E-Book, Spanisch, Band 230, 144 Seiten
Reihe: Educación Hoy
Cornoldi Niños y niñas excepcionales
1. Auflage 2022
ISBN: 978-84-277-2878-3
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Superdotados . Talentosos . Creativos . Genios
E-Book, Spanisch, Band 230, 144 Seiten
Reihe: Educación Hoy
ISBN: 978-84-277-2878-3
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
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Cesare Cornoldi es Catedrático emérito de Psicología del Aprendizaje y la Memoria en la Facultad de Psicología de la Universidad de Padua (Italia). Ha sido profesor invitado de numerosas universidades: Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y en Irvine (UCI), Universidad de Carolina del Norte en Greensboro, Universidad de Columbia Británica en Vancouver, Universidad de Aberdeen, Sorbonne (Paris-V), Universidad de Buenos Aires UBA, Universidad de Columbia en Nueva York y Universidad de Nueva York. Es miembro del consejo editorial de numerosas revistas nacionales e internacionales y autor de más de diez volúmenes y de unos 300 trabajos de investigación.
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2. Entender qué es la inteligencia para reconocer distintas formas de excepcionalidad
Roberto, Magda, John y María Luisa representan formas distintas de excepcionalidad que pueden entenderse bien si se entiende cuál es la naturaleza de los elementos que constituyen su perfil; en primer lugar la inteligencia, pero también el contexto y la personalidad.
Una definición amplia de excepcionalidad
Cuando se habla de habilidades o competencias, una excepcionalidad podría identificarse como algo que se aleja de lo típico, sea en el sentido de poseerlas en una medida elevada, como rara vez se ve, o bien en el sentido de poseerlas en una medida atípicamente escasa. De hecho, en el lenguaje científico psicopedagógico inglés, alguna vez el término exceptional se refiere a ambos casos, y como prueba de ello, la célebre revista americana Exceptional Children se ocupa primordialmente de niños con problemas y discapacidades, caracterizadas por una escasa posesión de habilidades intelectuales.
En este libro nos ocupamos en cambio de excepcionalidades, en referencia solo a los casos de dotación elevada, aunque tendremos ocasión de ver que el hecho de tener una superdotación no implica la ausencia de debilidades. Y esto, no solo en el plano emotivo-relacional sino también en el cognitivo.
Para iniciar un debate sobre la “excepcionalidad” tendremos de todos modos que tratar de aclarar el sentido y las implicaciones de muchos términos distintos que aparecen en este campo. Debe precisarse, de hecho, que no solo términos distintos pueden transmitir significados diferentes, sino que un mismo término puede ser leído también con matices diversos. La palabra gifted (traducida como “plusdotado”, “superdotado” o “hiperdotado”), hoy usada principalmente por los expertos en dicho campo, puede referirse tanto a la presencia de un elevado potencial cognitivo (que traduciremos como “superdotado intelectual” o simplemente como “superdotado”), como a la capacidad de producciones excepcionales. En una importante reseña, Ann Robinson y Pamela R. Clinkerbeard (Annual Review, 1998), comentaban que no existe una definición unívoca para la giftedness o el “talento”, y que:
[...] la mayoría de las definiciones, tanto psicológicas como educativas, se han ido alejando de la simple referencia a la giftedness, respecto a la inteligencia que miden los tests psicológicos. Muchas definiciones actuales amplían el constructo, introduciendo elementos que se consideran constitutivos de la giftedness, por ejemplo, la motivación y la creatividad. Otras se amplían haciendo referencia al campo específico o dominio en el que se observa ese alto rendimiento. Y, finalmente, algunas definiciones se amplían haciendo referencia específica al contexto social o cultural en el que se desarrollan la giftedness y el talento.
Entre las definiciones ampliadas pueden incluirse por ejemplo la del estudioso americano Joseph Renzulli que menciona tres elementos presentes de manera elevada en la giftedness: inteligencia, persistencia y creatividad. Hace algunos años, la británica National Association for Gifted Children (NAGK por sus siglas en inglés) definió a los niños gifted como:
Personas que muestran, o tienen el potencial de mostrar, un nivel excepcional de rendimiento, cuando son comparados con sus iguales en una o más de las siguientes áreas: habilidad intelectual general, actitud académica concreta, pensamiento creativo, liderazgo, artes visuales y del espectáculo.
