Cortés | Cartas de relación | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 115, 404 Seiten

Reihe: Historia

Cortés Cartas de relación


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9007-098-7
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

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Las Cartas de relación de Hernán Cortés, son cinco cartas escritas durante siete años y dirigidas al emperador Carlos V de España. Constituyen uno de los testimonios más notables de la historia de la conquista de América. En sus cartas Cortés describe su viaje a México, su llegada a Tenochtitlán, capital del Imperio azteca, y algunos de los eventos que resultarían en la conquista de México. En las cinco cartas, escritas durante siete años al emperador Carlos V,  plasmó su intención de conquistar y poblar nuevas tierras, siempre a nombre del rey y para gloria de España. - La primera carta escrita por Cortés titulada: Primera carta de relación de la justicia y regimiento de la Rica Villa de la Vera Cruz a la reina doña Juana y al emperador Carlos V, su hijo, se perdió. Si bien Francisco López de Gómara tuvo una copia e incluyó un breve resumen en su crónica. En 1842 se publicó una carta enviada por la Junta de regimiento de la ciudad de Veracruz, fechada el 10 de julio de 1519. Se titula: «Carta de la justicia y regimiento de la Rica Villa de la Veracruz». La carta de Veracruz o Primera relación está dirigida a la reina Juana y a su hijo Carlos, ya para entonces rey de España. - La segunda carta de relación es en primera persona. Es la carta que describe las peripecias de la marcha hacia México Tenochtitlan, la estancia en la capital mexica, el encuentro con los hombres de Pánfilo de Narváez, la huida de la ciudad y la derrota de la Noche Triste. - En la tercera carta de relación se narra el cerco a Tenochtitlan y Cortés se describe a sí mismo como un estratega, astuto y valiente. En su narración enfatizó que la tierra no estaba pacificada aún y señaló la importancia de su figura para mantener el control de la población indígena. - En la cuarta relación Hernán Cortés explica por qué no había obedecido las instrucciones enviadas por el monarca en 1523. En una misiva el emperador Carlos V le recomendó encarecidamente la prohibición de las ejecuciones de que eran víctimas los indígenas. Además de algunas instrucciones para modificar ciertos aspectos de la administración de la hacienda real. Aquí Cortés intentó convencer al emperador de su eficacia como gobernador de los nuevos territorios ganados para la corona y expone los muchos servicios prestados en su beneficio. - La quinta relación, fechada en septiembre de 1526, narra la expedición a las Hibueras, la ejecución de Cuauhtémoc, el último tlatoani mexica y su regreso a la ciudad de México, en donde fue despojado de su título de gobernador.

Hernán Cortés (1485-1547) fue un conquistador español que jugó un papel crucial en la caída del Imperio Azteca y en el establecimiento del dominio español en lo que hoy es México. Nacido en Medellín, Extremadura, España, Cortés estudió inicialmente en la Universidad de Salamanca, pero abandonó sus estudios para buscar fortuna en el Nuevo Mundo. En 1504, Cortés llegó a la isla de La Española (actual República Dominicana y Haití) y más tarde se trasladó a Cuba, donde se convirtió en un funcionario colonial y acumuló cierta riqueza y experiencia. En 1519, desobedeciendo las órdenes del gobernador de Cuba, Diego Velázquez, Cortés lideró una expedición a la península de Yucatán. Esta expedición marcó el comienzo de su campaña para conquistar el territorio azteca. Cortés es conocido por su habilidad como líder militar y diplomático. Formó alianzas con varios grupos indígenas que estaban enemistados con los aztecas, incluyendo a los tlaxcaltecas, lo que fue crucial para su éxito. La combinación de su astucia diplomática, el uso de la tecnología militar europea, y la explotación de las divisiones internas entre los pueblos indígenas, le permitió a Cortés y a su relativamente pequeño contingente de conquistadores capturar Tenochtitlan, la capital azteca, en 1521. Tras la caída de Tenochtitlan, Cortés se convirtió en el gobernador y capitán general del territorio que llamó Nueva España. Sin embargo, su poder y autonomía eventualmente preocuparon a la corona española, que buscaba más control directo sobre sus colonias. En 1528, Cortés regresó a España para defender su conducta y sus derechos, recibiendo un reconocimiento moderado y el título de marqués del Valle de Oaxaca. Aunque es recordado como un figura emblemática en la historia de la exploración y la conquista europea en América, la figura de Hernán Cortés es también objeto de gran controversia, ya que su legado incluye la destrucción de culturas indígenas y la imposición de un régimen colonial brutal.
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SEGUNDA CARTA-RELACIÓN


