Nagai | Reflexiones desde Nyokodo | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 146, 260 Seiten

Reihe: 100xUNO

Nagai Reflexiones desde Nyokodo

La audacia de un corazón que cada mañana se vuelve a poner en marcha
1. Auflage 2025
ISBN: 978-84-1339-559-3
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

La audacia de un corazón que cada mañana se vuelve a poner en marcha

E-Book, Spanisch, Band 146, 260 Seiten

Reihe: 100xUNO

ISBN: 978-84-1339-559-3
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Nyokod?, el «lugar del amor a uno mismo», es una pequeñísima cabaña de madera de tan solo cuatro metros cuadrados, construida en el corazón del barrio de Nagasaki reducido a cenizas por la bomba atómica. En esa cabaña pasó Takashi Pablo Nagai los últimos años de su vida en una pobreza material y de espíritu voluntaria, inmovilizado en la cama a causa de la leucemia, pero en una carrera irrefrenable hacia el descubrimiento de sí mismo y del significado de la vida y de la muerte. Allí escribió libros y recibió a cientos de visitantes, testimoniando siempre que la fe y la esperanza cristianas son capaces de vencer la destrucción de la guerra y de la muerte y de devolver vida y paz a un mundo que parecía destruido para siempre. Reflexiones desde Nyokod? reúne una serie de escritos breves, meditaciones y cartas suyas que conforman una obra valiosísima para seguir, a través de una intimidad familiar con él, los pasos de Takashi hacia el encuentro final con Cristo.

Takashi Pablo Nagai (1908-1951) fue un médico que sobrevivió a la bomba atómica de Nagasaki, a causa de la cual lo perdió todo, incluida su familia. Confinado en una cama por leucemia, en la más absoluta pobreza, continuó su vida dando testimonio de que la fe y la esperanza cristianas son capaces de devolver la paz a un mundo que parecía aniquilado para siempre. Escribió numerosos libros que se han convertido en éxitos de ventas en Japón y el resto del mundo. Murió en mayo de 1951 en olor de santidad.
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Introducción

Nyoko Aijin —ama a tu prójimo como a ti mismo1— es el mandamiento de Jesús, la ley del amor, en el que Takashi Nagai tiene fija la mirada cuando, en 1948, decide hacer de su Nyokodo la morada en la que va a pasar el tiempo que le queda de vida, en una pobreza material y de espíritu total.

Nyokodo —el lugar del amor a uno mismo2— es una cabaña de madera de 4 metros cuadrados construida en el corazón de Urakami, el barrio de Nagasaki devastado por la bomba atómica, sobre las cenizas de la casa en la que Takashi había conocido a su mujer Midori y con ella el cristianismo.

Takashi llegó a Urakami en abril de 1931 cuando, siendo estudiante de tercer curso de Medicina, buscó alojamiento en casa del matrimonio Moriyama. A ello le había empujado una urgencia imperiosa, una intuición ineludible de que la vida y la muerte debían tener un significado y de que el hombre estaba hecho para esa eternidad que Cristo había prometido a todos los hombres. En aquella casa Takashi tenía intención de descubrir qué era ese cristianismo del que tanto había oído hablar.

Urakami había sido durante cuatro siglos el barrio cristiano de Nagasaki, el centro neurálgico de esa fe que Francisco Javier y los misioneros europeos habían llevado y difundido en Japón en el siglo XVI; que había sido regada y vivificada por la sangre de miles de mártires y de cientos de santos y beatos y que había sido custodiada y transmitida en la clandestinidad durante casi tres siglos, en una época de cruentas persecuciones, por la acción silenciosa del pueblo de los Cristianos Ocultos sin sacramentos, iglesias ni sacerdotes.

La casa del matrimonio Moriyama había sido la residencia de los jefes de la comunidad de los Cristianos Ocultos de Urakami durante siete generaciones, hasta que, en 1873, los bandos contra la profesión del cristianismo fueron revocados y el pueblo de Urakami pudo volver a vivir la fe a la luz del día. Empezaron enseguida a construir la iglesia de Santa María Inmaculada, que se convirtió en la más grande de Oriente y que se levantaba con majestuosidad a 400 m de esa ventana por la que Takashi se asomaba cada mañana.

Fue en esa casa, tan llena de historias de fe y de sacrificio, donde conoció a Marina Midori, la hija del matrimonio Moriyama, que a partir de ese momento se convertiría en su compañera en el camino de la conversión y en el camino de la vida. Nagai se bautizó en junio de 1934, convirtiéndose en Takashi Pablo, y en agosto del mismo año se casó con Midori, con la que tuvo cuatro hijos.

En aquella misma casa, Takashi y Midori vivieron juntos su vocación de esposos y de padres. El ejemplo discreto y callado de Midori constituyó para él un testimonio cotidiano de la verdadera virginidad cristiana, que es el ofrecimiento dócil de uno mismo al designio del Padre en cada circunstancia de la vida. Con esa mirada sencilla y fuerte, siempre llena de certeza y de paz, Midori acompañó a Takashi a mirar todo de forma nueva: la misión de su trabajo de médico, la relación con los estudiantes, sus investigaciones y la familia, así como las circunstancias más adversas de la vida, entre ellas la muerte de dos de sus hijos, las dos guerras en China, en las que Takashi se vio obligado a participar (1933-34 y 1937-40) y la leucemia (1945) producida a causa de su trabajo como radiólogo.

Su camino juntos en esta tierra se interrumpió el 9 de agosto de 1945 cuando la bomba atómica estalló exactamente en el barrio de Urakami a las 11:02 minutos, a algunos cientos de metros de su casa. Además de su amada Midori, Takashi perdió a la mayor parte de sus amigos y todas sus pertenencias.

