E-Book, Spanisch, 112 Seiten
Tutor La Luna. Nuestra eterna vecina misteriosa
1. Auflage 2022
ISBN: 978-84-16496-69-3
Verlag: Ushuaia Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 112 Seiten
ISBN: 978-84-16496-69-3
Verlag: Ushuaia Ediciones
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Carlos G. Tutor es un investigador de los fenómenos fronterizos con la ciencia, en especial de la temática ovni. Con quince años, dirigía y presentaba el programa de radio Osiris, en Radio Las Fuentes de Zaragoza. Además de impartir conferencias, ha colaborado con distintos programas de radio y televisión, y escrito en revistas. Fundó y presidió el Centro Español de Investigaciones Parapsicológicas y Ufológicas, en Zaragoza, donde llegó a introducir la investigación parapsicológica en el hospital Miguel Servet con la colaboración de diversos médicos. Fue miembro activo de la Junta Directiva de la Sociedad Astronómica de Zaragoza y delegado en Aragón de la Sociedad de Investigaciones Biofísicas, con sede central en Granada e investigador del Instituto de Investigación y Estudios Exobiológicos. Fue codirector de la revista La Espiral del Conocimiento, publicación pionera en España dedicada a los viajes mágicos y la historia insólita. Es autor de los libros Notas Satánicas: el Satanismo en la Música Rock, Dormir bien, vivir mejor: una guía completa sobre el sueño y los sueños, Guía misteriosa de Aragón y, con Olga Canals, de Agenda OVNI 2010: encuentros con lo inesperado.
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Capítulo 1. El influjo de Selene
En la década de los años 20 del siglo pasado, el economista estadounidense Burton Pugh realizó un estudio que le mostró que durante los plenilunios el dinero se nos va mucho más rápidamente de las manos. Es un dato simpático (o antipático, según se mire), pero refleja que numerosas investigaciones que tienen como objeto de estudio al ser humano conceden a la Luna un papel importante y le prestan mucha atención.
Hace algunos años nos planteábamos si la Luna —esa esfera brillante que siempre estaba ahí, cambiando constantemente su apariencia, naciendo, creciendo, muriendo y renaciendo de nuevo en el cielo, acompañándonos— nos podía llegar a influir de alguna manera. Hoy, nadie duda que la respuesta es afirmativa, y en lugar de plantearnos todavía si hay una correlación entre las fases de la Luna y el comportamiento humano, nos preguntamos por qué existe esa correlación, qué es lo que la causa. O sea, lo que la Luna parece que hace, ¿cómo lo hace?
La Luna y su rostro femenino
Está comprobado que muchas actividades regulares de algunos animales y plantas están regidas de acuerdo al ciclo lunar. Este, de aproximadamente 29 días y medio, también rige en los seres humanos, como por ejemplo la menstruación en la mujer. La Luna siempre ha sido relacionada con lo femenino y con la mujer. Ambas se rigen por un mismo ciclo y nuestro satélite ha sido asociado a menudo a la fertilidad humana. Cada mes crece en el cielo al igual que crece la tripa de la mujer embarazada.
Esta correlación puede verse reflejada en las creencias y tradiciones de muchos pueblos. Griegos y romanos, de hecho, llevaban la cuenta de los embarazos contando lunas y ha habido una creencia generalizada en muchas culturas: la Luna sería la responsable de la menstruación y controlaría el flujo de sangre en las mujeres al igual que controla el flujo de agua en el mar.
El ciclo lunar influye tanto a nuestro planeta como a nosotros mismos.
Algunos pueblos aún han llevado más lejos esta creencia de la influencia de la Luna en la mujer y han considerado nuestro satélite como responsable de los embarazos. En las tradiciones de muchos pueblos primitivos se acepta que la Luna tiene una relación carnal con la mujer y la deja encinta. En Groenlandia, por ejemplo, la creencia popular decía que la Luna visitaba regularmente a las mujeres para fecundarlas y se creía también que la joven que mirase fijamente a la Luna quedaría en estado. Entre los campesinos británicos, la tradición decía que las mujeres que expusieran su cuerpo a la luz de la Luna serían embarazadas por esa, y de sus vientres saldrían hijos que serían como monstruos. Algunos pueblos mongoles, entre otros, creen que el hombre y la Luna trabajan juntos para embarazar a la mujer; así, el hombre rompe primero el himen y dilata el conducto vaginal y la Luna fecunda penetrando con su luz.
Todas estas tradiciones veneran a la Luna como una suerte de deidad masculina con poderes fecundadores, pero a la Luna también se le ha rendido culto como deidad femenina. Es la Gran Madre, cuyo poder protector envuelve y protege, encarnada en diosas como Diana o Artemisa. Esta dualidad masculino-femenino no deja de ser una sorprendente paradoja y se ha mantenido en infinidad de pueblos a lo largo de los siglos.
Bajo su rostro femenino, las mujeres le han pedido protección para dar a luz y le han dado apodos como pues se creía que era capaz de lubrificar a la mujer para facilitar el parto. Y también se le ha pedido muchas veces su intercesión para incrementar la fertilidad de las mujeres a fin de que estas puedan tener una numerosa descendencia.
Como vemos, y más allá de las tradiciones, la de la Luna no es una influencia superflua. Por ejemplo, la marea terrestre hace que la distancia entre el Empire State y la torre Eiffel varíe hasta 19 metros dependiendo de la fase lunar en que se mida.
