E-Book, Spanisch, 102 Seiten
Gandin Lecciones de fútbol. El centro del campo
1. Auflage 2016
ISBN: 978-1-68325-104-0
Verlag: De Vecchi Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Táctica, visión de juego y liderazgo en la zona clave del equipo
E-Book, Spanisch, 102 Seiten
ISBN: 978-1-68325-104-0
Verlag: De Vecchi Ediciones
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* Pelé y Di Stefano, Maradona y Platini, Falçao y Del Piero, Rivera y Mazzola, ¿qué tienen en común estas estrellas del fútbol? Todos ellos son centrocampistas y forman parte de la historia de este deporte. * El centrocampista es el alma del equipo: el medio, el jugador que con su trabajo oscuro destruye el juego del contrario; el organizador de juego, que es la referencia de todos los jugadores en el centro del campo y conduce el juego; el centrocampista exterior, siempre dispuesto a moverse con rapidez; el media punta, la estrella que con una jugada es capaz de decidir un encuentro. * El centrocampista, más que cualquier otro jugador, es el que debe poner en práctica las órdenes del entrenador, los esquemas de juego y las tácticas más adecuadas para ganar un partido. * Con la ayuda de fotos y esquemas, aprenderemos en esta obra la técnica y la táctica del centrocampista. El autor nos explica con todo detalle el desarrollo de las acciones más propias del centrocampista. * Y todavía hay más: todos los esquemas de juego (4-4-2, 5-3-2, 3-4-3, etc.), la metodología de trabajo, la preparación física y el entrenamiento, con ejercicios prácticos de gran utilidad.
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EL EQUIPAMIENTO
El fútbol es, desde siempre, un deporte popular porque enardece pasiones, exalta el apego a unos colores y aglutina a una ciudad, incluso a una nación, alrededor de un equipo. El fútbol, promovido y elevado a la categoría de gran espectáculo y de gran negocio por los europeos y los latinoamericanos, consigue atraer a las masas, ante todo, porque, a pesar de esta posición dominante en el panorama competitivo mundial, cuesta poco y no requiere material ni equipo especial. Para delimitar un primer terreno de juego es suficiente un pequeño solar. También podría ser un patio, una pequeña plaza o una playa, pero, hoy en día, las normas de convivencia civil son más severas y no permiten ni a los niños ni a los jóvenes jugar allí donde desearían, como les ocurría a sus padres, sobre todo si se tiene en cuenta que el tráfico automovilístico ha hecho muy peligrosas las calles, en las que los chicos corrían detrás de una pelota sin ningún cuidado. Tampoco hay que hacer demasiado gasto. Para jugar es suficiente el equipo básico: camiseta, pantalones cortos y mallas para calentar los músculos en la época de frío y medias (figura 15). Como mucho, es recomendable la utilización de espinilleras para las piernas, sujetas debajo de las medias y constituidas por una superficie rígida de plástico y un relleno interior de goma o material sintético (fig. 16), y, si es necesario, de protectores para los tobillos, en forma de vendajes rígidos o de elementos acolchados.
A pesar de que pueda parecer excesivo, la protección de los tobillos es necesaria. De hecho, los modelos de botas modernos se cortan por debajo de la articulación.
Las botas son la herramienta básica de la indumentaria de un futbolista. El otro elemento igualmente indispensable para jugar es, naturalmente, el balón. Veamos cómo hay que equiparse.
Las botas
Es conveniente prescindir de cualquier tipo de calzado que pueda ser útil para la preparación atlética —como el que tiene la suela y el empeine acolchados— y limitarse a las botas específicamente pensadas para el fútbol, las cuales deben ser cómodas y cumplir con un requisito: tener una forma que asegure la estabilidad del jugador, sea cual sea el estado del terreno, y que mejore la sensibilidad del pie, un factor decisivo para lograr un buen control del balón. No es una casualidad que los brasileños sean famosos por jugar torneos con los pies desnudos en la playa de Copacabana.
El calzado para el fútbol es ligero (figura 17), se ajusta al pie y está provisto, en la parte anterior del empeine, de un suave protector para los dedos, destinado a mejorar la sensibilidad de la extremidad, además del sólido refuerzo de cuero típico de los antiguos modelos de botas (figura 18), cuando —al menos así se cuenta— los profesionales preferían un número menos que el de sus zapatos de calle y, para alargarlas hasta la medida deseada, las sumergían en agua caliente después de habérselas calzado.
Tal vez estas costumbres nos hagan sonreír. Pero, en cambio, no se puede bromear en cuanto a los aspectos reglamentarios. La suela, marcada por unas tiras y provista de tacos (fig. 19), es la parte que caracteriza a las botas de fútbol (llamadas también ) y puede resultar un instrumento peligroso si se transgreden las normas de seguridad dictadas por la Federación.
Tres son las normas que deben respetarse:
1.Las tiras pueden ser de cuero o de goma, transversales y planas; con una anchura mínima de 12,7 mm y con los bordes redondeados, tienen que extenderse a lo largo de toda la anchura de la suela.
