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Ihr Team von Sack Fachmedien
E-Book, Spanisch, Band 84, 160 Seiten
Reihe: GS
Uriarte Jóvenes, religión y pastoral
1. Auflage 2013
ISBN: 978-84-288-2516-0
Verlag: PPC Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 84, 160 Seiten
Reihe: GS
ISBN: 978-84-288-2516-0
Verlag: PPC Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
La tesis que está presente a lo largo de toda esta reflexión es que el mundo juvenil es un buen lugar de aprendizaje para tratar de identificar por dónde van los futuros derroteros de la configuración creyente en contextos socioculturales nuevos. En cierta forma, los jóvenes son ya participantes -al mismo tiempo sujetos y víctimas- de ese horizonte sociocultural que adivinamos a partir de las transformaciones del presente. Un libro a caballo entre la sociología religiosa y la pastoral, escrito por un sociólogo y pastoralista dedicado al mundo de los jóvenes.
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ELEMENTOS PREVIOS
En este primer capítulo planteamos algunos elementos de contexto que son previos a las reflexiones posteriores y que en muchas ocasiones se dan por supuestos. Suele suceder que los supuestos de los que se parte están implícitos y, en cierta medida, son invisibles en el análisis, lo cual no los hace inocuos; de hecho suelen influir notablemente en el análisis que se hace de la realidad, y en consecuencia condicionan el acercamiento a la pastoral de juventud.
Tres son los elementos previos a los que nos referimos en esta sección, y los entendemos como tres aspectos presentes en el punto de partida de la reflexión sobre la pastoral juvenil que están implícitamente presentes en las secciones posteriores: 1) no nos situamos con neutralidad ante la realidad juvenil; 2) el mundo juvenil no es una realidad «naturalmente objetiva», sino íntimamente vinculada al conjunto de la sociedad; 3) es precisamente el marco social el que debe estar siempre presente en el análisis sobre la realidad juvenil.
Partiendo de la constatación de que el mundo juvenil es un foco de atención importante en el momento actual, una primera reflexión se centra en la figura del observador y de cómo se sitúa ante los datos que nos ofrecen las diversas ciencias sociales. Desde el principio hacemos notar la no neutralidad del acercamiento que realizamos, puesto que se trata de la reflexión de la persona creyente sensibilizada hacia el tema. Este planteamiento abre un tema mayor que solamente quedará anotado, pero que es de gran trascendencia: el diálogo fe-cultura. Este tema desborda la reflexión que hacemos, pero no podemos menos de indicar que lo enmarca y condiciona.
Puesto que a lo largo de todas las páginas vamos a estar hablando del mundo juvenil y de la juventud, es importante llamar la atención sobre alguna característica constitutiva de la población que está en el centro de nuestra reflexión. Más allá de los datos que puedan ofrecer las diversas ciencias sociales, nos encontramos ante una realidad culturalmente construida. Esto conlleva algunas ambigüedades, que tienen consecuencias importantes dignas de tenerse en consideración.
En consecuencia, la realidad juvenil no se puede analizar aisladamente, independientemente de lo que acontece en la sociedad; una sociedad enferma difícilmente va a dar a luz a generaciones jóvenes que sean sanas. Sobre esta perspectiva reflexionamos en el tercer capítulo.
1. Situándonos ante la realidad como creyentes
Hace ya muchas décadas que lo que acontece en los mundos juveniles no pasa inadvertido en la sociedad, y se ha convertido en objeto de estudio sistemático desde el acercamiento de varias disciplinas científicas: sociología, psicología, antropología… Hablamos de un segmento social que tiene relevancia y que es seguido y apoyado por diversas iniciativas e instituciones sociales. Bastantes de los países llamados desarrollados cuentan con un Instituto de la Juventud o alguna institución de iniciativa y sostenimiento estatal equivalente; desde esas instituciones se desarrollan diversos tipos de programas de promoción y apoyo; asimismo, desde estas instancias se realizan estudios específicos o genéricos que caracterizan el momento y la evolución de la juventud. En el plano internacional, la UNESCO mantiene o apoya diversos estudios e investigaciones sobre la juventud en diferentes partes del mundo, al mismo tiempo que apoya encuentros y jornadas internacionales. Esto hace que tengamos un buen conjunto de datos empíricos sobre lo que está sucediendo en los mundos juveniles, sobre todo en los que están situados en las diversas sociedades occidentales.
¿Por qué este interés? Ciertamente, la juventud es un tramo de la vida muy significativo tanto para la persona que está en esa etapa como para el presente y futuro de la sociedad. Se trata de una etapa de la vida donde en las sociedades modernas se toman decisiones importantes que condicionan buena parte de la vida futura de la persona; se espera que sea la persona joven la que participe de forma significativa en la toma de esas decisiones. Pero el conjunto de la sociedad está también afectado por lo que sucede en el segmento juvenil; una juventud anómica, desmotivada o conflictiva, además de no hablar bien de la sociedad en la que se inserta, pone en tela de juicio los necesarios equilibrios y dinamismos sociales.
