Wild | La vida en una escuela nodirectiva | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 360 Seiten

Wild La vida en una escuela nodirectiva

Diálogos entre jóvenes y adultos
1. Auflage 2011
ISBN: 978-84-254-2938-5
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

Diálogos entre jóvenes y adultos

E-Book, Spanisch, 360 Seiten

ISBN: 978-84-254-2938-5
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection



Desarrollar un proyecto de educación alternativa requiere de la continua cooperación entre maestros y padres de familia. En 1977, Mauricio y Rebeca Wild fundaron el centro 'Pesta', una escuela no-directiva en la que se crearon ambientes diversificados para el desarrollo de niños y jóvenes. Para facilitar una mejor comprensión de esta propuesta, en el Pesta se mantuvieron espacios de diálogo para ubicar el trabajo en el contexto del mundo actual y favorecer relaciones intergeneracionales entre los diferentes miembros del hogar. Este libro documenta, además, una serie de diálogos de profundización llevados a cabo durante un año en los que se reflexiona sobre las experiencias obtenidas durante la existencia del Pesta y se prepara la transición hacia un proyecto educativo más integral.

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CITAS FAMILIARES CON PADRES NUEVOS


Los acompañantes de preescolar y de primaria/secundaria del Pesta se reunían todos los lunes por la tarde a fin de organizar los aspectos prácticos de su trabajo para la siguiente semana y reflexionar sobre sus vivencias con los niños, además de preparar citas con los padres. Cada semana, los colaboradores dedicaban otra tarde más a profundizar en temas del desarrollo infantil, y otra para interactuar y practicar con los materiales didácticos.

Los acompañantes no eran asignados a grupos de niños, sino que se turnaban cada semana tomando la responsabilidad por las diversas áreas de los ambientes preparados. Un adulto, en lugar de encargarse de un área específica, tomaba la función de «flotante» para poder apoyar donde se requería una persona adicional. En caso de necesidad, padres de familia, que ya habían pasado por una preparación básica, podían reemplazar a un acompañante, pero con la condición de que participaran también en las reuniones correspondientes de la tarde. En estas reuniones, era el o la «flotante» de la semana, quien desempeñaba el papel de «moderador». La rutina de estos turnos ayudaba a reemplazar las estructuras internas autoritarias, muchas veces inconscientes, debido a las actitudes de responsabilidad compartida y de cooperación.

En el Pesta, la regla era que se aceptaban niños nuevos solamente para la sección preescolar. De esta manera, los padres tenían la oportunidad de familiarizarse paulatinamente con los principios de la llamada «no-directividad» antes de afrontar las expectativas normales, las cuales en nuestra sociedad reglamentan las relaciones con los «niños escolares». Pero en el preescolar, los padres tenían muchas oportunidades de acercarse a este nuevo enfoque antes de que sus hijos cumpliesen los seis años, ya sea por sus experiencias en el hogar, por sus visitas al centro, o gracias a las reuniones mensuales de padres y a las citas familiares. Esto les daba tiempo para ubicarse y decidir si este camino correspondía realmente a sus necesidades.

Una vez que un niño entraba en la sección preescolar, se invitaba lo antes posible a ambos padres –incluso cuando ya no vivían juntos– a una primera conversación para la cual el equipo de esta sección delegaba dos acompañantes. Estaban previstas dos horas para cada cita familiar. Todos los acompañantes preparaban esta reunión compartiendo sus vivencias y percepciones del niño en el ambiente preparado.

Sobre todo en este primer encuentro, lo primordial era que los padres y acompañantes se conociesen y que pudieran aclarar que los acompañantes dependen de las informaciones de los padres sobre los niños a fin de que pudiesen conocerlos y comprenderlos mejor.

A continuación reproduzco tres conversaciones con padres nuevos, obviamente resumidas, pero que tal vez permitan formarse una idea sobre la colaboración entre padres de niños pequeños, y los acompañantes de la sección preescolar.

CONVERSACIÓN CON LOS PADRES DE PEPE, DE CUATRO AÑOS

VERÓNICA: Nos complace que hayan venido tan pronto para dialogar con nosotros, ya que tenemos la regla de no conversar con los adultos mientras están de visita en el centro. Para nosotros es importante que en estos ambientes los niños experimenten realmente que les estamos atendiendo a ellos y que no nos dejamos distraer por los visitantes. Mi nombre es Verónica. Trabajo en este centro desde hace varios años.

RUBÉN: Yo soy Rubén. Sólo llevo un año como parte del equipo. Aquí nos parece más natural tratarnos con los nombres de pila, lo cual nos facilita entrar en un contacto más personal. Lo ideal para nosotros sería llegar a una colaboración lo más estrecha posible con los padres. Esto nos ayuda a percibir la individualidad de los niños y a conocer mejor sus necesidades.

MADRE: Es cierto. Lo que aquí me ha llamado la atención no es sólo este entorno maravilloso, sino también la manera de tratar a los niños. En todo caso, les agradezco esta oferta de entablar una relación de compañerismo con ustedes, sin mayores formalidades. Tal vez corremos menos peligro de caer en los roles típicos de «profesores» y de «padres» si evitamos las formalidades.

