Clift | Los buscadores de loto | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 280 Seiten

Clift Los buscadores de loto


1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-126639-7-6
Verlag: Gatopardo ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, 280 Seiten

ISBN: 978-84-126639-7-6
Verlag: Gatopardo ediciones
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El fascinante retrato de una comunidad de artistas, soñadores y bohemios que convirtieron la isla de Hidra en el campo de pruebas de una vida más libre y sencilla. Al comprar una casa en la isla de Hidra, la escritora Charmian Clift cumplió un sueño largamente acariciado: echar raíces en un puertecito de aguas cristalinas, luz cegadora y costumbres sencillas, lo más parecido a un paraíso en miniatura. Allí, Clift y su marido pronto ocuparon el centro de una comunidad de artistas y bohemios, soñadores y vagabundos que buscaban en Grecia una vida barata y sin ataduras, consagrada a la creación o a la vagancia. Entre ellos destacaría un todavía desconocido Leonard Cohen, al que el matrimonio acogió e inspiró con su ejemplo. Pero, como todo paraíso terrenal, el de Clift tenía un precio. Los días se le iban en poner coto al caos doméstico y en cuidar de sus tres hijos, los ingresos que generaban los derechos de autor eran exiguos, y las tabernas y el alcohol eran una distracción constante. Después de los pobres creativos llegaron los ricos y sus yates, y un buen día una legión de norteamericanos desembarcó en Hidra para rodar una película de Hollywood. Aquel rincón idílico se había convertido en una isla chic. Los buscadores de loto es la crónica apasionante del nacimiento y la disolución de una utopía, de una época efervescente en la que Hidra fue un laboratorio social y artístico en el que experimentar con formas de vida distintas, antes de que el turismo y la modernidad más ramplona interrumpieran un sueño que parecía eterno. La crítica ha dicho... «Bebían y escribían más que nadie, se enfermaban y se curaban más que nadie, maldecían y bendecían más que nadie, y eran de lejos los más solidarios. Fueron una fuente de inspiración.» Leonard Cohen «Prosa auténtica, austera, llena de detalles y repleta de vida.» Diego Gándara, La Razón «La voz de Charmian Clift tiene un encanto y una viveza muy peculiares.» Ignacio Echevarría, El Cultural «Un libro acompañado por un aura de clásico de la literatura de viajes.» Use Lahoz, El ojo crítico «Bello y desafiante.» Toni Montesinos, Cultura/s «Me gusta (muchísimo) Los buscadores de loto por la mirada de Clift y por su versatilidad.» Aloma Rodríguez, abril «Nos hace enamorarnos de la vida en marchas cortas y a velocidad de crucero.» La Voz de Galicia

(New South Wales, 1923-1969) fue una periodista y escritora australiana. Después de la Segunda Guerra Mundial se incorporó al periódico Melbourne Argus. En 1947 se casó con el novelista y curtido reportero de guerra George Johnston, con quien se mudaría a las islas griegas en 1954. Allí, Clift escribió dos libros autobiográficos, Cantos de sirena y Los buscadores de loto, y dos novelas, Honour's Mimic y Walk to the Paradise Gardens. Tras su regreso a Australia en 1964, Clift se convirtió en una firma muy leída y querida gracias a sus columnas semanales en la prensa australiana.
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Recordando a Charmian Clift

La mañana del 9 de julio de 1969 los periódicos de Australia traían en portada la noticia del intento de suicidio, en un hotel de Sídney, de la cantante británica Marianne Faithfull, cuyo novio, Mick Jagger, interpretaba el papel protagonista en una película sobre el legendario bandolero Ned Kelly. En las últimas páginas de las ediciones vespertinas aparecía la noticia de que la periodista Charmian Clift había «fallecido a medianoche mientras dormía, sin que hubiera habido indicios previos de enfermedad».

