E-Book, Spanisch, 200 Seiten
Reihe: Nerabea
Zazo Sos un amor
1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-129140-3-0
Verlag: Kabo&Bero Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 200 Seiten
Reihe: Nerabea
ISBN: 978-84-129140-3-0
Verlag: Kabo&Bero Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Asesor legal y abogado. Se basa en experiencias personales (propias y ajenas) para generar ficción con temas recurrentes como las relaciones familiares, amistosas o afectivas; y disfruta escribiendo sobre las vivencias que se dan al mudarse de pueblos rurales a grandes urbes, con el redescubrimiento personal que ello implica. «Geek y gaymer», es su descripción para las redes sociales.
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PARTE 2
–Chechi, ¿cómo está tu vieja?
–Ahí anda, gracias por preguntar. Sigue con el tratamiento, pero no hay esperanzas de que se recupere. Lo único que se puede esperar es que pueda disfrutar al máximo –tomó aire y coraje para continuar– lo que le quede de vida con el menor sufrimiento y dolor posible. Es complicado, pero bueno, es de lo único que podemos agarrarnos por ahora.
–Te lo voy a repetir una y mil veces –Marcos le tomó la mano y se la apretó–, para lo que necesites, estoy. Si necesitás noches libres en el bar, yo te cubro. Lo hablo con Matilde, que no va a tener problemas.
–Gracias, lindo. No sé qué haría frente a todo esto sin vos y Julián. A propósito, ¿está bien Juli? El otro día en el bar lo vi un poco raro, como si hubiera algo que lo preocupara. Ante mi pregunta contestó que todo bien y que estaba un poco planteándose cosas de la vida. Fue muy vago en su respuesta.
Marcos captó al toque que Cecilia quería cambiar de tema, y le siguió la corriente en la conversación.
–Sí, yo también lo noté un poco pensativo estos días. Un poco callado, lo cual es una rareza –cuando Juli no estaba escuchando música, estaba tocando la guitarra, viendo una serie o jugando a algo–. No te voy a negar que un poquito estoy disfrutando esta novedosa paz pero ya extraño un poco su aura ruidosa –Cecilia se rio.
–Voy a ver si esta semana lo invito a tomar un café para que charlemos. Si vos estás callado por un par de días, sé que estás procesando alguito y ya sé que tengo que esperar a que vos solo te acerques cuando lo hayas terminado de masticar. Pero sí, Julián callado es algo nuevo y todavía no sé cómo pilotearlo. Pero contame de vos, ¿hubo alguna novedad respecto a Tomás? ¿Le sacaste la ficha?
Marcos hundió la mano en el balde de pochoclo y se llevó un puñado a la boca. Era sábado y estaban esperando a Julián para entrar juntos al cine.
–Chateamos un par de veces, pero nada del otro mundo. Charlamos largo y tendido sobre videojuegos, música, libros, series… pero nada que me de a entender por dónde va esto. Por ahora parece una incipiente amistad. Me lo crucé una vez en el pasillo y me saludó. Él sigue igual de lindo y yo sigo igual de boludo.
Decidió no contarle los detalles de ese cruce porque todavía no entendía del todo lo que había pasado y temía que estuviera sacando conclusiones erróneas de una situación cotidiana. Tomás había frenado, le había saludado con un beso, le había preguntado cómo estaba y había seguido su camino rápido porque llegaba tarde a una clase. Todo eso sucedió en cinco segundos que, para Marcos, duraron una eternidad. Se había quedado quieto, mirando cómo se iba alejando en el pasillo, consternado de lo que había pasado, hasta que le invadió una especie de alegría explosiva que nunca antes había sentido. No entendía nada de lo que había pasado, más allá de poder sentir el roce de la barba de Tomás sobre su cachete, sentir la cercanía de su cara, oler su perfume, verle a escasos centímetros. No sabía si podía con tanta euforia junta. Nunca se había sentido así, mezcla de esperanza, alegría y desesperación a la vez. Ese beso otoñal y fugaz en el pasillo lleno de personajes secundarios que iban y venían, ese beso en el cachete que había detenido el tiempo era mucho más fuerte que su primer beso, que su primera vez, que todo lo que alguna vez había vivido. No sabía lo que iba a pasar con Tomás, ni siquiera si había chance de una relación, si iba a ser un amigo o si iba a desaparecer de su vida, pero de lo único que tenía seguridad Marcos en esos momentos es que nunca iba a olvidar ese pequeño momento de felicidad.
–Ay, me muero de amor –gritó Cecilia haciendo énfasis en la erre de la palabra amor. Un grupo de señoras que pasaban caminando cerca se sobresaltaron y la miraron con mala cara. Marcos sonrió un poco colorado. Si le hubiera contado todo lo que había sentido en cinco segundos, probablemente hubiera revoleado los pochoclos de la emoción.
