aquí tendremos la oportunidad de comprobar cómo critica la ideología patriarcal en el prefacio a una traducción que hizo del español.

A pesar del mayor desarrollo de este «protofeminismo» en los países protestantes que en los católicos, hay quienes creen que la diferencia no se debe a razones religiosas. Sin embargo, en Inglaterra la primera corriente feminista puede calificarse de religiosa, pues gracias al protestantismo se abogará por la igualdad política y social, siendo los cuáqueros los que otorgaron mayor autoridad espiritual a las mujeres. Las profetisas empezaron a ejercer poder públicamente, y también por escrito, llegando incluso a ostentar cargos religiosos; a diferencia de las puritanas (sin voz en las congregaciones) y de las baptistas (que no podían participar en los oficios), las cuáqueras pudieron viajar con libertad para difundir su doctrina (Mack, 1992). Como la escritura religiosa se consideraba también más propia del género femenino, la producción de las cuáqueras llegó a suponer casi una cuarta parte de las publicaciones de las mujeres, tal y como ilustran los escritos de Margaret Askew Fell Fox, Priscilla Cotton y Mary Cole. En la lucha por la igualdad de las cuáqueras estuvo el origen del movimiento sufragista, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra.

En Inglaterra el debate sobre la cuestión femenina surgiría, en parte, gracias a la Reforma (Henderson, 1985), pero también aparecieron opúsculos (Shepherd, 1985) que defendían la causa femenina (Travitsky, 1984) y que no contemplamos al estar firmados con pseudónimos. Nuestra intención de recuperación histórica ha hecho que descartáramos asimismo textos anónimos o cuya autoría no estuviera confirmada, y hemos de recordar que desgraciadamente ésta era la práctica habitual de muchas eruditas, especialmente en el Renacimiento. Ejemplo de escrito feminista sin autoría reconocida es Jane Anger, her Protection for Women to...



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