Giussani | ¿Se puede vivir así? | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 122, 402 Seiten

Reihe: 100xUNO

Giussani ¿Se puede vivir así?

Un acercamiento extraño a la existencia cristiana
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-1339-491-6
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Un acercamiento extraño a la existencia cristiana

E-Book, Spanisch, Band 122, 402 Seiten

Reihe: 100xUNO

ISBN: 978-84-1339-491-6
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Las conversaciones que recoge este libro son diálogos vibrantes que nos permiten descubrir la vida como vocación. Reproducen un año de encuentros entre el autor, Luigi Giussani, y un centenar de jóvenes decididos a comprometer su vida con Cristo en una forma de dedicación total que la Iglesia llama «virginidad». Un libro en el que el genio del autor brilla especialmente, en un recorrido humanamente razonable y atractivo a través de los conceptos principales que describen la existencia cristiana: fe (libertad, obediencia), esperanza (pobreza, confianza) y caridad (sacrificio, virginidad). «En este camino, a medida que lo recorráis, estáis destinados a encontrar, a descubrir y a comprender aquello para lo que está hecha vuestra vida. Por eso es razonable empezar, porque es razonable todo lo que corresponde al deseo de la vida».

Luigi Giussani (1922-2005), sacerdote milanés, es el fundador del movimiento eclesial Comunión y Liberación. Cursó sus estudios en la Facultad de Teología de Venegono, donde fue profesor durante algunos años. En los años cincuenta abandonó la enseñanza en el seminario para dar clases en un instituto de enseñanza media de Milán, el Liceo Berchet, donde permaneció hasta 1967. Desde 1964 hasta 1990 enseñó Introducción a la Teología en la Universidad Católica del Sacro Cuore de Milán. Educador infatigable, Giussani publicó en el transcurso de su vida numerosos ensayos, pues como él mismo dijo, «sólo a través de la educación se construye un pueblo como conciencia unitaria y como civilización». En particular quiso mostrar «la razonabilidad y utilidad para el hombre moderno de esa respuesta al drama de la existencia que lleva por nombre 'acontecimiento cristiano'», ofreciendo dicha respuesta «como sincera contribución para una verdadera liberación de los jóvenes y de los adultos». Como reconocimiento a su labor, en 1995 recibió el Premio Nacional para la Cultura Católica y, en diciembre de 1997, su libro El sentido religioso fue presentado en la ONU. Falleció en Milán el 22 de febrero de 2005. Siete años después, el 22 de febrero de 2012, se presentó la petición de apertura de su causa de beatificación y canonización, que fue aceptada por el Arzobispo de Milán. Encuentro ha publicado casi todas sus obras en español.
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INTRODUCCIóN. CUANDO EMPEZAR ES RAZONABLE

Hoy empezáis algo que todavía no conocéis. Por eso es justo comenzar pidiendo a Dios que nos ayude, porque se trata de un camino que no conocemos. Puede que sintáis un deseo confuso de este algo nuevo, pero no es suficiente; por tanto es necesario pedir que el deseo se vea iluminado y secundado. Pero, si no conocéis todavía este camino, si no conocéis lo que empieza en vuestra vida, ¿por qué empezáis? A ver, si no lo conocéis, ¿por qué lo empezáis?

Porque lo que he visto hasta ahora es suficiente para empezar1.

A mi parecer es una respuesta muy justa y razonable, pero quizá se podría describir o puntualizar en términos aún más claros, más conscientes formalmente. Lo que él ha dicho puede querer decir: «Ha habido algo por lo que he querido empezar». Y, a mi entender, ésta es justamente la respuesta: es la suya, pero simplificada. Empezamos algo que no conocemos. ¿Por qué lo empezamos? Porque ha habido algo por lo que nos sentimos motivados a empezar.

