E-Book, Spanisch, Band 2, 310 Seiten
Reihe: Salacious Players Club
Cate Contémplame
1. Auflage 2025
ISBN: 978-84-10070-81-3
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, Band 2, 310 Seiten
Reihe: Salacious Players Club
ISBN: 978-84-10070-81-3
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Sara Cate es una autora de romance contemporáneo y prohibido, superventas del USA Today. Sus historias son conocidas por sus tramas desgarradoras y un erotismo que pone la carne de gallina. Sara vive en Arizona con su marido y sus hijos, y pasa la mayor parte del tiempo trabajando en su despacho con su goldendoodle junto a ella. Contémplame es el segundo título de la autora en Phoebe tras el arrollador éxito de Compláceme en 2025.
Autoren/Hrsg.
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Regla nº 1
No leas los mensajes de tu madre en un club sexual
Garrett
Solo hay tres cosas en esta vida que me tomo muy en serio: correr, los trajes a medida y el sexo.
Esto último lo digo en serio: es mi trabajo. No me refiero a practicar sexo, por supuesto, pero sí a saberlo todo sobre el sexo para que los que asisten a nuestro club disfruten de una experiencia agradable y excitante, tanto si quieren participar como si solo quieren mirar. Debo saber qué pequeños detalles aumentan la excitación, qué los hace sentirse seguros y con ganas de repetir; tengo que asegurarme de no traspasar la delgada línea que separa lo excitante de lo espeluznante y que los eventos funcionen tanto para los hombres como para las mujeres.
En resumidas cuentas: soy un experto en los entresijos del sexo.
Y ahora mismo estoy contemplando a la deliciosa parejita de la habitación siete, que lo están haciendo todo a la perfección: la mujer está esposada a la cama y la tenue luz roja ilumina su piel dorada mientras el hombre, detrás de ella, la embiste con el ritmo ideal para hacerla enloquecer. La escena es sublime, pero me apunto mentalmente girar la cama unos diez grados a la derecha para que los espectadores puedan verles mejor la cara. Lo creas o no, eso es lo que de verdad quiere mirar la gente: el rostro, esa expresión necesitada y hambrienta, un poco atormentada pero sensual.
Fue una buena decisión volver a invitarlos. Los vi hace unas semanas y se me ocurrió que podíamos incentivar a las parejas que atraen público para que vuelvan a alquilar las salas voyeur con un pequeño descuento en la cuota y algunos beneficios vip; a cambio, les pido que utilicen la sala roja, donde durante una hora ella puede sentirse como una escort de lujo que vende su placer al mejor postor.
Esta pareja dio un espectáculo muy sexy: él entró con un traje caro y le dedicó una sonrisa diabólica; ella fingió indiferencia. Fue impresionante y la multitud se entregó sin dudarlo al espectáculo.
Bueno, «multitud» es un término un poco exagerado porque solo había un puñado de gente; una cortina rodea la zona de observación para dar una sensación de intimidad. No puede haber una multitud ante la sala voyeur porque echaría a perder la experiencia: no puedes contemplar algo en privado acompañado de otras cien personas que también quieren contemplar algo en privado. Al fin y al cabo, este es un sitio con clase y no un lugar donde se apelotone una horda de tíos cachondos para masturbarse delante de los demás como si esto fuera un sórdido espectáculo de una tienda porno cutre.
Y ahí es donde entro yo: sé qué regular y qué hacer para que nada se descontrole y para que todo parezca improvisado aunque yo esté siempre vigilando a escondidas entre bastidores.
Hasta ahora, esta noche todo va bien. Hay una mujer sola mirando a través de la ventana, contemplando cómo la mujer de la cama alcanza de nuevo el clímax. Hay una pareja tan cerca el uno del otro que no puedo distinguir si la mano de ella está bajo los pantalones de él o la mano de él está bajo el vestido corto de ella, o las dos cosas, porque el pasillo está prácticamente a oscuras. Aunque quizá deba hacer que bajen un poco la intensidad de la luz roja en la sala porque relumbra contra el metal y distrae. Aparte de eso, el ambiente es perfecto.
El móvil vibra dentro de mi bolsillo, pero no lo cojo; va contra las normas llevar un teléfono aquí o en cualquier otra zona privada del club, y no voy a saltarme las reglas aunque yo sea uno de los propietarios.
De todos modos, la pareja de la sala roja está terminando, así que salgo sigilosamente del pasillo para voyeurs, atravieso la puerta del área privada y voy a la oficina. Una vez en el luminoso pasillo del personal, miro el teléfono.
La notificación dice: «Tienes un nuevo mensaje de mamá».
Maravilloso: un mensaje de mi madre justo cuando acabo de ver a gente follando como loca. Además, me apostaría el testículo izquierdo a que es otra invitación para que vaya con ella y con mi padrastro esta semana a la casa del lago.
Mamá: Deberías venir. Esta semana hace buen tiempo.
Ja. Tenía razón.
