Ávalos Tenorio | La filosofía política de Marx | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 256 Seiten

Reihe: Contrapunto

Ávalos Tenorio La filosofía política de Marx


1. Auflage 2022
ISBN: 978-84-254-4779-2
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

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Reihe: Contrapunto

ISBN: 978-84-254-4779-2
Verlag: Herder Editorial
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Este libro traza una interpretación de la obra de Marx en clave filosófica, en especial desde el amplio horizonte de la filosofía política. La crítica de la economía política no hablará, entonces, del 'campo económico' sino del poder, la dominación, la sujeción, las resistencias, los contrapoderes, la opresión, la emancipación. Hablará, en consecuencia, de la política situada en una dimensión antropológica capturada filosóficamente. La guía de esta lectura es la comprensión de la forma de valor como la relación entre seres humanos sometida a una abstracción en cadena, en serie, y que va a caer, con todo su peso, en la formación de las realidades de vida que experimenta la humanidad entera desde que advino la condición moderna de vida. La mercancía, el dinero, el capital, el Estado, el Derecho, son formas sociales que se realizan en prácticas cotidianas de ficción, proceso complejo que requiere la fetichización, es decir, el cambio de lo humano por la cosa. Se presenta así, un Marx para el siglo XXI, divorciado por completo del bolchevismo y de las visiones totalitarias de la igualdad.

Gerardo Ávalos Tenorio es doctor en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es profesor / investigador titular adscrito al Departamento de Relaciones Sociales de la Universidad Autónoma Metropolitana (Xochimilco, México). Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel II. Sus libros más recientes son La estatalidad en transformación (Itaca /UAM, 2015), La política transfigurada (UAM, 2016), Ética y Política para tiempos violentos (CESOP / UAM, 2016), Hegel actual. La paciencia de lo negativo (Gedisa / UAM, 2018), El monarca, el ciudadano y el excluido (Bonilla y Artigas / UAM, 2020), Ética y política en Karl Marx (Terracota / UAM, 2021).
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Introducción


La palabra Kapital [capital], en realidad, no refiere un conjunto de cosas que se invierten a fin de iniciar un proceso de producción y obtener una ganancia.

El capital no es ninguna cosa, al igual que el dinero no lo es. En el capital, como en el dinero, determinadas relaciones de producción sociales entre personas se presentan como relaciones entre cosas y personas, o determinadas relaciones sociales aparecen como cualidades sociales que ciertas cosas tienen por naturaleza. Sin trabajo asalariado, ninguna producción de plusvalor, ya que los individuos se enfrentan como personas libres; sin producción de plusvalor, ninguna producción capitalista. […] El dinero no puede transmutarse en capital si no se intercambia por capacidad de trabajo, en cuanto mercancía […] el trabajo solo puede aparecer como trabajo asalariado cuando sus propias condiciones objetivas se le enfrentan como poderes egoístas, propiedad ajena, valor que es para sí y aferrado a sí mismo, en suma: como capital.1

¿Es este un discurso económico? Por supuesto que las categorías utilizadas sí provienen de los tratados de economía política, pero el horizonte de comprensión en el que son asentadas es de otro género, comúnmente llamado antropología filosófica. Una dimensión de esta antropología es la política, pues pertenece al ser humano en cuanto ser simbólico, ser de lenguaje; encarna la posibilidad de llegar a acuerdos para determinar las directrices que han de regir su vida en común, siempre y cuando sean asuntos que pueden «ser de un modo o de otro», y por tanto, temas en los que importa la voluntad dirigida en un sentido o en otro, pues es indecidible políticamente, por lo menos en un primer momento, el sistema de necesidades materiales de estos humanos condenados a la convivencia, aunque, en última instancia, ciertamente, su telos esté fuertemente vinculado con la reproducción material de la comunidad. Antes que economista, entonces, Marx fue un filósofo hegeliano de izquierda, fuertemente influido por la ética de Kant. Su gran obra, que como proyecto general adquirió el nombre de crítica de la economía política, posee una estructura filosófica que la cimienta y la mantiene erguida, la cual, interpretada desde cierta perspectiva, es ya una filosofía política.

La filosofía política ante todo es filosofía, lo cual quiere decir que establece un horizonte de comprensión con la metafísica, la ontología, la lógica, la ética y la estética como sus partes componentes. No cualquier discurso teórico trazado para la comprensión de la política es realmente filosófico. Cuando Norberto Bobbio, por ejemplo, simplemente consigna las diferencias y semejanzas terminológicas de autores pertenecientes a épocas y latitudes diversas, no se maneja realmente en la filosofía política sino antes bien en la teoría política. La filosofía política es difícil porque tiene que ver con las categorías que se ponen en juego para pensar algo de la política o, si se quiere, el ser de la política. Poner bajo la observación al ser de la política es ya ontología política; el ser es y luego se manifiesta en los entes. Pues bien, la ontología política sigue este proceso de devenir. La tesis de raigambre aristotélica según la cual la polis siempre termina de concretarse en una u otra forma de constitución política es típicamente filosófica. El ser político comunitario siempre ha adquirido una forma constitucional determinada de acuerdo con ciertas condiciones naturales como el clima, la fertilidad de la tierra, la cercanía con fuentes hídricas, pero también históricas. Esto es básico, pero así y todo no es suficiente para abarcar la comprensión de la variedad de las formas de constitución política. Ha de agregarse también la secuencia y el prisma de los acontecimientos históricos entre los que destaca indudablemente la guerra.

