Ali Embark | Siempre será diciembre | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 330, 312 Seiten

Reihe: Gran Angular

Ali Embark Siempre será diciembre


1. Auflage 2018
ISBN: 978-84-675-9607-6
Verlag: Ediciones SM España
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 330, 312 Seiten

Reihe: Gran Angular

ISBN: 978-84-675-9607-6
Verlag: Ediciones SM España
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Sam ha muerto. El mar se llevó sus secretos y ahora solo quedan mentiras y esa sensación de ahogo que todo lo envuelve. Samantha no es ella misma. Jay no sabe lo que hizo. Todos tienen algo que ocultar y cada día que pasa es una cuenta atrás. Mañana quizá sea tarde. Premio Gran Angular 2017

Wendy Davies es el pseudónimo tras el que se encuentran dos jóvenes escritoras: Fátima Embark y Merche Murillo. Su pseudónimo homenajea a la protagonista de su primera novela, Recuerda que me quieres, que está basada en la Wendy de Peter Pan. Ella quería ser escritora y, en palabras de las autoras 'de esta manera es como si todos nuestros libros los hubiera escrito ella'. Fátima Embark (Gran Canaria, 1985). Enemiga del sarcasmo. Ingeniera por error. Librera cuando no está matando monstruos o encerrada en un libro. Cree en el poder de las palabras y le gusta pensar que no llueve eternamente. Desde que conoció a Merche vive con un pie en Nunca Jamás y otro en el País de las Maravillas.  Merche Murillo (Barcelona, 1989). Adicta a los porqués. Alérgica a las etiquetas. Escapista de la normalidad. En constante busca de la magia. Se define como la cuna vacía de Peter Pan, la locura de Alicia y las preguntas del Principito. Cuando conoció a Fátima asegura que vio una golondrina en su ventana. Merche Murillo y Fátima Embark se conocieron gracias a los libros. No son perfectas, ni siquiera son normales. Desde niñas vivieron en un Érase una vez. Las palabras, los quizás y las historias les robaron el corazón y nunca hicieron ningún intento por recuperarlo. Por Navidad tenían por costumbre pedir un escritor, pero debajo del árbol solo encontraban calcetines. Lectoras insaciables, administradoras de Perdidas entre páginas y Divagando entre líneas, se cansaron de coleccionar calcetines y optaron por crear a su propio escritor: Wendy Davies. Actualmente viven dentro de sus libros, aunque de vez en cuando salen para enfrentarse a lo desconocido y comer chocolate. Siempre será diciembre (premio Gran Angular 2017) es su cuarta novela y en ella se sumergieron en el mundo de las mentiras y sus consecuencias.
Ali Embark Siempre será diciembre jetzt bestellen!

Autoren/Hrsg.


Weitere Infos & Material


4
Jayden

Un odio visceral me corroe. Noto su sabor en la lengua. Sabe a dolor, a traición, a decepción. Aprieto los puños. No sé qué me pasa. Tengo miedo. Estoy solo, temblando, y no tengo ni idea de por qué.

Trago saliva y el sabor metálico de la sangre me revuelve las tripas. Me llevo una mano a la boca y me doy cuenta de que tengo el labio partido. También me doy cuenta de que a mi alrededor solo hay oscuridad. Una oscuridad densa, impenetrable, infinita, como el océano. ¿Quién está gritando?

No hay nada bajo mis pies. Estoy volando.

No.

Estoy cayendo.

Cierro los ojos y los vuelvo a abrir. El miedo me paraliza y busco algo a lo que aferrarme, pero no hay nada. Si la muerte tuviera forma, si fuera un lugar, sería este. Yo, solo, en medio de ninguna parte. Condenado.

Distingo una luz que viene y va.

Entonces te veo. Apareces de la nada, ante mí, como siempre has hecho, y no me sorprende. El odio es sustituido por una sensación de paz. Estás tan cerca que podría tocarte.

Pero el momento pasa y todo se resquebraja. Desapareces. Regresa la oscuridad, la nada.

Caigo de nuevo, aunque esta vez tú estás a mi lado. Tus ojos están fijos en mí. Sonríes. Estás sonriendo. Todo a tu alrededor es oscuridad, pero sonríes, aunque en tus ojos solo veo miedo. Es absurdo, porque tú nunca tienes miedo. Cuando tu risa se convierte en gritos, algo me golpea en el pecho. Te sigo oyendo. Intento hablarte, pero no tengo voz. Ya no estás. Algo denso me mantiene inmóvil, el cuerpo me pesa, los brazos no me obedecen y, por más que lo intento, no consigo llegar a ti. No veo nada, solo soy capaz de oír tus gritos.

