Fagerholm | ¿Quién mató a Bambi? | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 288 Seiten

Reihe: Letras Nórdicas

Fagerholm ¿Quién mató a Bambi?


1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-10200-79-1
Verlag: Nórdica Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, 288 Seiten

Reihe: Letras Nórdicas

ISBN: 978-84-10200-79-1
Verlag: Nórdica Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



Ganadora del Premio de Literatura del Consejo Nórdico, esta es una novela sobre la voluntad de olvidar y la inevitabilidad de aferrarse a los recuerdos, sobre historias y familias que se desmoronan. Solo una gran escritora como Monika Fagerholm puede crear tanta energía con el lenguaje. Saga-Lill y Emmy se conocen desde la infancia, pero están en lugares muy diferentes en sus vidas: Emmy es una madre joven y está casada con Mats, un asesor de inversiones; Saga-Lill es una exestudiante de Teología que ha perdido el equilibrio. Luego está Gusten Grippe, un amigo que creció en el suburbio en el que tiene lugar la mayor parte de la historia. Bajo la superficie, se esconde una vieja herida, un acto violento que ahora es cosa del pasado. Y de repente Cosmo Brant, otro antiguo habitante del suburbio, regresa para hacer una película sobre el crimen.

Monika Fagerholm (Helsinki, 1961). Autora finlandesa en lengua sueca, es considerada una de las mejores escritoras de Escandinavia. Su prosa, altamente musical y literaria, rica en manierismos locales, alusiones literarias y repeticiones en estilo de fuga, en combinación con su profundo amor y comprensión de la música popular como fundamento mítico en la vida de los adolescentes, la convierten en una artista destacada. Es una de las intérpretes y cronistas verdaderamente originales del patrimonio cultural nórdico de los últimos cuarenta años. En 2020 recibió el prestigioso Premio de Literatura del Consejo Nórdico por ¿Quién mató a Bambi? y ese mismo año también recibió el Premio Selma Lagerlöf.
Fagerholm ¿Quién mató a Bambi? jetzt bestellen!

Weitere Infos & Material


GUSTEN A LA ORILLA DEL LAGO, 1

Se puede empezar aquí. Una mañana de septiembre de 2014.

Gusten Grippe baja a la orilla del agua. El lago Kallsjön, la ciudad de las villas; hace ya que no va allí por su cuenta, hace bastante. Una vez, varios años atrás, se mudó de la ciudad de las villas, donde se había criado, y prometió no regresar jamás. O sea, ¿qué hace aquí ahora justo esta mañana de septiembre de comienzos de un otoño que lo obligará a volver a aquello que abandonó un día? La respuesta: nada. Ningún pensamiento, ningún objetivo. Simplemente, ha venido a parar aquí durante su habitual carrera matutina. Sí, aún sucede, a veces viene a correr a la ciudad de las villas, coge el coche hasta aquí desde el pueblo vecino, donde reside en la actualidad, con elegancia, en una lujosa guarida de soltero de dos plantas (nuestro Gusten es agente inmobiliario, el agente infernal lo apodan, por lo bueno que es). Quizá sea un presagio, una señal, algo relacionado con el sexto sentido. A lo sumo seguramente solo una casualidad, una irónica coincidencia.

