E-Book, Spanisch, Band 454, 150 Seiten
Reihe: Teatro
Zorrilla El caballo del rey don Sancho
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-193-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 454, 150 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-193-4
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José Zorrilla y Moral (Valladolid, 1817-Madrid, 1893). España. Tras estudiar en el Seminario de Nobles de Madrid, fue a las universidades de Toledo y Valladolid a estudiar leyes y poco después abandonó los estudios y se fue a Madrid. Las penurias económicas le hicieron a vender a perpetuidad los derechos de Don Juan Tenorio (1844), la más célebre de sus obras. En 1846, viajó a París y conoció a Alejandro Dumas, padre, George Sand y Teophile Gautier que influyeron en su obra. Tras una breve estancia en Madrid, regresó a Francia y de ahí, en 1855, marchó a México donde el emperador Maximiliano lo nombró director del teatro Nacional. Publicó un libro de memorias a su regreso a España.
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Acto I
Año 1030 de N. S. J. C.
Interior de un aposento de casa rústica, que ocupa la mitad del escenario, cuyos adornos consisten en utensilios de caza. Este aposento tiene una puerta a la derecha y dos en el fondo; de estas dos la una es una alcoba, la otra es la salida y entrada. A la izquierda una ventana con reja de madera. La parte exterior del teatro figura la ladera de un montecillo, cuyo horizonte se cierra con montañas en que se abren varios senderos.
Escena I
Gisberga en el aposento. Juan bajando por la montaña.
GisbergaYa va avanzando la noche,
y fría y lóbrega cierra,
¡y aun no vuelven!...; pero siento
pasos. ¿Quién es?
(Asomando a la ventana.)
Juan (Desde fuera.) Yo.
Gisberga Ya llegan.
(Abre Gisberga, y entra Juan con caza y perros.)
¿Y tu amo?
Juan Pues ¿no ha venido?
Gisberga.No.
Juan Habrá alzado alguna pieza.
GisbergaMas ¿dónde está?
Juan Tras mí viene.
Le dejó junto a la peña
del puente, donde los perros
se nos plantaron de muestra.
Gisberga.¿Tan de noche y sigue rastro?
Juan¡Qué queréis! Si no le deja
la afición. Díjome al irse
que a espacio a casa volviera,
que de cerca me seguía;
mas al pie de aquella cuesta
le he esperado largo rato,
y ya creí que me hubiera
adelantado, tomando
por el atajo.
Gisberga Pues, ea,
que te ayude el africano
a descargar, y Teresa
que apronte una buena lumbre.
JuanSí, ¡por Dios! que ahora comienza
una lluvia tan menuda,
que cala.
Gisberga Pues date priesa.
JuanAllá voy. ¡Bien lo hemos hecho!
Molidas traigo las piernas.
Escena II
Gisberga
(Don García baja por las montañas, acercándose a la casa y dando instrucciones a los que lo acompañan para lo que pasa en las escenas posteriores. Don García se adelanta solo.)
Gisberga¿Tan tarde y solo en el monte,
y ahora que anda tan revuelta
Navarra, y el Rey ausente
haciendo a los moros guerra?
Mas... sí..., estoy sintiendo pasos;
él es..., sin duda
(Mira por la ventana.) se acerca:
¿eres tú?
García Yo soy.
Gisberga Aguarda,
que voy a abrirte la puerta.
(Lo hace)
Entra, amor mío... Mas ¡cielos,
no es él!
GarcíaNo, no es el que esperas
tan afanosa y amante,
pero es otro cuyas huellas
sólo traen rastro seguro
cuando hacia ti se enderezan.
GisbergaSeñor caballero, basta,
basta de vanas protestas
de un amor que simpatía
en mi corazón no encuentra.
Dos veces me habéis buscado,
y dos veces por sorpresa
habéis llegado hasta mí
aprovechando la ausencia
de las gentes de mi casa.
