Zorrilla | Un año y un día | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 463, 130 Seiten

Reihe: Teatro

Zorrilla Un año y un día


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-900-8
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 463, 130 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-900-8
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Un año y un día, de José Zorrilla, es una obra de teatro en tres actos situada en Cabrera, una de las islas baleares. El mar empieza a calmarse después de una tempestad, y la noche va cerrando. Don Pedro aparece bajando por los peñascos a la playa, desde donde contempla el mar, sentándose en una piedra...

José Zorrilla y Moral (Valladolid, 1817-Madrid, 1893) Tras estudiar en el Seminario de Nobles de Madrid, fue a las universidades de Toledo y Valladolid a estudiar leyes y poco después abandonó los estudios y se fue a Madrid. Las penurias económicas le hicieron a vender a perpetuidad los derechos de Don Juan Tenorio (1844), la más célebre de sus obras. En 1846, viajó a París y conoció a Alejandro Dumas, padre, George Sand y Teophile Gautier que influyeron en su obra. Tras una breve estancia en Madrid, regresó a Francia y de ahí, en 1855, marchó a México donde el emperador Maximiliano lo nombró director del teatro Nacional. Publicó un libro de memorias a su regreso a España.
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Acto I


La Escena es en la isla cabrera, una de las baleares. Siglo XVII.

Introducción

Playa desierta en la isla Cabrera. Mar en el fondo. Rocas a la derecha. La acción empieza al anochecer de un día de Junio.

Escena I


El mar empieza a calmarse después de una tempestad, y la noche va cerrando. Don Pedro aparece bajando por los peñascos a la playa, desde donde contempla el mar, sentándose en una piedra.

Don Pedro ¡Esto va malo, Perico!

No es esta vida salvaje

para quien ha estado siempre

entre seres racionales.

Ello es verdad que no habiéndolos

aquí, tampoco hay percances

de escribanos ni alguaciles...,

y esto ¡qué diablo! algo vale.

Aquí nadie me pregunta

ni exige pruebas legales

que acrediten que soy Pedro,

Diego, Juan, Antonio o Jaime;

mi oficio, mi ocupación,

qué casa vivo y qué calle.

Todo eso es verdad, sin duda,

y una ventaja muy grande

para hombres que, como yo,

no gustan de que se hable

mucho de ellos: mis asuntos,

al cabo a nadie le atañen.

Pero ajustando las cuentas

en limpio, y por otra parte

viendo el negocio, es muy duro

que un hombre la vida pase

como un lobo entre las peñas,

los espinos y los árboles,

durmiendo en una caverna,

de peces alimentándose,

y esperando a que la mar

le arroje algo que le cuadre,

presa arrancada a otro pobre

por traidores temporales.

¡Oh, y el de hoy fue cosa horrenda,

hizo noche a media tarde!

Esto va malo, Perico...;

mas de la vista al alcance

flota en el agua un objeto,

dos, tres... ¡Bah! Dios te lo pague,

Levante amigo, que empujas

hacia tierra el oleaje,

Y es un barril... ¡Haga el diablo

que no sea de vinagre,

que a fe que no necesito

ácidos que abran el hambre!

¡Hola, hola, y cómo pesa!

y allí viene un cajón grande

y más allá veo un fardo

y otro barril: ¡oh, santo ángel

de mi guarda! y esto es vino,

y esto pólvora.

Voz en el mar ¡Amparadme,

Santo Dios!

Don Pedro ¡Cielos, qué acento!

Voz¡Ay de mí!

Don Pedro (Mirando.)

Del agua sale:

¡oh, sí, lo veo, es un náufrago!

(Haciendo seña con las manos.)

¡Eh, buen hombre, ánimo; nade

un poco más, y está en salvo!

No me escucha... ¡Oh! se desase

del palo a que se agarraba;

no puede más..., a salvarle

voy, si es que alcanza su vida

hasta que llegue a esperarme.

(Se arroja al mar, y queda un momento sola la Escena.)

Escena II


Don Pedro y Elena

(Pedro trae a Elena desmayada y la pone sobre las piedras.)

Don Pedro Dios quiera que aun sea tiempo

de salvarla... ¡Oh! Hubo un instante

en que temí por los dos,

del agua con los embates.