Son los gritos los que me despiertan, pero no son tuyos. Ya nunca serán tuyos.

No sé en qué momento me quedé dormido, ni siquiera recuerdo cómo llegué a casa. Estoy sudando y el cuerpo todavía me tiembla por la pesadilla. La misma pesadilla otra vez. Intento hacer memoria, intento regresar a aquella noche, descubrir qué pasó. Si es verdad que yo tuve la culpa, si pude haberlo evitado. Pero no hay nada. Solo es un sueño, un maldito sueño al que me aferro cuando consigo salir de la verdadera pesadilla, un sueño que se esfuma en cuanto abro los ojos y vuelvo a la realidad. Una realidad en la que no estás y no quiero estar.

Me pregunto cuánto durará, si alguna vez pasará. En algún sitio leí que, cuando muere alguien cercano, te desorientas tanto que hace que te plantees tu propia vida, pero que siempre debes seguir. No sé cómo cojones se hace eso. Tú sí sabrías. Me dirías que soy una nenaza o alguna chorrada como que la culpa es el alimento de los débiles. Qué fácil, joder. Pero a mí no me lo parece. Soy yo el que sigue aquí cada día, el que no recuerda, el que cayó contigo. Soy el último que te vio aquella noche.

Los gritos de mis padres consiguen que me levante de la cama. Cuando salí del hospital se esforzaban en que no se les notara. Ahora han dejado de disimular.

Me pongo las zapatillas de deporte y salgo de mi habitación. Necesito largarme de aquí. Atravieso el pasillo y bajo las escaleras casi a la carrera, intentando no prestar atención a los alaridos que llegan desde el salón, cuando las palabras de mi padre hacen que me detenga junto a la puerta del recibidor.

–Tenemos que mudarnos.

–¿Mudarnos? –pregunta mi madre–. No me lo puedo creer.

–Claire, es un pueblo pequeño. Los has visto: no van a olvidarlo. Además, él va a marcharse de todas formas, así que solo estaríamos adelantándonos unas semanas. No tenemos por qué pasar por todo esto.

–Mi hijo no mató a nadie.

–¿Qué más da? Ellos ya lo han condenado –dice mi padre.

–¿Que qué más da? ¿Y qué estás haciendo tú?

No quiero seguir escuchando. No quiero que me defienda. No lo necesito, no la necesito, no necesito a nadie. ¿Por qué no se callan? ¿Por qué no puedo moverme? ¿Por qué me duele? Ya estoy acostumbrado, joder. Mi padre siempre ha sido así, ya lo conoces.

–Intento mantener a salvo a mi familia –continúa él.

Mi madre suelta una risotada.

–¿A salvo?

–A salvo, sí. ¿Por qué no intentas entenderme?

–Lo intento. Llevo años intentando entenderte. Lo intenté la primera vez, cuando ese hombre murió y nos tuvimos que ir de Nueva York. Renuncié a todo por ti y no te pregunté nada, jamás te lo eché en cara. Te sentías culpable y lo entiendo. De verdad que lo entiendo, y volvería a hacerlo si me lo pidieras, pero Jayden no tiene la culpa. No vamos a huir.

Se le rompe la voz y yo siento tanta rabia contra mi padre, contra ti y contra mí mismo que le doy un puñetazo al marco de la puerta. El dolor es intenso, pero consigue calmarme al menos durante un instante.

–Claire…

–No, Carl. Esta vez no. En menos de dos meses, Jayden se irá a la Universidad de Columbia y lo único que se llevará de toda esta pesadilla será la muerte de Sam y nuestros errores. No voy a huir, no pienso darles una sola razón. Porque no la tienen. No sé qué pasó esa noche, solo sé que ese chico era como su hermano, y parece que todo el mundo se ha olvidado de que él también lo ha perdido. No vamos a huir. ¿Lo entiendes, Carl? Se acabó el huir.

Nunca se me ha dado bien quedarme quieto, supongo que por eso encajábamos. Recuerdo la vez en la que nos escapamos de clase y nos fuimos a explorar, la bronca que nos echó la directora Francis cuando intenté explicarle que había alguien viviendo dentro de mí, y que si no hacía algo, me robaría el cuerpo. Éramos unos críos, pero nunca se me olvidará tu cara. Te quedaste muy serio y luego me preguntaste cómo se llamaba ese que vivía dentro de mí, como si de verdad te lo creyeras. Fue entonces cuando empezaste a usarlo contra mí. «¿Quién cojones eres hoy, Waller?», me decías cuando no era como tú querías. Y pocas veces lo era. Somos muchas cosas, cambiamos a cada segundo, nos reinventamos. Pero tú no. Siempre fuiste el mismo.

