E-Book, Spanisch, 128 Seiten
Wild Etapas del desarrollo
1. Auflage 2012
ISBN: 978-84-254-2983-5
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
E-Book, Spanisch, 128 Seiten
ISBN: 978-84-254-2983-5
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Rebeca Wild (Alemania, 1939) Pedagoga. Estudió Filología Germánica, Pedagogía Musical y Pedagogía de Montessori.
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La etapa prenatal
En realidad, la envergadura de lo que significa un ambiente preparado para el desarrollo se nos abre con más facilidad al hacernos una idea de lo que ocurre, de manera casi escondida, durante la gestación de un nuevo ser humano en el vientre de su madre. Tenemos la suerte de que, a partir del nuevo milenio, las investigaciones de las particularidades de estos procesos han experimentado un incremento formidable. Los descubrimientos que más me han entusiasmado al respecto han sido obra de Gerald Hüther e Inge y Hans Krens (El secreto de los primeros nueve meses y Fundamentos de una psicología prenatal), porque me ayudaron a percibir que el desarrollo embrionario es la comprobación más obvia del crecimiento humano, y que todo lo que el feto ya ha creado al vivir en el útero luego debe ser activado en cada etapa de desarrollo.
Podemos partir de la suposición de que el amor que impulsa la unión de un hombre y una mujer, aunque ha de haber excepciones y diferencias más o menos graves, es el preámbulo de la llegada de un nuevo ser humano a esta tierra. Efectivamente, coincide con la formulación de Humberto Maturana de que sin la fuerza del amor no existen los organismos vivos. Hay también muchos estudios sobre las implicaciones de las condiciones en las cuales la madre experimenta su embarazo que tienen que ver con el entorno en el cual está viviendo, con el apoyo que recibe, con su estado de salud física y psicológica y con las actitudes que tiene frente al nuevo ser dentro de sí.
Detrás de estas circunstancias tan variadas, están las estrategias de la Naturaleza para promover la llegada de los seres humanos a este planeta.
En el transcurso de sus años fértiles, los hombres producen alrededor de 400 billones de espermatozoides, y las mujeres alrededor de un millón de óvulos. Los espermatozoides se desarrollan no tan adentro y en un ambiente relativamente frío del cuerpo. Su estructura consiste en un núcleo y unos husos que permiten un máximo de movimiento. En cambio, los óvulos son células con mucho más volumen en forma de pelota, preparadas para recibir al espermatozoide, y crecen en un entorno caliente dentro del cuerpo femenino.
El cuerpo de la mujer tiene su propio ritmo de prepararse para el acto de la concepción, y a su tiempo alista un máximo de dos o tres óvulos, mientras que el cuerpo del hombre envía millones de espermatozoides, de los cuales solo 50 llegan a circular al óvulo, que en este momento comienza a emitir señales de atracción cambiando las cualidades de su membrana. En un proceso de «toma de decisión» que dura entre dos y tres horas, la membrana del óvulo va abriendo una «puerta» por la que uno de los 50 espermatozoides puede penetrar y unirse con el núcleo del óvulo. Con esta descripción vislumbramos que, en lo que se refiere a las células, la fecundación es un proceso sublime de relación entre dos seres vivos, aunque es muy posible que el hombre y la mujer no tengan conciencia de este acontecimiento tan vital.
El resultado de semejante unión es la maravilla de una célula que ya contiene todo el potencial de un nuevo ser humano, y que podríamos visualizar como un globo diminuto que aterriza sobre la cumbre de un paisaje montañoso con un clima variable; un mundo lleno de cañones, murallas, valles, senderos estrechos y vías amplias que simboliza los campos morfogenéticos (ver Rupert Sheldrake: A New Science of Life) de todos los seres vivos en este planeta, inclusive toda la historia de los humanos, de los antepasados de la pareja, y la situación vital, el estado personal y las actitudes de sus padres. Y es en este campo sumamente complejo y amplio donde este pequeño globo tiene ahora que encontrar su propio camino para desarrollar su individualidad, activando de la mejor manera posible su potencial humano latente.