Pero una vez, cuando Gusten era niño, este era su mundo: la ciudad de las villas, el lago Kallsjön, las playas circundantes, las fincas que rodeaban el lago, y el bosquecillo y el sendero deportivo que discurre a la orilla de la fangosa corriente de agua que no es ni profunda ni fría ni peligrosa, ni siquiera tiene misterio, como él tan ansiosamente quería creer de niño, él y su amigo Nathan, que tenía la misma edad que él. Cuando estaban allí juntos, los dos con gorras idénticas. Cerraban los ojos y echaban a volar la imaginación, se contaban historias acerca de todo tipo de cosas emocionantes que digamos que PODÍAN suceder allí también, pero eran historias inacabadas, que quedaban suspendidas en el aire, cabos sueltos. Y si volvían a abrir los ojos veían claramente, además: imaginaciones, solo eso, caprichos sin correlato en lo real; pero, el agua, poco profunda, de color ocre por la tierra. Y las granjas que había alrededor del lago… era precisamente Angela, la madre de Gusten, la que tenía por costumbre invocarlas, justo allí, en aquel sendero deportivo por donde ella y su hijo daban los paseos matutinos, en cierto modo como un show, porque así era ella. O así es: Como salida de una ópera, directamente llegada del escenario antes incluso de subir a él. Si hoy escribieran una biografía de Angela Grippe, estos episodios de los primeros años de la infancia de Gusten en la ciudad de las villas constituirían el primer capítulo, que se llamaría «Preparativos» y que trataría de los años en que la futura estrella de la ópera, aunque cierto que en un círculo bastante reducido de personas de gusto refinado, o sea, no una Callas que canta a Puccini para las masas, entrenaba la voz a conciencia antes del estreno. Caminaban sin parar alrededor del lago, ella y su hijo, que tenía cuatro, cinco, seis años (Gusten tiene ya veintiséis). Y de pronto, al verlo ahí delante en este preciso momento, hoy, comprendo que aún puede vivirlo todo muy cercano, como si fuera ayer: «…y eso era nuestro, y eso y eso», Angela en el sendero, llamándolo, señalando con el dedo índice en todas direcciones hacia las informes playas cubiertas de cañas. «Y eso…». Porque ella quiere decirle que una vez, en el origen de los tiempos, toda la tierra que rodea el lago perteneció a su linaje y a su familia…, algo que el propio Gusten en esa época en la que aún es pequeño no sabe si es verdad o si es una broma o, algo que a mamá Angela se le da muy bien, si solo es una forma de decir otra cosa, puesto que en las circunstancias reales, en la infancia de Gusten, hay muy pocas pruebas concretas de tantas y tan grandiosas propiedades en la familia. Hasta donde le alcanza la memoria, él y Angela han vivido siempre juntos en el mismo pisito de dos habitaciones de un bloque del centro de la ciudad de las villas: el único bloque de pisos que había en aquella época (en la ciudad de las villas lo mejor es, claro está, vivir en una villa, es lo más elegante) y tampoco ha conocido ni se ha relacionado con ningún pariente. A pesar de todo, le gusta el juego, sabe de qué va. «¡Todo es nuestro!». Angela, su madre, en el sendero, señala, se ríe, y él se ríe también, ocurre una y otra vez, porque esta es una anécdota que se repite de forma idéntica justo en este lugar concreto, un claro entre los juncos con un peñasco al que te puedes subir y desde el que tienes la vista despejada al mar y a las playas. Y, por supuesto, él sabe bien lo que vendrá después: que Angela extenderá el dedo índice en dirección a la playa de enfrente, más o menos entre el Buque Fantasma, que es la casa de los Häggert, y el largo muelle de baño del hogar de señoritas Grawellska (esos dos lugares, por cierto, las únicas edificaciones visibles junto al lago), en un bosquecillo casi asilvestrado espesamente poblado de alisos… Acto seguido va bajando la voz hasta convertirla en un susurro claramente audible en el que también se puede caer como en una vieja cantinela, si así se quiere: «Y ahí, justo ahí… estaba la choza en la que vivían el caballerizo junto con su mujer y su hija»… pausa teatral, guiño a Gusten: «La hija del caballerizo, Gusten. Con cabeza para estudiar. Así que mi padre, que no valía para nada, pero que tenía un corazón que valía su peso en oro, puso interés en apoyarla… Mientras quedara dinero, se entiende. Y es que luego lo perdió casi todo especulando.

