E-Book, Spanisch, Band 516, 416 Seiten
Reihe: Ensayos
Laínz España contra Cataluña
1. Auflage 2014
ISBN: 978-84-9055-462-3
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: PDF
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Historia de un fraude
E-Book, Spanisch, Band 516, 416 Seiten
Reihe: Ensayos
ISBN: 978-84-9055-462-3
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Jesús Laínz (Santander, 1965) es autor de varios libros, dedicados fundamentalmente al problema separatista, que han cosechado un notable éxito de crítica y lectores. Sobre Adiós, España. Verdad y mentira de los nacionalismos (Encuentro, 2004) afirmó su prologuista Stanley G. Payne que se trata del 'más completo compendio crítico o guía sobre la mayoría de estos problemas que haya aparecido nunca en un solo libro' y José María Carrascal que 'resume, como ningún libro de cuantos hasta ahora han caído en mis manos, la verdad y la mentira de los nacionalismos'. Desde Santurce a Bizancio. El poder nacionalizador de las palabras (Encuentro 2011), dedicado a desentrañar la ingeniería lingüística desplegada tanto en España como en otros países europeos, fue definido por Amando de Miguel como 'la crónica despiadada, inflamatoria y cáustica de hasta qué extremos de estolidez pueden llegar los delirios nacionalistas'. Otros títulos, siempre en Encuentro, son La Nación falsificada (2006), ameno repaso del papel de los catalanes y los vascos en la construcción de España, y las recopilaciones de artículos España desquiciada (2007) y Escritos reaccionarios (2008).
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II. CRISIS Y EXASPERACIÓN
A pesar de su decisiva participación en la derrota de la Francia napoleónica, España confirmó su escaso peso internacional con el secundario papel que representó en el Congreso de Viena. Además, en pocos años iba a perder su enorme imperio americano excepto una Cuba y un Puerto Rico que todavía permanecerían vinculadas a la metrópoli casi un siglo más. En sólo treinta años España había pasado de la categoría de potencia mundial a la de país de segunda fila.
El proceso emancipador hispanoamericano comenzó con la invasión francesa de 1808 y se aceleró en las siguientes dos décadas gracias, sobre todo, al indisimulado interés británico por sustituir a España en el señorío del hemisferio americano. Además del apoyo dado por las logias masónicas y los sucesivos gobiernos británicos a los dirigentes independentistas criollos concentrados en Londres, el ministro de Exteriores británico, George Canning, consiguió que la Santa Alianza no ayudase a restaurar su dominio en ultramar a una España incapaz de hacerlo por sí sola. Tras la firma en octubre de 1823 del Memorándum de Polignac por el que los gobiernos francés y británico acordaron no ayudar a España a conservar sus territorios americanos, Canning pudo escribir: «Lo hemos conseguido. El clavo está puesto. La América española es libre, y si no descuidamos nuestro trabajo, es inglesa».
La inestabilidad de los reinados de Fernando VII y sus descendientes, así como su debilidad económica y militar, acabarían provocando que, en unas décadas en las que las principales potencias europeas construían sus imperios ultramarinos, España acabaría por perder los últimos restos del suyo.
Pero el proceso iba a durar todo un siglo y a sufrir algunos altibajos. Durante los últimos años del reinado de Carlos IV, Manuel Godoy previó negros nubarrones sobre la presencia española al otro lado del Atlántico, presencia que consideraba condenada a extinguirse al igual que las colonias inglesas de Norteamérica casi medio siglo antes. Interesado en comenzar una expansión por el norte de África, el valido encontró en el barcelonés Domingo Badía, alias Alí Bey, el colaborador perfecto. Pero su maquiavélico plan de agitación del sultanato de Marruecos como excusa para poner el pie al otro lado del Estrecho no pudo llegar a buen fin por varios motivos. El primero, la batalla de Trafalgar, que supuso un imprevisto frenazo a los planes de anexión. El segundo, la negativa del anciano Carlos IV a derrocar imprudente y deshonrosamente al emperador marroquí mediante la traición que habían pergeñado Godoy y Badía. El valido insistió al rey sobre la importancia de la presencia española en África por la guerra contra una Inglaterra a la que se podría acosar desde el otro lado de Gibraltar, por el desarrollo del comercio y por la reserva que Marruecos significaría en caso de pérdida de los territorios americanos. Pero el monarca zanjó la discusión con un tajante «No se debe hacer el mal para conseguir el bien» al que Godoy calificó de hermoso principio político si todos lo respetaran, pero dañoso si sólo lo hacía uno.
Y llegaron la Guerra de la Independencia, que destrozó durante generaciones las infraestructuras y la industria, la pérdida de América y la Primera Guerra Carlista, graves crisis que paralizaron la acción exterior española. Pero a partir de la década de 1840 se intensificó el acoso a Ceuta y Melilla, que desembocó en agosto de 1859 en el ataque por parte de incontrolados rifeños a un destacamento que custodiaba los fortines de Ceuta y la destrucción de los escudos de España allí erigidos. Al día siguiente el comandante de Ceuta dispuso la reubicación de los escudos y el izado de la bandera española en el lugar del desacato. No tardaron los moros en volver a derribarlo, huyendo acto seguido al ver salir las tropas españolas en su persecución. Con el pretexto de un «ultraje inferido al pabellón español por las hordas salvajes», Leopoldo O’Donnell, deseoso de lograr algún éxito exterior que mejorase el prestigio de España y le afianzase en el gobierno, ordenó la invasión de Marruecos con los objetivos militares de asegurar las posiciones de Ceuta y Melilla así como de tomar Tetuán y el puerto de Tánger.
