E-Book, Spanisch, 448 Seiten
Reihe: TBR
Comes Mala bruja nunca muere
1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-19621-54-2
Verlag: TBR Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 448 Seiten
Reihe: TBR
ISBN: 978-84-19621-54-2
Verlag: TBR Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Arantxa Comes nació una noche de Halloween de 1991 en Valencia, aunque Alzira es su ciudad natal. Estudió Comunicación Audiovisual y Creación Literaria. Le encantan las pelis de tiburones, el café sin azúcar y fotografiar el cielo. Pero, ante todo, la literatura. Actualmente, cuenta con varias novelas publicadas, como El don de la diosa, La tierra de la traición, Travesía, Nunca será como siempre o Sugar, entre otras.
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Dos huesos
de melocotón
Las pesadillas persiguen a Nova y enquistan sensaciones que luego ella no puede arrancarse del corazón.
Una luna llena contempla un roble, un bosque, un pueblo, un altar. El eucalipto irrita. Juniper trenza mechones y malos augurios con demasiada fuerza. El cabello de Nova, cada vez más largo, traza un camino hasta los brazos del sacrificio. Recorre la tierra como una raíz más y el humano lo enreda en sus muñecas al igual que una soga. Tira, arrastrando a Nova hasta que sus rostros son casi uno y queda atrapada en esos ojos verdes que, de pronto, se transforman en dorados. En Phasmia, la mielga de lo invisible, la que tiene una diadema de zarzas incrustada en su cráneo y crece hacia la noche como un árbol invertido. Oculta tras un velo de organza que a Nova se le mete en la boca al respirar hondo.
Se asfixia.
Los zarzales se elevan unos metros más y luego se retuercen hasta alcanzar el cuello de Nova, hundiendo las espinas.
¿Dónde encerraste a mi gemela, bruja? ¿Dónde escondes a Dhasmia, la mielga de lo visible?
Nova no responde a las preguntas exigentes de Phasmia. Con la lengua, repasa las mentiras que le cosen los labios. La mielga de lo invisible, encargada de llevarse consigo la memoria de los muertos, podría leerlas en su mente.
Una vibrante campanada se cuela entre los árboles, quebrando la tierra y abriendo el cielo en canal. Dos tañidos más y Phasmia se descompone. También la pesadilla y su voz etérea al decir:
Tu hermana está muerta, y no hay mentira lo suficientemente buena que la resucite.
Nova respira a trompicones cuando se despierta en la cama de su habitación. Valencia amanece. Mira hacia el ventanal y, en el reflejo, sus facciones distorsionadas por las de Phasmia hacen que lance la lámpara de la mesilla contra el cristal. Este resiste a pesar de fracturarse y la porcelana se hace añicos por todas partes. Sus lágrimas también están a punto de partirse en miles, pero aguanta. Tarot maúlla y le lame el sudor de la frente.
Unos segundos después, alguien más se cuela allí, bajando las persianas completamente.
–Nova.
Es Camille, que enseguida la acuna entre sus fríos brazos. Porque el hielo también puede ser suave y reconfortante. La gata sigue en su regazo.
–Llora, Nova.
Muere, Nova.
La bruja no quiere morir llorar. Las campanadas en sus sueños solo anuncian un nuevo día y no su funeral, o el de Juniper, a pesar de que, en alguna parte del enorme edificio donde vive, las cenizas de su hermana pequeña son la prueba irrefutable de que está desaparecida muerta. De que, Phasmia está en lo cierto, sus mentiras no son lo suficientemente buenas.
Pero Nova desconfía de esas cenizas porque no vio arder ningún cadáver.
–Hueles a quemado.
–El amanecer me ha rozado un poquito –susurra la vampira–. ¿Otra pesadilla?
–Siento cómo te hablé el otro día con respecto a... la dimensión humana.
–No te preocupes, hace siglo y medio que dejé de serlo.
Pues lo que en realidad le molesta a Camille d’Agulles es que rechacen quién ha sido siempre, con o sin colmillos, con o sin reflejo, con o sin alma.
Camille es una mala hierba que odia serlo.
–¿Juniper está muerta? –Una pregunta que la bruja ha repetido trescientas ochenta y cinco veces, una por cada día sin su hermana pequeña.
Pero Nova no recuerda su muerte durante aquel ritual en el que asesinó a un humano para invocar a Phasmia y Dhasmia, las mielgas de lo invisible y lo visible. No puede fiarse de una memoria llena de recovecos.
–Eso es lo que vamos a averiguar –intenta animarla Camille–: si el Eje falsificó la información. Aquella noche ocurrieron demasiadas cosas, quedan pocos testigos y... no es la primera vez que se cubren las espaldas.
El Eje de Control Mágico rige la dimensión mágica y vigila la dimensión humana. El Eje de Control Mágico ofrece protección. El Eje de Control Mágico busca la paz entre todas las criaturas, pero con sus normas y siendo capaces de lo peor siempre que sea necesario. Siempre que no sean sus manos las que acaben manchadas. Todo en nombre del equilibrio.
–En fin, siguiente asunto: estás hecha un asco. Date una ducha y, por lo que más quieras, cepíllate esos pelos –le ordena Camille–. Te espero en la cafetería.