DE HERNÁN CORTÉS AL EMPERADOR CARLOS V

SEGURA DE LA FRONTERA

30 DE OCTUBRE DE 1520

Enviada a su sacra majestad del emperador nuestro señor, por el capitán general de la Nueva España, llamado don Fernando Cortés, en la cual hace relación de las tierras y provincias sin cuento que ha descubierto nuevamente en el Yucatán del año de 19 a esta parte, y ha sometido a la corona real de Su Majestad. En especial hace relación de una grandísima provincia muy rica, llamada Culúa, en la cual hay muy grandes ciudades y de maravillosos edificios y de grandes tratos y riquezas, entre las cuales hay una más maravillosa y rica que todas, llamada Tenustitlan, que está, por maravilloso arte, edificada sobre una grande laguna; de la cual ciudad y provincia es rey un grandísimo señor llamado Mutezuma; donde le acaecieron al capitán y a los españoles espantosas cosas de oír. Cuenta largamente del grandísimo señorío del dicho Mutezuma, y de sus ritos y ceremonias y de cómo se sirven.

Muy alto y poderoso y muy católico príncipe, invictísimo emperador y señor nuestro:

En una nao que de esta Nueva España de vuestra sacra majestad despaché a 16 días de julio del año de 1519, envié a vuestra Alteza muy larga y particular relación de las cosas hasta aquella sazón, después que yo a ella vine, en ella sucedidas. La cual relación llevaron Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo, Procuradores de la Rica Villa de la Veracruz, que yo en nombre de vuestra alteza fundé. Y después acá, por no haber oportunidad, así por falta de navíos y estar yo ocupado en la conquista y pacificación de esta tierra, como por no haber sabido de la dicha nao y procuradores, no he tornado a relatar a vuestra majestad lo que después se ha hecho; de que Dios sabe la pena que he tenido. Porque he deseado que vuestra alteza supiese las cosas de esta tierra, que son tantas y tales que, como ya en la otra relación escribí se puede intitular de nuevo emperador de ella, y con título y no menos mérito que el de Alemaña, que por la gracia de Dios vuestra sacra majestad posee. Y porque querer de todas las cosas de estas partes y nuevos reinos de vuestra alteza decir todas las particularidades y cosas que en ellas hay y decir se debían, sería casi proceder a infinito.

Si de todo a vuestra alteza no diere tan larga cuenta como debo, a vuestra sacra majestad suplico me mande perdonar; porque ni mi habilidad, ni la oportunidad del tiempo en que a la sazón me hallo para ello me ayudan. Mas con todo, me esforzaré a decir a vuestra alteza lo menos mal que yo pudiere, la verdad y lo que al presente es necesario que vuestra majestad sepa. Y asimismo suplico a vuestra alteza me mande perdonar si todo lo necesario no contare, el cuándo y cómo muy cierto, y si no acertare algunos nombres, así de ciudades y villas como de señoríos de ellas, que a vuestra majestad han ofrecido su servicio y dádose por sus súbditos y vasallos. Porque en cierto infortunio ahora nuevamente acaecido, de que adelante en el proceso a vuestra alteza daré entera cuenta, se me perdieron todas las escrituras y autos que con los naturales de estas tierras yo he hecho, y otras muchas cosas.

En la otra relación, muy excelentísimo Príncipe, dije a vuestra majestad las ciudades y villas que hasta entonces a su real servicio se habían ofrecido y yo a él tenía sujetas y conquistadas. Y dije así mismo que tenía noticia de un gran señor que se llamaba Mutezuma, que los naturales de esta tierra me habían dicho que en ella había, que estaba, según ellos señalaban las jornadas, hasta 90 o 100 leguas de la costa y puerto donde yo desembarqué. Y que confiado en la grandeza de Dios y con esfuerzo del real nombre de vuestra alteza, pensara irle a ver a doquiera que estuviese, y aun me acuerdo que me ofrecí, en cuanto a la demanda de este señor, a mucho más de lo a mí posible, porque certifiqué a vuestra alteza que lo habría, preso o muerto, o súbdito a la corona real de vuestra majestad.

Y con este propósito y demanda me partí de la ciudad de Cempoal, que yo intitulé Sevilla, a 16 de agosto, con quince de caballo y trescientos peones lo mejor aderezados de guerra que yo pude y el tiempo dio a ello lugar, y dejé en la Villa de la Veracruz ciento y cincuenta hombres con dos de caballo, haciendo una fortaleza que ya tengo casi acabada; y dejé toda aquella provincia de Cempoal y toda la sierra comercana a la villa, que serán hasta cincuenta mil hombres de guerra y cincuenta villas y fortalezas, muy seguros y pacíficos y por ciertos y leales vasallos de vuestra majestad, como hasta ahora lo han estado y están, porque ellos eran súbditos de aquel señor Mutezuma, y según fui informado lo era por fuerza y de poco tiempo acá. Y como por mí tuvieron noticias de vuestra alteza y de su muy grande y real poder, dijeron que querían ser vasallos de vuestra majestad y mis amigos, y que me rogaban que los defendiese de aquel grande señor que los tenía por fuerza y tiranía, y que les tomaba sus hijos para los matar y sacrificar a sus ídolos. Y me dijeron otras muchas quejas de él, y con esto han estado y están muy ciertos y leales en el servicio de vuestra alteza y creo lo estarán siempre por ser libres de la tiranía de aquél, y porque de mí han sido siempre bien tratados y favorecidos. Y para más seguridad de los que en la villa quedaban, traje conmigo algunas personas principales de ellos con alguna gente, que no poco provechosos me fueron en mi camino.