–No es para tanto. He hecho un par de posteos en mi Instagram sobre el orgullo, sobre la despenalización del aborto, sobre la necesidad de una ley transversal de reparación para las personas travestis/trans3, pero a eso no ha reaccionado, ni mu. Mayoritariamente, interactúa cuando comparto algún extracto de algún libro o algún juego. Todavía me da cosa decirle «che, estás más fuerte que patada de allanamiento» o alguna galantería de esas para hacerle saber cuánto le entro –Cecilia estalló de risa. Marcos sabía que era público fácil. Hacerla reír no era un gran desafío.
–Nadie te apura. Mientras tanto, ¿hay algún otro caballero en el radar? –le hizo ojitos mientras le decía esto último.
–No, cero. Hay un par de buitres por ahí pero, en este momento, no sé, como que estoy medio… falto de inspiración. Vos, ¿qué onda con la chica de las telas? Algo me dijo Juli que te habías encontrado con una piba –quería cambiar de tema rápido. No quería sonar obsesionado pero no tenía lugar en la cabeza para otra persona que no fuera Tomás, así que no había ni siquiera abierto las redes sociales de citas que de vez en cuando usaba.
–Fue bien, pero la verdad que no sé, como que no hubo mucha onda para algo más. O sea, una genia, quedamos en juntarnos antes de que se ponga más frío en alguna plaza a boludear un poco con las telas pero no hubo química. Lo hablamos y rebien. No toda persona que una conoce tiene que terminar en garche, ¿viste?
–Totalmente. Si pasa, pasa. Y si no, si hay buena onda para otra cosa, queda en eso y ya está.
–Claro. Creo que Juli ya estaba imaginando alto trío, pero mala suerte, corazón. La piba esta es torta-tortón, una de las primeras cosas que me dijo es que los pibes le parecían todos unos pelotudos.
Marcos se rio y se golpeó el pecho dos veces con el puño en señal de solidaridad con la chica de las telas. Él era hombre, pero no por eso dejaba de pensar que era medio pelotudo y, a la vez, tampoco nunca había estado con alguien del sexo opuesto. No es que no le llamaran la atención las chicas, pero no le urgían tampoco. Si alguna vez surgía la chance, no la iba a dejar pasar y seguro lo iba a disfrutar, pero no estaba dispuesto a esforzarse para que sucediera.
–Ya te voy a mostrar lo que es bueno a vos –Cecilia hizo pico de pato con la boca y juntó los brazos.
–Acosadora, mujer mala. ¿Qué pretende usted de mí?
Al rato llegó Julián con cara de cansado. Venía de una clase donde le habían tirado por la cabeza un montón de conceptos complejos pero se le había pasado relativamente rápido por la perspectiva del plan posterior. Compraron otro balde de pochoclo. El primero había sido vaciado a la espera de Julián. El segundo sería vaciado probablemente antes de que terminaran los adelantos de otras películas. Entraron a la sala.
A las dos horas salieron del cine interrumpiéndose entre comentarios por el nivel de entusiasmo que manejaban. La película había sido todo lo que habían esperado y más. Marcos subió una foto del póster y una corta crítica sobre lo genial que le había parecido. A los pocos minutos le llegó una notificación.
–Decime, por favor, que vale la pena –le escribió Tomás.
–Me reí mucho. Más de lo que debería, creo. Me pareció genial –contestó Marcos.
–Che, nada que ver pero vienen unos amigos a casa. Vamos a juntarnos a tomar algo y ver qué pinta: si quedarse boludeando en casa o salir. ¿Te sumas?
Marcos se frenó en el lugar. Cecilia y Julián siguieron unos metros hasta que se dieron cuenta de que se había quedado atrás.
–Chiques, chiques, chiques…
–¿Qué pasó? –le preguntó Cecilia con cierto tono de preocupación por la repentina agudeza en el tono de voz de Marcos.
–Me acaba de invitar Tomás a una previa en su casa –literalmente sentía que le estaba saltando el corazón en el pecho de lo fuerte que le latía. No se esperaba esto y, para Marcos, que solía pensar bastante en todo antes de hacer cualquier cosa, esto le parecía una locura.
–Ya te vas para casa, te cambiás y vas para allá –dijo Julián al verle la cara de miedo–. Comprá unas cocas en el chino, agarrá el fernet y te lo enfiestás como Dios manda.
–Van a estar los amigos, boludo, no sé qué onda. No voy a conocer a nadie, me da como cosa.
–Vos andá tranca, relajá y pasala bien. Es conocer gente nueva y tomar algo. No le des tantas vueltas –acotó Cecilia–. Nosotros vamos a comprar algo para comer y vamos para casa. Supongo que nos vemos allá. ¿Te llevamos algo?
–Si se compran una hamburguesa, pidan un combo para mí. Si van al restaurante peruano, pidan para dos y les robo un poco.
Salió casi corriendo hacia el departamento. Tomás le había pasado la dirección de su casa: vivía a unas veinte...