PADRE: Estoy de acuerdo con mi esposa. Somos de la misma generación que ustedes, y seguramente tenemos mucho en común. En la oficina ya nos dieron algunas indicaciones antes de matricular a Pepe de cómo se trata aquí a los niños. Nos gustaría que nos contaran algo más al respecto.

VERÓNICA: Compartiremos gustosos nuestras experiencias con ustedes. Las reuniones mensuales de padres nos permiten abordar con mayor profundidad los temas importantes del desarrollo de los niños. En cambio, en esta reunión nos interesa, sobre todo, que nos cuenten lo más posible sobre la vida de su hijo. Nosotros lo conocemos desde hace dos semanas, ustedes desde hace cuatro años… más nueve meses de embarazo. Cuando por la mañana Pepe llega en el bus escolar, no tenemos la menor idea de cómo le ha ido desde que nos dejó el día anterior. ¿Tal vez nos pueden referir algunos detalles que les parezcan especialmente importantes?

MADRE: Para mí, lo principal es el hecho de que Pepe ha sido un niño muy esperado. Me quedé embarazada en el momento ideal para nosotros. Mi esposo había terminado sus estudios y tenía un trabajo que le gustaba. En el fondo, yo ya estaba harta de mi empleo y no me era difícil tomar la decisión de dejarlo y quedarme en casa.

PADRE: Ya durante el embarazo, nos habíamos interesado por todo lo que tiene que ver con la educación de niños, que para los dos era un mundo nuevo. Lo más fascinante para mí fue que como padre podía también entrar en relación con mi hijo cuando acariciaba la barriga de la madre y hablaba con el bebé. Juntos nos preparamos para un parto natural. Efectivamente, pude estar con mi mujer y darle apoyo durante todo el proceso.

MADRE: Esta experiencia intensa y profunda reforzó nuestra relación como pareja. Se nos hizo una costumbre querida conversar sobre todo lo que atañía a nuestro hijo. Le di el pecho durante un año, aunque después el destete fue algo más problemático. Pero seguimos con mucho entusiasmo cada paso de su desarrollo. Tomamos la decisión de aprovechar al máximo estos primeros años con el niño y buscar una guardería sólo cuando resultara obvio que él tenía ganas de tener experiencias más amplias. Mientras tanto, fuimos buscando opciones relacionadas con nuestro estilo de vida, y finalmente les encontramos a ustedes.

RUBÉN: Ésta sí que es una bella historia. Por desgracia, mi camino hacia el Pesta no fue tan inequívoco como el de ustedes. Soy ingeniero de profesión y he pasado por una formación técnica clásica. Cuando nació nuestra primera hija, estaba convencido que era «cosa de mujeres» y trataba de meterme lo menos posible en el asunto. Mi esposa se en-frascó completamente en su rol de madre, pero le hubiese gustado que también yo me interesara en los temas que la preocupaban. Al darse cuenta de mi resistencia, tuvo la suficiente prudencia de no empujarme. Pero luego nació nuestro segundo hijo, y él no dejaba de insistir en que lo atendiéramos en sus necesidades. Muchas veces yo no sabía cómo portarme con él. Pero, poco a poco, observé cómo mi esposa acababa arreglándoselas con él en las diferentes circunstancias. Así comencé a sentir un verdadero interés por los niños pequeños. Finalmente, pedí una excedencia en mi empresa, y ahora me doy el lujo de estar como adulto acompañante con mi hijo en el preescolar.

MADRE: ¡Qué bonito poder simplemente conversar aquí entre padres! Los profesionales me hacen sentir muchas veces como si tuviesen capacidades superiores que nos faltan a los mortales normales, lo que revierte fácilmente en dependencias mutuas: los padres necesitan especialistas que les alivien de la responsabilidad por sus hijos, y los especialistas necesitan padres incompetentes para justificar su profesión. En cambio, aquí me parece que puedo expresar mis inquietudes sin miedo a que me quieren imponer criterios pasando por encima de los míos.

VERÓNICA: Esto es justo lo que yo también añoro. Pero ni siquiera en el Pesta podemos garantizar nada. Por la manera como nos han criado, de vez en cuando nos pasa todavía que, inconscientemente, damos respuestas o consejos precipitados. Y eso a pesar de saber desde hace mucho tiempo que las cosas importantes sólo se aprenden por experiencia y reflexiones propias. Sobre todo, caemos en los viejos hábitos cuando los padres insisten en que les facilitemos recetas para sus problemas. Pero claro, tarde o temprano nos percatamos de que de esta manera no se producen cambios verdaderos.

PADRE: Claro que existe este peligro, pero sí me gustaría tratar sobre ciertas dudas que no puedo despejar. Tal vez si logro hablar sobre ellas, sirva para desahogarme. Lo que no me deja de molestar es lo siguiente: aunque amo y admiro mucho a mi hijo,...



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