Trigo | Obras - Colección de Felipe Trigo | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 545 Seiten

Reihe: Biblioteca de Grandes Escritores

Trigo Obras - Colección de Felipe Trigo

Biblioteca de Grandes Escritores
1. Auflage 2015
ISBN: 978-3-95928-177-5
Verlag: IberiaLiteratura
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

Biblioteca de Grandes Escritores

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Reihe: Biblioteca de Grandes Escritores

ISBN: 978-3-95928-177-5
Verlag: IberiaLiteratura
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Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



Ebook con un sumario dinámico y detallado: Felipe Trigo Sánchez (Villanueva de la Serena, Badajoz, 13 de febrero de 1864 - Madrid, 2 de septiembre de 1916) fue médico rural y militar, y posteriormente escritor español: - SÍ SÉ POR QUÉ - PRUEBAS DE AMOR - CUENTOS INGENUOS - LA NIÑA MIMOSA - TU LLANTO Y MI RISA - EL ORO INGLÉS - PARAÍSO PERDIDO RECUERDOS DE MINDANAO - LA PRIMERA CONQUISTA - TEMPESTAD - PAGA ANTICIPADA - LA TOGA - POR AHÍ - EL SUCESO DEL DÍA - MI PRIMA ME ODIA - EL RECUERDO - PRUEBAS DE AMOR - MUJERES PRÁCTICAS - GENIO Y FIGURA - VILLAPORRILLA - LUZBEL - JUGAR CON EL FUEGO - LA RECETA

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SEGUNDA PARTE


I


Recorremos la ciudad con el encanto de unos ingenuos viajeros complacidos en ir descubriéndola sin guías.

El azar nos cambia sus aspectos.

Recibidos desde el buque Avenida de Mayo adelante por un bulevar lleno de carruajes, de palacios, de una animación completamente europea, fué á la siguiente noche la magna fiesta patriótica que nos aumentó el asombro con el espectáculo de una iluminación de magia, como si Buenos Aires se alumbrara en el opulento incendio de sí mismo. Abierta la Argentina á todos los progresos y en plena y pujante formación, á fuerza de dinero importa á ella cuanto no tiene ni produce de lo más perfecto del mundo: si necesita escuelas, teatros, hospitales, envía una Comisión adonde se encuentren los mejores, y construye lo mejor de lo mejor; si quiere recrearse con los reyes del teatro, contrata, como sucede ahora, á Caruso, á la Paretto y la Guerrero; si desea para un jardín el prodigio de una estatua, le paga á Benlliure otra Dilecta, ó á Rodin otro Penseur.

Estamos en un país al que nada más le inquieta lo fastuosamente positivo del dinero y las riquezas. Así, al hojear en el Majestic los periódicos, alguien nos informa que sobre el frontispicio del alcázar de uno de ellos hay una sirena que, cada vez que resuena anunciando nuevas trascendentes, rompe en un kilómetro á la redonda los cristales—por lo cual el Municipio le impone al periódico una multa de diez mil pesos, sin perjuicio de que vuelva siempre á tocarla y á pagar; así nos dicen que el Jockey Club es el Círculo más lujoso de la tierra, porque dispone de unos cuantos hipódromos que le rinden millones cada año, y así, al cruzar diariamente la Avenida, los inmensos carteles de las fachadas y las vallas, luciendo también cifras de millones y millones de pesos, nos hablan insolentemente del poderío de un emporio comercial.

Tierras, ganados, tabacos, buques, Bancos, explotaciones, nuevos periódicos que se fundan para anunciar más con las planas á mil pesos... Y pesos, pesos, pesos siempre; fija preocupación en las conversaciones de los que corren las calles al apremio del negocio y en las de los que descansan de los negocios en las terrazas de los cafés preparando otros á copas de vermú.

La grandeza singular de Buenos Aires empezó, pues, anonadándonos un poco; un poco, sí, como hecha para glorificar exclusivamente los prácticos dominios de la vida..., como hecha expresamente para arrojar de ella á dos ilusos soñadores. Huyéndole al tráfago mercantil nos alejábamos del centro y por todas partes nos perdíamos en la infinita y como provinciana calma de unas calles rectas y desesperadoramente iguales, de casas de dos pisos, á kilómetros y kilómetros, cortándose á cuadros con el implacable rigor de un tablero de ajedrez. Habríamos jurado que Buenos Aires no fuese sino una vasta factoría adonde las gentes del mundo entero llegaran de pasada á enriquecerse.

—Mire—solía decirme Rocío al bajar del coche en la acera del Majestic é indicándome el cuadriculado del asfalto—: ¡el plano de la ciudad!

Sin embargo, la recorríamos, la recorríamos buscando al azar dentro y fuera del dédalo geométrico sus remansos de hermosura, y no tardamos en hallarlos: la calle Florida, madrileña carrera de San Jerónimo, llena de joyerías y de bazares, donde pasea á pie la elegante juventud; Palermo, espléndido parque de lagos y de selvas, en el cual desfilan los lujosos trenes que no se ven por otros sitios sino en rara dispersión; el Palais de Glace, un magnífico skaating, sobre cuyo hielo gustamos Rocío y yo de patinar al ritmo de la orquesta; el río Tigre, en fin, de aguas profundas que surcamos con ligerísimos esquifes y de paisajes soberanos á los cuales nos lleva un tren cruzando interminables campos de sports donde los bonaerenses corren á caballo ó juegan al tennis, al polo y al foot-ball, en un británico culto á la higiene, todos los domingos.

