de la Luz y Caballero | Obras V | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 66, 340 Seiten

Reihe: Pensamiento

de la Luz y Caballero Obras V


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9007-486-2
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 66, 340 Seiten

Reihe: Pensamiento

ISBN: 978-84-9007-486-2
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Las cartas que se presentan en este volumen de la nueva edición de las Obras de José de la Luz y Caballero datan de sus inicios en la Cátedra de Filosofía del Seminario San Carlos, hasta apenas dos meses antes de su muerte. Su obra epistolar va dirigida a Félix Varela, José Antonio Saco, José Luis Alfonso, José Antonio Echeverría, Benigno Gener, Domingo del Monte, José Podbielski, Jesús Benigno, Manuel Montejo, José de Jesús Romay, Fernando de Peralta, José Giraud y Domingo Arozarena, entre otros, y muestra sus preocupaciones académicas, científicas y sociales, particularmente, en todo lo referido a la educación en Cuba. Cabe destacar también las cartas dirigidas a su madre, Manuela Teresa de Jesús Caballero, de índole más personal. Al final de esta edición, aparece la etapa de sus viajes a Europa y Estados Unidos -de 1828 a 1831- recogidos en su diario (1830-1831), cuyos apuntes describen analogías y diferencias entre pueblos, ciudades y naciones; sus naturalezas físicas y sociales, sus culturas, sus actualidades políticas, sus adelantos científicos, y además, aquellas cotidianidades que en otro viajero hubiesen resultado inadvertidas, pero que en Luz y Caballero hablan de su interés insaciable por percibir y aprehender. La presente edición de las Obras de José de la Luz y Caballero contiene notas provenientes de las ediciones de Alfredo Zayas, Roberto Agramonte y Alicia Conde.

José de la Luz y Caballero nació el 11 de julio de 1800, La Habana, Cuba y murió el 22 de junio de 1862. Fue considerado maestro por excelencia y formador de conciencias, pues engrandeció el sentido de la nacionalidad cubana. El pensamiento de José de la Luz y Caballero se centra en la importancia de ahondar en el conocimiento y la comunicación para fusionar en el hombre la verdad científica con el sentimiento de patriotismo. Sus obras aparecieron en diarios y revistas. Alfredo Zayas se encargó de recoger, en 1890, algunas de sus obras en dos tomos bajo el título de Obras de José de la Luz y Caballero. La mejor síntesis de su vida está resumida en este breve aforismo: 'Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo'.
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10. A JOSÉ CECILIO SILVERA


señor Cecilio Silvera, esquire. Habana.

New York, septiembre 27 de 1828.

«¡Albricias, Chilita, que ya Balbateca llegó a la Meca con felicidad!», dándotelas yo de mí mismo, cosa única en su género; pero me ha puesto usted tan hueco con la celebración de mis anteriores, participándome el succès que han obtenido de haber sido honradas con tan lucido auditorio encerrado en el baño del Cerro como para gozar más (esto huele a orientalismo). Y amén de todo ello, la sed que te quema por leer y leerles mis toscos renglones, que no puedo menos de congratularme contigo de que ya voy a dar principio a la relación de mi tour, y atención, noble auditorio, que la bandurria he templado. Pero ahora me ocurre que tengo que hacerte un encargo, nada menos que de nuestros Varela y Saco, y así, vamos a esto, que es de necesidad, que luego iremos a lo de lujo.

