Augé | Los no lugares | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 128 Seiten

Reihe: Caja Verde

Augé Los no lugares

Una antropología de la sobremodernidad
1. Auflage 2025
ISBN: 978-84-254-5325-0
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

Una antropología de la sobremodernidad

E-Book, Spanisch, 128 Seiten

Reihe: Caja Verde

ISBN: 978-84-254-5325-0
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection



Este breve ensayo, convertido ya en un clásico, resulta clave para comprender cómo la sobremodernidad transforma nuestra manera de estar con el entorno y los otros. Hay espacios que parecen estar fuera de todo orden. Son espacios de tránsito, sin historia ni vínculos duraderos, donde las personas pasan sin dejar huella. Aeropuertos, supermercados, hoteles, autopistas: escenarios impersonales, idénticos en cualquier ciudad del mundo, en los que la identidad se diluye y la presencia se vuelve anónima, donde se entra, se consume y se espera. Son los no lugares, un símbolo de la experiencia contemporánea. Este breve ensayo, convertido ya en un clásico, Marc Augé describe esos ambientes sin memoria, que marcan el día a día de un mundo globalizado, acelerado y fragmentado. Su lectura resulta clave para comprender cómo la «sobremodernidad» transforma nuestra manera de «estar con» el entorno y «con» los otros.

Marc Augé (1935-2023) fue un destacado antropólogo, etnólogo y escritor francés. Fue director de investigaciones en el CNRS y presidente de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París. Reconocido por haber renovado la antropología contemporánea con una mirada aguda sobre las sociedades modernas, fue autor de una vasta obra que abarca temas como la identidad, la globalización y la experiencia del tiempo y del espacio en el mundo actual.
Augé Los no lugares jetzt bestellen!

Weitere Infos & Material


Lo cercano y el afuera


Se habla cada vez más de la antropología de lo cercano. Un coloquio que tuvo lugar en 1987 en el museo de Artes y Tradiciones populares («Antropología social y etnología de Francia»), y cuyas actas fueron publicadas en 1989 con el título L’autre et le semblable, señalaba una convergencia de los intereses de los etnólogos del aquí y del afuera. El coloquio y la obra se sitúan explícitamente en la serie de reflexiones que comenzaron en el coloquio de Toulouse en 1982 («Nuevas vías en etnología de Francia») y en algunos libros o números especiales de revistas.

Sin embargo, no es evidente que, como ocurre a menudo, la comprobación de nuevos intereses, de nuevos campos de investigación y de convergencias inéditas no se base, por una parte, en ciertos malentendidos, o no los suscite. Algunas observaciones previas a la reflexión sobre la antropología de lo cercano pueden resultar útiles para la claridad del debate.

La antropología siempre ha sido una antropología del aquí y el ahora. El etnólogo en ejercicio es aquel que se encuentra en alguna parte (su aquí del momento) y que describe lo que observa o lo que oye en ese mismo momento. Siempre podremos interrogarnos más tarde acerca de la calidad de su observación y acerca de las intenciones, los prejuicios o los otros factores que condicionan la producción de su texto: queda el hecho de que toda etnología supone un testigo directo de una actualidad presente. El antropólogo teórico que recurre a otros testimonios y a otros ámbitos diferentes del suyo tiene acceso a testimonios de etnólogos, no a fuentes indirectas que él se esforzaría por interpretar. Hasta el arm chair anthropologist que somos todos por momentos se distingue del historiador que analiza un documento. Los hechos que buscamos en los files de Murdock han sido bien o mal observados, pero lo han sido, y en función de ítems (reglas de alianza, de filiación, de herencia) que son también los de la antropología de «segundo grado». Todo lo que aleja de la observación directa del campo aleja también de la antropología, y los historiadores que tienen intereses antropológicos no por eso hacen antropología. La expresión «antropología histórica» es cuanto menos ambigua. «Historia antropoló-gica» parece más adecuada. Un ejemplo simétrico e inverso podría encontrarse en el uso obligado que los antropólogos, los africanistas, por ejemplo, hacen de la historia, en particular del modo en que ha quedado establecida por la tradición oral. Todo el mundo conoce la fórmula de Hampaté Ba según la cual, en África, un viejo que muere es «una biblioteca que se quema»; pero el informante, viejo o no, es alguien con quien se discute, que habla de lo que sabe o lo que piensa del pasado más que del pasado mismo. No es un contemporáneo del acontecimiento que refiere, pero el etnólogo es contemporáneo de la enunciación y del enunciador. Las palabras del informante valen tanto para el presente como para el pasado. El antropólogo que tiene y que debe tener intereses históricos no es, sin embargo, stricto sensu, un historiador. Esta observación solo apunta a precisar los procedimientos y los objetos: es evidente que los trabajos de historiadores como Ginzburg, Le Goff o Leroy-Ladurie son de máximo interés para los antropólogos, pero son trabajos de historiadores: corresponden al pasado y se consideran estudios de documentos.