Al día siguiente, los fans de Clift empezaron a telefonear a la centralita del Sydney Morning Herald y del Melbourne Herald, periódicos en los que, desde noviembre de 1964, ella venía publicando una columna semanal. Invitada en un principio a escribir sobre los cambios que había observado al regresar a su país natal después de vivir una década en una isla griega, la columna de Clift no tardó en adquirir una enorme popularidad. Si bien estas «revoluciones pequeñas y sigilosas» (según las definió Clift en una ocasión) a menudo quedaban muy a la izquierda del mainstream de la opinión pública, la intimidad conversacional de su voz hacía sentir a los lectores que mantenían un trato personal con la autora.

Pese al tacto mostrado por los medios, el público pronto comprendió que Clift se había suicidado. A la mayoría de los amigos y fans de Charmian les resultaba imposible creer que una mujer que parecía encarnar la vida decidiera acabar con ella. (¿No había escrito acaso que nunca llevaba reloj porque siempre le «había parecido que era como llevar la muerte en la muñeca»?)

Aunque el modo en que murió no refleja el verdadero carácter de Charmian Clift, ha servido para alimentar una leyenda que hace que se la recuerde por todas las razones equivocadas. Si bien recientemente se han reeditado algunos libros de Clift (e incluso han sido traducidos al español, al catalán y al griego), existe una industria dedicada a explotar la imagen de Charmian Clift y de su marido, el también escritor George Johnston, como los protagonistas de una tragedia griega, con un elenco de celebridades internacionales entre las que figura Leonard Cohen, y un argumento en el que los rumores sobre antiguas infidelidades se mezclan con historias de trifulcas etílicas y facturas sin pagar, de celos, belleza en declive y (lo peor de todo) el pecado de ser una madre negligente. Por supuesto, la localización es el reclamo principal. La pequeña isla de Hidra, con su anfiteatro de mansiones dieciochescas que abrazan las aguas cristalinas de un pequeño puerto, es el escenario —o, en su defecto, el plató— idóneo para estas sagas.

De hecho, ya lo era en tiempos de Clift.

En Los buscadores de loto (publicado en 1959), donde cuenta su verano en Hidra, la escritora se burla de las estrellas de cine y sus acólitos, que han invadido la isla que en invierno era un refugio para Charmian, George y la pequeña colonia de escritores y artistas extranjeros, y amigos. El título del libro aludía a la famosa frase de Mae West —«¡Pélame una uva!»—,1 que Clift combina en clave irónica con la referencia a los míticos lotófagos que el héroe homérico Ulises encontró repantigados en una isla cubierta de plantas narcóticas. La gran ironía es que ahora Clift y Johnston son retratados exactamente como la clase de parásitos holgazanes que ella tanto aborrecía.

Así, se habla mucho de las visitas de la pareja a la taberna local para beber a mediodía, pero pocas veces se consigna el hecho de que su jornada de trabajo solía comenzar puntualmente al romper el alba. Durante los diez años que pasaron en Grecia, Johnston y Clift escribieron catorce novelas y dos libros de viaje.

La distancia que los separaba de sus mercados, junto con un régimen tributario que les golpeaba simultáneamente en tres países distintos, hacía que las ganancias resultantes de todo ese trabajo fueran precarias. La razón por la que estos escritores se dirigían al puerto a mediodía era la esperanza de que el correo que llegaba a diario a bordo del barco de vapor procedente de Atenas incluyera un cheque. Nadie que disponga de unos ingresos regulares puede comprender lo angustiante que es vivir pendiente de la siguiente liquidación de los derechos de autor, sin saber cómo se están vendiendo los libros. En una ocasión, en Grecia, cuando recibió un pago menor de lo esperado por una novela, Charmian se sentó a llorar en el hueco de la escalera de su casa. «No es la pobreza lo que importa —explicó—, sino la certeza de que uno seguirá siendo pobre.»

En Hidra, al menos, la manera estacional e impredecible de ganarse la vida, propia del escritor, podía ser comprendida por los comerciantes locales. Allí, la pareja pudo vivir como los pescadores de esponjas: comprando alimentos y garrafas de retsina a crédito, a la espera de que llegara su barco. A estas cuentas se añadían las rondas de alcohol que George solía pagar a otras personas, incluidas aquellas que más tarde difamarían a la pareja. A estas alturas, las muestras de resentimiento de una pequeña y claustrofóbica colonia de extranjeros han sido exageradas hasta el absurdo.

