Vergara Ramírez / Molina Salamanca / Hsu | Design for change | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 190 Seiten

Reihe: Biblioteca Innovación Educativa

Vergara Ramírez / Molina Salamanca / Hsu Design for change


1. Auflage 2017
ISBN: 978-84-9107-312-3
Verlag: Ediciones SM España
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, 190 Seiten

Reihe: Biblioteca Innovación Educativa

ISBN: 978-84-9107-312-3
Verlag: Ediciones SM España
Format: EPUB
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Design for Change se basa en el diseño del currículo centrado en el alumno, que pone el acento en la calidad del aprendizaje y en su bienestar personal. 'Doing good and doing well' ('Haciendo el bien y haciéndolo bien') con una metodología basada en el design thinking o pensamiento de diseño, herramienta perfectamente conocida por su fundadora, Kiran Bir Sethi, como alumna que fue del Instituto Nacional de Diseño de la India.

María Eugenia Gómez Sierra es doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad Complutense de Madrid y licenciada en Ciencias Religiosas en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas a Distancia 'San Agustín'. Desde 2001 es profesora del área de Didáctica en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas 'San Dámaso', y desde 2007 profesora de Didáctica y contenidos teológicos y morales de la enseñanza en la Universidad Complutense de Madrid. Es autora del libro de texto Enseñanza Religiosa Escolar, del Instituto   Superior de Ciencias Religiosas a Distancia 'San Agustín', así como de numerosos artículos de temática educativa en revistas especializadas
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Sandy Speicher,
SOCIA Y DIRECTORA EJECUTIVA DE IDEO EDUCACIÓN

Introducción

Aprender a pensar y a actuar como diseñadores


Corría el año 2009, y Kiran Bir Sethi me había invitado a unirme a un esfuerzo que se ha convertido en una de las experiencias más memorables de mi vida.

Por aquella época, Kiran ya había acumulado 8 años de experiencia al frente del Riverside School de Ahmedabad, en la India, enseñando a los niños a ser agentes para el cambio en el mundo. En pocas palabras, Kiran es una diseñadora convertida en educadora pero, en el fondo, realmente, es la defensora más acérrima de los derechos de los niños, como probablemente jamás se ha visto en la India hasta el momento.

Ella se había centrado en el empoderamiento de cada niño, gracias al esquema mental del “yo puedo”, y le había pedido a un pequeño equipo que la ayudase a lanzar un movimiento mundial de pensamiento de diseño, empezando desde la India. Siempre había estado convencida del valor del pensamiento de diseño como herramienta pedagógica, así que decidí poner manos a la obra, remangarme la camisa y emprender, llena de esperanzas, el vuelo de veinticuatro horas hacia Ahmedabad.

Design thinking o pensamiento de diseño es un término utilizado para expresar cómo los diseñadores se orientan en el mundo –cómo piensan y cómo actúan–. Los diseñadores enmarcan un problema una y otra vez, identifican las necesidades, desarrollan nuevas ideas y trabajan para dar vida a esas ideas. Utilizan la empatía y la imaginación, colaboran y construyen cosas. Los diseñadores poseen un inagotable optimismo sin par, creen que el mundo puede ser mejor y ponen todos sus esfuerzos en conseguirlo.

A lo largo de la última década, los empresarios, los líderes gubernamentales, los académicos y otros empezaron a constatar que todo lo que nos rodea ha sido diseñado –ya se trate de los productos que usamos, las herramientas utilizadas, los planes operativos de nuestras organizaciones o de las políticas que rigen nuestros países–. Es por todo ello que el pensamiento de diseño se ha convertido en un valioso conjunto de habilidades deseables.

Cada vez está más claro el hecho de que las necesidades del siglo XXI requieren nuevos enfoques de aprendizaje. Hoy día, el éxito del estudiante requiere habilidades de colaboración, creatividad, pensamiento crítico y resolución de problemas. Estas habilidades se están convirtiendo en una prioridad, tanto en la educación primaria y secundaria (K-12) como en la universitaria; sin embargo, muchas escuelas de todo el mundo siguen utilizando un enfoque muy normalizado, de tipo “talla única”, supuestamente válido para el aprendizaje, dando mayor importancia a la transmisión de la información que al propio desarrollo de los jóvenes.

En muchas partes del mundo, los docentes –a menudo carentes de formación– leen un texto ante la clase y los alumnos se limitan a recitar lo oído o a transcribir automáticamente dichos mensajes en sus cuadernos. Incluso en centros educativos que tienen un estilo de enseñanza más actual, los estudiantes siguen siendo muy disciplinados y se muestran respetuosos ante la información y los hechos presentados por el docente. Las escuelas, con frecuencia, de forma no intencionada, no dan posibilidad de elección o privan a los niños desde muy temprana edad de expresar sus opiniones, y esto es algo que está ocurriendo no solo en la India, sino en todas partes del mundo.

Sobre la educación, se asume predominantemente que es tarea del adulto el “poblar las mentes” de los niños y todavía no se considera que la tarea de nuestros profesores es hacer aflorar las habilidades naturales creativas de nuestros hijos.