Y porque, como ya creo, en la primera relación escribí a vuestra majestad que algunos de los que en mi compañía pasaron, que eran criados y amigos de Diego Velázquez, les había pesado de lo que yo en servicio de vuestra alteza hacía, y aun algunos de ellos se me quisieron alzar e írseme de la tierra, en especial cuatro españoles que se decían Juan Escudero y Diego Cermeño, piloto, y Gonzalo de Ungría, así mismo piloto, y Alonso Peñate, los cuales, según lo que confesaron espontáneamente, tenían determinado de tomar un bergantín que estaba en el puerto, con cierto pan y tocinos, y matar al maestre de él, e irse a la isla Fernandina a hacer saber a Diego Velázquez cómo yo enviaba la nao que a vuestra alteza envié y lo que en ella iba y el camino que la dicha nao había de llevar, para que el dicho Diego Velázquez pusiese navíos en guarda para que la tomasen, como después que lo supo lo puso por obra, que según he sido informado envió tras la dicha nao una carabela. Y así mismo confesaron que otras personas tenían la misma voluntad de avisar al dicho Diego Velázquez; y vistas las confesiones de estos delincuentes los castigué conforme a justicia y a lo que según el tiempo me pareció que había necesidad y al servicio de vuestra alteza cumplía.

Y porque demás de los que por ser criados y amigos de Diego Velázquez tenían voluntad de se salir de la tierra, había otros que por verla tan grande y de tanta gente y tal, y ver los pocos españoles que éramos, estaban del mismo propósito, creyendo que si allí los navíos dejase, se me alzarían con ellos, y yéndose todos los que de esta voluntad estaban, yo quedaría casi solo, por donde se estorbara el gran servicio que a Dios y a vuestra alteza en esa tierra se ha hecho, tuve manera como, so color que los dichos navíos no estaban para navegar, los eché a la costa por donde todos perdieron la esperanza de salir de la tierra. Y yo hice mi camino más seguro y sin sospechas que vueltas las espaldas no había de faltarme la gente que yo en la villa había de dejar.

Ocho o diez días después de haber dado con los navíos a la costa, y siendo ya salido de la Veracruz hasta la ciudad de Cempoal, que está a 4 leguas de ella, para de allí seguir mi camino, me hicieron saber de la dicha villa cómo por la costa de ella andaban cuatro navíos, y que el capitán que yo allí dejaba había salido de ellos con una barca, y les había dicho que eran de Francisco de Garay, Teniente y Gobernador en la isla de Jamaica, y que venían a descubrir; y que el dicho capitán les había dicho cómo yo en nombre de vuestra alteza tenía poblada esta tierra y hecha una villa allí, a una legua de donde los dichos navíos andaban, y que allí podían ir con ellos y me harían saber de su venida, y si alguna necesidad trajesen se podrían reparar de ella, y que el dicho capitán los guiaría con la barca al puerto, el cual les señaló donde era. Y que a eso les había respondido que ya habían visto el puerto, porque pasaron por frente de él, y que así lo harían como él me lo decía; y que se había vuelto con la dicha barca; y los navíos no le habían seguido ni venido al puerto y que todavía andaban por la costa y que no sabía qué era su propósito pues no habían venido al dicho puerto.

Y visto lo que el dicho capitán me hizo saber, a la hora me partí para la dicha villa, donde supe que los dichos navíos estaban surtos 3 leguas la costa abajo, y que ninguno no había saltado en tierra. Y de allí me fui por la costa con alguna gente para saber lengua, y ya que casi llegaba a una legua de ellos encontré con tres hombres de los dichos navíos entre los cuales venia uno que decía ser escribano, y los dos traían, según me dijo, para que fuesen testigos de cierta notificación, que dizque el capitán le había mandado que me hiciese de su parte un requerimiento que allí traía, en el cual se contenía que me hacía saber como él había descubierto aquella tierra y quería poblar en ella. Por tanto, que me requería que partiese con él los términos, porque su asiento quería ser 5 leguas la costa abajo, después de pasada Nautecal, que es una ciudad que es 12 leguas de la dicha villa, que ahora se llama Almería, a los cuales yo...



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