Anónimo | El sutra del loto | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 392 Seiten

Anónimo El sutra del loto


1. Auflage 2015
ISBN: 978-84-254-3420-4
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

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ISBN: 978-84-254-3420-4
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El Sutra del loto es el texto sagrado más influyente del budismo Mahayana, cuya vocación es acercar el mensaje budista a la población laica. Se caracteriza por su mensaje universalista y la belleza de sus imágenes, símiles y parábolas, que apelan a las emociones y desafían al intelecto. Sus 28 capítulos, que combinan verso y prosa, presentan un universo cósmico, más allá del tiempo y del espacio, en el que el Buda eterno predica la doctrina suprema. Su mensaje es que existe un vehículo único para alcanzar la salvación: la apertura completa a la enseñanza del Buda y la fe en que el estado de Budeidad está al alcance de todos los seres. A partir del siglo xx, con la llegada del budismo a Occidente, El Sutra del loto, cuyo mensaje es capaz de adaptarse e inspirar a los corazones de todas las personas, se ha convertido en uno de los faros espirituales del hombre moderno. El texto originario de El Sutra del loto data de los siglos I-II d.C. y recoge diversos textos sánscritos sobre la enseñanza del Buda. Con la expansión del budismo a Extremo Oriente, esta obra fue traducida, ampliada y comentada, ejerciendo una influencia profunda y duradera en China, Corea y Japón. Para facilitar la lectura espiritual del Sutra, esta edición presenta un texto fluido, sin aparato crítico. Incluye, además, una completa introducción del Dr. Carlos Rubio, experto en historia y cultura de Japón, y un glosario final exhaustivo de términos budistas

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1

INTRODUCCIÓN

Esto es lo que escuché:

Se hallaba una vez el Buda en Rajagriha, en el monte Gridhrakuta, acompañado por una multitud de doce mil prominentes monjes. Eran todos arhats, que habían puesto fin a los desbordamientos y ya no tenían más deseos mundanos, habían logrado lo que obraba en su ventaja, habían dado término a las ligaduras de la existencia, y sus mentes se hallaban en estado de libertad.

Se llamaban Ajnata Kaundinya, Mahakashyapa, Uruvilva Kashyapa, Gaya Kashyapa, Nadi Kashyapa, Shariputra, Gran Maudgalyayana, Mahakatyayana, Aniruddha, Kapphina, Gavampati, Revata, Pilindavatsa, Bakkula, Mahakaushthila, Nanda, Sundarananda, Purna el hijo de Maitrayani, Subhuti, Ananda y Rahula. Y todos eran, como ellos, grandes arhats conocidos por los demás.

También había dos mil personas, algunas de las cuales aún seguían recibiendo instrucción mientras que otras ya habían completado su aprendizaje.

Estaban también la monja Mahaprajapati y sus seis mil seguidoras; y la madre de Rahula, la monja Yashodhara, con sus seguidoras.

Había bodisatvas, ochenta mil en total, ni uno solo de los cuales había retrocedido jamás en su búsqueda de la iluminación suprema y perfecta. Todos habían adquirido dharanis, se solazaban predicando, eran elocuentes y hacían girar la rueda de la Ley que no sabe de retrocesos. Habían hecho ofrendas a inconmensurables cientos y miles de budas; en presencia de diversos budas habían plantado numerosas raíces de virtud; habían sido ensalzados por los budas sin cesar; se habían ejercitado en el amor compasivo; podían entrar en la sabiduría del Buda; se habían internado plenamente en la gran sabiduría y habían llegado a la orilla opuesta. Su fama había circulado por infinidad de mundos, y eran capaces de salvar a incontables cientos de miles de seres.

Y ellos eran el bodisatva Manjushri, el bodisatva Percibir los Sonidos del Mundo, el bodisatva Poseedor de Gran Autoridad; el bodisatva Esfuerzo Constante; el bodisatva Jamás Descansar; el bodisatva Palma Alhajada; el bodisatva Rey de la Medicina; el bodisatva Valeroso Dador; el bodisatva Luna Alhajada; el bodisatva Luz de Luna; el bodisatva Luna Llena; el bodisatva Gran Fortaleza; el bodisatva Fortaleza Incalculable; el bodisatva Trascender los Tres Mundos; el bodisatva Bhadrapala; el bodisatva Maitreya; el bodisatva Acumulación de Joyas y el bodisatva Guía Conductor. Y se encontraban presentes ochenta mil bodisatvas como estos.

En ese momento también se hallaban presentes el rey celestial Shakra con sus seguidores, veinte mil hijos de dioses. Incluso se encontraban los hijos de las deidades Luna Maravillosa, Fragancia Intensa, Fulgor de Joya y los cuatro grandes reyes celestiales, junto a sus seguidores, diez mil hijos de dioses.

También se hallaban los hijos de las deidades Libertad y Gran Libertad y sus seguidores, treinta mil hijos de dioses. Y estaban presentes el rey Brahma, señor del mundo saha, el gran Brahma Shikhin, y el gran Brahma Luz Brillante, y sus seguidores, doce mil hijos de dioses.

Y estaban los ocho reyes dragones: Nanda, Upananda, Sagara, Vasuki, Takshaka, Anavatapta, Manasvin y Utpalaka, cada uno con varios cientos de miles de seguidores.

Y a su vez, los cuatro reyes kimnaras: Ley, Ley Prodigiosa, Gran Ley y Mantener la Ley, cada uno con varios cientos de miles de seguidores.

Y estaban los cuatro reyes gandharvas: Grato, Grato Sonido, Hermoso y Hermoso Sonido, cada uno acompañado de varios cientos de miles de seguidores.