Pues señor, ya vuestras mercedes habrán visto por allá un papel titulado el «Mensajero semanal», que es redactado por ellos: esto basta para que sea bueno. Por supuesto que no tiene nada de contrabando, pues el objeto es publicar un periódico que pueda circular libremente por toda la Isla de Cuba. Así que en los asuntos políticos no acompañan reflexiones ningunas, sino que refieren imparcialmente las noticias de todas partes, cuando están bien comprobadas. En los demás ramos útiles a la agricultura e industria del país, ya eso es otra cosa: entonces sí disertan, como es regular y conveniente. A propos, don Saco (â mon insu)13 insertó en un número aquel artículo sobre el cacao que traduje yo para Pancho. Me alegro, por lo útil que es; pero hubiera querido darle su limazo antes de publicarlo. Pero vamos al caso. ¿Qué será que cuando te escribo a ti tengo un babil intarissable?14 pero it cannot be otherwise for I miss every momento our sabroso chit-chat.15 Si no te has olvidado enteramente de ciertas antiguas relaciones que tuviste con ciertos sujetos, nada menos que de Edimburgo, aunque dichos señores y el hijo de su madre le debamos a su merced algunos malos ratos, creo que podrá usted seguir leyendo en romance delante del auditorio esas dos líneas de la vuelta sin tropezón ninguno y sin que conozcan, por supuesto, que hay nada de gringo y herético en la epístola de tan buen cristiano. Pero iterum aud rem.16 Pues lo que quiero es que se muevan todos los resortes a la mayor brevedad para lograrles una buena suscripción. Excusado es indicarte que lo participarás a Pancho, a Tomás, a Cirilo, a Domingo Herrera, a Pablillo Entralgo, etc., etc. En suma, como yo acostumbro, pasar la voz a toda nuestra gentecita. Cuantas noticias necesites acerca de condiciones de la suscripción, entrega allí del papel, etc., te las suministrará Pancho Suárez (en la botica de San Feliú), a quien verás y darás muy finas memorias mías.

Ahora que me acuerdo, me preguntas en una de las tuyas si una sal que tengo entre mis trastos es ácido oxálico. Creo que debo tenerla, aunque en muy corta cantidad, como también algunas otras sales. Así, pues, para evitar una descripción de la sal dicha, a fin de que no te equivocarás, pídele al mismo Pancho Suárez o a Estévez, por conducto de Pablillo, cuantas, hayas menester.

En cuanto al otro papel de Varela solo (el Compendiador), ése, como tú sabes, ya le dejé yo tu suscripción hecha. Por las infinitas atenciones que le han rodeado, ha demorado Varela su publicación, pero dentro de quince días saldrá a luz el primer número. No puede ser antes porque lleva algunas láminas y se trata de que sean litográficas.

Tanto con respecto a el un papel como al otro, que se lo lleven a su casa a cada suscriptor porque tú bien conoces a muchos de nuestra gente, que no van a buscarlo aunque crujan las prensas anunciando que se despacha en 40 puestos.

Lo acabo a usted a encargos, camarada: los míos propios y los apropiados. Pero no hay más que paciencia y barajar, y soltar algunos ratos los autos y el parladorio, Van-Espen, el maestro López, aliosque ejusdem furfuris,17 que en sentir de nuestro Tomás, son los que más te cuadran ¡Qué panzadas te darás ahora con el libro, descansado en el hueso sacro, las piernas en la mesa republicana, la siniestra en la mejilla y su correspondiente codo en el taburete (porque has de estar como zampado) y la diestra quitando y poniendo en la boca un rico habano de la fábrica de Panchín o de Cabañas! Y luego, en lo más sabroso, se aparece, proh dolor!,18 cierto bulto, quien después de haberte hecho su cuarto con tu padre, te quita la papa de las manos, te hace poner la más matemática corbata, etc. y entrar en la volantica y ¡arrea para allá fuera!... y ¡adiós de mi dinero!...

Pero vamos, por fin, a mi viaje, que te iré remitiendo su relación por partes numeradas, y sea éste el

Número 1

Salimos de New York para Albany el día 17 de julio a las 7 de la mañana en el mejor vapor que cruza el Hudson, nombrado North American, pues aunque nuestro objeto era hacer la travesía en barca de seguridad, como éstas no corren sino un día sí y otro no, dio la casualidad que no le tocaba en el de nuestra salida. Sentilo, no porque tuviésemos el más leve recelo en cuanto a la seguridad de nuestro steamboat, sino porque deseábamos disfrutar de las comodidades de las barcas, que no solo consisten en quitar el miedo a los miedosos, sino también en lo más suave del movimiento y en la mayor esplendidez con que están puestas y servidas.

