E-Book, Spanisch, Band 442, 124 Seiten
Reihe: Teatro
Vélez de Guevara El diablo está en Cantillana
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-055-5
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 442, 124 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-055-5
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Luis Vélez de Guevara (Écija, Sevilla, 1579-Madrid, 1644). España. Nació en una familia acomodada, se licenció en artes en 1595 por la Universidad de Osuna y poco después entró al servicio del cardenal-arzobispo de Sevilla. En 1600 se fue a Italia y se alistó en la milicia del conde de Fuentes, después estuvo bajo el mando de Andrea Doria y Pedro de Toledo. Tras una corta estancia en Valladolid, vivió en Madrid y, al servicio del conde de Saldaña, se dedicó al ejercicio de la abogacía y de las letras. El cargo de ujier de cámara del rey, que consiguió en 1625, no le permitió mantener con holgura a su numerosa familia.
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Jornada primera
Salen el Rey Don Pedro, Lope Sotelo, Don Sancho, Don García y Don Álvaro, todos de noche.
Rey Ninguno quede conmigo,
si no es don Lope Sotelo.
LopeAlgo de nuevo recelo.
ReyLope.
Lope Señor.
Rey ¿Sois mi amigo?
LopeEsclavo de vuestra Alteza
apenas merezco ser.
ReyDon Lope, yo he menester...
Lope¿Qué, señor?
Rey Vuestra cabeza.
Lope¿Mi cabeza?
Rey No os turbéis,
que en vuestros hombros la quiero,
porque de esta suerte espero
que mejor me serviréis.
Que mejor brazo y espada
de Galicia no ha salido,
honrando contra el olvido
vuestra dulce patria amada,
y la cristiana cuchilla
contra el moro eternizando.
Pero, esto aparte dejando,
¿cómo dejáis a Sevilla?
LopeBuena, señor; y quejosa
de que la favorezcáis
mucho menos que estimáis
su fábrica generosa
y aquel río en quien mirando
su vistosa majestad
es Narciso la ciudad,
pues sin razón despreciando
la maravilla africana
del alcázar que vivís,
los veranos os venís
a pasar a Cantillana.
Aunque os puede disculpar
esta casa de placer,
que llegan a enriquecer
Guadalquivir y Viar,
esos caudalosos ríos
en cuyo sitio dichoso
vuestro abuelo generoso
trasladó al Cielo los bríos
del alarbe sevillano,
habiendo vencido ya,
porque a propósito está
para pasar el verano;
pero con todo, Sevilla
siente vuestra ausencia así.
Rey¿Cómo estas noches, decid,
don Lope, está la Almenilla?
LopeLlena de barcos y gente.
Rey¿Bravas damas?
Lope Muchas hay
entre Estopilla y Cambrai,
mas pobre del que esté ausente
con la más firme mujer,
aunque su amor más le importe.
ReyEsa es ya plaga de Corte.
LopeLíbreme Dios de querer
mujer ninguna que tenga
el amor por granjería.
ReyAndar desnudo solía
en tiempo de Bras y Menga,
mas ya le quieren vestido
y lleno de oro las damas,
perdonen las castas famas
de Penélope y de Dido.
LopeHan dado en tal desatino.
Rey¿Y la niña sabia?
Lope Está
en el Candilejo ya.
ReyAlgo vendréis del camino
(aunque es tan corto) cansado,
y es razón que descanséis,
pues vuestra posada veis
donde hablando hemos llegado.
LopeVolveré con vuestra Alteza.
ReyNo tenéis a qué volver,
que aquí es donde he menester,
don Lope, vuestra cabeza.
LopePues vuestra Alteza comience
a mandarme.
Rey De vos fío
que me sirváis.
Lope ¿Qué albedrío,
qué imposible el Rey no vence,
porque es dueño soberano?
ReyEn esa palabra espero
que haréis como caballero.
LopeEsta espada y esta mano,
esta sangre y este pecho,
a vuestro servicio están.