Este «algo», ¿qué ha sido? Para mí, ya lo sabéis, fue mi maestro de quinto de Básica, centurión de la milicia, quien preconizó que sería cardenal. Se acercó a mi banco, yo estaba en la primera fila, y me dijo: «Oye, tú eres inteligente, si vas al seminario y estudias para ser cura, ¡te harán cardenal!». Así empezó para mí la razón por la que tomar este camino (está claro que no por el cardenalato, que ni siquiera sabía qué era...). Dios a veces es hasta guasón —aquella vez realmente lo fue— porque yo nunca había pensado en ello; mi pobre padre era un socialista empedernido y contrario, mi madre era una pía mujer de pueblo que, enseguida, se sintió dudosamente feliz, pero yo quise ir con insistencia aunque nunca se me había ocurrido antes: ¡ni siquiera iba al oratorio!2

Del mismo modo a cada uno de vosotros os ha sucedido algo: habéis tenido un encuentro. La palabra encuentro es la que describe más genéricamente ese suceso y es, por tanto, la más útil para expresar todos los casos, porque también lo que me pasó con mi maestro Fossataro en quinto de Básica fue un encuentro: había estado con él todo el año, y sólo hacia el final de curso tuvo lugar aquel encuentro.

Cada uno de vosotros ha tenido un encuentro, algo por lo que habéis dicho: «Empiezo». Este «algo» puede haber sido un grito de don Giorgio, el ejemplo de algún amigo o amiga vuestra, un pensamiento que habéis tenido; pero no tanto un pensamiento, sino la reacción ante alguna cosa, bonita o fea, portadora de muerte o de vida, de alegría o sufrimiento.

¿No estáis de acuerdo en que no hay ninguno de vosotros que esté aquí a quien no le haya pasado algo que le ha hecho decir: «Empiezo»? Algo... Y por eso, aun no conociendo ese «algo», aun no sabiendo el camino, lo habéis emprendido. Pero también porque debéis admitir que ésta es una norma general: antes de conocer algo, para poderlo conocer, hay que empezar.

Pero aquí no se trata de simple curiosidad, ni tampoco de una investigación científica. Se trata de dedicar la vida, se trata de un compromiso de por vida y, por tanto, no puede tratarse de una simple hipótesis: «Veamos si...». Es algo más que «veamos si...», se trata de algo persuasivo, una persuasión que aparece a lo lejos. Es como entender que ahí dentro debe existir, que existe, algo hermoso, justo; percibir que allí dentro hay una plenitud que encontrar, aunque no se sepa explicar las razones de ello. Y entonces uno empieza, decide empezar; no por curiosidad, ni tampoco por una investigación científica, no por un «veamos si...», sino porque ahí dentro debe estar la respuesta, tiene que estar ahí.

Fijaos, me acuerdo del 2 de octubre... El maestro me había hablado de ello a primeros de junio o a finales de mayo y el 2 de octubre de aquel año de 1933 (¡pensad en qué rincón del corazón de Dios estabais vosotros!), hice mis maletas y paquetes y me fui con mi madre al seminario. Pero, ¡quién habría imaginado aquella tarde —en aquel inmenso dormitorio donde por la noche estábamos 150 acostados— la discusión entre mi madre y la madre del compañero de al lado a propósito de si era mejor poner el edredón o una manta ligera! «A primeros de octubre todavía hace calor», dijo la otra, y mi madre respondió: «No, yo creo (¡y tenía razón mi madre!), creo que ya hace fresco». Y me puso el edredón; ¡menos mal que me puso el edredón! Después nos reunimos todos por la noche y a mí me entraron ganas de llorar. Ya no me acuerdo si lloré o no; pero años después sí que lloré, cuando me fui de mi casa con cinco años más. ¡Y pensar lo que ha nacido desde aquel día, todo lo que ha surgido...!

Realmente la vida no es nuestra. No, ¡no escribáis eso, es un error! La vida es algo nuestro, pero su consistencia, su desarrollo, no es nuestro, aquello de lo que está hecha nuestra vida no nos pertenece. La vida es tuya, pero aquello de lo que está hecha no es tuyo. No eres tú quien decide cómo debe ser la jornada de mañana; te puede suceder cualquier cosa... Como aquel año en el que había un compañero mío, que procedía de un pueblo del lago Maggiore, por quien sentía un gran afecto; todavía me acuerdo que se llamaba Edo, Edo Malnati (teníamos diez años). Enfermó de improviso, una tisis fulminante, y en un mes murió. «La vida es mía»; pero no lo es su discurrir, entonces no podía razonar así; pero uno lo siente así, incluso sin razonar de este modo. También vosotros emprendéis este camino sin razonar el porqué y el cómo, pero sintiendo, sintiendo algo que es para vosotros.