Pocas horas después de la fecundación, el nuevo ser humano ya envía mensajes hormonales al sistema circulatorio de su madre para informar a su cuerpo de su presencia, aunque todavía falta mucho para que ella tome conciencia de su relación con un nuevo ser humano. Para mí es muy especial recordar siempre que todos hemos comenzado la vida en esta tierra como una sola célula viva que inició su interacción desde dentro hacia fuera para crecer y desarrollarse. Este proceso comienza con las primeras mitosis, en las cuales la primera célula reparte sus sustancias diferenciadamente a las «células hijas», que ahora se van acumulando en una pequeña blástula que inicia un largo viaje por el entorno acuático, el cual puede durar hasta dos o tres semanas después de la fecundación, hasta llegar a su primer hogar en este mundo. Se estima que muchas blástulas no alcanzan esta meta, sea porque algo falla en su propio sistema o porque el estado de la madre lo impide. Pero si la blástula ya es un pequeño montón de 16 células y todo va bien, anida en el útero de su madre, que ha respondido a los mensajes hormonales que el nuevo ser le había enviado, y ya ha preparado el ambiente para recibirlo. Una vez que la blástula ha sido aceptada en el útero, se convierte dentro de tres días de manera explosiva en una burbuja de miles de células, que crea dentro de sí un tubo acuático y varias membranas para organizarse en este ambiente preparado.
Al mismo tiempo, el organismo de la madre pasa por transformaciones hormonales, fisiológicas y psicológicas dirigidas a percibir las necesidades del embrión. Pero no solo ella; hasta en la saliva del padre se han descubierto cambios hormonales de los que, si él no se defiende con actitudes «machistas», le ayudarán a sensibilizarse y abrirse a esta nueva situación, tomando la decisión de participar en un triángulo de relaciones familiares íntimas.
Mientras tanto, las células del embrión siguen un orden natural de dividirse entre tres sectores de la burbuja: interno, medio y externo. Los sectores externos asumirán la creación de la piel, de los sentidos y del sistema nervioso vinculado a las estructuras que se relacionarán con el mundo externo. Por un lado, la parte media asume la formación del corazón, de los sistemas sanguíneos y linfáticos, de los músculos y del esqueleto; por el otro, la parte interna asume la formación del pulmón, de todos los órganos de digestión y de eliminación.
De acuerdo con las últimas investigaciones, se va creando a la vez una diferenciación clara entre un área central, donde evoluciona el organismo propio del embrión, y una parte externa donde el mismo embrión va formando su propio entorno dentro del útero y las conexiones vitales con el organismo de la madre: la bolsa fetal con el agua de la fuente, la placenta a través de la cual recibe oxígeno, sustancias nutritivas y líquidos y a la cual entrega sus propios desechos, y en la tercera semana de la gestación el cordón umbilical.
Mediante esta descripción, podemos apreciar que inclusive en las primeras semanas de su vida orgánica el embrión ya es un ser vivo que se hace a sí mismo y comienza a influir en su entorno, a pesar de su dependencia de las oportunidades que podamos ofrecerle para esta labor. El embrión se envuelve en sus membranas para cuidar de su individualidad; la membrana entre su organismo y la placenta es muy fina; le permite recibir lo que necesita para vivir y lo protege de sustancias peligrosas del mundo exterior, con excepción de los daños que causan ciertos medicamentos, la nicotina, el alcohol, la cafeína y las drogas, a la vez que los estados de estrés de la madre producen endorfinas y adrenalina en su cuerpo, que llegan al niño a través de su sangre. Además, el niño, que está empotrado en su vientre, percibe también si los movimientos de la madre son tensos, bruscos o relajados, y deduce de estas diferencias su estado emocional. Pero por suerte hay también otra realidad: si la madre ama a su hijo, esto le da suficiente protección para que las calamidades del mundo exterior no le hagan mucho daño.
Después de 8 o 10 semanas, cuando la mayoría de las mujeres se percatan de que están embarazadas, el embrión ya ha formado las estructuras básicas típicamente humanas de su cuerpo. En este estado, el niño pasa de una etapa intrauterina a otra: ¡el embrión se convierte en feto! De ahora en adelante, su crecimiento y desarrollo se caracterizan por las interacciones que su cuerpo emprende dentro del entorno de su madre, un descubrimiento que vuelve muy relativa la teoría, tan generalizada, de que las características y los «talentos» de las personas dependen plenamente del ADN heredado de sus padres.
Una interacción de importancia preponderante se establece con el corazón de la madre, con el cual su propio corazón entra en resonancia, lo que explica tal vez que los ojos de la madre comiencen a brillar de manera especial, incluso cuando ella todavía no está segura de que está embarazada.
Según algunos estudios recientes, las ondas electromagnéticas del corazón de un adulto se pueden medir hasta tres metros alrededor de su cuerpo, de modo que si el padre se acerca también con amor y respeto al cuerpo de la madre embarazada, él también entra en resonancia con el corazón de su hijo. Gracias a nuevas tecnologías se ha podido comprobar que el feto se inclina...




