Martínez | La Era Hibórea de Robert E. Howard | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 362 Seiten

Martínez La Era Hibórea de Robert E. Howard

La guía completa y definitiva
1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-127494-6-5
Verlag: Sportula Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

La guía completa y definitiva

E-Book, Spanisch, 362 Seiten

ISBN: 978-84-127494-6-5
Verlag: Sportula Ediciones
Format: EPUB
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Allí apareció, espada en mano, Conan el cimerio, de pelo negro y mirada taciturna, ladrón, saqueador y asesino, tan desbordante de melancolía como de júbilo, dispuesto a hollar con sus sandalias los engalanados tronos de la Tierra. Las Crónicas Nemedias Así se iniciaba «El Fénix en la espada», el relato que dio a conocer al más famoso de los héroes bárbaros. Durante los siguientes cuatro años, Robert E. Howard iría narrando la peripecia vital de su personaje, al tiempo que creaba el mundo ficticio en el que este corría sus aventuras: La Era Hibórea, una mezcla diversa, dinámica y colorida de distintas épocas y lugares históricos adaptados al gusto de Howard. Este libro pretende ser un recorrido exhaustivo por ese mundo legendario y fascinante. Además de una detallada guía alfabética de términos, se incluye un análisis de todos y cada uno de los relatos de Conan escritos por Howard y se sitúan tanto en el contexto biográfico del autor como en el de la ficción. El libro se completa con diversos apéndices y mapas. Tanto si eres un conocedor de la obra de Howard como si es la primera vez que te acercas a ella, La Era Hibórea de Robert E. Howard es el libro que andabas buscando, aunque no lo supieses.

Candás, 1965 A juzgar por su numerosa obra, Rodolfo es uno de los autores más prolíficos del género fantástico y de ciencia ficción en España. Su larga trayectoria como escritor ha sido recompensada numerosas veces con varios premios, como el Ignotus, el Minotauro o el Asturias de novela. Narrador de estilo dinámico que gusta de la fusión de géneros, en su bibliografía destacan los cyberpunks La sonrisa del gato (1995) y El sueño del rey rojo (2004), o el space opera Tierra de nadie: Jormungand (1996), además de obras de fantasía urbana como Las astillas de Yavé (2014). Ha escrito varios pastiches holmesianos de corte fantástico. El primero de ellos, La sabiduría de los muertos, es sin duda su novela más reeditada y popular, traducida al inglés, francés, portugués, turco y polaco. Su producción breve se encuentra recogida en Disfraces parecidos a mi piel (2020). En La canción de Bêlit (2017) explora la obra de Robert E. Howard y aporta su personal punto de vista a su más famosa creación, Conan el bárbaro. En 2020 empieza a publicar su obra más ambiciosa, El hueco al final del mundo,que reparte en varios volúmenes. Vive en Gijón, junto a Felicidad Martínez y las dos gatas de ambos: Rángiku e Íchigo.
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UNAS PALABRAS INICIALES


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Aunque posiblemente este libro se disfrute con más intensidad si se tiene algún conocimiento previo de la obra de Robert E. Howard, se escribió con la idea de que resultase interesante y comprensible tanto para quien conoce al dedillo todas las peripecias de Conan como para las personas que, como mucho, han visto u oído hablar de alguna de las películas.

De ahí que se empiece con una pequeña biografía del creador del personaje, como forma de situar las cosas en contexto y poner en antecedentes a quien se acerque a la figura de Conan por primera vez.

El propósito del libro, por otro lado, queda muy claro en la portada. Se trata de ofrecer una guía minuciosa y detallada del universo ficticio en el que Conan de Cimeria vivió sus aventuras (y alguna desventura que otra).

Su creador llamó a ese mundo la Era Hibórea; como iremos viendo, trasladó a ese escenario algunas de sus épocas históricas favoritas, modificándolas y mezclándolas sin vacilar según convenía a su propósito. Y creando en el proceso uno de los más fascinantes escenarios ficticios que ha dado la fantasía moderna, algo que espero que quede patente tras la lectura.

La segunda parte de este libro se compone del análisis de los relatos escritos por Howard. No solo los de Conan; tras reflexionar y oír diversas opiniones he decidido incluir también los relatos de Kull, personaje que en algunos aspectos fue el antecedente del cimerio y que, tal como el autor estableció en su ensayo La Era Hibórea1, comparte escenario con él. De hecho, el mundo de Conan nace a partir del cataclismo que destruye el de Kull y hay numerosos lazos de parentesco entre los pueblos de ambas épocas2.

Dado que este libro se centra en la Era Hibórea y en su personaje más famoso, Conan, el análisis de los relatos de Kull se inserta como un único capítulo, previo al estudio de los relatos del cimerio. Es por tanto un análisis más breve y ligero.

Tal capítulo previo, Un rey viene a caballo, tiene como fuentes principales el volumen que recoge los relatos de Kull El reino de las sombras (Spórtula, 2024) y «Atlantean Genesis», el extenso artículo de Patrice Louinet que aparece en la edición de Ballantine de los cuentos del atlante3.

En lo que se refiere al análisis de las historias de Conan, utilicé también dos fuentes principales: el prolijo ensayo de Patrice Louinet «Hyborian Genesis» (dividido en tres partes en la edición en inglés de Conan realizada por Ballantine4) y la edición española en cuatro volúmenes de Las Crónicas Nemedias realizada por Spórtula entre 2018 y 20225, donde se recoge en castellano la saga del cimerio.

El orden seguido para el análisis ha sido el de creación de cada relato, lo que no quiere decir que ordenarlos atendiendo a la biografía del personaje no sea igualmente razonable.