Por otra parte, la lógica de la estructura de una obra de filosofía política, su columna vertebral, ha de distinguirse de narrativas o discursos que se articulan con falacias o paralogismos, argumentos pseudofilosóficos que explotan ad nauseam las falsas generalizaciones y las deducciones espurias. Si se examina la lógica argumentativa de los discursos cuyo contenido es el tratamiento de la política, se está haciendo un ejercicio clásico y genuino de filosofía política. Si desde esta perspectiva enfocamos la obra de Marx, destaca su proceder crítico en tanto examen racional de los fenómenos que nutren la vida política respecto de las obras que en conjunto constituyen a la economía política. La crítica de la economía política, empresa fundamental de Marx, puede ser ubicada, entonces, dentro de coordenadas filosófico-políticas. Precisamente eso trata de hacer este libro. En ese plano, de pasada, constatamos la actualidad de la filosofía política de Marx.

Parto de la convicción de que, si se lee a Marx y si se lo lee bien, se verá que muchas de las interpretaciones que se han elaborado sobre la época actual y que pasan como novedosas y originales no lo son tanto y, sobre todo, son en ocasiones erróneas o muy limitadas. La ilegítima vinculación de Marx con el dogmatismo, el fundamentalismo y el monolitismo político ha exiliado su pensamiento de varios lugares y espacios en los que debiera ser cultivado. Es cierto que no ha dejado de ser estudiado en determinados círculos, pero es igualmente cierto que su legado, sin estar del todo ausente en el tratamiento sobre los grandes temas del presente, ha quedado más bien relegado cuando no estigmatizado. Los grandes temas de la agenda mundial para nada emergen espontáneamente de las mentes de los ciudadanos preocupados por su entorno, sino que han sido impuestos por aquellas fábricas de ideología llamadas think tanks, o bien, por la Organización de las Naciones Unidas, en una clara lógica de poder ideológico. En su dilucidación poca influencia explícita tiene la teoría de Marx, a quien, cada vez con mayor resignación, se le coloca simplemente como un pensador «clásico», imprescindible quizá, pero equivocado. También es cierto que existe una versión negativa sobre Marx y que tiene una enorme audiencia mediática (sobre todo en las pistas aéreas del ciberespacio), pero que parece de broma, una muy mala broma por cierto; también en el ciberespacio abundan clases magistrales de explicación del evangelio marxista, pero todavía acusan un fuerte tufo a aula escolar propedéutica o, peor aún, a templo e incienso.

La propuesta interpretativa de este libro consiste en atender la fundamentación filosófica que Marx construye a lo largo de varios años, por lo menos desde 1843 y hasta su muerte en 1883, y que expondrá, no siempre públicamente, en la crítica de la economía política, la gran obra de su vida. Así, será situado en el centro de la atención el fenómeno moderno por excelencia que consiste en que los productos de la mano del ser humano se autonomizan y adquieren poder y vida propia dominando a sus creadores. Sobre esta base se puede sostener que la sociedad en sentido estricto es un producto moderno que no debe ser identificada con la población (esta sería solo el momento material de aquella) sino que ha de ser conceptuada como un orden simbólico e imaginario que se sitúa por fuera y por encima del cuerpo demográfico y, desde esa posición privilegiada, impone a cada cual no solo imperativos de acción (moral y jurídica) sino formas de la sensibilidad, la percepción y el razonamiento. Y esto no se genera como un mero producto lingüístico, sino que tiene en su base la forma valor, sustrato de las mercancías en intercambio permanente, del dinero (cualesquiera que sean sus formas) y, finalmente, del capital industrial, comercial y financiero, ya sea invertido en las áreas legales o en las ilegales (como el tráfico de drogas, de armas y de personas, aspecto este de una gran actualidad). Se trata, entonces, de la forma valor universalizada con poder propio y autonomizada respecto de la voluntad de los seres humanos de carne y hueso, excepto aquellos que se han constituido como clase dominante y élite decisoria a nivel mundial. Y estos son muy pocos. ¿Dónde está su poder realmente? Marx nos ayuda a pensar el carácter ficticio e imaginario de ese poder. ¿Está en su dinero? ¿En sus cuentas bancarias? ¿En sus documentos accionarios? La acumulación de capital, a la que todo se subordina en el mundo moderno y, sobre todo, en la época actual, es en definitiva una acumulación de signos, una magnitud simbólica, una yuxtaposición de ceros a la izquierda de algún número entero, lo que en última instancia significa poder. «Este hombre, por ejemplo, es rey porque los otros hombres se comportan ante él como súbditos; estos creen, al revés, que son súbditos porque él es rey».2

Vaya que nuestro autor sabía de lo que estaba escribiendo. Un ser humano poderoso no puede fincar su poder sino en una idea; si esto ocurre entonces ese poder está respaldado por los medios de violencia que permiten imponer, a fin de cuentas, una voluntad a las demás.

Este libro se articula con la tesis según la cual no es solamente en la letra de los escritos políticos de Marx sino también y sobre todo en la lógica de la crítica de la economía política donde se encuentran contenidas las grandes líneas de comprensión filosófica sobre el poder, la dominación, la política, lo político, el Estado y el Derecho. De este modo, se espera que la política no solo sea...



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