Wallace | Grandes granjas, grandes gripes | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 520 Seiten

Reihe: Ensayo

Wallace Grandes granjas, grandes gripes


1. Auflage 2020
ISBN: 978-84-122324-4-8
Verlag: Capitán Swing Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, 520 Seiten

Reihe: Ensayo

ISBN: 978-84-122324-4-8
Verlag: Capitán Swing Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



En esta colección de textos a la vez desgarradores y estimulantes Rob Wallace rastrea las formas en que la gripe y otros patógenos emergen de una agricultura controlada por corporaciones multinacionales. Con un ingenio preciso y radical yuxtapone fenómenos espantosos, como los intentos de producir pollos sin plumas, con viajes en el tiempo microbianos y el ébola neoliberal. También ofrece alternativas sensatas al agronegocio letal. Algunas, como las cooperativas agrícolas, el manejo integrado de patógenos y los sistemas mixtos de cultivos y ganado, ya están fuera de la red de los agronegocios. Muchos libros hablan sobre los alimentos o los brotes infecciosos, pero éste es el primero en explorar enfermedades infecciosas, agricultura, economía y la naturaleza de la ciencia juntas.

Rob Wallace. Biólogo evolutivo y filogeógrafo de salud pública. Doctorado en biología en el Centro de Graduados de CUNY y postdoctorado en la Universidad de California con Walter Fitch, fundador de la filogenia molecular. Su investigación se centra en las formas en que la agricultura y la economía influyen en la evolución y propagación de los patógenos.Ha estudiado la evolución y la propagación de la gripe, la geografía social del VIH/SIDA en Nueva York o la aparición del herpesvirus del sarcoma de Kaposi fuera de la prehistoria de Uganda. Publica actualizaciones de su trabajo en su blog Farming Pathogens.
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Introducción

Mañana daré una charla sobre el Ébola en Harvard. Pero como estoy desempleado y la estancia en Boston corre por mi cuenta, me encuentro alojado en el Hotel Milner. Se da la circunstancia de que aquí fue donde se hospedaron Mohamed Atta, Marwan al-Shehhi, Fayez Banihammad y Mohand al-Shehri antes de secuestrar el vuelo 11 de American Airlines y el vuelo 175 de United Airlines el 11 de Septiembre.[13]

En el hotel son bastante amables, su reputación se halla ahora más a merced de las críticas online que del complot terrorista llevado a cabo hace quince años. Sin embargo, no puedo evitar sentir cierto reconocimiento. No tengo afinidad alguna con Al Qaeda y sus descendientes, ni tampoco con nuestros aliados saudíes que financiaron el atentado.[14] Yo estaba en Nueva York ese día y, ahora, cuando vuelvo a la ciudad, evito la Zona Cero, tanto por los dolorosos recuerdos que me trae como por la tienda de regalos de tablas de queso demasiado caras y perros de rescate de peluche que conmemoran un asesinato en masa.[15]

En mi alojamiento actual, sin embargo, aunque solo sea por su historia, hay una sensación de destino compartido, que se invierte simétricamente en el espejo de la lúgubre habitación. Aunque una vez tuve una prometedora carrera de biólogo evolutivo estudiando la gripe, como consultor de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, me encuentro ahora profesionalmente condenado al ostracismo; de hecho, estoy a un paso del precipicio que supone ser considerado un enemigo del Estado.

El motivo no es la calidad de mi trabajo —continúo publicando—, ni siquiera mi dudosa lealtad al imperio neoliberal que fue atacado en 2001 por razones con las que no estoy de acuerdo. Si estoy en la lista negra se debe en realidad a las decisiones que he tomado en el ámbito de la naturaleza de la ciencia.

Durante la elaboración de una filogeografía estadística de la gripe aviar H5N1, al hacer un mapa de la migración del virus utilizando secuencias genéticas recogidas en múltiples zonas con brotes, el biólogo evolutivo Walter Fitch y yo confirmamos que la cepa surgió en Guangdong, una provincia del sudeste de China, frente a Hong Kong.[16] Las consecuencias de ese trabajo me empujaron en dos direcciones que una mentalidad más arribista habría evitado como la peste.

Primero, los funcionarios de Guangdong denunciaron nuestro trabajo antes incluso de que se publicase (se encontrará más información al respecto en las páginas de este libro). Aunque yo ya estaba curtido en este tipo de dificultades gracias a un estudio que realicé sobre el VIH-sida en la ciudad de Nueva York, me sorprendió que un trabajo como aquel acabase alimentando la intriga internacional. Así fue como empecé a aprender las artes oscuras de la economía política de la investigación pandémica. Esa práctica tiene evidentemente como objetivo perfeccionar la defensa propia. Pero si decides tomar la iniciativa en tales asuntos —en vez de ir de beca en beca como un pequeño buen investigador—, te acabas convirtiendo en un objetivo (más adelante hablaré también sobre esto).

