E-Book, Spanisch, Band 4, 152 Seiten
Reihe: Tiempo de Mirar
Thompson De regreso a la naturaleza
1. Auflage 2016
ISBN: 978-84-16964-16-1
Verlag: Siruela
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
La meditación y el mundo natural
E-Book, Spanisch, Band 4, 152 Seiten
Reihe: Tiempo de Mirar
ISBN: 978-84-16964-16-1
Verlag: Siruela
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Claire Thompson trabaja para Bird Life International, la mayor asociación global de organizaciones para la conservación de la naturaleza. Ha trabajado también para el World Land Trust, una organización internacional cuyo objetivo es la protección de los hábitats más amenazados y de mayor riqueza biológica del planeta.
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PAZ DE ESPÍRITU NATURAL
El naturalista y explorador Charles Waterton fue una de las primeras personas de Occidente en comprender lo importante que es para nuestro bienestar tanto la naturaleza como su protección. En un momento en el que la Revolución industrial imponía el desarrollo de minas de carbón y de fábricas que tenían como consecuencia la polución y la destrucción del campo, decidió tomar medidas para proteger las tierras de su propiedad.
Charles Waterton era un rico y aristocrático terrateniente que vivió a principios del siglo XIX, fue un verdadero apasionado del mundo natural. Sir David Attenborough sostiene que Waterton fue «una de las primeras personas que reconoció no solo que el mundo natural tenía suma importancia, sino que necesitaba protección a medida que la humanidad le iba demandando más y más».
Waterton fue pionero con la creación de la primera reserva natural: un santuario de aves para la protección de pájaros silvestres, grupo que incluía gansos, patos y cisnes. Para aislarlos de la creciente industrialización, construyó un alto muro alrededor de sus tierras. Luego empezó a invitar a gente a visitar sus fincas y a pasar el rato observando a las aves a través de telescopios. Se dice que animaba a los pacientes con desórdenes psicológicos del psiquiátrico local a que fuesen a pasar un rato simplemente sentados, observando a los pájaros. Decía que les proporcionaba paz de espíritu.
Al llevar nuestra atención al resto del mundo natural, podemos añadir una sensación de mayor calma, serenidad y sencillez a nuestra vida. Todos nos sentimos estresados, ansiosos o disgustados en ocasiones. Estas emociones son muy comunes en la atareada vida que llevamos, pero es en tiempos como estos cuando la naturaleza puede ser nuestra mejor amiga. Solo necesitamos invitarla a nuestra vida.
Un chute rápido alternativo
Cuando experimentamos pensamientos y emociones dolorosas, ¿qué solemos hacer? Buscamos algo que lo solucione rápido. Tal vez nos obliguemos a ignorarlos, nos distraigamos viendo la tele o vayamos a por esa tentadora tableta de chocolate. Nuestra tendencia es buscar estrategias para deshacernos de esos pensamientos y emociones de la forma más fácil y rápida posible. Intentamos eliminarlos de golpe y sustituirlos por sensaciones instantáneas de placer. Y ¿por qué no? Nadie quiere sentir dolor. Intentar evitarlo es una reacción perfectamente natural. El problema es que pronto nos damos cuenta de que intentar deshacerse de emociones negativas muchas veces aumenta el sufrimiento. Empezamos a librar una batalla perdida.
Es mejor aceptar las emociones tal y como son, sin dejar que dominen nuestra vida. Podemos subirnos a nuestra tabla de surf de la atención plena y coger olas. La próxima vez que te sientas estresado, ansioso o dolido, prueba con este enfoque. Lleva tu atención a tus pensamientos: pueden ser del tipo «Tengo muchísimo que hacer», «No va a darme tiempo a terminar este trabajo» o «No valgo para nada». Limítate a percibirlos sin juzgarlos. Todos los tenemos y siempre los tendremos. Toma conciencia de cualquier tensión u otras sensaciones en tu cuerpo y también déjalas estar. Luego para un momento, sal afuera y encuentra un lugar donde veas naturaleza. No hace falta que estés mucho tiempo, pueden ser solo diez minutos. Ve donde haya árboles, pájaros, flores, aire puro, tal vez un río o un lago. Lleva tu atención a lo que puedes ver, sentir, oír y oler y simplemente nota todo lo que hay a tu alrededor. Permítete disfrutar de ese momento. Luego vuelve a tu tarea.
Camina hasta que se te pase...
A mí, caminar rodeada de naturaleza me ayuda a despejar la mente y a reflexionar sobre los desafíos de la vida cotidiana con mayor claridad. El mundo natural es mi remedio número uno cuando me siento estresada. A veces, cuando he tenido una discusión con alguien o estoy preocupada por un problema concreto en el trabajo, mi mente se queda atascada obsesivamente analizando la situación una y otra vez. Al enredarme en esos pensamientos, pocas veces llego a una solución práctica y positiva. Lo que me pasa, en cambio, es que cada vez me estreso más con el problema y no tomo ninguna medida al respecto. Encuentro que dar un paseo por un bosque, por el campo o junto al mar muchas veces ayuda a que en mi mente surja la mejor solución. Concretamente, caminar por grandes espacios abiertos me da una gran sensación de libertad y me hace pensar que el tiempo ya no importa. Le concede un descanso a mi mente pensante y me ayuda a repensar el problema y a darle una nueva perspectiva.