Como ha destacado Robert Albert, el tema de las altas capacidades ha sido objeto de interés desde la antigüedad (por ejemplo, Platón hablaba de “hombres de oro”), y ha sido ampliamente considerado también en clave mística en el Renacimiento. En particular Albert ha señalado que, en tiempos recientes, el interés se ha concentrado en la superdotación y en la creatividad más que en la genialidad. Desarrollando una investigación sobre los resultados de 264.453 trabajos psicológicos aparecidos entre 1927 y 1965, Albert subraya que las referencias a la genialidad, y a conceptos relacionados como «excelencia» (eminence), «distinción» o «fama», aparecen principalmente en los primeros años del periodo considerado. Y, al contrario, giftedness y creatividad emergen sobre todo a partir de 1958. Ahora bien, no hay duda de que genialidad, superdotación y creatividad comparten algunos aspectos; aunque se intuye también que estos no describen lo mismo.
El cambio cultural registrado por Albert queda patente al revisar la evolución de la investigación psicológica de los últimos 150 años. Podemos identificar, para este periodo, una primera etapa fundamental en el famoso texto Hereditary Genius del ecléctico intelectual inglés Francis Galton. Galton era primo de Charles Darwin (de hecho, su madre era la hermanastra menor del padre de Charles Darwin), y aplicó en cierto modo la teoría de la evolución al ámbito social (a su teoría también se la llama darwinismo social), auspiciando que la selección se aplicara también al hombre para garantizar una mejora de la especie. Uno de los cimientos de la teoría está representado por la heredabilidad de las características y Galton quiere documentarla haciendo referencia a la genialidad, mostrando que muchos hombres «superiores» estaban emparentados entre ellos y sin embargo pertenecían a un núimero relativamente reducido de familias.
Su investigación sobre la presencia de más de un genio en la misma familia era muy ingenua, porque no tenía en cuenta el hecho que solo pocas familias podían ofrecer las condiciones para el desarrollo de genialidades, y además sobrevaloraba la dotación de personas que habían alcanzado buenos resultados precisamente porque se encontraban en el ambiente adecuado. Muchos de los casos citados por Galton tenían efectivamente padres que habían destacado ya en el mismo campo, pero –si se considera con detenimiento– se termina por constatar que compartían el oficio, pero no el talento.
Si hoy nos fijamos en algunos genios artísticos, como Rafael, Mozart o Picasso, descubrimos que también sus padres se habían dedicado a la misma forma de arte, practicando con competencia y profesionalidad pintura, música o dibujo, pero sin destacar. Igualmente, Galton citaba una serie de grandes científicos –Aristóteles, Haller, Buffon, Herschel, Celsius, Hunter, Condocret, Huygens, Darwin, Leibnitz, De Candolle, Napier, Eulero, Newton, Hutton, Forbes, Orestes, Franklin, Saussure, Geoffrey– que contaban entre sus familiares más cercanos con dos o tres personajes importantes, pero que no alcanzaron sin duda la misma fama, aunque probablemente actuaran como facilitadores los genios propiamente considerados como tales.
Por mucho que Galton estuviera interesado en medir la inteligencia, su exploración de la genialidad se refería sobre todo a casos que habían alcanzado la excelencia, reconocida públicamente por las obras que habían producido. Se trataba por lo tanto de personajes tan distintos respecto a los individuos identificados a través de puntuaciones muy elevadas en los tests de inteligencia, normalmente denominados gifted.
Nadie duda que Fidias, Safo, Cervantes o Van Gogh fueron genios, pero alimentaremos alguna duda sobre la puntuación que habrían podido obtener en el caso de haber sido evaluados a través de un test de inteligencia (mientras que, seguramente, habría menos desacuerdo a la hora de considerar que tenían una elevada tasa de creatividad).
Los test de inteligencia
La aparición de tests de inteligencia confiables produjo un desplazamiento de la atención hacia personas que objetivamente resultaba que tenían una puntuación intelectual altísima y rara.
Un hito importantísimo de este desplazamiento está representado por un potente proyecto iniciado en California en torno a 1920, que se asocia al nombre del psicólogo norteamericano Lewis Terman, y que se conoce como The Genetic Studies of Genius o como el Terman Study of the Gifted. El proyecto dio como resultado cinco volúmenes y numerosas publicaciones. El hecho que Terman estuviera interesado en la identificación de gifted caracterizados por altas puntuaciones en un test de inteligencia era además la consecuencia lógica de su formación y de sus intereses primarios, vinculados a la medición de la inteligencia y a la creación de la versión americana del test de inteligencia más célebre de la época, el test de Benet, que en la versión estadounidense adoptó el nombre de Stanford-Benet, por la Universidad de Stanford donde Terman cuidó de su adaptación.
A través de este...