Una semana antes de la muerte de Charmian Clift, un debate público acerca de la idoneidad de darle a Mick Jagger el papel de Ned Kelly la llevó a escribir un artículo sobre la icónica representación del héroe popular australiano que había hecho el artista y viejo amigo suyo Sidney Nolan. A lo largo de un invierno salvaje en Hidra, Charmian y George habían pasado muchas noches conversando con Nolan sobre la naturaleza de los mitos. En el artículo ella citaba una conversación reciente en la que el pintor había comentado que una historia se convierte en mito cuando «la gente le insufla pasión, se pone a circular como un guijarro y acaba representando algo básico en la comunidad».

Así pues, ¿qué necesidad básica satisface el mito de los dos escritores australianos que se emborracharon y tuvieron algún que otro escarceo sexual en una pequeña isla griega antes de que la mayoría de nosotros hubiésemos nacido?

Si el retrato de la vida de la pareja al estilo de un artículo de revista de masas fuera un mero entretenimiento, no pasaría nada. Los mismos Johnston y Clift inventaron algunos aspectos de su autobiografía. Pero los mitos contienen moralejas y advertencias. Son una fuerza conservadora que cohesiona a la comunidad al expresar y sostener valores sociales seguros. El mito que se ha construido a partir de las vidas de estos dos escritores sirve para socavar su mensaje político.

El hecho de haber renunciado a sus trabajos estables para mudarse con sus hijos a una isla griega convierte a Charmian Clift y George Johnston en exponentes de un tipo de libertad peligrosa para el entramado social. Mucho antes de que los urbanitas cosmopolitas se apuntaran a la moda de escaparse a un pueblo remoto o a una isla para reformar casas y acudir al mercado local, los Johnston se jugaron el sustento y la vida misma lanzándose a la aventura. No es sorprendente que la moraleja de esta historia presente su huida como un fracaso o incluso como una pesadilla.

Si la muerte de George Johnston por tuberculosis es una sombría advertencia contra la vida en mansiones griegas llenas de humedad, el suicidio de Charmian Clift constituye la confirmación definitiva de que más vale quedarse en casa con una hipoteca y la pensión de jubilación.

La visión mítica de los años que pasaron en Hidra también tergiversa el mensaje de ambos escritores al arrancarlos de su contexto histórico. De hecho, la década de su exilio se cierra con su implicación en la convulsa política de la Guerra Fría y de los años sesenta, ya de regreso en su país natal.

Charmian Clift y George Johnston abandonaron Australia en 1951 como parte de una oleada de artistas e intelectuales que no podían soportar la atrofia cultural y el conservadurismo político de la sociedad presidida por el primer ministro Robert Menzies. En particular, a Clift le dolía el ataque que había sufrido en un programa radiofónico de ABC en el que había criticado la política económica del gobierno. Los artículos de Johnston sobre China habían sido censurados.

Cuando Charmian y George regresaron a Australia en 1964, Menzies aún gobernaba y la sociedad seguía igual en muchos aspectos. De nuevo, ambos escritores fueron abiertamente críticos con el gobierno, pero gracias a la visibilidad que le proporcionaba su columna semanal, fue Clift la que ocupó un lugar más destacado.

A las pocas semanas de que se introdujera la conscripción obligatoria, Clift se opuso a ella. Cinco años antes de la primera moratoria, alzó la voz contra la guerra de Vietnam. Mucho antes de que la palabra «multiculturalismo» se oyera en Australia, defendió a los migrantes. En una época en que numerosos australianos aún se referían a Inglaterra como su «casa», nos recordó que éramos parte de Asia. En apoyo de su amiga Faith Bandler instigó a los lectores a votar SÍ en el referéndum de 1967 sobre los derechos civiles de los aborígenes. Mientras otras personas de su generación despotricaban contra los jóvenes que se manifestaban, recordó a los australianos el derecho a disentir. Se levantó contra el patriarcado. En una sociedad acomodada como la nuestra, preguntó por qué mediaba una brecha tan grande entre ricos y pobres. En cuanto a Grecia, ella misma se condenó al exilio de ese país al oponerse públicamente a la...



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