E-Book, Spanisch, Band 3, 568 Seiten
Reihe: Trilogía Everlost
Shusterman Everfound
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-19680-14-3
Verlag: NOCTURNA
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 3, 568 Seiten
Reihe: Trilogía Everlost
ISBN: 978-84-19680-14-3
Verlag: NOCTURNA
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Neal Shusterman (Nueva York, 1962) es autor superventas de más de treinta libros para lectores jóvenes y adultos, entre los que destacan la serie Desconexión, Sed (Nocturna, 2019), Everlost (Nocturna, 2023) y El abismo. Tras ganar el Premio Nacional de Literatura Juvenil, ha publicado la trilogía El arco de la Guadaña -compuesta por Siega (Nocturna, 2017), Nimbo (Nocturna, 2018) y Trueno (Nocturna, 2020)-, que no solo ha obtenido la nota más alta en cinco de las ocho revistas literarias más importantes de EE.UU., sino que se ha publicado en una docena de idiomas, ha entrado en la lista de best sellers del New York Times y Universal ha comprado sus derechos cinematográficos. En su nueva novela, Punto de inflexión (Nocturna, 2022), plantea una reflexión sobre los privilegios a partir de una trama relacionada con los mundos paralelos.
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2
Mascarón de proa
Si Allie Johnson podía encontrar algo agradable en el hecho de estar atada al frente de un tren, era las vistas. Las puestas de sol resultaban magníficas. Ni siquiera en Everlost, donde los colores y las texturas del mundo de los vivos aparecían desvaídas, casi apagadas, los espectaculares cielos perdían nada de su majestuosidad, y teñían las cambiantes hojas de noviembre de cada árbol, ya estuviera vivo o muerto, en tonos de fuego, antes de que la puesta de sol se disolviera en el anochecer. Eso le hacía preguntarse a Allie si las nubes, las estrellas y el sol no existirían al mismo tiempo en Everlost y en el mundo de los vivos. Indudablemente, la luna era la misma para los vivos y para los muertos.
«No, muertos no —tuvo que recordarse—. Atrapados entre la vida y la muerte…». Aunque Allie estaba más cerca de la vida que la mayoría de los que andaban por Everlost. Eso la convertía en una persona valiosa, eso la hacía peligrosa, y por eso se encontraba atada al frente de un tren fantasma.
Precisamente en aquel momento, Allie no disfrutaba de vistas magníficas. Lo único que podía ver era la portada de una blanca ermita de madera. La hubiera encontrado muy pintoresca de no ser porque la tenía a un palmo de la nariz.
El tren llevaba horas parado ante la ermita, mientras Milos, Speedo y un puñado de los mejores y más inteligentes muchachos de Mary Hightower se preguntaban qué hacer.
No parecía que pudieran preguntarle a la propia Mary.
Speedo, que goteaba eternamente agua del ridículo bañador que llevaba cuando murió, siempre ofrecía las soluciones más complicadas a los obstáculos que encontraban en el camino.
—Podríamos volver —sugirió—, buscar otra vía muerta y seguir por ella. —Pues un tren fantasma como aquel solo podía viajar por vías que ya no existieran en el mundo de los vivos.
Milos, que en ausencia de Mary hacía las veces de jefe, negó con la cabeza.
—Nos llevó mucho tiempo encontrar una vía que no fuera un callejón sin salida. ¿Qué posibilidades tenemos de encontrar otra? —Hablaba con un leve acento ruso que Allie en cierto momento había encontrado encantador.
—¿Por qué no os dais por vencidos y ya? —intervino Allie, que se encontraba en el sitio perfecto para interrumpirlos—. Al fin y al cabo, Milos, a estas alturas ya deberías estar acostumbrado a fracasar. ¡Lo haces tan bien…!
Milos la miró.
—Tal vez debiéramos atravesar la ermita —propuso Milos—, empleando tu cara como ariete.
Allie se encogió de hombros.
—Por mí no hay problema —dijo, sabiendo que no podía recibir heridas en Everlost—. Me encantará ver la cara que pones cuando el tren descarrile y se hunda hasta el centro de la Tierra.
Milos profirió un gruñido, sabiendo que Allie tenía razón. Uno podría pensar que al arremeter contra un edificio de madera, este simplemente se haría astillas, y el tren lo atravesaría sin problemas, pero Everlost no era el mundo de los vivos. La ermita había cruzado a Everlost, y las cosas que cruzan a Everlost son permanentes. No se podían romper, a menos que su finalidad fuera romperse. Ni se podían destruir a menos que estuvieran diseñadas para ello. Así que arremeter contra la ermita supondría descarrilar el tren, ya que la estabilidad del recuerdo de la ermita sería probablemente más fuerte que una locomotora de tren.
—¿Cómo es posible que esté eso ahí? —se preguntaba Speedo, furioso. Como maquinista, tenía una sola misión: mantener el tren en movimiento. Cualquier cosa que no fuera ese impulso hacia delante era competencia de Milos, y por tanto un fracaso de él. Típico de un niño de trece años. Milos, que había pasado a Everlost con dieciséis, lo veía todo con mucha más calma. Aun así, Allie se alegraba para sus adentros de que cada problema que encontraban hiciera parecer a Milos menos competente y digno de su cargo. El carisma no lo era todo.
—Esto está aquí —explicó Milos con calma— porque fue construido y derribado antes que las vías.