La terrible tragedia nuclear hizo explotar en su corazón con renovada potencia las mismas preguntas que lo habían llevado a esa casa catorce años antes y que en ese momento, tras quedarse solo con dos hijos, obligado a guardar cama por la leucemia y privado de todo, apremiaban dentro de él sin darle tregua.

Quiso volver a vivir en la tierra de ese pueblo que había transmitido la fe que había llegado hasta Midori y hasta él y al que ahora el designio misterioso de Dios le había pedido un último sacrificio, como cordero inmolado, para obtener la paz para el mundo entero. De hecho, la bomba de Nagasaki fue el último acto militar de la Segunda Guerra Mundial, después del cual terminaron los conflictos globales.

En octubre de 1945 construyó sobre el terreno de su antigua casa una choza que medía seis tatamis3, equivalentes a unos 10 metros cuadrados, hecha de postes de madera y paredes de barro. Desde entonces empezó a dedicar todo su tiempo a lo único que podía hacer: escribir libros. Las primeras obras en las que contó la experiencia de la bomba, con su mirada de científico y de hombre, de marido y de padre, de japonés y de cristiano, tuvieron enseguida una gran repercusión y se convirtieron en éxitos editoriales clamorosos que le hicieron ganar mucho dinero. Sin dudarlo un momento, Nagai decidió destinar todos los ingresos procedentes de sus obras a la reconstrucción de los edificios de primera necesidad, entre los que estaban la iglesia, la escuela, el orfanato, el convento de las monjas y los espacios comunitarios. Quiso emplear el dinero del primer premio literario que se le concedió para hacer plantar mil cerezos que pudieran transformar el desierto atómico en una colina en flor, consciente de que la vida solo puede volver a empezar a partir de la belleza.

En 1948, los amigos carpinteros de la Fraternidad de san Vicente de Paúl se ofrecieron para construirle una casa más grande que la que tenía, para que su vida en Urakami pudiera ser un poco más confortable. Por el contrario, Takashi pidió poder tener una casa todavía más pequeña en la que tener consigo nada más que lo estrictamente necesario, para ser libre de cualquier impedimento en su carrera hacia el encuentro final con Cristo. Así nació Nyokodo, que medía solo 2 tatamis, suficientes para poner una cama, para acoger a sus hijos y a los visitantes que iban a verlo y para tener junto a él la Biblia, un crucifijo, una bonita imagen de la Virgen en escayola, algunos libros y el material necesario para escribir y dibujar.

La tradición japonesa que invitaba a un hombre sabio a retirarse a un lugar apartado cuando la vida se acercaba a su cumplimiento tenía raíces antiquísimas que se hundían en la sabiduría milenaria de esa civilización culta y refinada. El gran poeta, escritor y músico de siglo XII Kamo-no-Chomei4 que, después de una vida agitada y llena de dificultades, quiso hacer sus votos y retirarse en soledad a una celda de 2 tatamis, influyó profundamente en el sentir de ese pueblo.

Sobre esta misma tradición se injerta, en el Japón del siglo XII, la práctica zen de la ceremonia del té que inicialmente tenía lugar en una estancia de 4 tatamis y medio, unos 9 metros cuadrados5. En el siglo XVI el gran maestro Sen-no-Rikyu6, reformador de la ceremonia, empezó a servirse de ambientes cada vez más pequeños y esenciales, hasta llegar a querer también él una estancia de solo 2 tatamis que definía como un eremitorio. Sen-no-Rikyu tenía siete discípulos predilectos, entre los cuales estaba el gran samurái cristiano Ukon Justo Takayama7, que sería martirizado a causa de la fe poco tiempo después. Según las enseñanzas de su maestro, Ukon Takayama solía recogerse en oración en una habitación de dos tatamis que él definía como su «eremitorio cristiano». Takashi Nagai quiso Nyokodo a imagen del eremitorio cristiano del beato Ukon Takayama.

Es interesante apreciar que, del mandamiento evangélico del amor —Nyoko Aijin, ama a tu prójimo como a ti mismo— Nagai se fija en la dimensión del amor a uno mismo (Nyoko), consciente de que solo si se parte de este punto, a través de un trabajo continuo, atento y apasionado sobre su propia humanidad, el hombre puede caminar hacia el cumplimiento de su persona, que es el recorrido de identificación con Cristo del que nace también el amor al prójimo.

En los tres años que vivió en Nyokodo, Takashi Nagai escribió cerca de 10 libros, del que este, Reflexiones desde Nyokodo, es el último de carácter autobiográfico. Fue editado de manera póstuma por sus amigos, que reunieron textos y cartas escritas sobre todo en 1950, pocos meses antes de su muerte, que se produjo el 1 de mayo de 1951.

Se trata de un libro muy valioso para descubrir y seguir de cerca el recorrido que Takashi Nagai lleva a cabo en su carrera irrefrenable hacia el ideal de la vida humana, que es la santidad.

Yo he alcanzado por fin este nuevo horizonte. Late en mi pecho un corazón de niño. Me espera la vida de un nuevo día, la verdadera alegría en esta cama de 2 metros de la que no puedo salir. Pero se trata de una vida sin la obligación de los deberes ni las ataduras de las prohibiciones que detienen la audacia de este corazón que cada mañana se vuelve a poner en marcha8.

Reflexiones desde Nyokodo es una especie de diario con tintes íntimos y emotivos, escrito en un registro familiar y con una marcada sensibilidad lírica en el que Takashi Nagai afronta con profundísima humanidad y claridad de...



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