GarcíaAparta, serrana bella,
el ceño adusto, que entolda
tus miradas hechiceras.
¿Qué haces entre los peñascos
de estas montañas desiertas,
donde el Sol de tu hermosura
tan breve horizonte encuentra?
Ven, abandona conmigo
estas paredes de tierra,
para habitar un palacio
y ver a tus plantas puesta
toda una corte ostentosa,
toda la Navarra entera.
GisbergaSi no me enojaran tanto
vuestras lisonjas molestas,
a fe que reír me harían
tan colosales promesas,
porque tan grandes no fuesen
si fuesen más verdaderas.
Toda Navarra: ¡ahí va poco!
¿Y a quién? ¡A una lugareña!
García¡Ay, serrana, que es tan falso
tu pecho como tu lengua,
y para enviar en palabras
tus pensamientos a ella,
lo que crees y lo que dices
tu astuto corazón trueca!
¿Serrana tú? ¿Tú villana?
Aunque ese sayal que llevas
y esa toca te disfraza,
en vano engañarme intentas;
que no hay serrana que arome
con tal cuidado las trenzas
que en agujas de oro prendes,
y acaso con nácar peinas.
Villana que en los arroyos
se lava y al Sol expuesta
y al aire libre ha pasado
diecinueve primaveras,
no tiene tan transparentes
las manos a torno hechas.
GisbergaTened las torpes palabras
que me indignan y avergüenzan,
o alguno tal vez que puede,
a la garganta os las vuelva.
García¿Quién, el jayán que allá dentro
enciende la chimenea?
¿Con qué? ¿Tal vez con el látigo
con que a los galgos encierra?
GisbergaCaballero!
García ¿O es el otro
que de misterios se cerca,
y aquí entre misterios pasa
su misteriosa existencia,
dando al necio vulgo pábulo
para harto absurdas consejas?
Gisberga¿Qué decís?
García Lo cierto digo.
Toda la comarca entera
ya de vosotros murmura
y de vosotros se aleja.
La misma corte, Pamplona,
ya en vosotros tiene puesta
su atención, y aseguraros
a mí me encarga la Reina.
Gisberga¡Cielos!
García Ahora bien, hermosa,
mi valor y mi nobleza
me han colocado en Navarra
de la Real familia cerca.
Yo te amo, y yo solo puedo,
si no esquivas tal oferta,
librarte de los peligros
que sobre ti se aglomeran.
GisbergaIdos, señor caballero,
y no os fatiguéis la lengua
en promesas ni amenazas
que quien las oye desprecia.
Decís que los que habitamos
esta marañada selva
damos al vulgo que hablar
y que temer a la Reina;
pues bien, la Reina y el vulgo
cuando les plazca que vengan,
y verán desvanecidas
tan injuriosas sospechas.
GarcíaMucho de tu causa fías;
mas ¿sabes que malas lenguas
por espías os delatan
de los moros?
Gisberga ¡Tal afrenta!
¡Espías!
García Tal lo murmuran;
y las nocturnas escenas
que dicen que en este valle
pasan (que serán quimeras),
mas que ante el vulgo ignorante,
que todo mal lo interpreta...
Gisberga¿Qué?
García De magos os acusan,
de quirománticas ciencias
profesores o secuaces...
¡Qué sé yo!
Gisberga Dios nos proteja.
¡Espías y nigromantes!
GarcíaQue son crímenes que llevan
a los unos a la horca,
a los otros a la hoguera.
Gisberga¡Por Dios, señor caballero,
que patrañas tan groseras
los nobles y cortesanos
es imposible que crean!
GarcíaQue aquí un espíritu habite
que impalpable se aparezca
bajo mil formas distintas,
ya en el llano, ya en la vega;
que aquí, con otros espíritus,
nocturnas rondas emprendan,
y otras semejantes fábulas
que cuenta la chusma crédula,
no puede creerlo nadie
que cinco sentidos...