Todos los años mi padrastro y ella pasan una semana en la casa del lago, a tres horas de distancia, y todos los años me invitan a ir con ellos. Estaría más predispuesto a aceptar la invitación si la malcriada de la hija de veintitrés años de él no fuera también. Así que todos los años decepciono a mi madre con un «Gracias, pero no», y este año no va a ser diferente. Mia es mi némesis particular; es la niña de los ojos no solo de su padre, sino también de mi madre, y se ha pasado los quince últimos años acaparando su atención y siendo un auténtico dolor de cabeza, y, como ya soy demasiado mayor para todo el rollo de la rivalidad entre hermanos (hermanastros), me limito a fingir que no existe.
—¿Con quién hablas? —me pregunta Hunter por encima del hombro al ver que me he quedado en la puerta mirando el teléfono.
—Con mi madre.
—Qué asco, tío —replica con una mueca—. Desde aquí se puede oír a la gente follando.
—¿Qué? ¿Es raro? —río.
—Supongo que para ti no. Salúdala de mi parte —dice, y desaparece por el largo pasillo que lleva a su despacho.
—No sé si intentas ser amable o eres un pervertido —digo en voz alta hacia el pasillo vacío, y, a lo lejos, oigo reír a Hunter.
Las bromas entre las tres personas con las que dirijo esta empresa y yo son una de las razones por las que me gusta tanto este trabajo. Nos llevamos muy bien y siempre me divierto porque, aunque a veces resulte un poco estresante, nunca se hace pesado ni se vuelve demasiado serio. Justo como me gusta.
Casi olvido que estoy en medio de una conversación con mi madre a través de la aplicación de mensajes, pero la vibración del teléfono en la mano me lo recuerda.
Mamá: Hace años que no vienes al lago.
Siento el aguijonazo de la culpa al pensar en que voy a decepcionarla una vez más, pero estoy muy ocupado con el trabajo y no es tan sencillo abandonar el club durante varios días porque me arriesgo a perder el ritmo y las fuerzas que necesito para que todo funcione bien. Las ideas frescas, los proyectos creativos, los nuevos eventos, los clientes recién llegados y los importantísimos incentivos vip… Todo recae sobre mis hombros, y no puedo arriesgarme a que nada falle ni un solo instante.
Le respondo a mi madre.
Yo: Me lo pensaré.
Mamá: Deberías venir. Mia se aburre sin ti.
Suelto una carcajada. Lo último que debe de sentir mi hermanastra al estar ahí sin mí es aburrimiento; tal vez tranquilidad, o la satisfacción de tener la atención de mis padres sin que yo esté ahí para molestar, eso sin duda. Pero aburrida seguro que no está.
Yo: Suena muy tentador, pero si quisiera que me fastidiaran cada diez segundos, me compraría un gato.
Mamá: Sé amable.
Ja. ¿Amable? Mia y yo no hemos sido amables el uno con el otro desde el día en que nos conocimos hace unos quince años, cuando ella sólo tenía ocho años y yo, veintipocos. En realidad, dada la diferencia de edad, no debería haber sido una relación problemática, pero a medida que Mía iba creciendo, descubría nuevas formas de sacarme de quicio. No es más que una mocosa malcriada a la que le encanta que su presencia me suponga una tortura constante. Por suerte, ya no tiene ocho años y puedo responderle.
Mamá: Además, Paul tiene muchas ganas de verte.
Mierda, ya ha tenido que jugar la baza de Paul. Mi padrastro ha estado entrando y saliendo del tratamiento para el cáncer de vejiga durante los dos últimos años. De repente está muy bien, y al instante siguiente mi madre suelta algo como lo del mensaje y consigue preocuparme. Debería ir más a menudo a verlos para mantenerme informado, pero la vida se interpone siempre.
—¿Nos vemos en el bar? —pregunta Hunter, desviando mi atención del teléfono—. Le toca a Maggie supervisar el club esta semana.
—¿Para ser yo otra vez el único soltero del grupo? Ay, qué divertido. Imagino que Drake habrá venido con su ligue de esta semana.
—Creo que esta semana no tiene ninguno —responde Hunter—. Así que puedes estar con él.
Echo la cabeza hacia atrás y enarco las cejas, esbozando una sonrisa forzada. Drake, el mejor amigo de Hunter y jefe de obras del club, es un mujeriego impenitente, y no va a pasar más de cinco minutos en la mesa antes de que se abra la veda entre las solteras del bar.
Durante más de una década seguimos la tradición de tomar unas copas juntos los jueves por la noche, pero ahora mismo no tengo fuerzas para pasar otra velada rodeado de parejitas. No me hace gracia cancelar la cita, pero es que la dinámica del grupo ha cambiado mucho; cuando Hunter e Isabel se casaron yo todavía tenía a Emerson, pero ahora tiene una pareja estable y es feliz, y me alegro mucho por él y me parece estupendo, en serio, pero cuando abro la puerta del bar que frecuentamos y lo primero que veo es al hombre al que he admirado e idolatrado durante casi una década magreándose con una veinteañera como si estuvieran en la última fila de un cine, me invade la amargura.
—Ya vale, ¿no? —protesto al acercarme a la mesa y encontrarme a mi mejor amigo y a su nueva y jovencísima novia devorando más la boca del otro que los aperitivos que tienen...