Dicho enfoque no sitúa a los niños en una posición idónea para su adecuado desarrollo en el siglo XXI. En su lugar, necesitamos preparar a los jóvenes para que puedan abrirse camino con éxito en un futuro desconocido y complejo, y a su vez hacer frente a los retos que ello conlleva. El pensamiento de diseño es una de las maneras de lograr el cambio de paradigma.

Al cabo de unos pocos días de trabajo conjunto en el Riverside School, analizando cómo podríamos adaptar el proceso de diseño para alumnos de enseñanza media, los miembros de nuestro pequeño equipo realizamos un viaje en autocar hacia un pueblecito, atravesando el estado de Gujarat. Nos desplazamos hacia el lugar para poner en práctica el primer prototipo de lo que se ha convertido en el reto Design for Change (DFC), y llevábamos con nosotros el esquema, simple armazón del proceso que hoy día ya utilizan millones de niños de centros educativos de enseñanza secundaria de todo el mundo, para identificar un problema de su comunidad y crear una solución que les ayudará a mejorar la situación: siente, imagina, haz y comparte. Sentir las necesidades o problemas que tienen las demás personas, imaginar nuevas soluciones sobre el problema, hacer algo al respecto y compartir tu historia para que más gente se dé cuenta de que los niños pueden establecer una diferencia.

Probablemente ese fue el día que nos esforzamos más durante nuestra investigación de campo. Ninguno de nosotros podía hablar la lengua local, teníamos que recurrir a los traductores. Cientos de personas se agolpaban alrededor de nosotros para ver qué hacían esos extranjeros en su aldea. Ya os lo podéis imaginar: era el caos.

Pedimos a los niños que compartiesen con nosotros los problemas que veían en su comunidad. Se trataba de una comunidad paupérrima –tanto es así que muchos de los niños acudían a la escuela porque sus padres no podían permitirse mantenerlos en casa–. La escuela les ofrecía alojamiento y se ocupaba de la mayoría de las comidas. Pero cuando les pedíamos que describiesen los problemas que veían a su alrededor, lo que ellos querrían mejorar, nada venía a sus mentes. Para ellos, ese era el único mundo conocido, eran incapaces tan siquiera de comprender que el mundo podría ser diferente.

Teníamos, por tanto, que encontrar formas más simples de lograr que ellos propusieran sus ideas. Intentamos motivar su reacción con diferentes elementos, desarrollando, una tras otra, distintas actividades para encontrar cuáles estimulaban mejor su imaginación. En un momento dado, la persona que dirigía el centro vino a mí para intentar comprender mejor qué era lo que estábamos haciendo. Cuando le expliqué que queríamos que identificaran problemas en su comunidad para poder diseñar soluciones para resolverlos, me respondió de forma contundente: “Estos niños no pueden hacer eso”.

Nuestro objetivo era crear un mensaje alternativo para todos los niños –que ellos poseían la empatía, la creatividad, y la capacidad de establecer una diferencia en la vida de los demás…–, el que millones de niños comprendiesen el “yo puedo”. Y, desafortunadamente, ese día fatal nos dimos cuenta de que aquel hombre –como muchas otras personas en todo el mundo– realmente pensaba que los niños no podían lograrlo.

Me complace afirmar que hemos probado con éxito que aquel director de escuela estaba equivocado. Ocho años más tarde, el desafío Design for Change da sus frutos y no solo en la India sino que se ha desarrollado y extendido por más de cincuenta países de todo el mundo. Los niños de Bután se enfrentan al reto de la basura en sus comunidades; en Finlandia ya están creando campañas en defensa de los derechos de los pescadores; en México, los jóvenes construyen plazas en las ciudades; en Laos están educando a sus comunidades en cuanto a higiene y saneamiento; en Singapur ayudan a que los mayores se mantengan en forma y estén relacionados; en Israel están transformando en jardines antiguas zonas abandonadas.

Como miembro del jurado de DFC durante al menos ocho años, me he sentido motivada por la diversidad de temas que los niños enfrentan y la simplicidad de las soluciones diseñadas por ellos. Tan solo en la India, vemos miles de ejemplos de cambio, cada año, en todas partes del país. Historias que nos llegan en forma de documentos en vídeo, presentaciones con fotos y descripciones y, a veces, incluso en forma de cartas manuscritas con dibujos, explicando lo que han hecho. Historias escritas en, al menos, ocho idiomas diferentes… un 40 por ciento provenientes de contextos urbanos, y el resto, mayoritariamente de entornos rurales.

Los niños de Kolkata se dieron cuenta de que había niños pequeños que padecían hambruna en las calles mientras que los restaurantes estaban desechando una importante cantidad de comestibles, no utilizados, de forma que diseñaron y pusieron en práctica un sistema de recogida de alimentos no consumidos en hoteles y restaurantes para hacerlos llegar a los niños malnutridos de las zonas más desfavorecidas de las ciudades.

Un equipo de niños de 10 años de edad en Varanasi vio que una gran parte de la comunidad no sabía leer y, por tanto, juntos, decidieron poner en práctica una serie de soluciones para “desarrollar el hábito de la lectura” –desde la creación de bibliotecas en las escuelas de primaria hasta enseñar a los otros alumnos a gestionar bibliotecas, o situar quioscos de...



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