E-Book, Spanisch, 464 Seiten
Reihe: Biblioteca de Filosofía
Floridi Ética de la inteligencia artificial
1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-254-5066-2
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 464 Seiten
Reihe: Biblioteca de Filosofía
ISBN: 978-84-254-5066-2
Verlag: Herder Editorial
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Luciano Floridi es doctor en Filosofía. Es profesor de Ciencias cognitivas en la Universidad de Yale y de Sociología de la cultura y la comunicación en la Universidad de Bolonia. Dirige el Centro de Ética Digital de la Universidad de Yale. Es reconocido en todo el mundo como uno de los autores más relevantes en temas de ética y filosofía de la información, así como uno de los principales expertos en la revolución digital. Ha publicado numerosos trabajos sobre filosofía de la información, ética digital, ética de la inteligencia artificial y filosofía de la tecnología, que se han traducido a los principales idiomas. En 2022 fue nombrado Caballero de Gran Cruz por la Orden al Mérito de la República Italiana por su labor fundamental en el campo de la filosofía.
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Prefacio
La educación, los negocios y la industria, los viajes y la logística, la banca, el pequeño comercio y las compras, el ocio, el bienestar y la sanidad, la política y las relaciones sociales —en resumen, la vida tal y como la conocemos hoy en día— se han vuelto impensables sin la presencia de servicios, productos y prácticas digitales. Quien no se sienta perplejo ante esta revolución digital no ha entendido su magnitud. Estamos hablando de un nuevo capítulo de la historia de la humanidad. Por supuesto, muchos otros capítulos han llegado antes. Todos ellos fueron igualmente significativos. La humanidad antes y después de la rueda, la industria del hierro, el alfabeto, la imprenta, el motor, la electricidad, el automóvil, la televisión y el teléfono. Cada transformación ha sido única. Algunas cambiaron irreversiblemente la comprensión de nosotros mismos, nuestra realidad y nuestra experiencia de ella, con implicaciones complejas y a largo plazo. Por ejemplo, seguimos encontrando nuevas formas de explotar la rueda (pensemos en la rueda de clic del iPod). Del mismo modo, lo que la humanidad logrará gracias a las tecnologías digitales es inimaginable. Como subrayo en el capítulo 1, nadie en 1964 podría haber adivinado cómo sería el mundo solo cincuenta años después. Los futurólogos son los nuevos astrólogos; no debemos fiarnos de ellos. Pero también es cierto que la revolución digital solo ocurrirá una vez, y está ocurriendo ahora. Esta página de la historia se ha pasado y ha comenzado un nuevo capítulo. Las generaciones futuras nunca sabrán cómo era la realidad cuando esta era exclusivamente analógica, offline, predigital. Somos la última generación que la ha vivido.
El precio de un lugar tan especial en la historia es una incertidumbre desbordante. Las transformaciones provocadas por las tecnologías digitales son alucinantes. Es normal que generen una cierta confusión y aprensión, solo hay que echar un vistazo a los titulares de los periódicos. Sin embargo, nuestro lugar especial en esta línea divisoria histórica, entre una realidad totalmente analógica y otra cada vez más digital, también ofrece oportunidades extraordinarias. Precisamente porque la revolución digital acaba de empezar, tenemos la oportunidad de darle una forma positiva que beneficie tanto a la humanidad como a nuestro planeta. Como dijo Winston Churchill: «Nosotros damos forma a nuestros edificios; después, ellos nos dan forma a nosotros». Estamos en la fase inicial de la construcción de nuestras realidades digitales. Podemos moldearlas antes de que empiecen a afectarnos e influir en nosotros y en las generaciones futuras de forma equivocada. No se trata de ser pesimista u optimista. Discutir si el vaso está medio vacío o medio lleno no tiene sentido. La cuestión interesante es cómo llenarlo. Esto significa comprometerse constructivamente con el análisis ético de los problemas y el diseño de las soluciones adecuadas.
Para identificar el mejor camino a seguir para el desarrollo de nuestras tecnologías digitales, el primer paso esencial es una mayor y mejor comprensión. No debemos caminar dormidos hacia la creación de un mundo cada vez más digital. El insomnio de la razón es vital porque su sueño genera errores monstruosos, a veces irreversibles. Comprender las transformaciones que se están produciendo ante nuestros ojos es esencial si queremos dirigir la revolución digital en una dirección que sea socialmente preferible (equitativa) y medioambientalmente sostenible. Esto solo puede hacerse mediante un esfuerzo colaborativo (Floridi, en prensa). Así pues, en este libro ofrezco mi contribución compartiendo algunas ideas sobre un tipo de tecnología digital, la inteligencia artificial (IA) y la cuestión específica de su ética.