¡Infeliz! Perdió el sentido

antes de que yo llegase,

y ya, a merced de las olas,

estaba próxima a ahogarse.

Si un sorbo de vino al menos

pudiera hacer que tragase...

¡Vamos a ver!

(Toma una concha, vierte en ella unas gotas del licor que contiene el barril, y se lo hace tragar.)

Elena ¡Ay!

Don Pedro Respira.

Elena¿Dónde estoy?

Don Pedro En un paraje

seguro ya, aunque no ofrece

sobradas comodidades.

Ea, bebed, que ahora es fuerza

reponerse y calentarse,

porque el baño ha sido largo

y peliagudillo el lance.

ElenaY vos, hombre generoso,

que sin duda por salvarme,

vuestras ropas aun mojadas

muestran que al mar os echasteis,

¿quién sois? ¿Que país es éste?

Don PedroContestación no muy fácil

tienen esas dos preguntas,

señora..., mas escuchadme,

aunque no den mis palabras

gran consuelo a vuestros males.

La tierra en que estáis es una

de las islas Baleares.

Elena¡Oh! ¿Cuál de ellas?

Don Pedro La Cabrera.

Pero no hay más habitantes

que nosotros en su suelo,

y no siendo útil a nadie,

rara vez aporta un buque

a sus riberas salvajes.

Ha tiempo había una torre,

de la cual eran guardianes

diez soldados españoles;

mas dos o tres años hace

que un día los degollaron

unos piratas de Tánger.

Por lo que toca al país

os he dicho lo bastante;

y en cuanto a mí, de mi historia

no habrá mucho que relate.

Soy mallorquín: mis negocios

me hicieron al mar lanzarme

de un pescador en un bote,

y el mar me echó a estos lugares.

Un mes ha que estoy en ellos,

y puesto que a ellos llegasteis,

contándoos cómo vivo

no hay para que más os canse.

Elena¡Ay de mí! ¿Conque en tal caso

no hay medio de abandonarles?

Don PedroNinguno, como algún buque

no nos descubra, que pase,

o algún águila marina

de los pelos no nos saque;

lo cual, señora, ya veis

que sería extraño viaje.

ElenaY ¿qué hacer?

Don Pedro Nada; ponerse

en manos de Dios, estarse

noche y día en atalaya,

por si llegar vemos alguien

que nos socorra, y vivir

en soledad agradable,

como allá en el Paraíso

nuestros primitivos padres.

Elena¡Misericordia de Dios!

Don PedroNo está de más invocarle.

Mas decidme (esto, señora,

si es que se puede y os place)

cómo llegasteis aquí.

ElenaUn barco de catalanes,

a cuyo bordo a Mallorca

pasaba desde Alicante,

naufragó, perdido el rumbo

con la borrasca, y salvarme

logré, asida a ese madero,

luchando toda la tarde

con la mar, desesperada

de lograrlo a cada instante.

Esta es mi historia, buen hombre,

Don PedroEa, pues Dios nos depare

buena suerte y buen auxilio.

Entre aquestos peñascales

tengo una mala barraca;

ocupadla, y que descanse

dejad al cuerpo unas horas,

mientras que pongo remate

a la colección de frutos

que la marea nos trae.

Y tiempo hay de discurrir

lo que conviene.

Elena Ayudadme,

que estoy entumida toda.

Don PedroDadme el brazo y animarse,

¡voto va el diablo!

(Éntranse por la derecha, y vuelve luego Pedro solo.)

Escena III


Don Pedro Ea, pues,

heme aquí ya, ¡vive Dios!

en medio de este desierto,

y a la tormenta deudor

de una nueva compañera

que en mi soledad me dio.

Vaya, veamos qué es esto.

¡Hola! Barrica de ron,

un baúl...

(Le rompe con una piedra para abrirle.)

Ropa... Pistolas...

Un collar, un libro, dos,

tres, cuatro... Esto era de un sabio.

Veamos qué libros son:

«Historia de Carlo Magno

y los doce Pares...» ¡Oh,

gran libro! Tomo tercero,

«Comedias de Calderón.»

Siempre que no hablen en...



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