La reacción de los españoles fue unánime. En todas las provincias se alistaron miles de voluntarios. Por toda Cataluña se organizaron cuestaciones patrióticas para recaudar dinero, armas y pertrechos para los soldados, se celebraron veladas teatrales, manifestaciones, misas y todo tipo de actos en apoyo de la campaña marroquí.
Los poetas catalanes pusieron sus bilingües musas a trabajar en homenaje a la patria y a sus paisanos alistados en el ejército mandado por el reusense Juan Prim. Joaquín Rubió y Ors, el popular Gayter del Llobregat, celebró la victoria en un poema titulado A mi Patria:
«Por eso cuando ayer el africano
intentó mancillar nuestros pendones,
vióse a la sombra del pendón hispano
luchar los catalanes cual leones».
Francisco Camprodón se distinguió por sus numerosos versos de tema patriótico escritos tanto en lengua castellana como catalana e inspirados por hechos como la muerte de Méndez Núñez o las guerras de África y Cuba. Para homenajear a Prim a su regreso de la campaña africana, imaginó un discurso que el caudillo almogávar Roger de Flor dedicaba al vencedor de Tetuán:
«Adéu, Joan Prim, adéu;
no fa falta lo bras méu
per triunfar de la campanya
sénti tú; jo plech á Déu
per las banderas d’Espanya».
Adolfo Blanch, en un poema titulado ¡Via fora, espanyols!, recordó a los hijos de Rodrigo de Vivar, Roger de Lauria, Jaime I, Guzmán el Bueno, Moncada y Requesens que
«¡Benhajan los perills! ¡Avant! ¡Via fora!
Quanta es més gran dels elements la sanya,
més grans vos vol fer Deu, héroes d’Espanya».
Otra figura prominente de la Renaixença, el poeta, historiador y político barcelonés Víctor Balaguer y Cirera, dedicó asimismo a los voluntarios catalanes versos saturados de retórica antimusulmana:
«¡Honor als que retornan del camp de la batalla
banderas sarrahinas portantli per troféus!
La sanch almugavera corría en las llurs venas
y al África volaren per ser flagell d’alarbs».
Pero la que consiguió más celebridad, y que fue memorizada y repetida por muchos catalanes en aquellos días, fue una en castellano que Balaguer leyó desde el balcón de la Casa Consistorial el día en que se recibió en Barcelona la noticia de la victoria en Tetuán:
«¡Victoria! La anuncia rugiendo el león.
¡Victoria! Retumba tronando el cañón.
Y henchida de gozo, radiante de gloria,
repite: ¡Victoria! la hispana nación».
Los voluntarios catalanes al mando del general Prim se destacaron en las batallas de Wad-Ras y Tetuán, y les cupo el honor de clavar la bandera española en la alcazaba de dicha ciudad.
Prim y sus soldados fueron objeto de entusiastas bienvenidas a su regreso. Al poner pie en suelo español en la localidad gerundense de La Junquera, fueron recibidos con repique de campanas y en medio del entusiasmo general. Al entrar en Barcelona se les acogió con una lluvia de octavillas con estos versos:
«D’enemichs la turbamulta prest lograreu aixafá
escribint ab forta ma: Sapia la nassió mes culta
que á Espanya ningú l’insulta mentras hi haije un catalá».
Entre los cientos de versos, canciones y representaciones que surgieron en homenaje al ejército, destacó Los catalans en África (Apéndice gráfico,fig. 3), obra del poeta José Antonio Ferrer con música de Francisco Porcell en la que se animaba a los jóvenes a alistarse para ir a luchar contra el enemigo hereditario con estas palabras:
«Borrem la Mitja Luna del cel de aquella terra;
campejen sols gloriosas las barras y lleons.
¡San Jordi! ¡Viva Espanya! ¡Al arma! ¡Guerra! ¡Guerra!
¡Corram a matar moros! ¡Al áfrica, minyons!».
Otro de los compositores que se destacó por su aportación musical a la campaña de Marruecos fue el tortosino Felipe Pedrell con su La voz de España, loa patriótica con letra del también tortosino Antonio Altadill rebosante de románticas referencias a la bandera, a la sangre mora y a la patria del Cid, Cortés y don Pelayo:
«¡Al África, españoles!, arde el pecho en vengadora saña
y su brillo recobre nuestro nombre al grito vengador de ¡Viva España!».
Pedrell, por cierto, fue el principal promotor del despertar de la música española en la segunda mitad del siglo XIX. Si bien su talla como compositor no pasó de mediocre, construyó casi en solitario las bases de la musicología española contemporánea. Su principal actividad consistió en recuperar y sistematizar el legado musical español con el doble fin de evitar su desaparición y de procurar su conocimiento para que, con él como base, se pudiese construir una escuela musical española arraigada en su propia tradición. En 1890 publicó su ensayo Por nuestra música, el más importante texto musicológico de todo el XIX español, en el que explicó y proclamó la necesidad de crear una tradición lírica nacional. Según Pedrell, los compositores españoles debían...