Esto en cuanto al «ahora». Vayamos entonces al «aquí». Por cierto que el aquí europeo, occidental, adquiere todo su sentido con respecto a un afuera lejano, antes «colonial», hoy «subdesarrollado», que han privilegiado las antropologías británica y francesa. Pero la oposición del aquí y del afuera (una manera de gran reparto Europa vs. resto del mundo que recuerda los partidos de fútbol organizados por Inglaterra en la época en que tenía un gran fútbol: Inglaterra vs. resto del mundo) no puede servir como punto de partida para la oposición de las dos antropologías más que presuponiendo lo que está precisamente en cuestión: que se trata de dos antropologías distintas.

La afirmación según la cual los etnólogos tienden a replegarse sobre Europa por el cierre de los territorios lejanos es cuestionable. En primer lugar, existen posibilidades reales de trabajo en África, en América, en Asia… En segundo lugar, las razones que llevan a trabajar sobre Europa en antropología son razones positivas. En ningún caso se trata de una antropología por carencia. Y precisamente el examen de estas razones positivas puede conducirnos a poner en duda la oposición Europa/afuera que subyace en algunas de las definiciones más modernistas de la etnología europeísta.

Detrás de la cuestión de la etnología de lo cercano se perfila, en efecto, una doble pregunta. La primera consiste en saber si, en su estado actual, la etnología de Europa puede pretender el mismo grado de refinamiento, de complejidad, de conceptualización que la etnología de las sociedades lejanas. La respuesta a esta pregunta es generalmente afirmativa, al menos de parte de los etnólogos europeístas y en una perspectiva de futuro. De este modo, Martine Segalen puede estar orgullosa, en la compilación que citamos antes, de que dos etnólogos del parentesco que han trabajado acerca de una misma región europea puedan desde ahora discutir entre ellos «como los especialistas de tal etnia africana»; y Anthony P. Cohen puede sostener legí-timamente que los trabajos sobre el parentesco llevados a cabo por Robin Fox en la isla de Tory y por Marilyn Strathern en Elmdon ponen de manifiesto, por una parte, el papel central que desempeña el parentesco en «nuestras» sociedades y las estrategias que permite poner en práctica, y por otra, la pluralidad de culturas que coexisten en un país como la actual Gran Bretaña.

Debemos admitir que, así planteada, la pregunta es desconcertante: se trataría, en definitiva, de interrogarse ya sea acerca de un insuficiente poder de simbolización de las sociedades europeas, ya sea acerca de una insuficiente aptitud de los etnólogos europeístas para analizarlo.