—Entonces —dijo Speedo, impaciente como siempre—, ¿por qué está en medio de nuestro camino?
Milos lanzó un suspiro, y Allie metió baza:
—Porque, lumbrera, si el mundo de los vivos derriba dos cosas en el mismo sitio y ambas cruzan a Everlost, nosotros tenemos que apechugar con las dos.
—¡No te hemos preguntado a ti! —soltó Speedo.
—Pero tiene razón —admitió Milos—. Mary lo llamaba «anudamiento».
—Efectivamente. Y también tenemos el «maryficamiento» —añadió Allie—, que consiste en el «inventamiento» de palabros por parte de Mary Hightower para parecer más lista de lo que en realidad es.
Speedo la fulminó con la mirada.
—Como vuelvas a decir algo sobre la señorita Mary, tu nuevo sitio estará dentro de la caldera.
—Anda, ve a que te sequen —le respondió ella, cosa que a él le irritó porque, como todo el mundo sabía, nadie podía hacer tal cosa. Allie odiaba el hecho de que Mary, que se autoproclamaba salvadora de los niños perdidos, hubiera sido elevada al estatus de diosa por su mera ausencia. En cuanto al anudamiento, Allie había encontrado muchos ejemplos a lo largo de sus viajes. El más extraño de todos consistía en una escuela de los años cincuenta que había sido erigida en el mismo lugar en que se había asentado un fuerte de la guerra de la Independencia. Cuando la escuela se incendió y cruzó a Everlost, el resultado era una extraña yuxtaposición de piedra y ladrillo, de aulas y patios de armas. En Everlost los dos edificios seguían existiendo en el mismo lugar, y se habían fundido de la manera más extraña que se pueda imaginar.
Las apariencias apuntaban allí a la misma clase de fenómeno: que los cimientos de la ermita y las vías del tren se habían combinado de tal modo que el ferrocarril quedaba enfrentado a un obstáculo insalvable y permanente.
Allie, sin embargo, sabía algo que no sabían ni Milos ni Speedo, y si jugaba bien sus cartas, podría negociar por fin su libertad.
—Yo conozco la manera de pasar la ermita —dijo Allie.
Speedo pensó que ella volvía a tomarles el pelo, pero Milos la conocía lo suficiente para saber que no diría tal cosa si no era verdad. Se subió al quitapiedras, encajándose entre el tren y la ermita para acercarse más a Allie. Lo suficiente para agarrarla, o para abofetearla, aunque Allie sabía que no haría tal cosa. Pese a todo, Milos era un caballero. Más o menos.
—¿Qué idea tienes? —le preguntó él.
—¿Por qué iba a decírtelo?
—Porque puedes mejorar tu situación —le dijo Milos—, si cooperas.
Eso era justo lo que Allie esperaba que dijera.
—No quiere más que hacernos perder el tiempo —murmuró Speedo.
Pero Milos no le hizo ningún caso, y se acercó más a ella para que Speedo no oyera lo que decía.
—No puedo ofrecerte la libertad —susurró—. Eres demasiado peligrosa.
—Pero no tengo por qué seguir atada a la locomotora.
—Es por tu propia seguridad —comentó Milos, tal como le había dicho antes—. Los niños de Mary quieren una cabeza de turco. Necesitan verte castigada, y como en Everlost no se puede sentir dolor, atarte delante del tren parece algo mucho más terrible de lo que realmente es. De hecho —añadió—, te envidio. Tu viaje hacia el oeste es mucho más interesante que el mío.
—Hay cosas peores que el dolor —le dijo Allie, pensando en la humillación que había tenido que soportar como cautiva expuesta en público.
—¿Qué te parece esto? —ofreció Milos—. Si lo que tienes que decir nos sirve de ayuda, continuarás tu cautiverio de un modo mucho más cómodo.
—Desátame primero —repuso Allie—, y te lo diré.
Milos sonrió.
—De eso nada.
Allie sonrió a su vez.
—Bueno, tenía que intentarlo.
Sabía que Milos era vanidoso e interesado, y que su conciencia no llegaba más allá de donde alcanzaban sus necesidades, pero tenía un código moral, si se le puede llamar así. Era un hombre de palabra. Era extraño que, después de todas las cosas terribles que le había visto hacer, Allie siguiera teniendo la impresión de que podía confiar en él.
—Veo muchas cosas desde este sitio —dijo Allie—. Cosas que los demás no veis. —Se calló, creando expectativas sobre lo que acababa de decir. Entonces prosiguió—: Vi algo cuando el tren entró en este valle, no hace ni un par de kilómetros.
—¿Qué es lo que viste? —preguntó Milos.
—Si no me desatas, tendrás que averiguarlo por ti mismo.
—Muy bien —dijo Milos—. No tenemos prisa. Ya encontraremos la manera de seguir el camino. —Entonces se volvió para mirar la blanca y vacía superficie de la pared de la ermita que tenían delante—. Mientras tanto, disfruta de las vistas.
* * *
Milos se alejó de Allie molesto, negándose a permitir que Allie lo utilizara. Era la prisionera, no él, aunque cada vez le embargaba más la impresión de tener las manos atadas. A su alrededor, docenas de los niños de Mary habían salido ya del tren. Unos jugaban al escondite o al pillapilla, moviéndose siempre lo bastante rápido...