Así reconciliados con Buenos Aires, fuimos entrando, á través de su grandeza material, en la grandeza generosa y joven de su espíritu. Celebran Rocío y Leopolda la facilidad con que me adapto á la costumbre argentina de guardar los billetes en el bolsillo del pantalón para sacarlos á puñados, arrugados y revueltos; ellas también se van habituando á llevarlos sueltos en las escarcelas, con el pañuelo, el espejito y la caja de polvos, y los tres á la cierta sorpresa europea que al principio nos causaba el verlos pródigamente correr de nuestras manos.

País éste de paradoja, se llama de la Plata, es el de la riqueza y el dinero, á no dudar, y lo único que le falta es la plata, ó lo que es lo mismo, el dinero; lo representan los sucios billetes que nada valen, y todo, en cambio, cuesta un dineral—que tanto menos se regatea cuanto que parece que se paga con viejos papeles inservibles: un paquete de bombones, diez pesos; un par de horas de «taxi», veinte; el hotel, sesenta diarios para ellas y cuarenta para mí..., sin contar los otros cuarenta ó cincuenta á que semanalmente ascienden las gratificaciones repartidas á los camareros del comedor, al camarero y la camarera del cuarto, al portero, á la telefonista, á los ascensoristas...

Pero nuestras alarmas europeas se calman al considerar que un peso equivale á diez reales solamente, y que hasta las clases más modestas, viven confiadas á parecidos rumbos en un medio cuya característica, quizá por desconocer la avaricia del dinero positivo, es la esplendidez que directa emana de la abundancia del trabajo y de las cosas. Noble concepto de una nueva Economía que le explica á Buenos Aires su joven alma generosa.

Se desconoce la tiranía de ahorrar, por lo mismo que el ahorro es fácil y compatible con la cotidiana comodidad de la existencia. La enorme población que al principio tiende á aturdir con los faustos de un París, y que aspira á ser la Nueva York de la América del Sur, es mucho menos todavía; y, sin embargo, con su financierismo propenso á democratizar la riqueza y á desterrar «iniquidades económicas» es ya, acaso, mucho más, aun en medio de la monstruosidad de todo gran conjunto—porque representa la naciente Arcadia donde la Humanidad va afirmando sus decoros. No hay mendigos, no hay ladrones, y se inicia el respeto á la mujer: florearlas en la calle está prohibido bajo multa.

Hasta las propinas las saben aceptar los serviciarios sin el servilismo esclavo de Madrid, sin el servilismo fino de París, donde al que las recibe puede el que las da llamarle «animal» al propio tiempo.

Mandé la otra tarde al chiquillo de un restorán, por un coche, y se excusó de ir porque llovía; acertó á pasar uno, y lo tomó para él el mozo que acababa de servirnos y que ya se retiraba. Asombros, en Rocío y en mí...; asombros sin enojos, en la buena, hacia el hombre independiente que no se juzgó forzado á atenciones con extraños una vez su obligación cumplida, y hacia el discreto muchacho que despreció el peso con que habríamos querido lanzarle á mojarse en nombre nuestro.

—Hacen bien. ¡Oh! ¡Claro!—aplaudió Rocío. Y por castigarse en la intención, llamó al chico y le dió el peso, con pretexto de la vuelta de un periódico.

Asombro como el que en otro orden y en otra tarde nos produjo una especie de rusita elegantemente vestida de pieles y que nos saludaba al cruzar patinando á nuestro lado en elPalais de Glace. No la conocíamos. Al día siguiente, la gentil patinadora me despertaba con el desayuno en el hotel, y se reía de mi torpeza: era la francesa doncella de mi cuarto, la que debe de sacar doscientos ó trescientos pesos mensuales.

Cuando se lo referí á Rocío, comentamos el suceso, comprendiendo por primera vez que en algún hotel del mundo haya lindas doncellitas que puedan servir á plena dignidad.

Así, tocadas de blancas cofias, las vemos diligentes, como monjas de una religión noble del trabajo, por los corredores de este entonado Majestic que dijérase que sólo alberga diplomáticos y reinas.

Harto á diferencia que en el buque, nadie se preocupa de nadie; aquí cada cual confínase en su gravedad cortés y en sus relaciones amistosas. Joyas, sedas, escotes esculturales, desfile de lujos en bizarras toaletas de las damas. Apenas Rocío y Leopolda dan una nota de casta sencillez con sus trajes hasta el cuello, y todas miran simpáticamente extasiadas la beldad niña de mi amiga. Creeríamos haber definitivamente dejado el mundo de las frívolas miserias si no fuese porque también, desde el momento de llegar, la charla de las encopetadas familias por las inmediatas mesas del comedor nos sigue acosando con ese crimen de la Montsalvato, que nada nos importa. Impórtale, por lo visto, al orbe entero. Los periódicos mantienen la estúpida obsesión hinchando cablegramas sobre que no era la condesa la aprehendida erróneamente en Nueva York (sin duda lo que Lambea me contó en el mar la última noche) y de que sea tifus ó no lo sea la grave enfermedad que en Roma tiene á Vanschka á punto de morir antes que hubiese de ser afrontado y ahorcado con su cómplice...

¡Oh, el interés mundial que inspiran los científicos empeños y los cuidados exquisitos con que un concurso de doctores obstínase en salvar al pobre diablo! Insiste, insiste y detállalo todo la Prensa en tono sentimental. De día á día relata los análisis de sangre que efectúan los Laboratorios y Academias para encaminar mejor la curación, los desvelos...



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