E-Book, Spanisch, 240 Seiten
Elliott Benjamin sobre la arquitectura
España (+34)
ISBN: 978-84-291-9803-4
Verlag: Reverte
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, 240 Seiten
Reihe: Pensadores sobre la arquitectura
ISBN: 978-84-291-9803-4
Verlag: Reverte
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
En el casi medio siglo transcurrido desde la edición completa en alemán de su Libro de los Pasajes, Walter Benjamin se ha convertido en una referencia clave en muchos ámbitos de la crítica. Benjamin elaboró una síntesis única y provocativa de la estética, política y filosofía. Este volumen de la colección 'Pensadores sobre la arquitectura' evalúa la importancia de sus escritos para la teoría y el ejercicio profesional de la arquitectura. A partir del entrelazamiento de vida y obra en los escritos de Benjamin sobre varias ciudades europeas, este libro examina sus contribución a la crítica cultural en relación con obras de Max Ernst, Adolf Loos, Le Corbusier y Sigfried Giedion, y sitúa la obra de Benjamin dentro de algunas manifestaciones más recientes de la arquitectura y el urbanismo. Este libro constituye una descripción concisa y coherente de la relevancia de los escritos de Walter Benjamin para los arquitectos, al considerar en detalle algunas figuras del arte y la arquitectura moderna, y ubicar el trabajo crítico de Benjamin dentro del contexto de la arquitectura y el urbanismo contemporáneos.
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I. ¿Por qué debería interesarse un arquitecto en ejercicio o un educador en la obra del pensador judío alemán Walter Benjamin?
Introducción
Después de todo, en el momento de su trágica muerte en 1940, la obra publicada de Benjamin –principalmente como crítico literario– sólo era conocida en círculos muy restringidos de intelectuales europeos. A diferencia de su contemporáneo Martin Heidegger, no había producido ningún estudio filosófico innovador con eco en o más allá de los círculos de pensadores. Durante los primeros días de la Escuela de Teoría Crítica de Fráncfort en la década de 1920 no había estado activo y, de hecho, fracasó incluso en la modesta ambición de hacerse profesor universitario. Peor aún, Benjamin volcó –muchos de sus allegados de entonces habrían dicho ‘desperdició’– la última década y media de su vida en un proyecto relacionado con el París del siglo xix sin establecer unos límites materiales ni proponer unos objetivos teóricos claros.
Y, sin embargo, Benjamin es sin duda uno de los pensadores sobre la arquitectura y la condición urbana del siglo xx. Sumergirse en el pensamiento de Benjamin puede aportar varias cosas al profesional y al estudiante de arquitectura: reflexiones profundas y matizadas sobre la modernidad y el Movimiento Moderno; análisis detallados del impacto político y social del entorno urbano; un entendimiento de la arquitectura como un medio crucial, depositario del cruce entre la memoria cultural personal y compartida; una noción de la naturaleza política e históricamente cargada de significado que conlleva el entorno urbano. Por encima de todo, el pensamiento de Benjamin plantea la cuestión de la justicia y la responsabilidad intergeneracional en la arquitectura. Entre tanto debate sobre propuestas arquitectónicas sostenibles, la preocupación de Benjamin por la justicia intergeneracional resulta oportuna y verdaderamente relevante.
Aunque nunca fue miembro oficial del Instituto de Investigación Social, Benjamin recibió apoyo financiero de este y publicó algunos de sus estudios más importantes en su revista durante los últimos años de su vida. Fundado en Fráncfort en 1923, el Instituto se inspiró inicialmente en la obra marxista del mismo año Geschichte und Klassenbewußtsein de György Lukács1, con el objetivo de vincular la investigación filosófica a la investigación social empírica. A raíz de un importante ensayo de Max Horkheimer en la época en que éste asumió el cargo de director en 1930, el enfoque compartido de la Escuela de Fráncfort vino a ser denominado como ‘Teoría Crítica’. Si no al pie de la letra, Benjamin sí encaja en el marco de la Teoría Crítica en espíritu, en la medida en que ofrece análisis de la cultura moderna que cuestionan las interpretaciones socialmente conservadoras predominantes. Por poner un ejemplo, las ideas de Benjamin sobre los efectos potencialmente emancipadores de la tecnología moderna anticipan en varias décadas la idea de una posible sociedad de representación estética colectiva, popularizada por el teórico crítico Herbert Marcuse en la década de 1960. Durante la vida de Benjamin, sin embargo, Theodor Adorno y Max Horkheimer, los miembros más influyentes de la Escuela de Fráncfort, expresaron profundas dudas sobre su enfoque y, en particular, sobre su metodología teórica. Su falta de voluntad para alinearse con la ortodoxia teórica –hacia la que Adorno y otros miembros de la Escuela de Fráncfort le presionaron– ha encontrado muchos defensores, a juzgar por la intensidad del interés académico en Benjamin de las últimas décadas. Lo que suele sorprender de la escritura de Benjamin es lo fresca y contemporánea que resulta. A diferencia de gran parte de la teoría del siglo xx, el pensamiento de Benjamin todavía parece capaz de señalar el camino hacia el futuro, en lugar de volverse hacia circunstancias que dejaron de preocuparnos hace mucho.
