E-Book, Spanisch, 128 Seiten
Reihe: Nerabea
Viar Una herida incurable
1. Auflage 2025
ISBN: 978-84-129140-5-4
Verlag: Kabo&Bero Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 128 Seiten
Reihe: Nerabea
ISBN: 978-84-129140-5-4
Verlag: Kabo&Bero Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Dramaturgo, cineasta y docente. El teatro es su pasión y su vida profesional, desde su doctorado hasta su dedicación actual impartiendo Dirección Escénica en la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León. Escribe contra sí mismo, contra sus prejuicios y contra sus verdades absolutas basándose en los absurdos o en los síntomas del mundo que tanto le preocupan. En 2022 publicó la obra El hacha y la serpiente (Ediciones Irreverentes) con la que recibió el XVI Premio El Espectáculo Teatral. Además de escribir comedias y dramas, ha dirigido el documental candidato a los Premios Goya Traidores sobre la banda terrorista ETA o le hemos visto actuar en películas como La virgen roja, Los europeos o Un hombre de acción y en series como La línea invisible.
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Al fondo del escenario hay una puerta grande y oscura. A la derecha vemos una ventana con una persiana que permanece subida, una fotografía del Papa Juan Pablo II y otra de José María Escrivá de Balaguer. Un rosario está posado en la mesa entre algunos papeles. Felipe (50), está en el centro del escenario mirando al público.
Felipe: Quisiera dedicar mi vejez a contemplar las nubes y olvidar, pero no puedo. Mi oficina estaba cerca de la parada del autobús. Cada mañana, el mismo recorrido. Nosotros no somos de la orden pero todo el mundo nos decía que ese colegio era el mejor de la ciudad, y unos padres siempre quieren lo mejor para sus hijos. Obviamente. Y así fue como lo llevamos. Jaime tenía once años. Estuvo mucho tiempo sin hablar. Era como un muerto en vida. Sigue en tratamiento desde entonces, aunque ahora apenas toma medicación. Un día se escapó y nuestro mundo cayó a un agujero negro del que no hemos salido. Nunca saldremos. Cuando escapó, tuvimos que dar parte a la Policía. Luego apareció como si nada. Jaime se ha escapado ya tres veces. Una de ellas estuvo horas sin que supiéramos dónde estaba. Luego exteriorizó que estuvo tentado de tirarse a las vías del tren. Durante mucho tiempo no pudo hablar y ahora yo no puedo callar. Como nos explicaría el psiquiatra poco después, Jaime manifestaba lo que llamaba la tríada de los signos de abuso: el temor, la culpa y la vergüenza.
(La luz ilumina el proscenio. El fondo del escenario permanece a oscuras.)
Felipe: Me causan pavor todos aquellos que se sienten profundamente religiosos. A mí la figura de Jesucristo me inspiraba, no como un dogmático, pero sí me guiaba a soportar mejor todas esas intemperancias de la vida, esas cuitas cotidianas que todos padecemos. Cristo fue siempre comprensivo con todos: ayudó a ciegos y leprosos, se opuso a la avaricia de los mercaderes, perdonó a los que pecaron y entendió que su ejemplo nos sirve para ser fuertes. En el colegio nos decían eso de que «entre la palabra de Dios y la comprensión, lo que cuenta es la palabra». Yo ya no sé dónde quedó la palabra. No sé a qué aferrarme. Y ustedes, queridos espectadores, se preguntarán por qué reflexiono en voz alta. ¿Con qué intención expreso todas estas ideas? ¿Por qué les cuento todo esto? ¿Para qué? Permítanme que me explique y disculpen que abuse de su confianza y su atención. Trataré de explicarme del modo más nítido. ¿La justicia existe realmente? ¿Es posible resarcirse ante un hecho atroz? Dicen que la justicia es una racionalización de la venganza. Dicen que debemos luchar hasta el final. Es imposible recuperar todas esas infancias robadas, pero debemos juzgar a los verdugos. Ahí les voy a llevar justo ahora. Al juicio final.
(Susana (40) entra en escena con su cartera. Espera en silencio. Mira su reloj. Aparece Fiscal (55). Se miran. Un silencio incómodo. Fiscal ignora a Susana y abandona el escenario. Felipe, Conchi y Jaime entran lentamente. Susana se acerca a ellos. Evaristo (35) y Pablo (45) entran por el otro lado del escenario. De pronto, las miradas de Evaristo y Jaime se cruzan. El fondo del escenario está iluminado. En el centro vemos a juez. A su lado, Presidente del tribunal. En un lateral se sientan Susana, Pablo y el Fiscal. En el banquillo, de espaldas al público, están sentados a un lado Evaristo y al otro Felipe, Conchi y Jaime.)
Presidente: Buenos días a todos los presentes. Se inicia la sesión. Comenzaremos por el acusado. Don Evaristo Idígoras Sánchez. Señor Fiscal, tiene la palabra.
Fiscal: Gracias, señoría.
(Evaristo se levanta del banquillo y camina hacia una silla colocada frente al tribunal.)
Fiscal: ¿Fue usted preceptor de Jaime Quesada en el Colegio Inmaculada en 5º y 6º de Primaria?