... o simplemente siéntate
También se encuentra paz sentándose en la naturaleza. Muchas veces cuando estamos caminando tenemos un objetivo, aunque solo sea la satisfacción de completar el camino. Necesitamos seguir moviéndonos, tener un propósito. Pocas veces nos permitimos sentarnos, sin más, para disfrutar del sencillo placer de ser. Sentarse en silencio, con conciencia, le da a nuestra mente la oportunidad de estar en calma. Ofrece una ocasión para experimentar la belleza y la simplicidad de la quietud. Le demuestra a nuestra mente que no pasa nada por parar. Al concederte unos minutos para hacer esto, puede que descubras cosas de las que nunca antes habías sido consciente.
Yo muchas veces busco lugares tranquilos para sentarme y abrir mi conciencia a la vida que hay a mi alrededor. Empiezo disfrutando de placeres sencillos, como observar las ramas de los árboles dejándose mecer por la brisa sin atisbo de resistencia. A veces, el rumor de las hojas me recuerda al sonido de una catarata en la distancia. Me gusta notar los puntos donde la luz toca las distintas formas de vida a mi alrededor y cómo cambia el aspecto del mundo. Me abandono a una sensación de ingenuidad infantil al observar las nubes en el cielo, dejando que sus diferentes formas y texturas atrapen mi imaginación. Busco pájaros, y me fijo en el distinto modo de volar de cada especie. Muchas aves marinas planean en el cielo; los cuervos y las palomas agitan mucho más las alas; los pájaros carpinteros tienen un vuelo ondulado, y las golondrinas bajan en picado y en zigzag buscando insectos. Me fijo más de cerca en las plantas y los animales más próximos, como en las hermosas combinaciones de colores de los pétalos de una flor, la textura y el aroma de distintas hojas y hierbas, el curioso crecimiento de setas y líquenes en la corteza de un árbol, y los intrincados cuerpos de los insectos en la hierba. Me maravilla el hecho de que todo esté constantemente cambiando, y el rugido sordo de la vida que me rodea fascina a mis sentidos y calma mi mente agitada.
Aguas quietas
Las aguas en calma me sumen en una tranquilidad infinita. A veces el agua está tan quieta que el reflejo es perfecto; pero me encanta el que una ligera brisa pueda crear suaves ondas y cómo esas ondas distorsionan el reflejo del mundo. Cuando paso mucho rato mirando me siento imbuida de una leve sensación de calma. Un silencio interior me posee mientras mi mente se relaja y yo siento que la placidez de las aguas ha pasado a formar parte de mí.
Serenidad infinita
Algunos lugares que he visitado me han brindado una visión de la quietud universal, donde esta mente que no para de opinar no tiene cabida alguna. Se trata de lugares que llaman de inmediato la atención plena de todos mis sentidos. He experimentado el silencio absoluto que lo cubre todo después de una gran nevada nocturna sobre un paisaje de suaves colinas. Me ha embriagado la tranquilidad de un lago magnífico rodeado de montañas donde lo único que se oía era el eco del silencio y el suave golpear del agua contra las rocas. Me he sentado en una cumbre y he contemplado las vistas de selvas infinitas que se extienden más allá del horizonte y en las que no se escucha un ruido, a pesar de que esas mismas selvas bullen de vida por dentro. Estos momentos inolvidables me han dejado una sensación de serenidad infinita.
¿Estrés: quién lo necesita?
Sabemos que pasar tiempo en compañía de nuestro mundo natural reduce el nivel de estrés, acalla la mente y mejora la concentración y el rendimiento. Dar un paseo, sentarse en un banco en el parque o pasar tiempo junto al mar son formas conocidas de aliviar el estrés y mejorar la concentración y la creatividad. Las vistas de la naturaleza tienen el efecto de reducir el estrés de la gente en el trabajo, en la cárcel, en los hospitales e incluso al conducir. Se ha demostrado también que pasar tiempo en el exterior reduce la actividad del sistema nervioso y los niveles de cortisol, la hormona del estrés, en nuestro organismo. Una mente quieta, consciente y menos distraída supone mayor capacidad para estar presentes y concentrados en nuestras actividades cotidianas.
Sube a la montaña a recibir sus buenas nuevas. La paz de la naturaleza fluirá a tu interior como la luz del sol fluye a los árboles. Los vientos soplarán para ti con su frescor, y las tormentas con su energía, y las preocupaciones se desprenderán de ti como hojas de otoño.John Muir (1838-1914)
Naturalista y escritor escocés-estadounidense
En nuestra vida moderna nos pasamos el día corriendo de acá para allá intentando completar nuestra lista de quehaceres. Nuestra mente nos...