Desde sus escritos sobre ciudades como Berlín, Moscú y Nápoles de mediados de la década de 1920, hasta su reconstrucción obsesiva del París del Segundo Imperio en la última década de su vida, la preocupación constante de Benjamin siguió siendo el impacto social y cultural de la urbanización moderna. La variedad de fuentes escogidas para su obra de madurez sobre París fue asombrosa: la poesía de Baudelaire y sus contemporáneos; escritos de Karl Marx y Friedrich Engels y los primeros socialistas utópicos; historiadores del siglo xix; guías de ciudades, biografías y una amplia gama de material sobre las modas y objetos efímeros de la cultura cotidiana. Además, Benjamin fue un atento observador de la vanguardia artística en París en su época, que prestó especial atención a la importancia del grupo surrealista formado en torno a André Breton a principios de la década de 1920. Sobre todo, se inspiró en la sociología urbana pionera del ensayo de Georg Simmel de 1903, ‘Die Großstädte und das Geistesleben’,2 que abordaba la cuestión de los efectos sociales de la urbanización moderna. Mientras Simmel acentuaba el agotamiento nervioso del carácter blasé metropolitano, Benjamin tendió a hacer una lectura del entorno urbano que tuviese en cuenta su potencial socialmente transformador y revolucionario. Si bien la preocupación de Benjamin por el París del siglo xix puede parecer bastante alejada de las preocupaciones centrales de la arquitectura contemporánea, debe tenerse en cuenta que su objetivo final fue el de reconstruir las condiciones materiales y culturales del nacimiento de la vida urbana moderna. En pocas palabras, la labor subyacente de Benjamin consistió en trazar una genealogía de la urbanización. Todas las ramificaciones de esta genealogía se remontaban a la renovación urbana sin precedentes de París, orquestada por el barón Haussmann en las décadas de 1850 y 1860.
El experimento urbano de Haussmann pondría en marcha nuevos esfuerzos de reurbanización a gran escala, en toda Europa y más allá. Aquí encontramos el modelo para todos los esfuerzos posteriores por diseñar la sociedad mediante la construcción moderna. Benjamin, al examinar estos acontecimientos varias generaciones más tarde, se ve atrapado en la tarea de reflexionar sobre este acontecimiento seminal de la modernidad. En lugar de una reconstrucción histórico-artística serenamente distanciada, el trabajo de Benjamin de 1928 a 1940 en el Passagen-Werk3 –una auténtica obra en proceso en todos los sentidos del término– fue impulsado por un sentido creciente de urgencia social y política. Estaba convencido, al igual que los principales defensores del Movimiento Moderno en arquitectura en la década de 1920, de que la única manera de progresar residía en explotar, en lugar de reprimir, la tecnología industrial iniciada en el siglo xix. Pero si el cuerpo de la modernidad eran sus innovaciones tecnológicas materiales, su espíritu bebía de fuentes más profundas. Al igual que su contemporáneo y amigo Ernst Bloch, Benjamin estaba convencido de que la modernidad del siglo xix y el Movimiento Moderno del siglo xx estaban impulsados por representaciones de deseos colectivos utópicos: anhelos, en gran parte inconscientes, de armonía social y reconciliación. La comprensión de la arquitectura moderna, por tanto, nunca podría reducirse a dar cuenta funcional de las aplicaciones materiales y la economía de gran escala que la producción estandarizada hacía posibles. Más allá de cualquier dicotomía funcionalista-expresionista, Benjamin entiende la arquitectura moderna igualmente como material-funcional y simbólico–utópica. Al hacer balance de la situación contemporánea, parece que el agotamiento de las alternativas posmodernas ha llevado a una reevaluación de aquello anterior al post-: la pregunta acerca del significado de la modernidad ha regresado. No hay mejor guía para ayudarnos a abordar esta cuestión que Walter Benjamin.
Entre abril y julio de 2006, el Victoria and Albert Museum (V&A) de Londres presentó la exposición ‘Modernism: designing a new world, 1914–1939’. Al año siguiente, se transfirió la exposición ligeramente modificada a la Corcoran Gallery of Art, en la ciudad de Washington. Lo sorprendente de lo que la Corcoran describió como «la exposición más extensa y completa sobre el tema jamás realizada en los Estados Unidos», fue su claro enfoque en la cultura material cotidiana y el proyecto de arquitectura, en oposición a la preocupación más ortodoxa por las artes visuales, en particular por la pintura. La descripción on-line del V&A, en un tono inequívocamente moderno, acentúa la presencia continuada del Movimiento Moderno:
A principios del siglo xxi nuestra relación con el Movimiento Moderno es compleja. El entorno urbano en el que vivimos hoy en día fue moldeado en gran medida por el Movimiento Moderno. Los edificios que habitamos, las sillas en las que nos sentamos, el grafismo que nos rodea, todo ha sido creado por la estética y la ideología de los proyectos del Movimiento Moderno. Vivimos en una era que todavía se identifica en términos de modernidad, como posmoderna o incluso post-posmoderna.4
Esta caracterización del Movimiento Moderno –no tanto en función de grandes personalidades o incluso de la desconcertante variedad de -ismos, sino más bien como algo grabado en la cultura material cotidiana, mayormente de...