La Luna siempre se ha relacionado con la mujer y en algunas tradiciones se ha considerado responsable de los embarazos. (Foto: ©Carlos Mendoza – Licencia Creative Commons CC-BY-SA-2.0)
Un ejemplo típico pero que es bien válido para ver la influencia lunar es el de las mareas —«descubiertas» a principios del siglo XVII por Johann Kepler, a quien Galileo trató de chalado, ya que, según él, cualquier teoría que se basara en la influencia de la Luna olía a superstición o a astrología—. Es uno de los casos más claros y que nos permite ver de forma más evidente la existencia y la importancia de este influjo. La Luna hace que suba o baje el nivel del agua de manera que el planeta tiene dos mareas altas y dos mareas bajas cada día.
Este hecho, de sobra conocido por todo el mundo, tiene más trascendencia de la que en un principio pudiera parecer; si nuestro organismo está formado en gran parte por agua, parece evidente la influencia de la Luna sobre este. No en vano, algunos trastornos emocionales son tratados con fármacos que equilibran los niveles de agua en el organismo.
Cómo nos afecta nuestro satélite
Desde tiempos inmemoriales se ha relacionado la Luna con los comportamientos de nuestro organismo, y muy especialmente se ha vinculado la Luna llena con la furia y la locura. De hecho, esta unión es una de las creencias más antiguas y sólidas del ser humano. En la cultura mediterránea se solía culpar de la locura a los dioses y demonios de la Luna que visitaban la mente de la persona que sufría este tipo de problemas. Los egipcios también relacionaban la locura con nuestro satélite, y decían que para curarla había que cocinar albóndigas con carne de una determinada serpiente y comerlas una noche de plenilunio. Los beduinos, por ejemplo, creen que si el hombre mira fijamente la Luna puede volverse loco. En Alemania, algunas amas de casa de las zonas rurales decían que la Luna hacía que las chicas se volvieran descuidadas y se les cayeran los platos, y un dicho islandés asegura que si una mujer encinta se sienta de cara a la Luna, tendrá un hijo loco.
Más allá de las tradiciones populares, numerosas personas reputadas han hablado sobre la locura y su relación con Selene a lo largo de los siglos. El historiador galés Giraldus dijo que los lunáticos son personas cuya locura se observa una vez al mes, coincidiendo con la Luna llena. Parcelaso llegó a afirmar que la atracción de la Luna tenía la culpa de la insania humana, ya que atraía y se quedaba la lucidez de las personas como el polo norte atraía la aguja de una brújula. Sir Matthew Hale, Justicia Mayor de Inglaterra, aseguró que la locura la causaba la Luna, principalmente cuando estaba llena, durante los equinoccios y el solsticio de verano.
Uno de los influjos más evidentes de nuestro satélite es el que ejerce sobre las mareas.
Un estudio en Georgia (Estados Unidos) basado en la dieta también dio unos resultados sorprendentes: durante los días de Luna llena, el grupo de personas que se había controlado incrementaba hasta un 8% el consumo de alimentos y la ingesta de alcohol aumentaba hasta un 26% en comparación con lo que ocurría durante la Luna nueva. Quizá este aumento en la ingesta de alcohol durante la Luna llena influya en que sea en esa fase lunar cuando, según diversas estadísticas, aumentan los robos, las peleas, los incendios provocados y, en general, todos los actos violentos y delictivos.
Son muchos los policías que cuentan que en las comisarías saben cuando hay Luna llena porque la noche es más movida que de normal. Transcribamos las palabras del criminalista del Ministerio del Interior Salvador Ortega Mallén: «Aunque no hay una base científica irrefutable para establecer la correspondencia entre la criminalidad, las psicopatías y los ciclos de la Luna, la experiencia nos demuestra que, efectivamente, esa relación existe, incluso durante los cinco días inmediatamente anteriores y posteriores al comienzo del plenilunio. En esas fechas son muy frecuentes las broncas de todo tipo. En más de una ocasión he sido testigo de cómo los agentes policiales han mirado al cielo y, al ver la Luna nueva o llena, han comentado: “Hoy tendremos movida”».
Y lo mismo ocurre las noches de Luna llena en los hospitales.
Pero si queremos datos científicos, tenemos estudios como el del Departamento de Psicología del Edgecliff Collage de Cincinati, en cuyo informe se daba cuenta del aumento de violaciones, robos, y otras conductas delictivas durante la Luna llena.
Posteriormente Claire Smith, psicóloga de la Universidad de Bradford (Estados Unidos), comprobó con una muestra de 1.200 reclusos de la cárcel de Armley durante tres meses que había un incremento de incidentes con violencia en los días previos y posteriores a la Luna llena. Y lo más significativo es que los mismos reclusos atribuyeron sus comportamientos violentos a cambios en su estado de ánimo que no podían ser explicados por rivalidades con otros presos ni por ningún hecho en particular.
La revista publicó otro estudio, realizado en esta ocasión en comandancias de policía de distintas ciudades de Inglaterra durante tres años. El resultado fue el mismo: un aumento de asaltos, peleas e incluso asesinatos durante el periodo de Luna llena. En este sentido, son significativas las declaraciones de un conductor de ambulancias de Boston que cuando había plenilunio se preparaba para llevar a «las víctimas traumatizadas física y emocionalmente en incidentes que acaban a tiros...