2.Los tacos recambiables, acoplados en las suelas, pueden ser de cuero, goma, aluminio, plástico o materiales similares y homologados, y tienen que ser macizos. A excepción de la parte que constituye la base, que no podrá sobresalir de la suela más de 6 o 6,35 mm, los tacos tienen que ser circulares (por lo tanto lisos), con la punta lisa, redondeada en los bordes y de un diámetro que no debe ser inferior a 12,7 mm, la medida mínima a la que tiene que ajustarse el diámetro de la extremidad que sobresale en el caso de los tacos de forma cónica. Están prohibidas, por tanto, las puntas afiladas. Si los tacos recambiables se fijan a unas láminas metálicas, estas tienen que estar incorporadas a la suela y cada tornillo debe formar un solo cuerpo con el taco que sujeta. No se permite, además de la lámina para atornillar los tacos, ningún otro tipo de placa metálica, aunque esté recubierta de cuero o goma, ni tampoco los tacos fileteados que se atornillan a una tuerca fijada en la suela, ni los que, a excepción de la base, tengan salientes de cualquier tipo.
3.Los tacos fijos, que están moldeados de manera que son parte integral de las suelas, y por tanto no recambiables, tienen que ser de goma, plástico, poliuretano o materiales blandos parecidos. No tiene que haber menos de diez en cada suela y el diámetro no puede ser inferior a 10 mm (fig. 20).
Aclaradas la forma, la consistencia y la anchura de los tacos (los recambiables son por lo menos, seis por suela, aunque hay empresas de fabricación que han añadido el séptimo a la altura del pulgar para mejorar el equilibrio del jugador), hay que preguntarse cuál debe de ser la longitud de estos elementos salientes.
Se pueden encontrar de 6, de 12, y de 18 mm.
Estas tres medidas garantizan la estabilidad del futbolista en función de las condiciones del terreno; cuanto más blando sea este, más largos deberán ser los tacos, y viceversa.
Si nos equivocamos en la elección de los tacos (o no los cambiamos cuando se han gastado demasiado), se corre el riesgo de moverse con poco equilibrio y aumentar la posibilidad de lesionarse seriamente. Una rápida inspección del campo antes de empezar el partido no es nunca una pérdida de tiempo.
En los campos de entrenamiento y en los artificiales se utilizan también calzados con suela irregular, o bien recubierta de pequeños elementos de goma, que hacen la función de los tacos y facilitan, así, la adherencia a la superficie (fig. 21).
En los campeonatos de categoría benjamín (de 8 y 9 años) y alevín (de 10 y 11 años), se permite la utilización de zapatillas de tela, un tejido muy adecuado para mejorar la sensibilidad del pie y aún más ligero que el cuero, idóneo para la edad de estos jugadores así como para favorecer una mayor transpiración.
Cuando los pies están muy a gusto suele decirse que los zapatos son «cómodos como guantes». Sin embargo, en ciertas ocasiones ni siquiera el producto de un trabajo cuidadoso es suficiente para evitar la formación de ampollas en los pies, sobre todo si no se han atado bien las botas antes de jugar. En este caso, los expertos aconsejan untar el pie con vaselina (igual que se hace en la montaña, antes de esquiar o de caminar).
Las botas de fútbol requieren el mismo cuidado, si no mayor, que los zapatos que llevamos diariamente cuando no hacemos deporte. Durante el juego sufren golpes, presiones y roces, se mojan, retienen la hierba y el barro. Maltratadas en la competición, hay que tratarlas bien después de habérselas quitado.
Con un cepillo y agua limpia se quitan las incrustaciones. Después, se ponen a secar en un lugar a buena temperatura, pero nunca cerca de una fuente de calor (radiador, estufa o chimenea) porque la piel podría encogerse, secarse o estropearse.
Cuando están secas, es conveniente lustrarlas o aplicarles una capa de grasa para proteger y mantener suave el empeine, que así durará mucho más. Los más cuidadosos incluso les ponen una horma.
Un aficionado debe conocer de memoria estas pequeñas obligaciones. En los clubes profesionales hay un encargado de tener en orden la vestimenta de los jugadores (el utillero), pero no faltan futbolistas que se ocupan de sus botas: uno de estos fue Ruud Krol, líbero del Nápoles durante muchos años, y antes defensor de aquella magnífica selección de Holanda que acabó dos veces en segundo lugar en los Campeonatos del Mundo, de 1974 en Alemania y de 1978 en Argentina.
El diseño de los años noventa ha traído un toque de frivolidad incluso a la confección de las botas de fútbol. Ya fuesen de realización artesanal o industrial, estábamos acostumbrados a las botas rigurosamente negras, como mucho adornadas con bandas o símbolos distintivos de la marca.
Pues bien, desde hace algunas temporadas se ha modificado esta tradición con el lanzamiento de nuevos colores: en un primer momento creó en todos una cierta sorpresa ver al entonces jugador del Milán Marco Simone corretear con botas blancas, a su compañero de equipo, el liberiano George Weah, con otras rojas y al entonces jugador del Atalanta Gigi Lentini con unas azules, sólo por citar algunos jugadores de categoría internacional. Una simpática, y probablemente eficaz, ocurrencia publicitaria, pero que no convertirá nunca a un penco en un campeón. Cenicienta sólo ha habido una.
El balón
Es la bola mágica de nuestros hijos, dentro de la cual ruedan sus sueños de gloria. Los jóvenes cogen confianza muy pronto...