Ordenar siguiendo la biografía del personaje permite ver la evolución de este (que existe en el caso de Conan, por más que algunos estudiosos se empeñen en negarlo); seguir el orden de creación de cada historia permite asistir a la evolución del autor. Ambas ordenaciones tienen su interés y su sentido, cada una en un contexto distinto. Sin duda cada lector tendrá distintas preferencias, lo que no vuelve necesariamente superior un orden al otro.

Patrice Louinet, probablemente el principal experto del mundo en Howard, odia con todo su corazón la ordenación cronológica y defiende a muerte el orden de escritura, algo perfectamente respetable. El problema es que algunos de sus argumentos no suenan muy convincentes y ni siquiera señalan algo real, como cuando afirma que a ningún experto en Sherlock Holmes se le ocurriría publicar el canon holmesiano ordenado cronológicamente… algo que se ha hecho varias veces, en realidad.

En el caso concreto de este libro y puesto que a menudo en el análisis hablo de la relación de cada relato con otros, el orden de escritura me permite mostrar mejor el proceso de creación de la saga y el desarrollo de Howard como escritor.

No me duelen prendas en reconocer que además de mis propias impresiones personales y mis pensamientos sobre los distintos relatos de Conan he acudido con frecuencia a lo que comentan sobre ellos tanto Patrice Louinet como Mark Finn. No siempre estoy de acuerdo con lo que dicen, pero en todo momento sus puntos de vista y sus reflexiones son interesantes y señalan con agudeza elementos importantes para el análisis. Los dos han abierto el camino para una crítica racional, argumentada y alejada de prejuicios de la obra de Howard y, sobre todo, un acercamiento más riguroso a este, como autor y como persona; sería un tonto si no me aprovechase, en el mejor sentido de la palabra, de su labor.

Ambos han sido sumamente generosos a la hora de permitirme citarlos, algo que les agradezco de corazón. De paso, aprovecho para recomendar sus trabajos sobre Howard, que se pueden encontrar en la bibliografía, tanto en inglés como en su versión en castellano, de la que en algún caso tuve el inmenso placer de encargarme.

También he consultado Cuando cantan las espadas de Javier Martín Lalanda. El trabajo de este estudioso español tiene mérito especial cuando consideramos que la primera versión de su libro (La canción de las espadas) apareció en 1983, en un momento en que Howard (aunque no Conan) era casi por completo desconocido en nuestro país y encontrar documentación y corroborarla no resultaba ni la décima parte de lo fácil que es hoy en día. La versión definitiva de su ensayo (que abarca toda la fantasía de Howard, no solo los relatos del cimerio) sigue siendo un hito bibliográfico en los estudios españoles de la obra del autor texano.

Me ha resultado especialmente útil el segundo apéndice, sobre los continentes perdidos y las razas antiguas, en el que muestra la influencia de ideas como la teosofía de Madame Blavatsky en el pensamiento y la obra de Howard.

Quiero señalar algo que no debería ser necesario, pero que pese a todo creo que es prudente: los comentarios y análisis de los relatos no buscan el espóiler, pero tampoco lo rehúyen. Cuando así lo considero adecuado detallo partes del argumento de la obra que estoy comentando.

Si tenemos en cuenta que estoy hablando de un material cuya antigüedad empieza a acercarse a los cien años, creo que estoy autorizado a realizar cuantos espóilers considere conveniente.6

Por otro lado, los comentarios que realizo a cada relato son siempre personales y subjetivos y no pretenden en ningún momento ser tomados como verdades absolutas.

A la hora de valorar el arte no existen las verdades absolutas independientes de los contextos, digan lo que digan los escolásticos. El arte está creado para resonar emocional y estéticamente7 con uno o varios espectadores: si lo consigue, ha tenido éxito; si no, ha fracasado.

No hay imposición de gusto posible más allá de esa. Lo que no significa que el análisis sea imposible o que no existan elementos definibles y detallables para un posible enriquecimiento de la lectura, como hace la disciplina llamada Teoría de la Literatura al describir qué técnicas se han utilizado, cómo se han usado y qué efectos estéticos o narrativos pretenden producir, así como las razones por los que ha podido producirse un efecto u otro en los lectores.

El juicio de valor tendrá siempre un elemento subjetivo —no necesariamente caprichoso? del que no se puede escapar, y este no es otro que la mente (con vivencias, educación, inclinaciones, gustos y manías propias) de cada espectador. Es decir, al vincularlo a lo subjetivo lo asociamos con un sujeto y con unos motivos concretos que rastrear en ese efecto, que no son caprichosos ni del todo azarosos. Así, la obra maestra de una persona puede ser el bodrio infecto de otra8; y ambas valoraciones son ciertas y correctas, porque sus experiencias estéticas y sus respuestas emocionales frente al libro son igual de auténticas, por diferentes e incluso irreconciliables que sean.

De ahí que la Teoría de la Literatura debiera dedicarse al análisis, no a los juicios de valor.

Pero que algo sea subjetivo no implica que carezca de valor. Como he apuntado, lo subjetivo también puede (y en casos como este diría que debe) argumentarse. Una opinión por sí misma, sin más contexto, vale bien poco incluso cuando la emite un experto.

El principio de autoritas puede tener sentido en disciplinas científicas (en realidad, no, porque un científico está obligado a probar ante sus pares cómo ha llegado a las conclusiones a las que ha llegado y de qué modo ha realizado sus experimentos), pero carece de sentido en la valoración artística.

Dicho de otro modo: un arquitecto puede afirmar que cierta estructura tiene un defecto de diseño que...



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