ReyVuestro huésped Perafán,
don Lope, según sospecho,
tiene una hija, y se llama
doña Esperanza, tan bella,
tan cuerda y sabia doncella,
que es espejo de la fama.
Sé que la tenéis amor
y que ella no os quiere mal,
y que por seros igual
en la sangre y el valor,
pretendéis casar con ella.
Esto ha de cesar aquí,
porque habéis de hacer por mí,
don Lope, más que por ella.
Y no sólo eso ha de ser
porque no me canse en vano,
que del cristal de su mano
un papel tengo de ver
en que admita mis deseos,
que los reyes es razón
que gocen la posesión
de tan divinos empleos.
De suerte que venga a hacer
toda la voluntad mía
sin que de Doña María
ni el cielo (si puede ser)
venga a entenderse jamás,
que lo que a hacer os obligo
se suele por un amigo
ofrecer, y un rey es más.
LopeSeñor, mire vuestra Alteza...
ReyNo hay que replicarme ya,
y advertir que en esto os va
no menos que la cabeza.
(Vase.)
Lope¿Inventó la tiranía
más riguroso tormento,
ni vio humano entendimiento
desdicha como la mía?
¿Qué Dionisio atormentó
con celos, mal de que muero,
que a Nerón, por ser más fiero
tormento, se le olvidó?
¡Ah poder! ¿Tanto has de ser
que llegues al albedrío,
siendo imperio y señorío
que al cielo negó el poder?
Vive Dios, que aunque me dé
mil veces la muerte injusta,
que no he de hacer lo que gusta,
de mi honor contra la fe,
que mayor rey es amor,
y le debo más decoro
mientras a Esperanza adoro,
que la vida y el honor
son para ocasiones tales;
piérdase todo primero
que yo pierda el bien que espero
de sus ojos celestiales.
En un laberinto he entrado
que no podré salir de él,
porque Don Pedro es cruel,
mozo, rey y enamorado,
y yo su vasallo soy.
¡Hay rey!, pero con la ley
del amor, ¡no hay rey, no hay rey!
¡Sí hay rey, sí hay rey! ¡Loco estoy!
Sale Rodrigo, de camino, cantando
Rodrigo ¡Ay, que desde Vienes
a Cantillana,
hay una legüecita
de tierra llana!
Cantando y medio dormido
he llegado a la posada
con bota y sin camarada,
notable milagro ha sido,
que bien debió de picar
después que en aquella venta
me dejó haciendo la cuenta,
pues no le pude alcanzar.
Don Lope yo apostaré
que descansa, porque agora
todos duermen en Zamora,
si no es quien camina a pie.
¿Qué hará a estas horas Leonor,
mientras vela mi cuidado?
¿Quién va?
Va a entrar, y encuentra a Don Lope
Lope Un hombre desdichado.
RodrigoEs don Lope, mi señor.
Mosca de celos tenemos;
respingo habrá temerario.
LopeQuien tiene un rey por contrario,
¿hará mayores extremos?
Rodrigo ¿Un rey? Guarda fuera, y más,
esta buena pieza.
Lope Aquí
estoy, Rodrigo, sin mí,
adiós, adiós.
Rodrigo ¿Adónde vas?
LopeNo sé, por Dios, dónde voy.
¡Hay rey!, pero con la ley
del amor, ¡no hay rey, no hay rey!
¡Sí hay rey, sí hay rey! ¡Loco estoy!
(Vase.)
Rodrigo ¡Oh enamorado don Lope,
cual no he visto jamás,
loco y temerario vas
tras tu cuidado al galope!
De doña Esperanza son
celos, que es discreta y bella,
y querrá por dicha hacella
el Rey, Doña Posesión.
En la posada se ha entrado
por un postigo que halló
abierto, si no bajó,
pienso, a abrirle algún criado.
Y si no me engaño, a fe,
mi...