Y también los cuatro reyes asuras: Balin, Kharaskandha, Vemachitrin y Rahu, cada uno de ellos en compañía de varios cientos de miles de seguidores.

Y estaban los cuatro reyes garudas: Gran Majestad, Gran Cuerpo, Gran Plenitud y Tal Como Uno Desee, cada uno con varios cientos de miles de seguidores. Y también estaba el rey Ajatashatru, hijo de Vaidehi, con varios cientos de miles de seguidores.

Cada uno de ellos, después de inclinarse en reverencia ante los pies del Buda, se apartó y tomó asiento a un lado.

En ese momento, el Honrado por el Mundo, rodeado por las cuatro clases de creyentes, recibió ofrendas y muestras de respeto, y fue honrado y alabado. Y en beneficio de los bodisatvas, predicó el sutra del gran vehículo llamado Infinitos significados, una enseñanza para instruir a los bodisatvas, custodiada y conservada en la memoria por los budas.

Cuando el Buda hubo concluido la prédica de este sutra, se sentó con las piernas cruzadas en la posición del loto y entró en el samadhi del origen de los infinitos significados, con el cuerpo y la mente inmóviles. En ese momento, del cielo llovieron flores de mandarava, flores de gran mandarava, flores de manjushaka y flores de gran manjushaka, que se esparcieron sobre el Buda y sobre la gran asamblea, y en todas partes el mundo del Buda se estremeció y tembló de seis maneras distintas.

En ese instante, los monjes, monjas, laicos, laicas, seres celestiales, dragones, yakshas, gandharvas, asuras, garudas, kimnaras, mahoragas, seres humanos y no humanos de la asamblea, como así también los reyes menores y los reyes venerables que hacen girar la rueda y todos los presentes en la gran asamblea, habiendo adquirido lo que nunca antes fuera suyo, se colmaron de alegría y, uniendo las palmas de las manos, contemplaron al Buda con un único pensamiento.

En ese momento, el Buda emitió un haz de luz desde el mechón blanco que tenía en su entrecejo —uno de sus rasgos distintivos— que iluminó dieciocho mil mundos en dirección al este. No había sitio donde la luz no penetrase; hacia el nadir llegaba a los infiernos Avichi, y en dirección al cenit llegaba a los cielos Akanishtha.

Desde este mundo, pudo verse a los seres vivos de los seis senderos de la existencia en todas esas otras tierras. Y pudo verse, asimismo, a los budas presentes entonces en esas otras tierras y se oyeron las enseñanzas de los sutras que exponían tales budas. Al mismo tiempo, se vio a los monjes, monjas, laicos y laicas que se dedicaban a la práctica religiosa y lograban el Camino. También pudo verse a los bodisatvas que, mediante diversas causas y condiciones, y distintas clases de fe y de comprensión, y en diferentes formas y aspectos, llevaban a cabo el Camino del bodisatva. Y también pudo verse a los budas que habían entrado en el parinirvana, y también se vio cómo se erigían torres adornadas con los siete tesoros para albergar las reliquias de los budas, una vez que estos habían ya entrado en el parinirvana.

En ese momento, el bodisatva Maitreya tuvo este pensamiento: «Ahora, el Honrado por el Mundo ha manifestado estos signos asombrosos. ¿Pero cuál es la causa de tales portentos auspiciosos? Ahora el Buda, el Honrado por el Mundo, ha entrado en el samadhi. Es muy extraordinario ver un acontecimiento tan inescrutable como este. ¿A quién debo interrogar al respecto? ¿Quién podrá darme una respuesta?».

Y también tuvo este pensamiento: «Este Manjushri, hijo de un rey del Dharma, ya ha prestado servicio personal y ha dado ofrendas a un incalculable número de budas en el pasado. Con toda seguridad, tiene que haber visto antes estos signos extraños. Ahora he de interrogarlo».

Entonces, los monjes, monjas, laicos y laicas, y los seres celestiales, dragones, espíritus y otras criaturas, todos tuvieron este pensamiento: «Con respecto a este rayo luminoso que irradió del Buda, a esta señal de poderes trascendentales, ¿a quién deberíamos consultarle?».

Por su parte, el bodisatva Maitreya quiso disipar las dudas que inspiraba esta cuestión. Y además, pudo ver lo que había en la mente de las cuatro clases de creyentes —monjes, monjas, laicos y laicas— y en la de los seres celestiales, dragones, espíritus y demás seres que formaban la asamblea. De modo que interrogó así a Manjushri:

—¿Cuál es la causa de estos portentos auspiciosos, estos signos de poderes trascendentales, este gran haz de luz que ilumina las dieciocho mil tierras en dirección al este para que podamos ver allí todos los adornos de los mundos del Buda?

Y entonces, el bodisatva Maitreya, deseando que constara su intención una vez más, planteó su pregunta en verso:

—Manjushri,

¿por qué del mechón blanco

que tiene nuestro líder y maestro entre las cejas

irradia esta potente luz que alumbra todo en derredor?

¿Por qué llueven flores

de mandarava y de manjushaka,

y la brisa, fragante de sándalo,

deleita el corazón de la asamblea?

A causa de ello

cada rincón de la tierra se adorna y se purifica

y este mundo

tiembla y se estremece de seis formas distintas.

En este momento, las cuatro clases de creyentes

rebosan de alegría y de deleite,

en cuerpo y alma se regocijan,

por haber adquirido lo que nunca antes habían tenido.

El haz de luz que irradia de su entrecejo

ilumina la región oriental,

y las dieciocho mil tierras

adquieren el color del oro.

Y de aquí pueden verse,

desde los infiernos Avichi, en lo bajo,

hasta, en lo alto, las Cumbres del Ser,

los diversos...



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