Zorrilla | Don Juan Tenorio | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 453, 204 Seiten

Reihe: Teatro

Zorrilla Don Juan Tenorio


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9816-917-1
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 453, 204 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9816-917-1
Verlag: Linkgua
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En Don Juan TenorioJosé Zorrilla recogió toda la tradición anterior relacionada con el personaje de Don Juan, aderezándola con elementos religiosos y románticos. Consigue hacer de su personaje un arquetipo humano cuyas características difícilmente pueden ser imitables sin caer en la versión o el plagio. Don Juan Tenorio se convierte en referencia de un modelo de hombre enfrentado a la muerte, al amor, a la castidad y a la pasión. La popularidad de su obra hizo ingresar a José Zorrilla en La real academia de la lengua española en 1882. Si bien el personaje de Don Juan tiene numerosos antecedentes literarios, el que aquí se nos presenta, tiene una voluntad de otro orden. Y nos parece que su figura se erige por encima de su propia existencia. Don Juan Tenorio es un joven caballero entregado a una vida desenfrenada de apuestas, amoríos y duelos. La trama comienza con una apuesta entre él y otro joven por ver quién en un año hace más maldad con más fortuna. Esto a su vez desencadena otra apuesto, más descabellada, que consiste en que don Juanconsiga seducir a una joven novicia, doña Inés, y a la prometida de su amigo. Don Juan con gran maestría va consiguiendo todo lo que se propone, pero su alma se va perdiendo más y más. Al final de la obra debe de enfrentarse literalmente a sus fantasmas. Solo el amor que siente por él la joven Inés es capaz de salvarle de perecer eternamente en el infierno.

José Zorrilla y Moral (Valladolid, 1817-Madrid, 1893) Tras estudiar en el Seminario de Nobles de Madrid, fue a las universidades de Toledo y Valladolid a estudiar leyes y poco después abandonó los estudios y se fue a Madrid. Las penurias económicas le hicieron a vender a perpetuidad los derechos de Don Juan Tenorio(1844), la más célebre de sus obras. En 1846, viajó a París y conoció a Alejandro Dumas, padre, George Sand y Teophile Gautier que influyeron en su obra. Tras una breve estancia en Madrid, regresó a Francia y de ahí, en 1855, marchó a México donde el emperador Maximiliano lo nombró director del teatro Nacional. Publicó un libro de memorias a su regreso a España.
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Acto II


Exterior de la casa de doña Ana, vista por una esquina. Las dos paredes que forman el ángulo se prolongan igualmente por ambos lados, dejando ver en la de la derecha una reja, y en la izquierda una reja y una puerta.

Escena I


Don Luis Mejía, embozado

Don LuisYa estoy frente de la casa

de doña Ana, y es preciso

que esta noche tenga aviso

de lo que en Sevilla pasa.

No di con persona alguna

por dicha mía... ¡Oh qué afán!

Pero ahora, señor don Juan,

cada cual con su fortuna.

Si honor y vida se juega,

mi destreza y mi valor

por mi vida y por mi honor

jugarán... Mas alguien llega.

Escena II


Don Luis, Pascual

Pascual¡Quién creyera lance tal!

¡Jesús, qué escándalo! ¡Presos!

Don Luis¿Qué veo? ¡Es Pascual!

PascualLos sesos

me estrellaría.

Don Luis¿Pascual?

Pascual¿Quién me llama tan apriesa?

Don LuisYo. Don Luis.

Pascual¡Válame Dios!

Don Luis¿Qué te asombra?

PascualQue seáis vos.

Don LuisMi suerte, Pascual, es ésa.

Que a no ser yo quien me soy

y a no dar contigo ahora,

el honor de mi señora

doña Ana moría hoy.

Pascual¿Qué es lo que decís?

Don Luis¿Conoces

a don Juan Tenorio?

PascualSí.

¿Quién no le conoce aquí?

Mas según públicas voces

estábais presos los dos.

Vamos, ¡lo que el vulgo miente!

Don LuisAhora acertadamente

habló el vulgo: y ¡juro a Dios

que a no ser porque mi primo,

el tesorero real,

quiso fiarme, Pascual,

pierdo cuanto más estimo!

Pascual¿Pues cómo?

Don Luis¿En servirme estás?

PascualHasta morir.

Don LuisPues escucha.

Don Juan y yo en una lucha

arriesgada por demás

empeñados nos hallamos;

pero, a querer tú ayudarme,

más que la vida salvarme

puedes.

Pascual¿Qué hay que hacer? Sepamos.

Don LuisEn una insigne locura

dimos tiempo ha: en apostar

cuál de ambos sabría obrar

peor, con mejor ventura.