–Serás bruja. ¿Esa es tu forma de animarme?
–La bruja eres tú. Me has dicho que apesto a chamuscado, y eso que he venido a salvarte.
–Nadie te lo ha pedido.
–Y tanto que sí. Tus latidos a distancia. Casi me revientan los tímpanos.
–Camille... –Suspira–. ¿Camille?
Ya no está, y Nova no puede añadir que, en realidad, no la ha salvado de nada. Porque sus pesadillas ayudan a enterrar bien hondo aquello que Phasmia busca. La oscuridad tapando más oscuridad. Por eso en ella no cabe nada más.
* * *
«Distinguimos la luz por las sombras que crea». El lema del Eje de Control Mágico, un recordatorio de la importancia del equilibrio. Sorprendentemente, Nova no lo rechaza del todo porque le gustan los contrastes, que nada sea blanco o negro.
La cafetería de la sede valenciana del Eje de Control Mágico es gigante, pero no tiene ni una sola ventana. Debe adaptarse a cualquier necesidad, pues la dimensión mágica alberga todo tipo de criaturas. Nova suele almorzar al aire libre, en el patio de los licántropos. Le caen bien, y a ellos les importa entre poco y nada que deambule por su zona porque, cuando luchas contra ti mismo para que tu lado lobuno antropomórfico no pierda los papeles y se vaya cargando gente a diestro y siniestro, los demás te la sudan bastante. En fin, que es el sitio ideal para tomarte un descanso. La brisa agradable, el cielo despejado, los pájaros que pían libres... Cuando Nova cierra los ojos estando allí, regresa al pueblo donde vivía sobrevivía con su aquelarre. Sin embargo, es algo que no puede disfrutar con Camille porque la luz diurna la desintegraría en cuestión de segundos.
En la barra, pide un café y, mientras un semigigante se lo prepara, hojea un periódico que hay abierto a su lado. La sección de crímenes del Ganzúa informa sobre varios asesinatos perpetrados, supuestamente, por seres infernales. A Nova le sorprende, no es fácil invocarlos. Quiere seguir leyendo, pero el camarero deja el vaso sobre las páginas con un gruñido.
Camille está sentada en una mesa individual, con su taza de sangre y releyendo su manoseadísimo ejemplar de Crepúsculo. Las hojas están subrayadas por decenas de colores, llenas de pósits y apuntes. En la mesa contigua, un licántropo la observa con fijeza, desayunando un plato rebosante de paella con más pollo que arroz.
–Necesito energía –se justifica él cuando Nova se acomoda frente a su amiga con una mueca y el estómago revuelto.
–Cómo echo de menos comer paella –gimotea Camille antes de darle otro sorbo a su bebida.
Inconfundible por la consistencia... y por el rastro que deja.
–Se te ha ensuciado la ortodoncia –le avisa Nova, que luego bebe más café para paliar el revoltijo de olores. Carne. Óxido. Y apenas son las ocho de la mañana.
–¡Joder! –protesta Camille. Deja la novela y se pasa una servilleta por los brackets para descubrir que, efectivamente, tienen un tinte rojizo–. La conversión podría haberme arreglado la dentadura, ¿no? ¿A ti te dio todos esos músculos? –le inquiere al licántropo.
–Menudo estereotipo.
–¿Eres team Edward o team Jacob? –continúa Camille, tan voluble que cualquiera se pierde con sus cambios de conversación.
–¿Otro estereotipo? –insiste él.
–¡Es una pregunta muy seria!
–Soy de Charlie.
–¿Te lo puedes creer, Nova? –se consterna la vampira.
–Te aseguro que no.
Es un grado de surrealismo para el que no está preparada sin haberse terminado el café. O dos más. Aun así, teniendo en cuenta que están a punto de quebrantar unas cuantas normas más, Nova vacía el vaso sin prisas mientras Camille y el licántropo discuten sobre la saga. Tiene su gracia. La bruja se descubre sonriendo. ¿Cuánto hace que no se ríe a carcajadas?
Su aquelarre debería haber sido su familia, aunque no fuera la biológica (menos Juniper, por supuesto) ni la que escogió. Y el hogar es allí donde quieras estar, pero nadie te explica qué ocurre cuando nadie te quiere en él. Esadora Alalliure, su líder, no la soportaba y la castigaba con magia dura. Quizá por sus inseguridades, quizá por su desobediencia, quizá porque no estaba dispuesta a todo, quizá porque ya sospechó que las traicionaría en el futuro. Aquella no era forma de querer a alguien, ¿cómo iba a reír entonces?
–Vuelvo al curro –anuncia el licántropo, que se levanta y coge el plato donde solo quedan huesos limpios–. Ha sido... interesante.
–La mejor conversación de tu vida –se despide Camille de él, guiñándole un ojo.
–Te lo vas a tirar –murmura Nova.
–¿Apuestas?
–Afirmo.
Camille se ríe como Nova no puede sabe, se acaba su bebida de un trago y se retoca una última vez por si quedasen restos de sangre. Los párpados granates, las uñas granates, los labios granates, los colmillos ya no tanto.
–Ojalá vendieran sangre alcoholizada aquí. Voy a...