Evaristo: Sí, efectivamente. De Jaime y de tantos otros.
Fiscal: ¿Qué relación ha tenido usted con Jaime Quesada?
Evaristo: Jamás he tocado a Jaime ni a ningún otro niño.
Fiscal: Señor acusado. ¿Cómo se declara usted?
Evaristo: Soy inocente.
Fiscal: ¿Podría ampliar su declaración, por favor?
Evaristo: Me levanto por la mañana y no encuentro explicación. Yo no encuentro explicación para esto.
Fiscal: Si es usted inocente, ¿a qué puede deberse la acusación de la familia Quesada contra usted?
Evaristo: No tengo ni idea. No lo sé. Es que no puedo saberlo. Quizás en el juicio vengan profesionales que puedan explicar esta frustración o inquina de la familia del denunciante.
Fiscal: ¿Y qué motivo personal puede tener la familia de Jaime Quesada contra usted?
Evaristo: No he conseguido encontrar ninguno. Son dos mil seiscientos sesenta y nueve días los que llevo levantándome por la mañana sin encontrar una explicación a todo esto. Quizás los psicólogos puedan hablar de por qué esta frustración o inquina hacia mí.
Fiscal: ¿Entonces usted nunca rozó con intenciones sexuales a Jaime Quesada?
Evaristo: Nunca.
Fiscal: El denunciante, Jaime Quesada, afirma en anteriores declaraciones que usted se encerraba en el despacho con él para mostrarle fotografías de mujeres desnudas. ¿Es eso cierto?
Evaristo: Jamás hice tal cosa. Además, el director del Colegio Inmaculada ya ha explicado que es imposible que desde el ordenador del despacho podamos acceder a ese tipo de páginas. Hay un filtro que impide acceder a páginas pornográficas. Esto es demostrable, desde luego. Así que no entiendo qué es lo que estoy haciendo aquí, de verdad. Todo esto es una calumnia contra mi persona. Aquí la única víctima soy yo.
Fiscal: Muchas gracias. Nada más.
Presidente: Volvemos en unos minutos.
(Todos desaparecen excepto Jaime y Felipe. En una esquina del escenario Jaime se pone unas gafas. Ahora parece un niño.)
Felipe: Jaime solo era un niño. Tenía doce años. Nada más. Aún no tenía herramientas para enfrentarse al mundo. Yo me limitaba a preguntar pues su mirada estaba perdida y no tenía deseo de vivir. Nunca pude imaginar lo que ocurría realmente. Y no hay día que no me lamente de no haber sido capaz de adivinar. ¿Estás bien, Jaime?
Jaime: Sí...
Felipe: ¿Seguro?
Jaime: Sí.
(Jaime se encoge de hombros y se sienta en su silla, frente a Felipe.)
Felipe: Oye, ¿has cogido la ropa de deporte?
Jaime: No.
Felipe: ¿Por qué?
Jaime: Porque no.
Felipe: ¿Pero no tienes fútbol hoy?
Jaime: Es que... Ya no quiero jugar.
Felipe: ¿Y eso por qué?
(Felipe mira a Jaime, que calla.)
Felipe: ¿No dices nada o qué?
Jaime: No sé qué decir.
Felipe: Pues dime algo hijo, lo que sea.
Jaime: Papá, ¿tú crees en Dios?
(Felipe abandona el escenario sin decir nada. Jaime permanece. Evaristo (30) aparece. Se detiene en un lugar del escenario y queda arrodillado ante el público. Las luces se apagan. Un foco ilumina su rostro. Jaime le mira fijamente.)
Evaristo: Hijo mío, que no te dé vergüenza ser un pobre cacharro con defectos. Lucharemos toda la vida por tenerlos, hasta el final. ¿Verdad que sí? ¡Eso es amor! Mi vida es toda de amor y, si en amor estoy ducho, es por fuerza del dolor, porque no hay amante mejor que el que ha llorado mucho.
(Evaristo muestra una diapositiva que se proyecta en una tela: es una imagen en la que vemos las siluetas de la anatomía de un hombre y una mujer.)
Evaristo: En esta primera clase de sexología vamos a empezar con la anatomía.
(Entonces vemos proyectada una nueva diapositiva en la que se ven los pechos de una mujer. Jaime ríe tímidamente.)
Evaristo: Jaime no te rías, que nunca vas a ver ni tocar unos pechos así en tu vida.
(Jaime se sonroja y mira al suelo.)
Evaristo: Conviene recordar que lo que sabemos de Jesús es fiable y creíble porque los testigos son dignos de credibilidad y porque la tradición es crítica consigo misma.
(En la tela vemos ahora la reproducción de una pintura en la que aparece Jesucristo crucificado.)
Evaristo: Sabemos que Jesucristo fue bautizado por el último profeta, que se llamaba Juan Bautista. También sabemos que fue crucificado fuera de Jerusalén por las autoridades romanas.
(Mientras Evaristo habla, Jaime se distrae. Evaristo señala el pene del Jesucristo que aparece en la diapositiva.)
Evaristo: ¿Qué miras, Jaime? ¿Estás mirando ese pene?
Jaime: ¿Yo?
(Evaristo apaga la diapositiva y enciende la...