Ambos nos hemos portado

bizarramente a cual más;

pero él es un Satanás,

y por fin me ha aventajado.

Púsele no sé qué pero,

dijímonos no sé qué

sobre ello, y el hecho fue

que él mofándome altanero

me dijo: «Y si esto no os llena,

pues que os casáis con doña Ana,

os apuesto a que mañana

os la quito yo».

Pascual¡Esa es buena!

¿Tal se ha atrevido a decir?

Don LuisNo es lo malo que lo diga,

Pascual, sino que consiga

lo que intenta.

Pascual¿Conseguir?

En tanto que yo esté aquí,

descuidad, don Luis.

Don LuisTe juro

que si el lance no aseguro,

no sé qué va a ser de mí.

Pascual¡Por la Virgen del Pilar!

¿Le teméis?

Don LuisNo, Dios testigo.

Mas lleva ese hombre consigo

algún diablo familiar.

PascualDadlo por asegurado.

Don Luis¡Oh! Tal es el afán mío

que ni en mí propio me fío,

con un hombre tan osado.

PascualYo os juro por San Ginés,

que, con toda su osadía,

le ha de hacer, por vida mía,

mal tercio un aragonés

nos veremos.

Don Luis¡Ay, Pascual,

que en qué te metes no sabes!

PascualEn apreturas más graves

me he visto y no salí mal.

Don LuisEstriba en lo perentorio

del plazo, y en ser quien es.

PascualMás que un buen aragonés

no ha de valer un Tenorio.

Todos esos lenguaraces

espadachines de oficio

no son más que frontispicio

y de poca alma capaces.

Para infamar a mujeres

tienen lengua, y tienen manos

para osar a los ancianos

o apalear a mercaderes.

Mas cuando una buena espada,

por un buen brazo esgrimida,

con la muerte les convida,

todo su valor es nada.

Y sus empresas y bullas

se reducen todas ellas

a hablar mal de las doncellas

y a huir ante las patrullas.

Don Luis¡Pascual!

PascualNo lo hablo por vos,

que aunque sois un calavera

tenéis la alma bien entera

y reñís bien, ¡voto a bríos!

Don LuisPues si es en mí tan notorio

el valor, mira, Pascual,

que el valor es proverbial

en la raza de Tenorio.

Y porque conozco bien

de su valor el extremo,

de sus ardides me temo

que en tierra con mi honra den.

PascualPues suelto estáis ya, don Luis;

y pues que tanto os acucia

el mal de celos, su astucia

con la astucia prevenís.

¿Qué teméis de él?

Don LuisNo lo sé;

mas esta noche sospecho

que ha de procurar el hecho

consumar.

PascualSoñáis.

Don Luis¿Por qué?

Pascual¿No está preso?

Don LuisSí que está;

mas también lo estaba yo,

y un hidalgo me fió.

PascualMas ¿quién a él le fiará?

Don LuisEn fin, sólo un medio encuentro

de satisfacerme.

Pascual¿Cuál?

Don LuisQue de esta casa, Pascual,

quede yo esta noche dentro.

PascualMirad que así de doña Ana

tenéis el honor vendido.

Don Luis¡Qué mil rayos! ¿Su marido

no voy a ser yo mañana?

PascualMas, señor, ¿no os digo yo

que os fío con la existencia...

Don LuisSí; salir de una pendencia,

mas de un ardid diestro, no.

Y en fin, o paso en la casa

la noche, o tomo la calle

aunque la justicia me halle.

PascualSeñor don Luis, eso pasa

de terquedad, y es capricho

que dejar os aconsejo

y os irá bien.

Don Luis; No lo dejo,

Pascual.

Pascual¡Don Luis!

Don LuisEstá dicho.

Pascual¡Vive Dios! ¿Hay tal afán?

Don LuisTú dirás lo que quisieres,

mas yo fío en las mujeres

mucho menos que en don Juan;

pues lance es extremado

por dos locos emprendido,

bien será un loco atrevido

para un loco desalmado.

PascualMirad bien lo que decís,

porque yo sirvo a doña Ana

desde que nació, y mañana

seréis su esposo, don Luis.

Don LuisPascual, esa hora llegada

y ese derecho adquirido,

yo sabré ser su marido

y la haré ser bien casada.

Mas en tanto...

PascualNo habléis más.

Yo os conozco desde niños

y sé lo que son cariños,

¡por vida de Barrabás!

Oíd: mi cuarto es sobrado

para los dos; dentro de él

quedad; mas palabra fiel

dadme de estaros callado.

Don LuisTe la doy.

PascualY hasta mañana

juntos con...



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