Si bien continué trabajando en filogeografía adicional y en más cosas que tenía en marcha, al final acabé desviándome en una segunda dirección, más por mi curiosidad que por mi propio interés, aunque uno alberga la esperanza de que lo mejor de la ciencia agrupe las dos cosas, o de que al menos la primera conduzca a lo segundo. Las secuencias genéticas que yo estaba recopilando no podían indicarme, las enfocase como las enfocase, por qué surgió el H5N1 en Guangdong a mediados de la década de 1990. Así que empecé a indagar en la geografía económica de la zona, especialmente sobre las formas en que un sector agrícola cambiante modifica las trayectorias de los patógenos. Muchos de mis colegas evolucionistas no tenían la menor idea de lo que yo buscaba, y a los científicos sociales que se interesaron los ahuyentó el empirismo positivista al que sigo aspirando. Me vi atrapado en un laberinto de epistemologías, sin más recursos que los que podían proporcionarme mis éxitos profesionales. ¡Y Boston es tan caro en esta época del año!

Se dio la complicación adicional de que los dos caminos que yo seguía se cruzaban rutinariamente. Descubrí una y otra vez que el poder político da forma tanto a las enfermedades infecciosas como a las ciencias que las estudian. Y descubrí también que no estaba preparado para afrontar la naturaleza y la amplitud de las depravaciones allí implicadas. En nombre de la población a la que dicen servir, tanto las empresas como los Gobiernos están dispuestos a poner en peligro la supervivencia de la humanidad tal como la conocemos. Y son muy capaces de hacerlo. Tal vez eso sea cosa sabida para los lectores de Herodoto, Montaigne y Melle Mel, pero las múltiples formas que adopta esa constatación deberían significar una sorpresa siempre en algún rincón de nosotros mismos. Si no es así, nuestro cinismo nos induce a la pasividad.

En mi ámbito de trabajo, la epidemiología evolutiva, llegué a la conclusión de que la Big Food (los grandes de la alimentación) ha establecido una alianza estratégica con la gripe, un virus que adoptó, en un accidente industrial en curso y totalmente evitable, un peligroso nuevo giro para la propia destrucción de la agroindustria multinacional. Es decir, para que no quede ninguna duda sobre mi tesis, la agroindustria, respaldada por el poder del Estado tanto aquí como en el extranjero, está trabajando ya tanto con la gripe como contra ella. Decir eso va claramente más allá del ámbito del discurso respetable. Y pese a mis dificultades profesionales, presentamos aquí muchos informes al respecto.

La logística por la que llegué a reunir estos escritos es, en comparación, sencilla. En 2009, como parte del negocio familiar, fui coautor de un libro con mis padres, Rodrick Wallace y Deborah Wallace, sobre la resiliencia ecológica y la evolución de patógenos humanos.[17] Como era costumbre en aquellos tiempos, creé un blog para acompañar el lanzamiento del libro.[18]

Farming Pathogens asumió vida propia. Yo utilicé el blog como un cuaderno público en el que revisar y hacer nuevos descubrimientos (nuevos para mí, en realidad), incluyendo los que llevaron al escándalo del «Vichy viral» de la agroindustria, un régimen que colabora con un virus. Este libro recoge algunos de los mejores comentarios, ligeramente corregidos; un número de artículos más largos, revisados por colegas, que escribí para Antipode, Human Geography, Social Science & Medicine e International Journal of Health Services; y cuatro nuevos artículos aún no publicados en ninguna otra parte.

Algunos de estos trabajos se escribieron pensando en el público en general. Otros eran solo notas para mí. Dos, que fueron utilizados como conferencias para audiencias profesionales, abordaban ideas clave de las que se beneficiaría notablemente un público más amplio. Debido a que estos ensayos desarrollan líneas de investigación a lo largo de casi una década, hay ligeras superposiciones y descaradas repeticiones aquí y allá. Pido paciencia al lector, aunque solo sea porque las piezas representan una lucha activa para facilitar la comprensión de circunstancias que se mueven con rapidez desde las profundidades de nuestra forma de civilización.

Los artículos se centran principalmente en la gripe como objeto biocultural y antagonista sociopolítico, pero abordan también la agricultura, otras enfermedades infecciosas, la evolución, la resiliencia ecológica, la biología dialéctica, la práctica de la ciencia y, de vuelta a las noticias, la revolución. Mientras perseguía a mi musa más allá del mapa, los temas se informaban entre sí de formas a menudo sorprendentes y a veces críticamente necesarias.

¿Por qué sorprendentes? Para muchos investigadores, los límites del universo están definidos por los de su disciplina. Por una falacia platónica, algunos confunden sus metodologías con la forma de funcionar del mundo. Las posibilidades no tienen por qué ser tan limitadas, por supuesto. La multidisciplinariedad fructífera combina lo que a primera vista parecen ser pensamientos incompatibles. Los que se molestan en gestionar una sinergia extraña de ideas tropiezan a menudo con descubrimientos insospechados que, de otro modo, su trabajo no habría podido desvelar.

Las conmociones de las que he sido víctima —¡el Vichy viral!— me han convencido de lo importante que es reconfigurar las propias entrañas del estudio de la epidemiología evolutiva. Los patógenos, una amenaza global...



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