En este seguimiento del mundo juvenil, uno de los temas estudiados habitualmente desde diversas instancias es el que está relacionado con el ámbito de los valores y de las creencias, actitudes y prácticas religiosas. Al respecto, las tendencias en muchas de las sociedades occidentales son muy claras: en el plano de la relación jóvenes / Iglesias cristianas, los datos apuntan con mucha fuerza a una desafección y a un progresivo alejamiento. En un contexto de esfuerzos por renovar las Iglesias y la pastoral juvenil, el panorama ofrece pocas luces y pistas que permitan percibir por dónde continuar o cuáles son las líneas de futuro por las que se debería apostar.
En bastantes sociedades de arraigada tradición cristiana nos encontramos en un momento de perplejidad pastoral, que es caldo de cultivo apropiado para la reflexión y la búsqueda por identificar con más claridad y profundidad aquello que debe permanecer y lo que es cambiante según el caprichoso paso del tiempo y de las modas correspondientes.
Los datos empíricos muestran mucha evidencia, y tendremos oportunidad de hacer referencia a algunos de ellos a lo largo de estas páginas; entendemos que esta referencia a la realidad es absolutamente necesaria. Sin embargo, más allá de lo abultado y chocante que puedan parecer unas cifras u otras, los datos necesitan ser interpretados; es decir, los datos no hablan por sí mismos; al hacerlos hablar introducimos una condición interpretativa de la cual hemos de ser conscientes.
Ser creyente –seguir a Jesús dentro de la comunidad– introduce una forma de situarse y de interesarse por la realidad; esta realidad, desde la perspectiva de la tradición de una fe –la cristiana– para la cual la historia es elemento clave de discernimiento y clarificación de las consecuencias concretas del ser creyente, necesita ser reflexionada creyentemente; indudablemente, esta reflexión pasa por tomarse muy en serio los datos que aparecen en el devenir de los acontecimientos.
De alguna manera, las personas cristianas afirmamos que Dios nos habla en el curso de los acontecimientos históricos, y que, en cierto sentido, la fe es una conversación abierta que está buscando nuevos significados desde los que orientarse. Por otra parte, quien sigue a Jesús está permanentemente invitado a realizar un ejercicio de razonar su fe de forma inteligible; como dice la primera carta de Pedro, estamos llamados a dar razón de la esperanza que vivimos (1 Pe 3,15). En consecuencia, la comunidad creyente debe expresar razonadamente la fe que la habita; esta expresión razonada se sitúa siempre en un determinado contexto social y cultural, en el que debe darse a entender de forma comprensible. Y no es que la fe se reduzca, ni mucho menos, a los contextos sociales y culturales por los que navega; pero plantearse una expresión creyente al margen del contexto cultural es cerrar las posibilidades de encuentro, diálogo y comunicación; en clave cristiana, una fe que no se abre a la comunicación parece una fe contradictoria con su esencia.
En el caso del mundo juvenil, parece evidente que la comunidad creyente no tiene otra alternativa que buscar los caminos del diálogo y del encuentro en medio de situaciones que pueden producir perplejidad e incluso una cierta parálisis. Cuando se opta por el encuentro y el diálogo, necesariamente se han de discernir los elementos y factores socio-culturales que están presentes en ese contexto.
Al hacer este ejercicio surge una tensión entre dos polos, que aparecen como irreducibles entre sí: identidad y relevancia. Ambos son necesarios, pero no son fáciles de conjugar, sobre todo en contextos marcados por profundas y rápidas transformaciones socio-culturales. El horizonte de la evangelización dentro del mundo juvenil pone en primer plano la tensión entre esos dos polos; tensión que, por otra parte, ha atravesado la realización de la misión propia que tiene la Iglesia. Planteado en el extremo de la polaridad: la proclamación de un contenido creyente fuerte, pero que no tenga ningún significado en la cultura juvenil, está condenado a desaparecer; el transar con la identidad para que sea aceptada la propuesta es renunciar al contenido mismo de la Buena Noticia.
Lo interesante de este emplazamiento cultural es que no solo pensamos a la juventud y el Evangelio, nos pensamos a nosotros mismos como seguidores de Jesús. La persona creyente siempre deberá estar muy atenta a identificar y ser fiel a la identidad que debe permanecer en el tiempo; sin embargo, una identidad anquilosada, aislada relacionalmente, es muy difícil que pueda permanecer en el tiempo siendo fiel a sí misma. Paradójicamente, la identidad pide la relación y la apertura para poder ser vivida de forma sana y dinámica; la identidad debe estar abierta a la comunicación, y esta solo es posible cuando es inteligible y significativa. Tanto identidad como relevancia son expresiones relacionales que se generan y desarrollan en contextos socio-culturales; la identidad cristiana solo se...