Dudo que llegara a existir alguien en el mundo que realmente te cayera bien, que cumpliera tus expectativas. Siempre me pregunté qué partes de mí te gustaban y cuáles odiabas, y si las partes que te gustaban superaban a las que odiabas. Si de verdad me considerabas tu amigo, si era prescindible. Supongo que nunca lo sabré.

Y te odio por eso. Te he odiado por tantas cosas que he perdido la cuenta, pero esta vez te has pasado, tío. Estoy esperando a que aparezcas y te empieces a partir el culo por lo mal que nos lo has hecho pasar. Porque nada de esto puede ser real. Es una de tus puñeteras bromas de mal gusto. Lo sé, ¿vale? Pero para ya.

Ahora.

Por favor.

Mis padres continúan gritando. Oigo cómo se quiebra lo poco que queda de mi familia y no puedo permanecer quieto. Estoy harto de todo esto. Ese otro que habita dentro de mí se dirige al salón, y sé que me odiarías si me vieras ahora mismo. Estoy lleno de mierda. Tu muerte ha sido mi Metamorfosis, y estoy seguro de que acabaré convirtiéndome en un jodido insecto, arrastrándome por el suelo, deseando que alguien me aplaste. Así sería más fácil, así no tendría que vivir conmigo mismo, así todo acabaría.

Estoy a unos pasos del salón cuando Will me agarra del brazo. Intento desengancharme, pero tira de mí hasta sacarme de casa.

–¡Que me dejes! –le grito cuando bajamos las escaleras del porche.

–Vamos a correr –me dice mi hermano señalando el camino de tierra que bordea la casa.

Me mira, pero no a los ojos. Me pregunto qué estará pensando, si también cree que fui yo. Pero es Will, el de las causas perdidas, el que siempre es capaz de ver el lado bueno de las cosas, así que echo a correr detrás de él y espero a que me diga que no pasa nada, que todo está bien, que esto que siento no será eterno.

Lo odiabas a él y a todo lo que representa, y no te culpo. Yo también lo odiaría si no se tratase de mi hermano. Si no fuera Will. Si no empapase todos mis recuerdos. Si no me sujetase en los momentos en los que tengo la sensación de que la tierra va a desaparecer bajo mis pies. Will es de esas pocas personas que hacen del mundo un lugar mejor, sin esperar nada a cambio, poniendo a los demás por delante de sí mismo. ¿Por qué lo hace? Qué sabré yo, hace mucho que dejé de intentar comprenderlo. Lo único que sé es que preferiría morir antes que hacerle daño, antes que ver la decepción en sus ojos. Puede que no me quede nada, que todos me odien, que el mundo se vaya a la mierda, pero siempre me quedará Will. Tú mejor que nadie deberías entenderme, tienes un millón de hermanos. Tal vez todos piensen que no te importaban, que ni siquiera les diste una oportunidad, pero yo sé la verdad.

Will se detiene en el descampado y se sienta en la vieja tubería de hormigón. Me detengo junto a él y espero a que diga algo mientras los latidos de mi corazón se ralentizan.

Y entonces me suelta. Me suelta. Will. Mi hermano. La última persona que espero que me dé la espalda.

–Nunca te juzgaría –me dice mirándome a los ojos–. No te preocupes por papá y mamá, lo superarán. Ya sabes cómo son.

¿Lo oyes? Es una parte más de mi familia hecha pedazos. Escucha, Sam. Dime que me lo estoy imaginando, que estoy paranoico, que no es verdad.

–Seguro que no fue tu culpa. –Aparta la mirada y se peina con los dedos, como si se hubiese quedado sin palabras. Will sin palabras. Debo de estar volviéndome loco–. Todos sabemos cómo era Sam. Sea lo que...



Ihre Fragen, Wünsche oder Anmerkungen
Vorname*
Nachname*
Ihre E-Mail-Adresse*
Kundennr.
Ihre Nachricht*
Lediglich mit * gekennzeichnete Felder sind Pflichtfelder.
Wenn Sie die im Kontaktformular eingegebenen Daten durch Klick auf den nachfolgenden Button übersenden, erklären Sie sich damit einverstanden, dass wir Ihr Angaben für die Beantwortung Ihrer Anfrage verwenden. Selbstverständlich werden Ihre Daten vertraulich behandelt und nicht an Dritte weitergegeben. Sie können der Verwendung Ihrer Daten jederzeit widersprechen. Das Datenhandling bei Sack Fachmedien erklären wir Ihnen in unserer Datenschutzerklärung.