El libro forma parte de un proyecto de investigación más amplio sobre las transformaciones de la agencia (la capacidad de interactuar con el mundo y aprender de él para alcanzar un objetivo) que devinieron con la revolución digital. Al principio pensé que podría trabajar tanto sobre la IA —entendida como agencia artificial, el tema de este libro— y la agencia política —entendida como agencia colectiva apoyada e influida por las interacciones digitales—. Cuando me invitaron a dar las Ryle Lectures en 2018, intenté hacer exactamente esto. Presenté ambos temas como dos aspectos de una misma transformación más fundamental. Los organizadores y los asistentes me dijeron, quizá amablemente, que no fue un fracaso. Pero, personalmente, no me pareció un gran éxito. Y no porque la ética de la inteligencia artificial y la política de la información desde un único punto de vista agencial no funcionase, sino porque funciona bien únicamente si estamos dispuestos a saltarnos los detalles, priorizando la amplitud de miras sobre la profundidad. Esto puede estar bien en una serie de conferencias, pero abarcar ambas temáticas en una sola monografía de investigación habría dado lugar a una obra de menor atractivo que este libro. Así que, siguiendo el perspicaz consejo de Peter Momtchiloff de Oxford University Press, decidí dividir el proyecto en dos: este libro sobre la ética de la IA y un segundo libro sobre la política de la información. Este es el lugar adecuado para que el lector sepa dónde localizar ambos libros dentro del proyecto más amplio.
Este libro es la primera parte del cuarto volumen de una tetralogía que incluye The Philosophy of Information (Floridi, 2011), The Ethics of Information (Floridi, 2013) y The Logic of Information (Floridi, 2019d). Comencé etiquetando la tetralogía Principia Philosophiae Informationis no como una muestra de arrogancia sin límites (aunque bien podría serlo), sino como un juego de palabras interno entre algunos colegas. En una especie de competición de remo, bromeé diciendo que ya era hora de que Oxford alcanzara a Cambridge con un marcador de 3 a 0 en el número de «principias» en su haber. No fue un juego de palabras que muchos encontraran divertido o incluso inteligible.
Dentro del proyecto Principia, este libro ocupa un lugar intermedio entre el primer y el segundo volumen (no muy diferente del volumen tres), porque la epistemología, la ontología, la lógica y la ética contribuyen al desarrollo de las tesis que presentaré en los capítulos siguientes. Pero, como el lector podría esperar, todos los volúmenes están escritos de forma independiente, por lo que este libro puede leerse sin necesidad de conocer nada más de lo que yo haya publicado. Aun así, los volúmenes son complementarios. Las ideas esenciales del primer volumen son relativamente sencillas: la información semántica son datos bien formados, significativos y veraces; el conocimiento es la información semántica relevante adecuadamente justificada; los seres humanos son los únicos organismos informacionales conocidos conscientes y capaces de procesar significado que pueden diseñar y comprender artefactos semánticos; desarrollando así un conocimiento creciente de la realidad y de sí mismos, almacenado como capital semántico; y la realidad se comprende mejor como la totalidad de la información (nótese aquí la ausencia crucial de «semántica»).
Con este telón de fondo, el segundo volumen investiga las bases de la ética de organismos informacionales (los inforgs) como nosotros, que prosperan en entornos informacionales (la infoesfera)1 y son responsables de su construcción y bienestar. En resumen, el volumen dos trata sobre la ética de los inforgs en la infoesfera, que experimentan cada vez más la vida como onlife (Floridi, 2014b) —es decir, tanto online como offline, tanto analógica como digital—. En un movimiento kantiano clásico, nos desplazamos desde la filosofía teórica a la filosofía práctica (en el sentido de praktischen, no en el sentido de útil o aplicada). El tercer volumen se centra en la lógica conceptual de la información semántica como modelo. Este tema está relacionado con el análisis epistemológico de The Philosophy of Information. En la medida en que el volumen se centra en la lógica conceptual de la información semántica como modelo, ofrece un puente hacia el análisis normativo que se ofrece en The Ethics of Information.
El tercer volumen trata, entre otras cosas, de los deberes, derechos y responsabilidades asociados a las prácticas poiéticas que caracterizan nuestra existencia —desde dar sentido al mundo hasta cambiarlo de acuerdo con lo que consideramos moralmente bueno y normativamente correcto—. A modo de bisagra entre los dos libros anteriores, el tercer volumen cimenta las bases para el cuarto volumen, The Politics of Information, del cual este libro es la primera parte. Aquí, el construccionismo epistemológico, normativo y conceptual desarrollado en los volúmenes anteriores apoya el estudio de las oportunidades de diseño de las que disponemos. Se trata de oportunidades para comprender y dar forma a lo que yo llamo «el proyecto humano» en nuestras sociedades de la información, mediante el diseño adecuado de nuevas formas de agencia artificial y política. La tesis clave de este libro es que la IA es posible gracias a la disociación de la agencia y la inteligencia, de ahí que la IA se entienda mejor como una nueva forma de agencia, pero no de inteligencia; así, la IA constituye una revolución asombrosa, pero en un sentido pragmático y no cognitivo,...