En este sentido el gesto que estáis haciendo no tiene un valor hipotético, es decir, no es un «veamos si...», sino que es profundamente razonable, porque lo que entendéis que debe haber aquí dentro es algo que corresponde profundamente a la existencia de vuestro corazón, a la sed y hambre de vuestro corazón, al destino de la vida. Por eso os vincula; lo que hoy empieza os vincula a la orilla última en la que atracaréis vuestro barco cuando llegue la hora; pero os vincula también al mundo entero, en el que penetraréis cada día más; porque la necesidad de penetrar cada vez más en la relación con la gente, con toda la gente que encontréis, es una característica de este camino: primero con los más cercanos, pero luego a través de los cercanos, con los cercanos de los cercanos, y luego con los cercanos de los cercanos de los cercanos... seguid ensanchando el círculo, ensanchad el círculo hasta llegar al mundo entero. Es el abrazo al mundo, una pasión por el mundo.

En resumidas cuentas, la razón por la que empezáis no es algo hipotético, justamente porque estáis comprometiendo vuestra vida en ello, estáis poniendo en juego vuestra vida, y la vida sólo se puede poner en juego cuando se intuye o se presiente una respuesta a lo que la vida quiere: la vida está hecha para la felicidad. En este camino, a medida que lo recorráis, estáis destinados a encontrar, a descubrir y a comprender aquello para lo que está hecha vuestra vida. Por eso es razonable empezar, porque es razonable todo lo que corresponde al deseo de la vida.

Desgraciadamente hay muchos de vosotros que ni siquiera habéis leído el primer volumen de la Escuela de Comunidad3; sin embargo, la Escuela de Comunidad4 nos ha entrenado —o nos debería haber entrenado— y preparado para este paso. La Escuela de Comunidad no está hecha para quienes tienen la vocación a la virginidad; pero no hay nada que prepare mejor al camino de la vocación a la virginidad que la Escuela de Comunidad.

Es razonable que hoy hayáis empezado, porque ha sucedido algo que os ha hecho presentir que la exigencia de vuestro corazón —la exigencia de felicidad, de justicia, de verdad y de belleza que tiene el corazón— encontrará respuesta en este camino. Y lo razonable es la respuesta a la exigencia del corazón. ¿Cuándo algo es razonable? Cuando corresponde a las exigencias del corazón. Por eso, si habéis intuido que en este camino podéis encontrar la respuesta a las exigencias de vuestro corazón, es razonable tomar este camino, aunque todavía no lo conozcáis.

Lo de hoy es como plantar una semilla en la tierra. La semilla se confunde con el resto de los elementos de la tierra: una semilla parece parte de la tierra. Si plantáis una semilla en tierra, la cubrís y volvéis a mirar tres días después, la confundiréis con la tierra que la rodea, porque es como un poco de tierra. Del mismo modo el día de hoy es un día como los demás, es más, es un poco más cansado que los demás... es como el resto de los días, pero es como una semilla dentro de la tierra de todos los días. A medida que desarrollemos lo que hoy empezamos a decir, encontraréis algo que crece, y ya no habrá una piedrecita, sino algo que brota con dos hojas, después con cuatro hojas, luego con más y quizá llegue a ser un gran árbol: está destinado a convertirse en un gran árbol.

¡Qué valor se requiere para sostener la esperanza de los hombres! Porque lo que emprenden los hombres, lo emprenden sinceramente; lo emprendéis sinceramente, con algún que otro resquicio de paresse, con algún que otro resquicio de pereza; pero lo empezáis sinceramente. ¡Qué valor se requiere para sostener el desarrollo de esta esperanza, para alimentar esta espera!

Tenía muy claro lo que quería deciros, pero me siento un poco abrumado porque es como si quisiera lograr conduciros, como la madre que toma de la mano al niño y le hace dar los pasos....



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