»Ya desde el principio, se entiende. Le pagó a la muchacha el colegio, procuró además que tuviera todo lo que necesitara. Con un talento extraordinario, ambiciosa, era aquella hija, absolutamente brillante, pero, como se suele decir, of slender means». Y en ese momento, al mismo tiempo, en el sendero, se oye un rumor entre los arbustos, el sonido de pasos y voces que se aproximan, y Angela presta atención, se le ilumina la cara. «Una auténtica high achiever, y se llamaba…

»¡Annelise!», exclaman los dos al mismo tiempo. «Annelise», como una invocación; porque lo bueno es precisamente que en realidad ella suele aparecer justo en ese momento, Annelise Häggert, de la misma edad que mamá, su amiga desde hace muchos años. Se acerca al sendero desde el otro extremo tirando de su hijo Nathan, y luego siguen muchos gritos de alegría, hola, hola, montón de besos entre las dos mujeres, porque la historia es precisamente que Angela Grippe y Annelise Häggert son muy buenas amigas, antiguas compañeras de colegio en la villa a pesar de que sus respectivas carreras profesionales las han llevado por caminos distintos en la vida, una vida muy muy ajetreada, a la que ellas se refieren así precisamente la mayoría de las veces. Pero en esa época, en la primera infancia de Gusten, Annelise es la que viaja por todo el mundo como conferenciante y profesora en simposios y congresos: es abogada empresarial y economista y miembro de varios consejos de administración, ya ha culminado su primer cargo como directora a pesar de que solo tiene veintisiete años, además de que acaba de ser nombrada catedrática de Economía de una de las principales universidades del país. Mientras que Angela es más estacionaria. Ha ganado un gran concurso internacional de canto de música clásica, pero luego no ha ocurrido gran cosa, que en realidad es justo lo que tiene que ser. Para que una voz apta para la ópera desarrolle el máximo de su potencial tiene que madurar y evolucionar y entrenarse primero lejos de los focos y los escenarios, lo que significa quedarse en casa y, bajo la guía de pedagogos competentes, practicar, practicar y prepararse para la escena operística. Ámbito en el que ella terminará alcanzando reconocimiento, ante todo en la tradición posmoderna, por ejemplo, en obras del dúo experimental Schuck & Gustafson. Justo ahora, AHORA mismo, en el otoño de 2014, Angela Grippe está triunfando de hecho en el papel protagonista del estreno mundial de Dissections of the Dark Part III, en una de las pequeñas óperas de Viena. Y allí la ha visto en escena el propio Gusten durante el fin de semana, en compañía de una amiga, Saga-Lill (la mejor amiga de su exnovia Emmy Stranden, amiga con la que inició —let’s face it— una relación sexual intermitente no del todo exenta de fricciones cuando Emmy lo dejó por otro, pronto hará tres años, aún no lo ha superado).

Pero volvamos a la infancia, y al sendero. Después de Annelise, su hijo Nathan. Nathan Häggert, el único hijo de Annelise y Albinus Häggert, alias Abbe, de la misma edad que Gusten y, por tanto, también a causa de la larga amistad de las madres, amigo de la infancia y compañero de colegio de Gusten a lo largo de todos los años que vivieron en la villa, hasta el final, el penúltimo año de secundaria, que acaba en catástrofe.

Sí. Catástrofe. No es una exageración; tampoco tiene nada de conciliador ni de atenuante. Todo lo que se estrella y se rompe. Para siempre. E igual de obvio: Es culpa suya. Y de Nathan (sobre todo).

«Brutal violación en grupo en el domicilio de Annelise...



Ihre Fragen, Wünsche oder Anmerkungen
Vorname*
Nachname*
Ihre E-Mail-Adresse*
Kundennr.
Ihre Nachricht*
Lediglich mit * gekennzeichnete Felder sind Pflichtfelder.
Wenn Sie die im Kontaktformular eingegebenen Daten durch Klick auf den nachfolgenden Button übersenden, erklären Sie sich damit einverstanden, dass wir Ihr Angaben für die Beantwortung Ihrer Anfrage verwenden. Selbstverständlich werden Ihre Daten vertraulich behandelt und nicht an Dritte weitergegeben. Sie können der Verwendung Ihrer Daten jederzeit widersprechen. Das Datenhandling bei Sack Fachmedien erklären wir Ihnen in unserer Datenschutzerklärung.