Llegamos a Albany, distante 145 millas, a las 7 y 20 de la tarde del mismo día, habiendo hecho ocho paradas en otros tantos pueblos en ambas márgenes del Hudson para tomar pasajeros, cuya maniobra se hace en un pestañear porque estas gentes son aún más avaras del tiempo que del dinero.

Entre los pueblos que se encuentran en este tránsito, descuella, a la margen oriental del río y llevando su mismo nombre, uno que ya puede llamarse ciudad, pues cuenta más de ocho mil almas y es paraje de tanto movimiento, que se considera la 3ª del estado en manufacturas y la 4ª en comercio. También merece citarse el paraje que llaman West-Point que, como lo dice el nombre, se halla a la banda occidental, distante 50 millas de New York, célebre por la famosa escuela militar establecida allí y también por la defensa que hizo Washington contra las fuerzas inglesas, debida en gran parte a la situación del lugar, que está naturalmente fortificado por unos murallones elevados más de 300 pies.

Antes de llegar a West-Point, como a 20 millas de New York, se descubre en la misma margen una cordillera notable de precipicios amurallados, materialmente tan lisos a veces como unas paredes bruñidas, de un color entre amarillo de barro y herrumbre bien enmohecida: las llaman las Palisadoes y se extienden como 5 [o 6] leguas, aunque los libros de geografía del país, que en general son excelentísimos, les dan de 7 a 8 leguas (de 20 a 24 millas) ¡pero esta gente, en esto de millas, sea dicho en passant, las echan a millares. Su elevación, desde 15 hasta 550 pies.

Siguen varios fuertes, unos aún existentes, pero sin guarnición, otros arruinados y [de] algunos de los cuales no queda más que el nombre y el área; pero todos a cual más memorables en la historia de la Independencia por las hazañas militares. Apenas se dará un paso en el estado de New York sin que se tropiece con ruinas que recuerden a los americanos las glorias de su patria. En una palabra, es terreno clásico para ellos. Este motivo y el de abultar el volumen del libro, para que valga más money, hacen sin duda que los autores de Guías de viajeros, itinerarios, etc., le acaben a uno la paciencia interrumpiendo a la [sic] del tiempo (porque, eso es aparte, saben describir con exactitud) la descripción geográfica, que es lo primero que le interesa al viajero, particularmente si es extranjero: como que en tal caso no leerá con el mismo interés que un nacional una simple escaramuza o la importante batalla de Bunker Hill. Después, si quiere interesarse en la historia del país, se leerá cuantos anales haya y la obra de Botta y todo cuanto haya; pero encajarle a uno guerras cuando tiene su mente en otra cosa es una honrada majadería.

Y aquí me veo precisado a interrumpir yo también mi descripción, que no sé si es geográfica o lo que es; aunque me parece que, con su disertación al canto, tiene su pedacito de todo y no es nada.

Vuestras mercedes se diviertan y ya está lleno mi objeto.

Y la interrumpo porque ya éste es el pliego 3°, porque mañana sale el barco y son ya las 2 de la tarde, porque aún me quedan dos por escribir y porque... quiero hablarte de otra cosa.

A Domingo Herrera es excusado renovarle mis afectuosos recuerdos: él sabe mejor que nadie lo que siempre, siempre lo debo querer. Dile que aun cuando no entrara en mi plan, que sí entra, el recoger algunas luces sobre mejorar la elaboración del azúcar, bastaría su insinuación para que yo lo hiciera objeto de mi estudio.

Camarada, ahora me acuerdo que se me iba pasando darle a usted la enhorabuena por el aumento de clientela, digo, como que ya tiene usted a su cargo, además de los asuntos de Domingo, que tanto por la persona como por las cosas te proporcionará relaciones, los de Nenninger, etc., que no serán tan proficuos, pero al cabo todo es empezar. Dígame usted si ya estás dispuesto para ser asesor el año entrante; en ese caso, habla con mamá para su oportunidad.

A Nenninger, mil memorias mías y que para diciembre a más tardar voy a Baltimore; que me mande una carta para su hermano residente allí.

Mis...



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