La segunda pregunta tiene un alcance por completo diferente: los hechos, las instituciones, los modos de reunión (de trabajo, de ocio, de residencia), los modos de circulación específicos del mundo contemporáneo, ¿pueden ser juzgados desde un punto de vista antropológico? En primer lugar, esta pregunta no se plantea, ni mucho menos, únicamente a propósito de Europa.Cualquiera que conozca un poco de África, por ejemplo, sabe bien que todo enfoque antropológico global debe tomar en cuenta una cantidad de elementos en interacción, suscitados por la actualidad inmediata, aun cuando no se los pueda dividir en «tradicionales» y «modernos». Pero también se sabe que todas las formas institucionales por las que se debe pasar hoy para comprender la vida social (el trabajo asalariado, la empresa, el deporte-espectáculo, los medios masivos de comunicación) desempeñan en todos los continentes un papel cada día más importante. En segundo lugar, esta pregunta desplaza completamente a la primera: no es Europa lo que está en cuestión sino la contemporaneidad en tanto tal, bajo los aspectos más agresivos o más molestos de la actualidad más actual.

Es, por lo tanto, esencial no confundir la cuestión del método con la del objeto. Se ha dicho a menudo (el mismo Lévi-Strauss en varias oportunidades) que el mundo moderno se presta a la observación etnológica, con la sola condición de poder aislar en él unidades de observación que nuestros métodos de investigación sean capaces de manejar. Y conocemos la importancia atribuida por Gérard Althabe (que probablemente no sabía en su época que abría un camino de reflexión para nuestros políticos) a los huecos de escalera, a la vida de la escalera, en los conglomerados urbanos de Saint-Denis, en la periferia de Nantes.

El hecho de que la investigación etnológica tenga sus limitaciones, que son también sus ventajas, y que el etnólogo necesite circunscribir aproximativamente los límites de un grupo que él va a conocer y que lo reconocerá, es una evidencia que no escapa a quienes hayan hecho trabajo de campo. Una evidencia que tiene, sin embargo, muchos aspectos. El aspecto del método, la necesidad de un contacto efectivo con los interlocutores son una cosa.La representatividad del grupo elegido es otra: se trata en efecto de saber lo que nos dicen aquellos a quienes hablamos y vemos acerca de aquellos a quienes no hablamos ni vemos. La actividad del etnólogo de campo es desde el comienzo una acti-vidad de agrimensor social, de manipulador de escalas, de comparador de poca monta: fabrica un universo significante explorando, si es necesario por medio de rápidas investigaciones, universos intermediarios, o consultando, como historiador, los documentos utilizables. Intenta saber, por sí mismo y por los demás, de quién puede pretender hablar cuando habla de aquellos a quienes ha hablado. Nada permite afirmar que este problema de objeto empírico real, de representatividad, se plantee de modo diferente en un gran reino africano o en una empresa de los alrededores parisinos.

Aquí pueden hacerse dos observaciones. La primera se refiere a la historia; la segunda, a la antro-pología. Ambas se refieren a la preocupación del etnólogo por situar el objeto empírico de su investigación, por evaluar su representatividad cualitativa, pues aquí no se trata, para hablar con propiedad, de seleccionar muestras estadísticamente representa-tivas sino de establecer si lo que vale para un linaje vale también para otro, si lo que vale para un poblado, vale para otros…: los problemas de...



Ihre Fragen, Wünsche oder Anmerkungen
Vorname*
Nachname*
Ihre E-Mail-Adresse*
Kundennr.
Ihre Nachricht*
Lediglich mit * gekennzeichnete Felder sind Pflichtfelder.
Wenn Sie die im Kontaktformular eingegebenen Daten durch Klick auf den nachfolgenden Button übersenden, erklären Sie sich damit einverstanden, dass wir Ihr Angaben für die Beantwortung Ihrer Anfrage verwenden. Selbstverständlich werden Ihre Daten vertraulich behandelt und nicht an Dritte weitergegeben. Sie können der Verwendung Ihrer Daten jederzeit widersprechen. Das Datenhandling bei Sack Fachmedien erklären wir Ihnen in unserer Datenschutzerklärung.